Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es GeekChic12, yo sólo traduzco.
Gracias a mi maravillosa Isa por la corrección del capítulo.
Capítulo 12: Range Rover
Tengo una nueva adicción: besar a Edward Cullen.
No es que antes tuviera muchas adicciones, pero… los labios de ese chico me hacen cosas que mi ex novio, Brady, no podía hacer con todo su cuerpo. Ni siquiera lo entiendo, pero no puedo tener suficiente de él. Afortunadamente, tampoco Edward puede. Aunque su verdadera adicción está más al sur de mis labios y es 34B.
—¿Quieres que me quite la blusa? —susurro contra sus labios.
Se congela. Aparta sus manos de mi pecho. Asiente. Abre bien los ojos cuando muevo las manos hacia la orilla de mi blusa.
Mi sostén es de delgado, y mis pezones ya están endurecidos contra la tela rosa a causa de tanta estimulación. Edward se lame los labios, mirándolos. Inhala profundamente y luego exhala larga y firmemente antes de mover sus grandes manos para sumergirse en mis pechos de tamaño promedio.
—Son de medida perfecta —dice de repente, haciéndome sonreír, y lo jalo de nuevo de regreso a mis labios.
Es el tercer día que me ha llevado y traído de la escuela, y el tercer día que pasamos en mi habitación "estudiando".
Ha sido agradable no tener que dejar a Emmett en la tienda de botes que nuestro papá tiene junto con el tío Harry, porque sino inevitablemente terminaría atrapada ahí para hacer algo; ayudar a mamá con la administración, llevarle partes a Rosalie, la mecánica, asquearme al ver a Emmett coquetear con Rosalie, lo que sea.
Sí, besar a Edward en mi habitación es mucho, mucho más agradable que todo eso. Especialmente ahora que ya sabe lo que está haciendo con su lengua.
Mi chico aprende rápido, lo cual predice muy buenas "lecciones" futuras.
Mi teléfono suena dentro de mi mochila, pero lo ignoro mientras le lengua de Edward se desliza contra la mía, sus dedos pellizcan gentilmente mis pezones sobre el sostén.
Un minuto después vuelve a sonar, y luego otra vez. Lo ignoro acercándome más a este hermoso chico y comienzo a sacarle el suéter del torso. Aunque antes de poder quitárselo, la puerta de un carro se cierra de golpe en el patio de enfrente y me congelo, sabiendo que papá finalmente debió darse cuenta de que Em ha estado manejando mi camioneta hasta la tienda, y con eso se acaba la fiesta. Si fuera Big Red, hubiera escuchado el retumbar de su motor. La Range Rover de papá no es tan ruidosa.
Emmett debió haberme mandado el mensaje para advertirme.
—Mierda. —Salto lejos de Edward, cuyas manos se quedan en el aire, justo donde estaban mis pechos. Me reiría si no estuviera muerta del miedo ahora. Luego de pararme y volver a ponerme la blusa, lo levanto de mi cama—. Vamos. Apúrate. Agarra tu mochila.
Lo llevo bajando las escaleras justo cuando papá entra por la puerta.
—Isabella Marie Sw… —grita antes de vernos y detenerse. No hay manera en que no sepa dónde estábamos. Encuadra los hombros y ladea la cabeza, tronándose el cuello como lo hace cuando intenta controlar su temperamento. Y, oh, mierda. Tiene el bigote erizado y todo—. ¿Qué piensas que estás haciendo aquí solo con mi hija, jovencito?
Edward comienza a hablar y me giro hacia él.
—No respondas eso. —Me giro de nuevo y gimo—. ¿Podemos hablar afuera, papá?
—No. Él tiene que responderme. Y tú —me señala con su dedo índice—, sabes malditamente bien que no debes tener chicos en tu habitación cuando no estamos en casa.
Ruedo los ojos.
—Oh, por favor. Prácticamente dejabas que Brady viviera aquí cuando estábamos juntos. —Edward aprieta mi mano y me giro hacia él, dándome cuenta de que todavía no le he contado de Brady. Le dije que antes me habían lastimado, pero no los detalles—. Te contaré luego —susurro.
—Eso era diferente —dice papá—. Lo conocíamos y confiábamos en él. —Ante mi mirada de incredulidad, agrega en un murmullo—:… en aquel entonces.
—Bien, sé que rompí las reglas y lo siento. Pero, por favor, ¿podemos hablar afuera por un minuto?
Papá bufa.
—Bien. —Pero antes de girarse para salir, señala sus ojos con dos dedos y luego los apunta hacia Edward, que retrocede ante el gesto.
Rodando los ojos a la espalda de papá cuando él se dirige al porche, termino de bajar las escaleras y me giro hacia Edward.
—Ahora vuelvo. ¿Quieres ver televisión o algo? No tardaré mucho.
Unos preocupados ojos verdes me pegan a la pared por un momento.
—¿Vas a estar bien?
Acariciando su mejilla, respondo:
—Sí. No te preocupes.
Cierra los ojos y exhala pesadamente. Probablemente mi papá lo asustó de muerte. Pobrecito.
—Bien, me sentaré en la mesa y comenzaré mi tarea de cálculo
—Cerebrito —bromeo.
Se sonroja.
—Me gustan las matemáticas. Si quieres, más tarde puedo ayudarte con tu tarea de pre-cálculo.
—Primero consigamos que salgas de aquí con las bolas todavía pegadas a tu cuerpo, y luego vemos, ¿de acuerdo?
Pasándose el nudo de la garganta, la mano de Edward se mueve instintivamente hacia su entrepierna, y sus ojos se encuentran de nuevo con los míos, llenos de terror.
—Mierda. Perdón. No será tan malo. Lo prometo. Todo estará bien. —Lo llevo a le mesa y le beso la mejilla—. Siéntate. Haz tus matemáticas de genio y volveré en unos momentos.
Al cruzar la puerta principal me doy cuenta de que últimamente he estado haciendo las cosas al revés. Debí haberles contado más a mis padres sobre Edward antes de que corriéramos el riesgo de encontrarnos así.
—¿Mamá se quedó en la tienda?
Papá abre la boca, pero mi pregunta es interrumpida cuando Big Red llega a toda velocidad al camino de entrada. Mamá y Emmett saltan fuera de ella, probablemente para actuar como mediadores porque saben que papá está enfadado conmigo. No es como si él me hubiera lastimado alguna vez o algo parecido, pero mamá es mucho más razonable cuando se trata de chicos.
—Charlie —dice mamá con su tono de advertencia.
—No, Renée. Ella ha traído a ese chico a su habitación mientras no estábamos aquí, y ni siquiera lo hemos conocido. Es completamente inaceptable. Lleva tres días saliendo con él, ¡y su blusa está al revés, por amor a Dios!
Al bajar la vista noto que, ciertamente, me puse la chingada blusa al revés. Mierda. Cruzo los brazos sobre el pecho.
—Llevamos casi todo el verano conociéndonos, papá. Sólo porque antes no estábamos saliendo, no significa que no estuviéramos hablando y conociéndonos. Y, en realidad, todo lo que hemos hecho es besarnos, así que no lo hagas parecer como si estuviera saltando a la cama con él o que él intenta aprovecharse de mí, porque eso no es lo que está pasando. Él nunca haría eso. Más bien, sería yo la que… —me detengo abruptamente antes de que mi verborrea me meta en más problemas.
—¿Eres tú la que, qué? —pregunta papá con los ojos entrecerrados.
—Nada. —Agito la mano como si eso borrara los últimos veinte segundos—. Sólo estoy diciendo que Edward es… diferente. No va a presionarme para hacer algo para lo que no me sienta lista, ¿de acuerdo? Así que por favor no te preocupes por eso.
Entrecerrando aún más los ojos, pregunta:
—¿Diferente, cómo? —Abre los ojos como platos—. Oh, Dios. Tiene un hijo o algo así, ¿no? O, espera. Drogas. Usa drogas, ¿verdad? ¿Cómo puedes hacer esto, Bells? ¿Tan siquiera está en la preparatoria?
—Oh, Dios mío. ¿Puedes detenerte? No es nada de eso. Y sí, está en último año, igual que yo. Aunque es un año mayor, así que asegúrate de alterarte también por eso —termino con un ruedo de ojos épico.
—No me hables así, jovencita.
—Pues tú estás siendo completamente irrazonable. Entiendo que Brady haya roto tu confianza. Demonios, rompió mi confianza mucho antes de eso. Pero Edward es el chico más dulce del mundo, ¿de acuerdo? en serio. No es nada parecido a Brady. Y me refiero a que tiene asperger cuando digo que es diferente, así que las situaciones sociales son incomodas para él. Supongo que estaba evitando hacerlo pasar por eso con ustedes hasta asegurarme de que pudiera manejarlo.
Papá no tiene una respuesta y Emmett se aclara la garganta.
—Voy a… —Señala la puerta y se mete. Espero que pueda mantener tranquilo a Edward. Afortunadamente Edward ya se siente más cómodo cerca de él. Luego de explicarle algunas cosas a Emmett, se disculpó con Edward por amenazarlo y durante los últimos días se han estado llevando bien.
También descubrimos que Edward pensaba que Emmett estaba hablando de lastimarme físicamente, así que le explicamos que también hablaba sobre lastimarme emocionalmente. Edward juró de nuevo que nunca haría eso intencionalmente, y le creí, regresándole la promesa también a él.
—Charlie —dice mamá acercándose a papá—. Tenemos que confiar en que Bella tomará sola la decisión correcta. Ya casi tiene dieciocho años. Hemos criado bien a nuestros hijos, y son inteligentes. —Me dirige una cálida sonrisa y luego se gira de nuevo hacia papá, haciendo su magia en él—. Sé que es tu bebita, y ninguno chico podrá jamás ser lo suficientemente bueno, pero necesitas confiar en ella para tomar sus decisiones.
—Es que yo… —Papá suelta un largo suspiro y me mira—. Tu mamá tiene razón. Es que no quiero que te vuelvan a lastimar, Bells. Odié verte así. —Sus ojos se ponen acuosos, y me apresuro hacia sus brazos, presionándome contra la franela roja e inhalando el familiar aroma de Old Spice.
—Estaré bien, papá. Lo prometo. Edward de verdad es un buen chico.
—Eso espero, Bells. —Me soba la espalda.
Sollozo.
—Gracias por cuidarme.
Aclarándose bruscamente la garganta, papá me suelta de sus brazos.
—Es mi trabajo. Y no lo cambiaría. —Compartimos una sonrisa, y mamá le acaricia el hombro de manera amorosa, orgullosa de que ahora él ya ve la razón y está tranquilo—. Ahora… ¿podremos conocer a este, oh tan maravilloso, Edward? —pregunta papá.
—¿No tienes que ir a la concesionaria?
—Buen intento. Harry lo tiene todo cubierto.
Maldición.
—Bien. Pero, por favor, sé amable.
—Siempre lo soy.
Lo miro con incredulidad.
—Uh-huh. Claro.
—Vamos, niña. Dale un poco de crédito a tu viejo. Entremos.
Los tres entramos y veo a Emmett sentado en la mesa con Edward, ambos trabajan silenciosamente en sus tareas. Al notarnos, Edward se para de golpe de su silla, haciéndola volar hacia atrás con un estrépito. Mamá y yo jadeamos, y Edward se pone de diez diferentes tonalidades de rojo, pone las manos en puño y lanza dagas con la mirada a la silla.
—Está b… —Antes de poder decir el "ien", él me sorprende al apurarse hacia la puerta y salir corriendo hacia su carro para luego irse. Todos miramos boquiabiertos la puerta abierta por un segundo, y soy la primera en recuperarse, entendiendo su necesidad de irse—. Así que, uh… —Me encojo de hombros y les sonrío tímidamente a mamá y papá—. Ese es mi novio.
Pobre de nuestro Edward, lo asustaron.
¡Gracias por sus comentarios!
El miércoles es la siguiente actualización.
