Le dedico este cap a Monica y a Melia... Yo se que siempre hago esperar a mis lectores mucho por mis capítulos. Pero les quiero decir que los reviso una y otra vez, e intento que cada capitulo esté de acuerdo a sus expectativas :)

Nos leemos abajo ;)


Capítulo 9. La angustiosa espera

Erwin Smith era un hombre diferente a otros. Todas sus acciones tenían un fin en mente, no actuaba con espontaneidad, sino que hacía planes antes de decir o hacer algo que lo llevara a consecuencias que le acarrearían bien o mal, consecuencias que antes había predicho. Calculaba muy bien los pensamientos de otros, y no eran simples corazonadas, más bien, se trataba de conocer al enemigo lo suficiente como para estar siempre un paso adelante, saber lo que su contrincante haría desde antes que siquiera lo pensara.

El comandante opinaba que los medios justificaban cualquier objetivo que ansiara cumplir.

Era un hombre peligroso y lo sabía. Otras personas habían dicho que él había perdido su "humanidad" y aquel toque moral de "compasión" que optaba por ignorar cuando la situación lo requería. Smith no era nadie para contradecirlos, de hecho, compartía varios de esos pensamientos, ¿quién podría negar que él era un monstruo? Quizás era una ventaja, porque sería capaz de bajar hasta al mismísimo infierno para encontrar las respuestas que buscaba; y si no las hallaba, buscaría ahí su brazo derecho y seguiría escudriñando hasta los confines del universo por los secretos del mundo en que le había tocado vivir.

Había solicitado estar solo por unos momentos, nadie tenía permitido molestarlo por unas horas; se había dedicado a pensar en los posibles resultados que podrían salir de este problema.

Estaba sentado frente a su escritorio, en su mano había una pluma con la que no escribía, pues su caligrafía era lamentable con la mano no dominante. Tres posibilidades se extendían frente a él como un pergamino, podía ver cada diferente desenlace que su situación tendría; era muy poco lo que podía aportar como el comandante de la Legión de Reconocimiento al caso en cuestión.

En dos de estos posibles resultados, podía ver al soldado Marco morir.

No había mucho que pudiera hacer, la Legión no era vista con buenos ojos por la Policía Militar, y ellos eran los que más influían en las decisiones del reino. El generalísimo Zacklay podría apoyar su favor, pero sería irresponsable quedarse de brazos cruzados y dejar al titán a su suerte.

La idea de tener a su cargo dos titanes era demasiado atractiva. Eren fue puesto a prueba y su lealtad fue comprobada; aún faltaba por probar con Marco, pero todo apuntaba a que era confiable, el chico solo estaba confundido y desconocía su origen. Dos titanes pertenecientes a la Legión, bajo la orden de Erwin Smith, se escuchaba bien tener esa clase de poder.

Eren Jaeger era un chico determinado, con una personalidad fuerte y segura. Su objetivo era acabar con todos los titanes que pudiera, su energía y juventud eran admiradas por Erwin. El chico era movido por un deseo de venganza ante la muerte de su madre, y no se permitiría a sí mismo morir hasta que lo alcanzara. Se había aferrado a una promesa que jamás dejaría ir, la muerte con su guadaña tendría que luchar para llevarse el alma de ese soldado, que daría pelea hasta su último aliento. Un niño peculiar, pensó Erwin.

Por otro lado estaba Marco Bodt. No sabía mucho de él, aparte de los reportes que las Tropas de Reclutamiento tenían, y al comandante no le gustaba basarse en escritos de otras personas; no, a él le gustaba ver y formarse una opinión por sí mismo. Miraba cosas que otros no podían, se fijaba en detalles que la mayoría pasaba por alto; y no había visto lo suficiente como para definir la personalidad de Bodt, no más de lo que Kirschtein decía de él.

Ese vínculo era una ventaja para descifrar al titán, pero si no se usaba bien, podría ser la mayor desventaja para ellos mismos.

La naturaleza de esa relación no era algo que importara al momento de los hechos, más allá de que Jean era la persona de mayor confianza para Marco, y quizás era mutuo. La comunicación con el titán era más fácil de esa manera, y rápidamente ganaron la absoluta confianza de Marco en la Legión. Pelearía por ellos y obedecería las órdenes que Smith le diera.

Pero también estaba la notable desventaja en contra, que la posible lealtad de Marco estuviera ligada a la vida de Jean. Kirschtein había sido relevado de su deber de ir a la misión fuera de las murallas, con el fin de preservar su vida, asegurarse que estaría ahí para mantener ese vínculo presente. Erwin tenía mucho más que perder, así que optó por la decisión más factible, negarle la salida a la expedición, aún en contra de los deseos del joven.

Si Jean Kirschtein perdía la vida, no había garantía de que Marco seguiría ahí. Si realmente fuese un soldado, se quedaría sin dudarlo; como tantos ya lo habían hecho, obedecer a su responsabilidad sin importar las circunstancias. Pero arriesgarse no valía la pena, especialmente si el titán había sufrido algunos daños en su memoria que le hicieran perder la capacidad de hacer ese sacrificio, el coraje para hacer los sentimientos a un lado y darle prioridad a lo necesario para todos.

Podrían perder a un titán si Kirschtein moría; y darle una atención especial a un soldado no era un acto de justicia si lo comparaba con los demás, tampoco era una debilidad que Erwin deseaba tener.

Suspiró.

Había perdido el control que tanto le gustaba, no estaba en sus planes que la Policía Militar investigara Ragako cuando le pertenecía a él y a la Legión, los amonestaría por eso pero sabía que no lograría mucho. Así que lo vigilaban desde lejos, la falta de confianza era demasiado obvia; la Legión nadaba en contra de la corriente. No había forma de negar que mantenían a un titán oculto, y las sospechas sobre su verdadera lealtad eran la tormenta que amenazaba con hundir su embarcación.

Sabía que era su culpa haber terminado en este embrollo, no haber previsto que algo así podría ocurrir. Fue irresponsable de su parte pensar que estarían seguros en sus dominios, que nadie se inmiscuiría en los secretos de su división. Mentiría si dijera que tenía planeado todo eso, a veces hasta él albergaba esperanzas en medio de la red de mentiras que era la capital. Podría quedarse en su oficina y lamentarse, pero eso no lo llevaría a nada. La Legión de Reconocimiento confiaba en su líder, y él debía darles lo mejor que pudiera, lo que ellos merecían.

Marco Bodt iba a morir, ese era el resultado más probable. Erwin no quería que ocurriera, mantenerlo vivo y librarlo de la Policía Militar era su meta. No sería fácil y probablemente fallaría, pero debía intentar todo lo que estaba en su poder para lograrlo.

Pocas personas habían visto realmente a Marco en su forma actual, y todos eran soldados. Los ciudadanos no tenían idea de la presencia de otro titán dentro de los confines de las murallas, por lo que esta situación se resolvería de la manera más discreta posible. Este caso era muy diferente al de Eren, ya que él se transformó a la vista de todos y después movió aquella gran roca para bloquear la brecha en Rose. No había forma de ocultar algo así.

Afortunadamente Marco no había hecho un espectáculo de sí mismo, y podrían tratar el problema sin involucrar a la prensa y el dominio público. Harían un tribunal para decidir el destino de Marco, sería pequeño y solamente estarían presentes los comandantes de las diferentes divisiones militares frente a Zackley. Y él tomaría la decisión final.

Erwin se levantó de su asiento y se dirigió a la salida de su oficina, ahí ordenó al soldado más cercano para que llamara a un grupo específico de personas.

Hanji, Levi y Jean entraron en menos de un minuto.

—El Generalísmo Dalliz Zacklay ha aceptado hacer una pequeña reunión con nosotros para decidir lo que se hará respecto a Marco Bodt.

Sus soldados le prestaban toda su atención. Erwin conocía muy bien a Hanji y Levi, así que observó mejor a Jean Kirschtein; vio sus manos hechas puños y la ferocidad de su expresión que no ocultaba el miedo en sus ojos.

—Si de mí dependiera, llevaría a todos ustedes conmigo. Lamentablemente ese no es el caso, se me ha permitido llevar solamente a una persona.

Levi abrió más los ojos, levemente, propio de él. El más bajo sabía que no sería él quien lo acompañaría. Hanji y Jean asentían mientras lo miraban fijamente.

—Hanji irás conmigo —sentenció—. Quiero que lleves todas las anotaciones pertinentes y cualquier material que pueda ayudar a defender a Marco. Nuestro objetivo es demostrar que es confiable y que su presencia servirá para el bien de la humanidad, debemos probar que ganaremos mucho más con mantenerlo a nuestro lado que entregándolo a la Policía Militar.

—Comandante… —habló Jean rápidamente—. Nadie conoce a Marco mejor que yo, y puedo defender sus intenciones.

El chico quería ayudar, su entusiasmo era evidente.

—Jean… —lo interrumpió suavemente. Sabía que tratar a los jóvenes por su nombre era una manera de derribar ese muro que dividía a los subordinados de su líder. Ser tan informal con el chico funcionó para calmarlo, aunque fuera solo un poco, le infundió la confianza que Erwin quería lograr en él—. Sé lo que me quieres decir, y créeme —hizo énfasis en esa palabra—, tú eras la segunda persona que quería ahí conmigo —vio la nuez de Jean bajar mientras tragaba, notoriamente estaba intranquilo—, pero tendremos que confiar en Hanji. Si te parece que es necesario que sepa algo más, te invito a revelarle toda la información que conozcas. Deja que ella sea quien lleve tu voz a esta reunión.

Jean desvió la mirada, su ceño estaba fruncido. Erwin notó la mandíbula del otro temblar, un signo de rabia contenida; debía estar rechinando sus dientes.

Sabía que era capaz y que probablemente habría sido una excelente opción, pero no podía asignarle esa responsabilidad a un niño. Si Marco moría, el chico se culparía por el resto de su vida. Hanji tenía una mente prodigiosa, y sus conocimientos sobre titanes eran invaluables. No había competencia entre ellos cuando ella era la única que podía pensar con la cabeza fría.


¡¿Qué diablos pensaba el comandante?!

Jean no podía creerlo. Él era el indicado, ¿cómo podía ser tan ciego? ¿Qué se suponía que debería hacer ahora? ¿Esperar? ¿Quedarse sentado sin hacer nada mientras otros discutían el destino del titán?

¡A nadie de ellos realmente le importaba Marco!

¿Cómo podría estar su futuro en manos de gente que fácilmente lo dejaría morir?

Se sentía tan inútil. Le había prometido quedarse con él, y había fallado a esa promesa. Le aseguró mil veces que todo estaría bien, que saldría de ahí pronto… y ahora ni siquiera estaría en la cámara donde se le diera un veredicto. Marco iba a salir vivo de esta, ¿cierto? Harían lo mismo que ocurrió con Eren y los convencerían de la misma manera para dejarlo en la Legión de Reconocimiento. Eso era lo que iba a pasar, es más, eso era lo que tenía que pasar; no aceptaría otro resultado.

No se iban a realizar experimentos peligrosos con Marco, nada malo le iba a ocurrir. Todo estaría bien, saldrían de esta… y Jean le diría que lo amaba.

Se cubrió el rostro con ambas manos, podía sentir sus rodillas temblar. Intentó controlar su respiración, cerró su boca y apretó los dientes para no gritar de la impotencia.

No tenía hambre ni sed. Se sentía entumecido, su cuerpo y su mente se tardaban en responder.

Sentía como si su cabeza diera vueltas, como si sus pensamientos lo aplastaran cuando habló con Hanji. Realmente había poco más que agregar; le contó a la líder todo lo que pensó que era importante, dejando de lado los sentimientos suyos y de Marco. Habló de unas cuantas experiencias más, algunas conversaciones con el titán, su recuperada capacidad para escribir y la mejoría notable en su pronunciación.

Sintiendo su alma pender en un hilo, se despidió de Erwin y Hanji. Los siguió con la mirada hasta que las puertas de la cámara donde sería el tribunal, se cerraron.

Y dejó de sentir algo.

Se quedó ahí unos minutos, mirando la entrada de dos puertas e imaginando lo que estaría ocurriendo detrás de ella.

—Niño, ¿no vas a entrar? —le preguntaron atrás de él.

Jean se dio la vuelta y vio al comandante Nile Dok, el jefe de la Policía Militar detrás de él. Antes que respondiera, el hombre volvió a hablar.

—¿Erwin no quiso que entraras? —Hizo una mueca de desaprobación—. Nadie tiene idea de qué pasa por la cabeza de ese tipo. Bueno, supongo que te enterarás tarde o temprano. —Después de eso, sus guardias le abrieron la puerta.

—El titán debería quedarse con nosotros, la humanidad saca mucho provecho de tener una fuerza así de su lado —le dijo Jean. No habló de Marco como un humano, ni como su amigo; sino que habló de él como un arma, de la forma que tenía que ser visto para dejarlo vivir.

—Eres un chico listo —le respondió el comandante con una sonrisa. Jean no estaba seguro si era amigable o con intenciones de burlarse de él.

El hombre entró junto a la persona que había decidido que lo acompañara, y las puertas se cerraron nuevamente.

Y otra vez estuvo solo.

No había nada más que hacer.

Sentados a la mesa, incluso sus amigos estaban callados; las risas y bromas habían cesado desde que volvieron de la exploración. Los rodeaba un ambiente tenso y silencioso. Pequeños comentarios se escuchaban de vez en cuando, pero eran seguidos por el mismo ambiente mortífero.

Jean no lo soportó, se levantó y se alejó de ellos. Sus amigos lo dejaron irse.

Si así estaban todos ellos, él no quería ni imaginar cómo estaba Marco. Iría hacia la celda donde estaba encerrado y no se marcharía hasta que lo dejaran entrar y acompañarlo en toda esta horrible pesadilla.

—Jean, ¿eres tú? —escuchó una voz que lo llamaba.

Suspiró exasperado, no quería más interrupciones; aunque esa voz le sonaba familiar. Se dio la vuelta para encararlo y descubrió de quien se trataba.

—No sé si me recuerdas, fue hace bastante tiempo… —empezó el tipo con timidez—, soy…

—Te recuerdo —lo interrumpió.

Era Dazz, un antiguo compañero de año. La última vez que lo vio, ambos usaban el uniforme con el emblema de las Tropas de Reclutamiento; y ahora el chico portaba el escudo de las Tropas Estacionarias: las rosas dobles y las espinas.

—Qué bien, también me acuerdo de ti —dijo el otro con una sonrisa.

—¿Qué quieres? —le preguntó tajante, no quería perder el tiempo. Tampoco se sentía de ánimos para conversar.

—Sí, eso también recuerdo… ¿siempre has tenido ese problema de personalidad? Eres un tipo muy grosero.

—Si vas a perder mi tiempo, me voy —le contestó molesto, y comenzó a alejarse de él.

—Es sobre Marco —le dijo el otro suficientemente alto para que lo escuchara, Jean se detuvo—. No te creas el centro del universo, Kirschtein.

—¿Qué hay con él? —Jean se volvió hacia el chico.

Hubo una pequeña pausa.

—¿Es cierto que… —Dazz desvió la mirada—, está vivo?

—Sí.

La expresión de Dazz cambió, y no podía mirar a Jean a los ojos.

Se mantuvieron así un momento, en silencio. Cada uno a solas con sus pensamientos.

—Él me ayudó cuando atacó el titán colosal… —dijo lentamente—, yo había perdido la esperanza. Estuvo ahí diciendo que todo terminaría bien, dándonos el valor a los cobardes que lo habíamos perdido. Sabía que él también tenía miedo, se veía como si desmayaría en cualquier momento. Pero él pudo poner todo eso de lado y continuar, y lo mismo hice yo. Gracias a él no escapé ese día, me tragué las lágrimas y ayudé a defender a Trost. Si eso no hubiera pasado, sería un desertor ahora… creo que le debo mi vida a Marco.

—Suena como que de verdad se la debes. —Jean no sabía de eso, nadie se lo había contado. Ese era Marco, sonaba como él; le hizo recordar como lucía cuando era un humano. Sintió su boca estirarse en una sonrisa melancólica.

—Lo que él hizo significó mucho para mí —agregó Dazz—. Lloré cuando me enteré de lo que le había pasado.

Jean solo se le quedó mirando.

—El comandante Pixis también fue convocado a esta reunión, yo no formaré parte de ella, pero me ordenaron hacer guardia en la entrada. Recibí las noticias del nuevo titán… son confidenciales y no tenemos permitido comentarlas fuera de las tropas. Aun así, quería hablar de eso contigo.

—Gracias por hacerlo.

Estaba listo para irse, debía ver a Marco de nuevo.

Dazz le habló.

—Le gustabas, ¿sabes? —le dijo de repente. Jean lo miró otra vez, sintió que le faltaba el aliento—. Él me lo dijo. Honestamente, nunca entendí por qué tú—agregó con una sonrisa.

—No hables de él como si ya no está, Dazz. —Tragó saliva, le asustaba usar verbos en pasado para referirse a Marco. Había dejado de hacerlo y no quería regresar a eso. Entonces tuvo una idea—. Ahora mismo iré a verlo, ¿quieres acompañarme?

Dazz abrió más los ojos.

—N-no creo que pueda moverme de aquí. Tengo o-órdenes —tartamudeó el otro.

Jean creyó saber cuál era la razón de esa excusa.

—No te hará daño, sigue siendo el mismo —le explicó.

El otro estaba asustado, era obvio.

—No estoy listo para ver otros titanes, Jean. Prefiero recordar a Marco por cómo era —lo dijo como si se estuviera disculpando.

Se sintió un poco decepcionado por eso, aunque en primer lugar, no había razón para esperar algo más. Lo que más le asustaba, lo que también Dazz ignoraba era que quizás no habría otra oportunidad.

No dijo nada de eso, se despidió del tipo y se fue.

Una vez llegó hasta el calabozo, se detuvo frente a la enorme puerta. Había un soldado de la Policía Militar a cada lado, ambos son sus bayonetas listas.

Esta era la parte difícil.

—¿Qué quieres, chico? —preguntó uno con mala cara.

—Quiero entrar —dijo Jean seriamente.

El hombre se rio.

—Y yo quiero una hermosa mujer en un vestido que le favorezca, pero no veo ninguna por acá. ¿Te vas a largar? ¿O vamos a seguir hablando de las mierdas que queremos?

—No tengo armas —le respondió, haciendo caso omiso a las palabras del soldado—. No porto mi equipo de maniobras, ni cuchillas, ni nada peligroso. No hay forma que pueda ser una amenaza, solo quiero ver al titán.

—Será mejor que te largues —le contestó el soldado.

—Espera… —interrumpió otro tipo—. ¿Tú eres el chico que fue atrapado con él?

Jean asintió.

El soldado le murmuró algo en el oído a su compañero, el otro sonrió. Uno de ellos se acercó a Jean para palparlo en busca de algún cuchillo escondido, él levantó sus brazos y dejó que buscaran, el tipo no encontró nada y regresó a su posición.

—Adelante, pasa —dijo, y ambos se hicieron a un lado para dejarlo entrar. Jean escuchó conversaciones susurradas detrás de él. No les puso atención y continuó caminando.

Entonces lo encontró.

Marco yacía acostado en un suelo de cemento, tenía los ojos cerrados, su respiración era lenta, los cables aún atravesaban su cuerpo. Se veía como si agonizara. Jean corrió hacia él.

—No… —Se dio la vuelta y les gritó a los soldados—. ¡Está muriendo! Su energía viene de la luz, ¡¿acaso no saben nada de titanes?!

—¿JEAN? —dijo el titán lentamente.

—Hola, amigo. ¿Te sientes muy débil? —lo saludó preocupado, se puso en cuclillas y acercó una mano para tocarle la punta de la nariz.

Marco se movía despacio, como si tuviera sueño. Lo miró.

—MANO… JEAN —dijo el titán señalando con sus ojos.

Un rayo de luz solar iluminaba el dedo pequeño de su mano derecha. La única luz que atravesaba esa celda era gracias a una ventana que tenía barrotes de hierro, el titán estaba aprovechando ese pequeño rayo para obtener su energía.

—Eres muy listo —le comentó—. ¿Puedes moverte?

—SÍ.

Así que las cuerdas no lo limitaban completamente, pero había decidido no moverse. Se le ocurrió una razón para eso.

—¿Estás ahorrando energías?

—SÍ.

Jean le acarició el puente de la nariz, se acurrucó frente a él para hablarle en voz baja. Le instó a que se tranquilizara, le prometió que todo saldría bien. Una y otra vez, repitió las mismas palabras; quería convencer a Marco, y a sí mismo también.

—ESTARÁ… BIEN

—Sí, todo estará bien. —El humano sentía como si un cuchillo le estuviera atravesando el pecho. Tragó más allá del nudo en su garganta.

Apretó los dientes, miró al techo, al suelo y a cualquier parte menos ese par gigante de ojos oscuros. Sentía sus ojos arder, pero no quería llorar, se dijo a sí mismo que si lo veía llorando, él sufriría. No quería convertirse en tristeza para él, no sería justo, así que no lloró. Vio a la persona que más quería en el mundo y le sonrió. Marco respondió la sonrisa con esa llena de eterna sinceridad.


Marco podía ver a Jean, lucía como si estuviera a punto de quebrarse. Le dolía verlo así, quería consolarlo, tocarle la cara o la cabeza, besarlo y alejar cualquier preocupación. Se sentía muy débil, ahorraba energía porque no sabía cuánto le quedaba hasta que no pudiera moverse más. La poca luz apenas era suficiente.

—Vi a Dazz, sabes —comentó de repente el humano.

Marco lo miró.

—No cree que yo sea suficiente para ti —dijo mientras reía sin ganas.

Dazz… Marco lo recordaba. Había hablado múltiples veces con él, tuvieron muchos momentos juntos en esos tres años de entrenamiento, él era la única persona a quien le había revelado sus sentimientos por Jean. "No vale la pena, Marco. El tipo es un idiota de los grandes" había sido su respuesta. Marco había estado parcialmente de acuerdo con esa opinión, pero solo sirvió para caer más profundo por el increíble muchacho imperfecto que era Jean Kirschtein.

Dazz era un buen amigo, un chico nervioso y agradable. Su voluntad flaqueó mucho en aquella batalla en Trost, necesitó que le recordaran un motivo para luchar. Todos tenían miedo, pero el chico se había echado a la derrota, se había rendido desde que supo que había una brecha en la muralla; sin embargo se recuperó, ¿no? Siguió luchando hasta que todo terminara, ¿verdad? Marco no recordaba el final de la batalla en Trost.

—No me dejaron entrar con Erwin —dijo Jean.

Marco se lo había imaginado desde que lo vio ahí. Los superiores debían estar decidiendo qué harían respecto a su situación. Un titán no era algo que apareciera todos los días, y menos dentro de los dominios de la humanidad. No tenía mucha idea de lo que estaban hablando, pero intentó mantenerse positivo. Podía obligarse a creer que todo saldría bien y que le dejarían quedarse como aliado de la Legión de Reconocimiento.

O también podría perder las esperanzas y aceptar una sentencia de muerte. Desde que entró hace ya tanto tiempo a las Tropas de Reclutamiento, Marco estuvo dispuesto a morir por la causa que fuera en favor de salvar miles de vidas humanas. Los soldados debían estar listos para enfrentar la muerte, y él lo estaba, también era un soldado.

Tenía algunos arrepentimientos, como no haber vuelto a ver a su familia, no decirles una última vez lo mucho que las amaba y extrañaba, disculparse por el dolor que les causó y desearles fervientemente que se las arreglaran bien sin él. Pero no todo era negativo, también había vivido momentos que atesoraría hasta que diera su último respiro; volver a ver a sus amigos y sentirse orgulloso de ellos, confesarle a Jean lo que sentía por él y tener la oportunidad de darle un beso, aunque fuera en su forma de titán.

—P-puedes… irte —tartamudeó en un susurro Jean con dificultad, interrumpiendo sus pensamientos.

Marco lo miró confuso.

—Escapar… —aclaró su mejor amigo—. E-estas cuerdas no pueden detenerte, si usas toda la fuerza que te queda.

No vayas por esa línea de pensamiento, Jean.

—Solo tienes que, pues, quitar esos barrotes. —El humano señaló la ventana donde se colaba la luz—. Con una mano en la ventana haces el agujero más grande —hablaba con mayor seguridad ahora—, y recibes más luz; y lo haces todavía más grande y usas toda esa energía. Lo haces una y otra vez, y en menos tiempo del que ellos puedan detenerte, ya estás fuera.

Jean se puso de pie y con los puños cerrados habló con emoción.

—Escapas, corres con todas tus fuerzas, y no miras atrás. Eres libre, Marco y ninguno de ellos puede volver a capturarte, no son tan fuertes. Nadie podría vencerte, y solo tienes que huir. Corres hasta llegar a la muralla, y luego sigues corriendo, sin nada que te detenga… nadie que te haga daño. —La voz de Jean temblaba.

Eso sería traición, amigo. De tu parte y mía.

Jean habló más rápido.

—Eren... Eren no querría detenerte porque sabe que no eres malo, y que no has matado a nadie, y que eres diferente a Annie y los otros titanes. Si alguien se lo ordena, si Levi o Erwin o quien fuera le ordena que te siga y te detenga… tú puedes contra él. Solo tienes que arrancarle los brazos y las piernas y dejar la nuca libre, Eren estará bien.

—NO.

—¿No? —Su amigo pareció herido—. Si te quedas aquí, te matarán. Y si deciden no hacerlo, querrán usarte como un arma y serás más un esclavo que un verdadero soldado —. Parecía enfadado mientras decía eso.

Jean, ¿a dónde voy a huir? ¿Con los demás titanes?

—Quieres morir, ¿es eso? ¿Te da igual tu vida? Apréciala un poco más, Marco; escapa y sé libre. —Tragó y volvió a hablar—. ¿Me amas, verdad?... Entonces haz lo que te digo, huye. Si no lo haces por ti, hazlo por mí.

¿Qué haría lejos? ¿Vivir como un titán? ¿Cómo voy a hacer eso? No hay otro lugar que pueda ir. Yo pertenezco aquí. No hay nada para mí fuera de las murallas.

—JEAN... —No quería ser chantajeado por su mejor amigo, no le parecía que haciendo lo que le pedía sería su manera de demostrarle lo que sentía por él.

—No te vas a mover de aquí, ¿cierto? Vas a esperar que tomen su decisión. —La voz del humano apenas era audible.

Marco no contestó, solo lo miró mientras tragaba.

Jean se dio la vuelta, con ambas manos en el rostro, parecía estar a punto de derrumbarse. El titán vio su espalda, sus hombros estaban caídos y su postura garbada. Todos los humanos se veían pequeños para él, pero ese porte le daba a Jean un aspecto todavía más diminuto.

—No puedo, Marco. Sería demasiado—dijo el castaño de repente—. No lo soportaría otra vez. —Marco quiso interrumpirlo antes que esos pensamientos lo destruyeran, pero su amigo continuó— Te vi ahí en Trost, y fue horrible. Yo te identifiqué y esa mujer me dijo que no era momento de llorar por los caídos. Ya pasé por eso, y… no creo que pueda volverlo a hacer.

No tenía idea a lo que Jean se refería exactamente, parecía que hablaba más para sí mismo que para él. Las palabras se tardaban en salir de su boca, le costaba hablar.

—No quiero sentirme así de nuevo, no creo que pueda volver a salir de eso. Ahora que sé más de ti, ahora que sé cómo te sientes y cómo yo me siento. No es justo, no me obligues a quedarme de brazos cruzados mientras veo como mueres otra vez.

El silencio los rodeó, ninguno se atrevió a cortarlo por unos minutos.

Estoy listo para morir, amigo.

No sería un nuevo pensamiento, cada persona debía aceptarlo antes de unirse a la milicia y convertirse en un soldado. Estaba listo para enfrentar su muerte, aunque no estaba listo para despedirse de Jean.

Él tenía razón, esto no era justo.

Pero simplemente no podía huir.


—¡Eres un idiota! —le gritó Jean.

Marco no parecía afectado por eso, solo su mirada era de tristeza.

—Te odio… —le dijo después. No era verdad, ni siquiera el titán lo creyó; lo miraba como si entendiera lo que sentía. La situación era lo que Jean detestaba, la incertidumbre de lo que iba a pasar—. No es cierto, no puedo odiarte. Pero quisiera saber si hacerlo me haría esto más fácil.

Aún no le habían dado una sentencia, solo se estaba adelantando a los hechos, ¿cierto? Jean estaba suponiendo que esto terminaría mal, pero no quería decir que eso sería lo que ocurriría. Si todo acababa así, ¿realmente quería que Marco se llevara un "te odio" como un último recuerdo? Y si había esperanza para la sentencia y nadie moría, ¿no sería mejor dejarle a su amigo pensamientos positivos en momentos tan estresantes?

—No te odio, mi Marco —le susurró suavemente y se inclinó hacia él. Besó su frente y se alejó del calor al momento—. Todo lo contrario, ¿sabes?

Los ojos del titán estaban posados en alguien detrás de Jean. Se giró para ver.

—¿Terminaste? —le preguntó un soldado de la Policía Militar con una expresión divertida.

—¿Qué? ¿Me estaban contando el tiempo? —le respondió con desconfianza.

El hombre estaba sonriendo, hizo a Jean sentirse incómodo.

—Adiós, Marco —se despidió y caminó hacia la salida. No quería meterse en problemas mientras necesitaran un visto bueno por esos soldados.

—ADIÓS —le respondió la fuerte voz inhumana, haciendo que el hombre saliera de la celda rápidamente. No cambió su expresión, como si eso disimulara el miedo que le tenía al titán.

—¿Qué ocurrió ahí adentro? —preguntó otro soldado, que los había visto salir.

—Nada, encontré todo limpio —le respondió el soldado que había ido a buscar a Jean.

El castaño se sintió desconcertado, no tenía idea de lo que hablaban. No había planeado quedarse más tiempo, así que se decidió en irse de ahí.

—¿Ese era él? —escuchó un tercer soldado detrás de él.

—Sí, pero perdí la apuesta —le contestó otro.

—Aun así, es asqueroso —opinó el otro.

—¿Qué esperabas? Es de la Legión.

—Sí, pero les dimos tiempo y privacidad. Al final no pasó nada.

Esas últimas palabras encendieron una llama en la mente de Jean. Se dio la vuelta y dio dos pasos en dirección a los hombres.

—¿De qué están hablando, caballeros? —preguntó lentamente, su tono era peligroso.

Dos hombres se quedaron callados, el tercero sonrió como si fuera una burla.

—Creímos que te masturbarías con el titán ahí adentro —dijo como si estuviera aguantándose para no reír a carcajadas.

—¿Qué? —preguntó Jean, como si no hubiera escuchado bien y necesitara comprender exactamente a lo que se estaban refiriendo.

—¿No hay muchas chicas en la Legión? —preguntó otro de sus compañeros—. Ya sabes, para que sientas la necesidad de follar con un titán. Me pregunto, ¿cómo es eso?

—Creí que los titanes no tenían genitales —les recordó el último.

—Quizás están ocultos, no sé ¿por qué no le preguntamos a este tipo?

Jean le dio un puñetazo al soldado de en medio, el que había iniciado con las horribles acusaciones. Lo dio con toda su fuerza, inyectando todo su enojo en un solo golpe en la mandíbula del hombre. Sus nudillos dolieron y su mano se acalambró, pero sintió un tremendo alivio al descargarse de esa manera. Le hacía falta desahogarse de todas las emociones que lo rodeaban.

Su satisfacción duró poco, porque los otros dos hombres lo tomaron por los brazos y lo llevaron hasta la pared, inmovilizándolo mientras el tipo que había golpeado antes se incorporaba nuevamente.

—Maldito niño, ¿quién te crees que eres? ¡Asqueroso pervertido de mierda! —le gritó mientras le daba un puñetazo en su abdomen.

Jean sintió el dolor y cerró los ojos, sintió otro golpe y un tercero más, luego uno en su rostro. No pudo evitar los quejidos que salieron de su boca.

Se escuchó un estruendoso rugido desde la celda.

Los tres soldados se paralizaron, parecieron congelarse y miraron atrás, de donde había provenido ese amenazante sonido.

—Si vas a golpearme, no dejes que él escuche —les dijo logrando sonreír con la mitad de su boca. Aún desde su posición tan limitada y vulnerable, los miró como si no significaran nada para él.

El soldado llevó su mano atrás, preparando impulso en el siguiente puño que llevaría el nombre del castaño.

—¡JEAN!

La gravedad en la voz del gigante hizo vibrar los muros, el metal sonó y se escucharon cadenas moviéndose. El soldado cambió su expresión a una de terror, no se movió, y el golpe nunca impactó con su rostro.

—¿Le tienes miedo? Aww y yo te vi muy emocionado golpeándome —los intentó provocar.

—Dile a tu monstruo que se quede quieto —le respondió con voz peligrosa el que lo tenía por el cuello.

—Luke, ten cuidado —le dijo uno de los compañeros del tipo—. El titán está alterándose. —Su preocupación era obvia.

Jean sonrió con arrogancia.

—Le diré a mi novio titán que fuiste malo conmigo —su voz estaba cargada de burla, le agregó cierta melodía—. Creo que te comerá primero.

Sus amenazas eran vacías, era obvio que Marco no les haría daño. Y si llegara a liberarse por intentar salvarlo a él, se quedaría quieto y dejaría que lo volvieran a encadenar. Había tomado esa decisión hace mucho.

Pero ellos no lo sabían.

—¿Te llamas Luke, no? —Preguntó divertido y después habló en voz alta—. Dulce Marco, ¡ya sé el nombre de este tipo!

Al momento el hombre lo soltó, los tres soldados se alejaron de él; retrocedieron sin darle la espalda. Tenía sus ventajas ser protegido por un gigante diez veces más grande que él, y lo sabía.

—¡Asqueroso enfermo! —le gritó.

—Ten cuidado, mi novio te puede oír.

Notó los ojos de los demás sobre él, estaban enfadados y lo miraban con repulsión. Jean se dio la vuelta y se dispuso a irse, no escuchó más provocaciones y continuó caminando. No volvió a ver atrás.

Salió del calabozo.

Así que estaba enamorado de un titán, ¿era eso lo que ahora dirían de él? Adquiriría fama por ser alguien cuya degeneración sexual llegaba hasta el punto de amar al enemigo natural de los humanos. Pero eso era falso, no podía estar más errado; él no había caído por un titán, no. Marco no era solo un gigante del que él se había enamorado, era su mejor amigo, no podía explicar lo que significaba para él en pocas palabras. A un libro le tomaría capítulos enteros describir el tipo de relación que ellos compartían, simplemente no había comparación. Marco había cambiado su perspectiva de la vida, había madurado con su ayuda y podía llamarse a sí mismo una mejor persona. ¿Qué clase de hombre hubiera sido si no hubiese conocido a Marco?

¿Ahora tendría que andar por las calles explicando a cada soldado que él no estaba loco? ¿Tendría que explicar a cada persona que sus sentimientos no yacían en un monstruo, sino en el alma que este tenía?

No había nada que pudiera hacer para excusarse con las personas que no lo conocían. Le tocaría soportar como se burlaban de él, lo criticaban y hablaban a sus espaldas.

No le podía importar menos.

Sus únicos pensamientos estaban con Marco y el futuro que estaba siendo decidido para él.


EDIT: tod s los que me preguntaron, sí Dazz es real. Puedes buscarlo como "Dazz snk", es el tipo que Marco estuvo intentando tranquilizar durante todo el rollo en la batalla de Trost. Casi no utilizo OCs, asi que si ven un personaje que no les suena, pueden estar seguros que existe :)

Me encanta hacer el punto de vista de Erwin, ya que es super inteligente y sus pensamientos deben ser complicados y racionales.

Quise agregar el tribunal, pero se estaba haciendo largo el cap así que quedará mejor en el siguiente, no me odien :)

Quiero contarles... el 26 de este mes viajo a Perú y estoy muy emocionada. Será unas agradables vacaciones! Turistearé como una loca! Intentaré escribir desde alla, espero que pueda :(

Creo que eso es todo, espero que les haya gustado. ¿Sabes como lo sabré? Si me dejas un review... :)