Pues este cap vino más rápido, así que celebraré con una galleta de chocolate.

Por cierto, ya vamos por la mitad...

Sin detenerlos mas tiempo, les entrego el séptimo capítulo de estos dos idiotas :D


Capítulo 7. Esos culpables sentimientos

Lo primero que pudo mover eran sus ojos.

Sus párpados se separaron y podía ver a su alrededor, la luz todavía no lo tocaba pero podía ver los árboles y el agua correr en el río frente a él. Luego miraba el sol elevarse por el cielo y los primeros rayos de sol lo bañaban. No podía moverse inmediatamente, debía esperar a recibir más luz, como si fuera una planta que solo podía limitarse a quedarse quieta para obtener su energía.

Después de un tiempo, no supo exactamente cuánto; pudo moverse. Siempre era así, necesitaba ese horrible momento de inmovilidad y sueño para luego ser capaz de ponerse de pie y caminar. Estiró sus piernas y probó dar unos pasos. A medida recibía mayor cantidad de luz solar, más rápidos se hacían sus movimientos. Extendía y flexionaba sus brazos, probaba todos sus miembros para comprobar su funcionabilidad.

Hizo eso hasta que sintió que era él mismo otra vez.

Bueno… no exactamente él mismo, pero lo más cercano a lo que recordaba ser.

A veces se preguntaba en dónde estaba, o dudaba que realmente estuviera vivo. En otros momentos, sobre todo cuando estaba solo, no recordaba su nombre y muchas veces olvidaba quién era.

Era muy raro mirar hacia abajo todo el tiempo, observar los animales del tamaño que él recordaba era propio de hormigas; y las hormigas ni siquiera las podía ver. Las aves tenían el tamaño de mosquitos y los mosquitos ya no existían para él.

Se alegró cuando vio la forma del titán de Eren, por fin había logrado ver algo frente a él, algo de su tamaño, se sintió como si ya no fuera extraño. Si bien el titán no tenía labios y lucía intimidante, le había dado la mano. ¿Hace cuánto que no estrechaba la mano de alguien? ¿Hace cuánto que no comía? ¿O usaba una cama o dormía, daba un abrazo o lo recibía? Su familia, sus amigos… ya nada era igual. Quizás la Legión de Reconocimiento solo lo miraba como un arma. Eren sí era un humano, pero Marco estaba muy lejos de serlo. Esas personas ni siquiera lo conocían, ¿cómo podría importarles lo que Marco quería? Ellos buscaban su propio beneficio; a pesar que Erwin le pareció amable cuando lo conoció, era obvio que de esa manera se le iba a presentar. Lo hizo para conseguir que Marco hiciera lo que quería, y que confiara en él.

Su mente se acercaba a un peligroso curso del que no podría regresar.

¡Para, Marco! Pensamientos positivos, piensa positivo.

No podía deprimirse, no debía hacerlo.

Esto podría ser bueno, claro. Podría ser una nueva oportunidad, él iba a hacer más como un titán. Ayudaría a la humanidad, pelearía de su lado en esta guerra tan difícil y cruel. Haría cosas que jamás habría podido siendo un simple humano. Su fuerza era infinitamente mayor ahora, si bien era un poco más lento, lo compensaría de alguna manera. Derrotaría titanes al igual que Eren y limitaría las vidas humanas que tenían que perderse con cada titán... tal vez era su destino.

Y los destinos tienen que aceptarse.

Suspiró profundamente.

No debía seguir lamentándose por el pasado, no era bueno añorar aquello que ya no podía tener. Si este presente sería su mismo futuro, no había otra cosa que hacer más que aprender a vivir en él.

Y eso haría.

Escuchó un silbido.

Jean…

Se giró para ver al humano caminar hacia él, sin ninguna prisa; no parecía de buen humor. Marco levantó una mano para saludarlo y el más pequeño le respondió. El titán se agachó para estar más cerca de él.

—El campamento está demasiado solo —dijo cuando estuvo frente a él—. No tienes idea, es tanto silencio que da miedo.

Lo siento, es mi culpa que te hayas quedado.

—Ni siquiera me despertaron para despedirse, ¿sabes? —continuó—. Ayer en la noche hablaban de salir y de preparar sus uniformes, yo no les dije nada. Solo los miré y ellos a mí, sé que estaban nerviosos. Les deseé un buen viaje, no quise decirles adiós —se quedó en silencio un momento—. Me he ablandado mucho, ¿te has dado cuenta?

No tiene nada de malo el preocuparte por tus amigos.

—¿Ya ha muerto un amigo cercano a ti, Marco?

El titán parpadeó, no dijo nada. Ni siquiera pensó en qué le respondería, la verdad era que nunca había perdido a alguien así.

—Te lo digo, es demasiado horrible. No se lo deseo a nadie.

Jean lo miraba fijamente.

—No todos regresan en forma de titán —dijo con una sonrisa desganada.

Marco le regresó el gesto, los ojos de Jean lucían tristes y preocupados. No sabía qué podía hacer por él más que esperar a que todos regresaran. Pediría a las murallas o a cualquier otro dios existente, que sus amigos llegaran a salvo y que ninguno fuera herido. Él tampoco se había despedido de ellos, pero si hubiera podido no lo habría hecho; despedirse era para los que no se volvían a ver.

El titán llevó su dedo al suelo e hizo un surco en la tierra, lo movió. Sin ningún objetivo, guiado por los sentimientos que tenía en ese momento. Un punto a la par de otro y abajo una línea curva, primero ascendente y luego descendente.

—¿Es eso una cara triste? —preguntó Jean a la par suya.

Marco asintió.

—Dibuja un cuadrado —pidió su amigo.

El titán lo miró. Le tomó unos segundos recordar la figura y plasmarla en la tierra.

Son cuatro lados y cuatro esquinas.

—Ahora un triángulo.

Tres lados con tres ángulos.

—¿Qué te parece un círculo?

Marco ladeó su boca pero hizo lo que Jean le pidió. Se sorprendió de recordar las imágenes. El dibujo no quedó perfecto, parecía más un óvalo que un círculo, pero era reconocible.

—¿Puedes escribir tu nombre? —preguntó el chico además.

¿Cómo era que escribía eso? Recordaba la "m", y sabía que tenía que ser más grande que el resto de las letras… ¿Cómo se llamaba cuando una letra era de mayor tamaño que las otras?

Probó anotar cada consonante con la vocal que le seguía.

"Marco".

—¡Esto increíble! —comentó Jean muy sorprendido—. Tu caligrafía necesita mejoras, parece hecha por un niño pequeño… pero eso es excelente, que recuerdes como escribir es... vaya.

Marco sonrió en respuesta. Siempre le asombraba la rapidez con la que Jean podía cambiar de estado de ánimo.

—Ahora ya sabes qué hacer —dijo Jean con una sonrisa emocionada. El titán no entendió en un principio, por lo que el otro explicó—. Sería mucho más fácil comunicarse contigo si puedes escribir lo que quieres decir. Todos podríamos entenderte mejor.

Tenía razón. Ya no tendría ese horrible problema donde solo pensaba lo que quería decir sin realmente comunicarlo. Podría hablar de su familia con su amigo y de lo mucho que extrañaba ser solamente un chico más. Eran tantas las posibilidades que se extendían como el cielo, claro e infinito. Marco lanzó un rugido emocionado que hizo que el humano se tapara los oídos con sus manos.

—Estás feliz, grandote. Me gusta tu entusiasmo. —le miraba optimista, eso era algo poco usual en él. Marco no pudo evitar sonreír hasta que sus labios se retrajeron—. ¡Dientes de titán! Estás mostrando tus dientes de titán —dijo el otro señalándolo.

Marco dejó de sonreír, sabía que debía lucir aterrador.

—Ey —dijo su amigo con voz más suave—. ¿Sabes algo? Pienso que esta es una nueva oportunidad para ti. Quiero decir, no todos pueden regresar como titanes y seguir siendo ellos mismos. Es cierto que te ves diferente, pero en el fondo sigues siendo tú. Tu mirada es la de antes, tus ojos… siguen teniendo el mismo color y la amabilidad que recuerdo. Desde que te vi por primera vez, cuando realmente vi tu rostro, supe que eras tú.

Marco miró a su amigo fijamente. Sin hacer otro movimiento, sin decir ni escribir nada.

—Estás vivo, Marco —agregó en voz baja, casi melancólica—. Aprovecha tu vida, no la desperdicies. Piensa que todo es igual, actúa como si nada cambió. Haz lo que puedas, di lo que quieras; no permitas que exista algo que te guardes. No tengas ningún remordimiento, vive como si fuera tu último día en este mundo.

Jean…

Las palabras llegaron a él, tenía razón. Se adhirieron a su cabeza como el pegamento al papel. Todo este tiempo había estado quejándose mentalmente por ser un titán, que se había olvidado que estaba vivo. ¿Cuántas personas podían decir eso? ¿Cuántos tenían tanta suerte? ¿Por qué él y no otro? ¿Qué tenía de diferente al resto de soldados? El destino había jugado con sus cartas, algo había ocurrido que le dio esta segunda oportunidad.

Y la primera persona que lo encontró fue Jean.

No más secretos, no más misterios. No volver a guardarse lo que pensaba, esconderlo de la gente y quedárselo para sí mismo. Generalmente no hacía las cosas sin pensarlas, eso era para los impulsivos. Marco Bodt no era un chico impulsivo, por eso no creaba problemas con nadie. Pero tal vez debería serlo, quizás podría perder el control por una vez.

Además, sería un idiota si no aprovechara una segunda oportunidad… ¿cierto?

—JAWH —dijo y el aludido lo miró.

Llevó la mano a la zona izquierda de su pecho, donde estaba su corazón. Tocó su pecho dos veces, señalándose a sí mismo.

Por favor, comprende lo que quiero decirte.

El castaño levantó una ceja y ladeó su cabeza. No dijo nada.

Rayos, Jean.

Marco acercó su mano derecha al suelo y enterró su dedo índice, lo movió hacia un lado y luego hacia abajo para escribir. Repitió la acción una y otra vez hasta que lograra anotar cuatro letras que juntas formaban un nombre.

"Jean".

Su amigo no dijo nada, se quedó mirando en silencio. Quizás esperando a que continuara. Marco estaba nervioso, todo esto realmente estaba pasando. Si había comenzado, tenía que seguir.

Probó con una figura, creía que la recordaba. Jean era un chico listo, no sería necesario que escribiera esa palabra. En medio de su nombre y del de Jean dibujó un corazón. Se sintió torpe por la cursilería de aquello, pero la palabra que empezaba con "a" era difícil de escribir cuando ni siquiera la había dicho. Nunca en voz alta cuando fue un humano, y menos podría hacerlo ahora que era un titán. Además, dudaba que sus dedos se armarían del valor para anotarla.

Era un cobarde y lo sabía.

O quizás la madurez que venía con la edad, lo había abandonado en ese lapso de tiempo.

Luchó contra el deseo de aplastar con sus manos y destruir lo que había escrito. Borrar cualquier rastro de evidencia y actuar como si nunca hubiese ocurrido. Este debía ser de esos momentos de titán donde no era él mismo.

—¿Marco me ama? —preguntó el humano finalmente. Jean levantó sus ojos y mirando su rostro hizo otra pregunta, muy despacio—. ¿Un titán se enamoró de mí?

Marco se apresuró a negar con la cabeza.

Ya había llegado muy lejos, no podía echarse para atrás e ignorar lo que ya había confesado. De nuevo su dedo escribió. Una explicación que era lo que su amigo necesitaba, algo que especificara quien era el dueño de esos sentimientos.

Una simple palabra de seis letras.

"Humano".

Jean miró las palabras, las leyó y las releyó, una y otra vez. Demasiado callado para el gusto del más grande.

—Este no es el "querer" que a veces se dicen los amigos —dijo muy suave. Marco no estaba seguro si era una afirmación o una pregunta, así que solo asintió—. ¿Desde cuándo, Marco? —Jean levantó la mirada nuevamente, para verlo a él—. ¿Desde las Tropas de Reclutamiento?

El titán cerró los ojos mientras asentía a todo. Cuando los volvió a abrir, notó que Jean se había dado la vuelta. Desde atrás de él lo vio llevarse una mano a su frente y luego a su boca; después de unos momentos, estaba cubriéndose la cara con ambas manos. Lo escuchó suspirar profundamente.

—¿JAWH?

Después de unos segundos, el humano se dio la vuelta para encararlo y Marco pudo ver su rostro. Sus ojos estaban secos, pero lucían heridos; su entrecejo estaba fruncido y sus labios estaban presionados, tensados en una línea delgada.

¿Jean?

—Eres muy egoísta, ¿lo sabías? —comenzó el humano. No le dio mucho tiempo al titán para reaccionar porque continuó hablando—. Muy desconsiderado y cruel.

Marco abrió la boca para intentar decir algo, pero fue cortado por Jean.

—Te guardas toda esa información por quién sabe cuánto tiempo, ¿y me lo dices hasta ahora? Ey Marco, ¿qué diablos esperas que te diga? ¿Qué mierda se supone que debo hacer?

—JAWN…

—Cállate, no he terminado —lo volvió a interrumpir—. "Voy a pensarlo, Marco", sí, claro; podría decirte eso. ¿Qué carajos voy a pensar? No espera… ¿qué hay para pensar? Mierda. ¡Eres un titán! —Miró hacia otro lado y luego sus ojos regresaron a él. Lo miró por completo, de arriba hacia abajo—. ¡Un titán acaba de decirme que me ama! Maldición, no soy Hanji para alegrarme por eso. ¿Qué quieres de mí? ¿Cómo voy a corresponderte?

Estaba tan enfadado, todo esto había sido una pésima idea. Marco ya se lo suponía, pero no había previsto esa reacción.

—Eres mi mejor amigo, y ahora eres un titán… —dijo el chico. Hablaba tan rápido que ni siquiera le daba tiempo al otro para que le respondiera—. Marco, tengo una idea.

El titán ya no quería escuchar nada.

—Tengamos citas, tómame de la mano ¿qué te parece? —estaba burlándose de él, lo sabía—. Dime que hay una persona dentro de ti controlando a un titán. Dile que salga y me demuestre qué tan cierto es que me ama.

Marco ya no quiso seguir con eso y comenzó a levantarse. Jean tenía razón y todo eso había sido un grave error. Sería un maleducado por alejarse cuando alguien le estaba hablando pero no podía quedarse y escuchar todo aquello. Sentía su corazón hundirse en lo más profundo de su pecho.

Escuchó el sonido del equipo de maniobras de Jean tras él y lo sintió pararse en su hombro. Luchó contra el deseo de sacudirse y dejarlo caer. Jean, en lugar de hablarle a su rostro, caminó hacia su nuca.

—¡Sal de ahí, Marco! Sal de ahí, dame un abrazo y bésame. Adelante, te reto a que lo hagas de una puta vez. —se detuvo un momento para tomar aire—. Te dejaré hacerlo, todo lo que quieras. Si me escuchas, solo sal de ahí —su voz se quebró en la última línea.

—¡JAWH! —dijo Marco con voz grave, sonó muy fuerte; tanto que hizo que Jean se callara.

El titán llevó una mano a su nuca y tomó a Jean.

—¿Qué haces? —preguntó el castaño molesto, atrapado en el agarre del más grande.

Marco lo llevó hasta el suelo y lo colocó sin lastimarlo, estaba muy alterado pero tenía que controlar su fuerza para no herirlo.

—Eso pensé… que no harías nada —dijo Jean empujando la mano lejos de él. El titán sabía que no quería tenerlo cerca, que estaba demasiado molesto. Lo mejor era dejar en paz al castaño cuando se ponía de ese humor. Una pelea no tendría sentido, y Marco no era de los que participaba activamente en las discusiones—. Adelante, huye.

El gigante se dio la vuelta y caminó lejos de él. No miró atrás e ignoró las provocaciones del más pequeño. No estaba en su naturaleza alimentar el enojo de otra persona. Caminó hasta que sus pasos fueran el único sonido que escuchaba, una vez que los árboles los separaron hasta que ninguno pudo ver al otro; Marco se sentó en el suelo.

Esto era peor que el rechazo. Para eso ya estaba preparado, pero lo que acababa de pasar lo había tomado desprevenido.

Había una razón por la que no le había dicho nada nunca, aquel viejo sentimiento de culpa por traicionarlo. "No eres responsable por tus sentimientos" solía decir la gente en ocasiones, pero él no pensaba lo mismo. Claro que era responsable, era su culpa haberse atrevido a mirar a su amigo de una forma diferente. Le había ocultado una parte muy importante de él a Jean y después le había mentido diciéndole que nadie le gustaba, que le era difícil encontrar a la "chica perfecta" cuando, en primer lugar, ni siquiera podía ser una chica.

Jean lo llamaba su amigo, eso era Marco para él; y eso era lo que se esperaba de él. Un amigo, un colega, un compañero; una persona a quien podía pedirle ayuda, otro tonto con quien bromear. Eso era todo, no había nada más.

Y Marco lo había traicionado. Cada minuto que saboreaba cuando estaba con él, cada vez que lo miraba como si fuera algo más, cuando memorizaba cada vez que lo tocaba, cuando recordaba su olor por las noches. También la culpa que venía con las veces que miró su cuerpo más del tiempo normal, y las ocasiones en que lo había imaginado húmedo y desnudo a su lado… y todo lo que Jean quería era ser su amigo, nada más.

Pero Marco no había querido parar, estaba mal y él había continuado alimentando su deseo por tenerlo.

Ya no podía conversar con Jean sin mirar cada parte de él.

Lo había visto de un millón de maneras diferentes y lo había amado en cada una de ellas.

Había caído tan profundo en un agujero de sentimientos no correspondidos, que no podía salir aunque escalara sin parar; se hiciera daño en las rodillas y en las manos y en los codos, intentando salir mientras su corazón se quebraba con cada peldaño. ¿Cómo podría ver a cualquier otro chico después de conocer a Jean?

¿Cuándo fue que se enamoró?

Ah claro, ya lo recordaba.

Jean Kirschtein le había gustado desde que lo conoció. Le llamó la atención por esa astucia seductora y actitud arrogante. El tipo de chico malo y rebelde que creaba problemas por donde pasara. No le importaba lo que nadie pensara de él, actuaba como mejor le placía. Era tan diferente a él y por eso Marco no podía dejar de mirarlo.

Y luego que fueron amigos lo conoció realmente. Vio esa parte de él que le ocultaba al resto de la gente. Esa seguridad en sí mismo era más que nada una pantalla para impresionar, una muleta que le ayudaría a entrar en la Policía Militar e intimidaría a su competencia. En el fondo era blando, le faltaba confianza y se preocupaba por otros. Entonces Jean Kirschtein dejó de gustarle, y Marco Bodt realmente se enamoró de él.

"Si fueras una chica, ¿te acostarías conmigo?" le había preguntado su mejor amigo en una ocasión. Cuando su inseguridad se había hecho evidente. Él estaba arreglando su uniforme, mirándose a sí mismo, estirando su ropa para que no quedaran arrugas que lo hicieran ver mal; estaba preocupado porque Mikasa había ignorado sus múltiples intentos por llamar su atención.

Marco nunca le había dicho que solo le gustaban los chicos.

Lo que hizo fue llevar una mano a su barbilla y mirarlo de pies a cabeza. Evaluarlo mientras Jean lo miraba expectante.

"Sí…" había sido su respuesta, y antes de revelar algo que lo comprometiera, había agregado "pero debe ser porque sería una chica fácil".

Recibió golpes con la almohada del castaño, acompañado de insultos y "¡Hablaba en serio! ¡Maldita sea!". Se había reído mucho aquel día.

Marco suspiró, recuperando más recuerdos que en su tiempo le trajeron alegría.


Jean había regresado al campamento de la Legión para la hora de almuerzo. Había dejado a Marco atrás, de todas formas, no iba ir a ninguna parte. Y por el momento, no quería verlo.

Pero ahí donde estaba, era extraño. No estaba acostumbrado a este silencio.

El comedor, las habitaciones; todo estaba tan vacío. No escuchaba conversaciones sin sentido o la risa de los soldados más jóvenes. No había sonidos de luchas de entrenamiento, ni prácticas con el equipo de maniobras.

Sasha, Connie, Armin, Mikasa y hasta Eren… nada. Todos debían ir cabalgando, luchando por su vida y protegiendo a sus compañeros. Y Jean estaba ahí, peleando con su mejor amigo. Resentido por una vida que no podía tener, culpándolo por algo de lo que realmente no era responsable.

A veces era un imbécil.

Era muy impulsivo, demasiado imprudente. Decía lo que pensaba sin reparar en si lastimaría a los que lo rodeaban. Y a veces lo hacía, hería a las personas que más le importaban.

Se preparó la comida como pudo, no había muchos ingredientes para experimentar. No sintió el sabor en su boca, comió más que nada para llevar algo a su estómago. Bebió solo para no atragantarse.

Mierda.

Había sido muy duro con él, y lo sabía.

A Jean le encantaba pelear, sentir el enojo y la adrenalina alimentando sus músculos. La emoción y los nervios de tener un contrincante frente a él, que no pensara dos veces en hacerle daño, que diera todo de sí para hacerlo acabar en el suelo. Y él hacía lo mismo, ponía todo su empeño en vencerlo; ya que contenerse no era lo suyo.

Y las discusiones no eran tan diferentes. Si era realmente honesto consigo mismo, agradecía tener a alguien como Eren cerca de él. Tener alguien que alimentara su necesidad por oponerse y contradecir, un objeto donde descargar sus frustraciones diarias, una persona para insultar. Transformar sus conversaciones en luchas verbales donde ambas partes terminaran gritando y otras personas tuvieran que intervenir para separarlos.

Jean estaba tan acostumbrado a las peleas y discusiones, que habían terminado formando parte de él.

Pero ahora tenía que regresar, si había alguien con quien pelear… ese no era Marco.

Cualquiera menos él.

Jean no se había controlado, había sacado todo lo que tenía en el pecho. Su personalidad era tan abrasiva y directa; era franca y carecía de la habilidad para suavizar las palabras, como las personas empáticas solían hacer para no lastimar a otros. Siempre mostraba como se sentía, era pésimo para fingir con aquello que no le gustaba; no se reprimía porque simplemente no le placía hacerlo.

Y había tratado mal a la persona que menos lo merecía.

¿Cómo pudo no darse cuenta de los sentimientos de Marco?

Había dado por sentado que a Marco le gustaban las chicas, aunque nunca hubo una que le interesó.

¿Cómo pudo ser tan ciego? Tan idiota, tan ignorante…

Se hacía llamar su mejor amigo, era un título con una especie de atractivo. Había una cierta sensación de orgullo en ser reconocido como la persona más allegada a él. Le gustaba ser cercano a él, esa confianza mutua y sentido de pertenencia. De alguna manera, Marco era suyo, de nadie más.

¿Y ahora cómo podía llamarse a sí mismo "amigo"? Él debió ser la primera persona en notar todo lo que Marco callaba, y no lo hizo. ¿Y las veces que habló de Mikasa? ¿Y el apoyo que el chico de pecas le dio? ¿Fue falso? O peor aún… ¿fue real?

Era tan desconsiderado.

Era un imbécil.

Jean suspiró.

Si Marco le hubiera dicho sus sentimientos en las Tropas de Reclutamiento hace ya varios años, ¿le habría dicho que sí? Era un tanto difícil de imaginar, si era sincero. En ese tiempo era un crío, le faltaba mucho madurar y convertirse en una persona más o menos soportable. Sus únicas preocupaciones eran quedar en el rango de los diez mejores y unirse a la Policía Militar. Encontró un punto positivo en conocer una chica para presentarla a sus padres. Ellos habrían estado orgullosos y admirados de lo lejos que el chico de Trost había llegado.

¡Qué sueños más infantiles!

Y conoció a Marco, y todas sus decisiones cambiaron. Su amigo nunca le pidió nada y aun así ejerció la mayor influencia sobre el curso de su vida. Conocerlo y perderlo fueron los detonantes para que Jean eligiera lo que haría por el resto de sus días.

Jean suspiró otra vez. Tenía que regresar y hablar con él.

Terminó de comer, lavó su plato y cubiertos, los secó y los guardó. Se pasó una mano por el cabello y se calmó a sí mismo, preparó lo que iría a decirle. Le puso la montura a su caballo y se dignó a cabalgar hasta el pueblo de Ragako otra vez.

Marco no estaba en el lugar donde usualmente lo encontraba, llevó sus dedos a su boca y silbó con fuerza.

No escuchó pasos ni advirtió la presencia del titán.

—Vamos, ya me calmé —dijo a grandes voces a su amigo—. ¿Dónde estás? —preguntó.

Comenzó a caminar entre los árboles, sus ojos atentos a cualquier movimiento o vibración del suelo debajo de él.

Tuvo suerte que buscaba a alguien tan grande como el titán. No fue difícil encontrarlo; estaba cerca de una roca, acurrucado con sus brazos abrazando sus rodillas.

—¿Te estás escondiendo de mí? —le preguntó.

Marco negó lentamente con la cabeza.

Jean caminó bordeándolo, se colocó frente a él. A esa distancia no tenía que levantar tanto su voz. El titán lo miraba fijamente, su mirada era intranquila. El humano no estaba seguro de cómo empezar, llevó una mano detrás de su cabeza y se rascó un poco. Parecían que ambos estaban esperando a que él fuera quien rompiera el silencio.

Jean Kirschtein no era bueno para romper el silencio.

—¿Así que eres gay? —preguntó, inmediatamente se arrepintió de haber abierto su boca.

Marco llevó una mano a su cara para cubrir sus ojos, estaba demasiado avergonzado.

El castaño no pudo evitar reírse ante la acción.

—No, no tranquilo —rio otra vez, le pareció adorable—. Está bien, todo está bien —dijo en un tono calmante y se acercó a él para palmarle la rodilla.

El titán le dedicó una sonrisa pequeña. No sabía si era el momento oportuno para una broma, pero igual lo intentó.

—Sabes, creo que no te culpo por enamorarte de mí. Vamos, mírame. No puedes negar que soy irresistible —le dijo con una ceja levantada y una sonrisa socarrona. Se señaló a sí mismo con sus manos abiertas.

Marco hizo un rugido fuerte repetidas veces, sus hombros subían y bajaban mientras reía. Jean no pudo evitarlo y se unió a las risas; se dobló sobre sí mismo y se puso la mano en el estómago porque no podía contenerse.

—¿Te encanta burlarte de mí, cierto? —le preguntó cuando pudo tomar aire.

El titán asintió con una sonrisa más sincera.

Jean fue el que dejó de reír primero, y por unos momentos, se le quedó mirando a la mano de Marco. El titán debió entender el mensaje y la acercó a él. El humano se subió a su plataforma favorita y fue elevado hasta la altura del enorme rostro.

Toda risa dejada atrás, Jean se sentó en la palma de la mano del gigante. Se quedó callado por unos momentos hasta que supo que tenía toda la atención de su amigo. Comenzó muy despacio.

—Para mí no es fácil llevarme bien con la gente, Marco. Yo… no muchos de ellos me entienden. Y no es su culpa, sino la mía por ser tan difícil de entender. Pero aun así… —Se detuvo un momento para tragar saliva—. Eres mi mejor amigo, el único que he tenido. Nunca conocí a alguien con quien fuera tan compatible; alguien a quien le agradara en un principio, aunque no hubiera nada agradable en mí.

El titán miró hacia otro punto, quizás pensando en lo que le había dicho. Llevó un dedo al suelo y escribió, una letra suficientemente grande para que Jean la viera desde esta altura.

"No eres malo".

Jean rio sin ganas.

—¿Ves cómo eres? —Señaló—. En lugar de enfadarte conmigo y obligarme a luchar para que me dejes disculparme, vienes y me consuelas; como si eres tú quien tiene que hacerme sentir mejor. Ni siquiera has hecho algo malo.

Marco ladeó la cabeza, así que él aprovechó de continuar.

—Sé que no es tu culpa ser un titán, sé también que no fue tu decisión y que ni siquiera sabes qué es lo que pasa contigo. Estás tan confundido como yo con todo esto de tu transformación. Lo entiendo, fui injusto contigo al culparte de todo.

Le habría gustado que Marco respondiera, que le dijera algo. Lo que fuera. Lo que el titán hizo fue escribir de nuevo.

—No vayas a disculparte… —le advirtió Jean, casi como una amenaza. Luego, cuando alejó la mano, vio lo que el otro había escrito.

"Gracias".

—De nada —le contestó.

Marco siempre solía acariciar su cabeza y tocar su cabello. Así que Jean hizo lo que tenía más cerca, posó su mano en uno de sus gigantes dedos, lo acarició como el titán lo hacía con él. Un gesto confortador imitando a su amigo.

Lo miró a los ojos, por un momento sin decir nada.

—Es solo que… me habría gustado que me lo dijeras antes. Ya sabes, tener la oportunidad de pensar en cómo sería verte de otra manera. Somos como dos piezas de un rompecabezas, encajamos tan bien que pienso que habría funcionado, seríamos perfectos ¿te lo imaginas?

Marco elevó ambas cejas y abrió la boca.

—¿Tanto te sorprende? —Jean rio, había una nota amarga en su voz. Esto no era lo que había planeado decirle, su boca se movía y manifestaba todo lo que sentía. Nada era premeditado—. Claro que tengo sentimientos por ti, Marco. Es obvio. No sabes lo importante que eres para mí, ¿cómo no lo serías? Es tan fácil que alguien se encariñe de ti con lo jodidamente especial que eres.

Marco desvió la mirada, giró su cabeza en otra dirección, como si intentara ocultarse.

—Quisiera saber si te estarías sonrojando ahora, si fueras humano.

El titán lo miró de nuevo, su sonrisa también denotaba melancolía. Quizás ambos pensaban en el "pudo ser".

—Solo quería ser un soldado normal. Competente en lo que hacía y con muchas habilidades; tal vez sobresaliente en algún campo y suficientemente bueno como para que los superiores recordaran mi nombre. —Hizo una pausa para volver a hablar—. Antes de ver a la muerte trabajar y las personas que conozco desaparecer, hubo un tiempo en que quise encontrar a alguien para mí... y ahora vienes, y eres tú quien me encuentra. ¿Qué opinas de eso? Suena descabellado ¿no?

Marco asintió lentamente.

—Nada de nuestra situación es normal —dijo, y después rio. Había aprendido a reír sin estar realmente feliz, era una forma de enmascarar su tristeza.

El titán no lo acompañó, sabía que su mejor amigo podía ver a través de él. No había manera de mentirle a alguien que lo conocía tan bien.

—JAWH.

—Quisiera… —No lo iba a dejar terminar, no quería un toque en su cabeza o una especie de "todo estará bien", cuando era una mentira. Sí, Marco estaba de regreso, pero no podía evitar el deseo egoísta de querer tenerlo como antes—. Quisiera por un momento imaginarte a mi lado, déjame hacerlo. Quizás querría tocarte la mejilla y contar tus pecas, ¿te lo imaginas, amigo? ¿Una pareja dentro del ciento cuatro? ¿Qué dirían los chicos de nosotros? Apuesto a que los sorprenderíamos mucho, aunque ellos son muy listos, diablos… ¿y si ya se lo imaginaban?

Pensar en todo eso no podía ser sano, cada vez que hablaba sentía que su pecho se constreñía, aun así no quiso dejar de imaginar.

—Cuando pensé que nunca volvería a verte hice varios arreglos florales, los dejaba en cualquier lugar que pensaba que estaría tu presencia; supongo que ahora tendría que dártelos en persona —se recordó a sí mismo haciendo todos aquellos arreglos, y luego uno diferente y nuevo, que esta vez no sería un regalo para una tumba—. También me pondría mi mejor ropa y te diría que fuéramos a cenar en nuestro día libre. Otro día podría invitarte a ver las estrellas conmigo en una noche clara y sin nubes, y te preguntaría si tienes frio para buscar una excusa para abrazarte.

Se rio un poco de lo tonto que estaba siendo.

—No tienes ni idea de lo cursi que puedo llegar a ser, quizás hasta te sorprenderías. —Sintió un nudo en la garganta—. No soy mucho de los que piden permiso, ¿sabes? Probablemente te robaría un beso cuando estuvieras distraído. ¿Ya has dado un beso con lengua, Marco? —. Cada pensamiento lo llevaba a uno nuevo—. Mierda... ¿crees que tendríamos sexo?

Marco había estado observándolo todo el tiempo, callado, sin interrumpir ni siquiera con un toque. En respuesta a la última pregunta que hizo, el titán escribió debajo de ellos.

"Mucho".

Jean rio, esta vez fue más sincero.

—¡Jamás te tomé por un pervertido! —le dijo.

El titán acercó su mano a un árbol que parecía que había adquirido sus colores del cielo, una especie de flor azul lo cubría tanto que ahogaba las hojas que brotaban de él. El gigante tomó una rama y, sin esfuerzo de su parte ni resistencia de la planta, la cortó. Se la extendió al humano.

—¿Flores para mí? No debiste —le agradeció el castaño. Tomó unas cuantas de la rama y las dejó caer sobre la palma de Marco en la que estaba sentado. Era adorable y enfermizamente dulce, no solía ser su estilo. Pero en realidad, los chicos no eran su estilo. Supuso que Marco había quebrado todos los estándares que Jean había hecho; todas las reglas inconscientes e innombradas que tenía, fueron rotas por él.

Mientras miraba las flores azules a la par suya, no se dio cuenta y sintió algo suave y caliente que lo tocó en el lado derecho de su rostro, su cabello, su cuello, hombro y pecho; todo a la vez. Sintió un aliento ajeno y muy cálido escapar sobre su piel y uniforme militar.

Marco lo había besado.

Debajo de él había un nuevo escrito en el piso: "Rojo".

—Cállate —le dijo Jean en voz baja—. No voy a sonrojarme con un titán.

Debía estar loco, quizás tenía pocas neuronas o había visto tantas ocurrencias bizarras a su alrededor que terminó por volverse un demente. Se despidió de todos sus deseos e intentos por ser un chico normal, de todas formas, la normalidad estaba sobrevalorada.

En ese momento deseó como nunca que Marco fuera un humano otra vez.

¿Alguna vez se había vuelto realidad un deseo que una persona lo anhelara con todas sus fuerzas?

Solamente en los cuentos que su madre le relataba cuando era un niño.

…pero ya no era uno.

—JEAN… —el titán interrumpió sus pensamientos y el humano se quedó en silencio por unos segundos.

—Ya dices bien mi nombre, Marco —le contestó con una sonrisa.


Lejos de ese lugar, a unos probables treinta metros; en unas fuertes ramas de árboles que los cubrían de ser vistos, se encontraban dos soldados que portaban en su hombro un logo con un unicornio color verde.

—¿Es eso un titán? —preguntó uno, mirando a través de unos rudimentarios prismáticos que le habían provisto como parte de los instrumentos de su división militar.

Jamás habían visto algo similar a la escena frente a ellos. Un titán dentro de los dominios de la humanidad. El enemigo se había infiltrado cuando no había brecha para ingresar.

—¿Está con un humano? —le contestó el otro, mirando a través de los suyos.

Y algo aún más insólito: un soldado que no era devorado, un hombre domando a un monstruo, comunicándose con él y siendo entendido.

—Es de la Legión —comentó el primero al ver las "alas de libertad" plasmadas en el hombro del traidor.

Y todo esto ocurría cuando la Legión de Reconocimiento estaba fuera de las murallas.

En momentos desesperantes, la mente se cierra. Un odio inmensurable hacia los peligrosos monstruos que los acechaban desde las afueras del muro, las bestias con las que soñaban cuando tenían pesadillas que les imposibilitaban el merecido descanso. El miedo racional ante la presencia del depredador natural de los hombres, tan fuerte que descarga una alarma en todo el cuerpo. La desconfianza ante todos los soldados debido a la experiencia de haber tenido a una traidora entre sus filas.

La mente se cierra.

—Debemos decirle a nuestro superior cuanto antes —dijo el soldado cuyas piernas temblaban, había comenzado a sudar.

—¿Al superior? No me jodas, el comandante Dok es con quien debemos ir —le contestó el otro, que había dejado caer sus prismáticos porque la torpeza se hace evidente cuando menos se necesita.

La Policía Militar se enteraría de un titán infiltrado y de los traidores de la Legión de Reconocimiento que estuvieran involucrados.


Una gomita de osito para Neko.t por adivinar el dibujo de un corazón desde el cap anterior, eres muy lista chica.

Otra gomita para EmiWasHereEV, lo de las flores sí fue una idea tuya, cosas románticas y eso. Así que solo les puse color azul, jajaja.

Así fue como Marco se enamoró de Jean, y la razón de por qué sentía culpa de amar a su mejor amigo.

Y pues... los sentimientos de Jean serán explicados más adelante. La razón de por qué el también ama al pecoso (aunque es bastante obvio, ¿quien no lo ama?)

Vaya... ¿leyeron eso? La Policía Militar se está enterando del secreto... me pregunto que pasará...

¿Reviews? como siempre me despido preguntándoles si les gustó, si no les gustó. Si fue demasiado gay o no lo suficiente (?). ¿Opiniones? ¿Críticas? ¿Ganas de saludar y decirme que tenga un buen fin de semana? Leo todos los reviews y respondo los de usuarios... y si me dejas uno como anonimo y sin loggearte, pues te digo que también lo leo y estoy muy agradecida. De verdad.