Dije viernes, así que aquí está.
Leámonos abajo ;)
Capítulo 11. Pacientes y doctores
No sabía cuánto tiempo llevaba en esa posición, su espalda le dolía así que se estiró y escuchó un sonido que hizo parecer que sus articulaciones se desencajaban. Gruñó ante eso.
No paraba de verlo, no podía.
El pecho del chico frente a él subía y bajaba con una respiración lenta y profunda; constante y calmada.
Su cuerpo ya casi terminaba de regenerarse.
Recordó cuando corrió detrás del comandante, siguiéndolo a él y a Hanji con una prisa desesperada; la manera en cómo lo sacaron de la habitación mientras trataban de emergencia al cuerpo y se aseguraban de estabilizar sus signos vitales. Él se quedó de nuevo a la deriva, cerca de la puerta sin ninguna explicación, esperando con la nula paciencia de la que era capaz.
Nadie lo llamó, a nadie le interesaba algo más que no fuera el chico que había sido arrancado del titán. Así que Jean ingresó a la cámara por sus medios, intentando pasar desapercibido para no ser echado nuevamente. Erwin lo notó, pero no dijo nada; el castaño agradeció eso en silencio. Se acercó para ver.
Era un monstruo.
Apenas parecía humano, un vapor salía de él que inundó la habitación con un calor asfixiante, las enfermeras limpiaban las frentes de los médicos cada minuto. Al final se tuvo que abrir las ventanas para no morir sofocados.
¿Ése era Marco?
Era difícil de creer, incluso le costaba mirarlo.
Tuvo que salir de la habitación para respirar un poco, aclarar su mente y llenar sus pulmones con aire fresco.
Acababa de presenciar su muerte, ¿y se topaba con eso?
Se sentía exhausto mentalmente, cansado de ese mar de emociones que no hizo más que descender y descender dejando a su paso un corazón roto con piezas demasiado pequeñas para volver a formarse. Vio toda su felicidad derrumbarse frente a él y se dejó consumir por el dolor de saber que quería a ese chico y lo había perdido otra vez.
Se sentía mareado, con ganas de vomitar y recostar su cabeza en la almohada de su hogar en Trost. Quería de nuevo recibir los mimos de su madre como cuando era pequeño y no le importaba su estúpido orgullo de adolescente.
¿Por qué era ese el mundo en el que le había tocado vivir? Quería que los titanes desaparecieran y pudiera hacer lo que la humanidad haría si no tuviera que luchar constantemente en esa guerra que contaba con más faltas del lado de los humanos que del lado de los titanes.
Jean se puso en cuclillas, con la espalda pegada a la pared abrazó sus rodillas como cuando era un niño que temía a los monstruos de la oscuridad. Estuvo así todo el tiempo que atendieron al cuerpo humeante que salió del titán.
Cuando los médicos terminaron y dijeron que lo peor había pasado, que el chico quedaba estable, lo dejaron pasar otra vez. Las ventanas se mantuvieron abiertas todo el tiempo.
Jean leyó el reporte que los doctores hicieron.
No entendió la jerga médica, palabras largas y enredadas que le frustraban, complejas solo para que esos tipos se sintieran inteligentes a la par de quienes no las comprendían.
"Paciente masculino en su adolescencia tardía".
"Tardía."
Marco había crecido.
Con los días, Jean miró la evolución del chico frente a él, muy lenta y pausada.
Dejó de sangrar, sus músculos fueron cubiertos por nueva piel. Su rostro aún no tenía color, pero su pecho y hombros fueron tomando una forma más humana. Sonrió cuando vio pecas en sus hombros, puntos más oscuros que el resto de su piel, no pudo evitar el impulso de tocarlos, acariciar suavemente esas manchitas que el sol había dejado como cicatrices inofensivas.
Ocurría cuando no lo veía, jamás frente a sus ojos. Era como si mirarlo fijamente detuviera el proceso de regeneración. En una ocasión se quedó dormido y cuando despertó, ya se había formado su nariz.
Su cara fue tomando la forma de antes, las mejillas se cerraron, sus labios cubrieron sus dientes y los párpados cubrieron sus ojos. Las pecas fueron las últimas en formarse en su tez, como si un artista las pintara, aparecieron una por una.
Jean tomó el rostro con una mano, pasó el dedo pulgar por sus pómulos, sintiendo el hueso debajo de su pecoso semblante.
Después se formó el pelo, primero en las cejas y pestañas, luego en su cabeza. Un peinado más corto del que alguna vez le hubiera visto, era el estilo de Connie, un poco más largo quizás.
Sabía que debía sentirse aliviado, frente a él estaba la razón para sonreír y ser feliz… pero una sensación de miedo lo rodeaba.
No quería acomodarse a eso, le preocupaba lo que ocurriría cuando el cuerpo terminara de regenerarse. O, mejor dicho, le preocupaba lo que podría no ocurrir cuando el cuerpo estuviera completo. ¿Y si Marco no despertaba? ¿Y si se quedaba en ese estado de ensoñación perpetua?
¿Y si lograba despertar pero perdía todos sus recuerdos otra vez? Y quizás no los pudiera recuperar como lo hizo de titán, ¿qué pasaría si Marco no lograba recordar a nadie? Tendría que vivir un futuro muy desolado sin todas las personas que llegaron a ser importantes para él. ¿Y si, esta vez, se negaba a recibir ayuda de la Legión? Si escuchara lo que el pueblo opinaba de ellos, tuviera desconfianza de todos y quisiera alejarse lo más posible para nunca volver a verlos. Perdería a Marco por la decisión de él mismo. El pensamiento era aterrador.
El pesimismo corría por la sangre de Jean, no podía evitarlo.
Tenía miedo de permitirse a sí mismo ser feliz por un minuto, que el mundo imperfecto a su alrededor le cayera encima con todo su peso cruel, y él no fuera capaz de soportarlo, nunca podría sobrevivir.
Por eso era mejor tener miedo, no se dejaría tomar por sorpresa.
Pero, en ese momento, mirándolo reformarse lentamente en el chico que conoció… era reconfortante. Sentía sus labios estirarse en una sonrisa, una calidez en su pecho que se extendía por todo su cuerpo, unas cosquillas de emoción en su estómago que lo hacían sentir estúpido.
Era un tonto por Marco.
Se sentía absurdamente retrasado por él.
Y le encantaba.
Marco estaba desnudo, le habían colocado una manta en sus partes privadas. Los médicos lo recomendaron para ayudar a "disipar el calor", las ventanas se mantenían abiertas para no hacer convertir esa habitación en unasauna.
Jean lo miraba, sabía que no hacía nada útil y eso lo frustraba.
Una enfermera entró para pedirle que saliera por un momento, cuando él le preguntó qué haría, ella le dijo que bañaría a Marco. El castaño preguntó si podía ayudar.
Lavó la cabeza de Marco, hizo espuma con el jabón y tuvo cuidado de que no llegara a su rostro. La higiene prevendría las infecciones y su cuerpo ya estaba bajo mucho estrés al regenerarse de esa manera. Lo último que necesitaba era la sobrecarga de estar enfermo.
Miró hacia otro lado cuando la enfermera descubrió completamente a Marco, creyó que sería grosero ver. Tuvo un poco de curiosidad que reprimió. El cuerpo del chico de pecas era idéntico a cuando era un titán, pero ahora tenía unas excepciones propias de una persona y ausentes en un gigante. No miró, y se regañó a sí mismo por sentir esa curiosidad insatisfecha.
Había visto a Marco desnudo antes, pero siempre tuvo toalla o ropa interior o cualquier cosa que lo cubriera. No era momento para actuar como un niño caprichoso, así que dejó a su moral ganar.
Al finalizar, no fue necesario secar el cuerpo de Marco, su mismo calor evaporó toda el agua con la que lo bañaron. Después de un minuto estaba seco y cubierto nuevamente, su piel quemaba si se tocaba por mucho tiempo.
Jean se sentó en su silla nuevamente, extendió las piernas, reposándolas en el borde de la cama de Marco.
Estarías orgulloso de que soy menos egoísta, le dijo mentalmente.
—Baja tus pies —ordenó la enfermera rápidamente, con una mala cara.
Jean hizo una mueca, sabía que a Marco no le habría molestado. Aun así obedeció, como un buen soldado.
Esa era su rutina, todos los días sin falta regresaba al mismo lugar. Llevaba sus comidas para hacerlas junto a Marco, esperando que quizás el olor lo despertara. No había cumplido con el entrenamiento diario, quizás se estuviera oxidando entre tanto sedentarismo; pero mientras no le dijeran nada, pasaría cada momento que pudiera junto a su mejor amigo. Ni siquiera había visto a los demás chicos del ciento cuatro en la última semana.
—¡Tenías razón!
El castaño casi salta de su asiento, giró su cabeza para ver quien lo había asustado de esa forma. Acercarse de la nada con ese tono era una locura. Si Jean tuviera puesto su equipo de maniobras, habría sacado sus cuchillas sin pensarlo.
Era Hanji, eso no le sorprendió en absoluto.
—¿Qué? —preguntó, no había escuchado realmente lo que le había dicho.
—Tenías razón, Marco es idéntico a cuando era un titán. Es extraordinaria la rapidez con la que se está regenerando. Solo le faltan sus manos y pies, me pregunto si despertará cuando esté completo o si lo hará antes.
—Emm… sí—. Ella parecía no haberse dado cuenta que casi le da un ataque al corazón después de ese susto. Hablaba con rapidez, divagaba con sus ideas sobre lo que ocurría con el chico. Era su oportunidad para preguntar lo que temía—. Pero despertará, ¿no? Es seguro que lo hará.
—En teoría —dijo ella—. Esa fue toda la idea al sacarlo del titán.
Jean intentó hacer memoria de lo que pasó, para él todo ocurrió de forma surreal como si se tratara de un sueño. Apenas podía evocar esos recuerdos, eran borrosos. Recordó el fuerte golpe de Mikasa en su mejilla y gente exclamando ante un cuerpo humeante y deforme. También cuando Hanji puso sus dedos en el cuello y gritó que estaba vivo.
—¿Sabían que estaba adentro?
—No —admitió la líder de escuadrón—. No es algo que yo hubiera hecho por mi cuenta, fue un riesgo que tomamos dadas las circunstancias.
—La sentencia fue de muerte —dijo. No fue una pregunta. Zacklay se había acercado para decirle a Marco que debía morir, y Jean había sentido como si el mundo perdiera la razón de repente, como si todos sus sentidos dejaran de funcionar al mismo tiempo. Fue horrible, una verdadera pesadilla.
—Así es. Cuando el generalísimo tomó esa decisión, fue necesario usar medidas drásticas. Apostar al todo o nada, como solemos hacerlo en la Legión.
—El corte fue en vertical —agregó una tercera voz. Jean se giró para ver a Levi hablar, no se dio cuenta de cuándo llegó—. Normalmente el corte es horizontal, pero eso lo habría matado. Al cortar como lo hice, el cuerpo salió incompleto. Es el mismo plan para sacar a Eren del titán sin matarlo. Su regeneración se encargaría de regresarle sus brazos y piernas, como a una lagartija.
—¿Decidieron todo eso al momento? —preguntó Jean.
—No fue nuestra decisión. Honestamente pensaba que dejarían a Marco a nuestro cargo, tal vez estábamos siendo demasiado positivos —dijo el sargento, chasqueó su lengua—. Malditos idiotas. Fue Erwin quien tomó la decisión, se acercó para decirme cómo hacer el corte, porque él conseguiría que yo fuera el verdugo.
—Teníamos que estar preparados para lo que ocurriera —se sumó Hanji—. Sorprendernos no era una opción. Por eso, cuando lo vimos salir del cuerpo del titán, nos apresuramos en conseguirle ayuda médica. Todo este tiempo dentro del gigante le había devorado el cuerpo poco a poco. Esto fue lo mejor, quién sabe cuánto faltaba para que fuera absorbido completamente.
Le estaban diciendo todo eso porque creían que él tenía derecho a saberlo, Jean tragó con dificultad. Toda la ira que albergó contra ellos se disipó al instante, incluso había odiado al comandante; hasta tuvo ganas de golpearlo… pero ahora, finalmente estaba seguro que él no dejaría que sus soldados murieran si todavía encontraba una forma de salvarlos.
Se sintió como un idiota por la poca fe que depositó en ellos, se prometió a sí mismo que confiaría en la Legión, sin importar las circunstancias. Aun si parecía que sus obras fueran ominosas, sabría que su comandante tendría un fin en mente, y lo obedecería sin dudarlo. En eso consistía la guerra contra los titanes, humanos unidos contra sus enemigos.
—Gracias —les dijo suavemente—. Gracias por no dejar que muriera.
—Es nuestro soldado, es lo que hacemos por ellos —le respondió Levi.
—De hecho Marco de humano nunca decidió unirse a la Legión, habría que preguntarle si se unirá a nosotros de todas formas —explicó Hanji.
—¿Estás demente? No voy a salvar a un Policía Militar —opinó el sargento.
—Sería un desperdicio entregarles un titán, me volvería loca.
—Tú… ¿tú, de todas las personas, te volverías loca? —parecía que el sargento no lo podía creer.
—¿Estás insinuando algo? Sabes que me cuesta entender el sarcasmo —se defendió Hanji.
Jean no pudo evitar reírse. Era la primera vez que lo hacía en todo este tiempo, casi lo había olvidado, su risa sonaba ajena y extraña. Se sintió muy bien, como si hubiera recuperado una parte de él que había perdido. Cuando se detuvo, se sintió observado.
Se preguntó si había sido muy grosero reírse a expensas de sus líderes.
—De acuerdo, chico risitas. El comandante quiere verte, puedes ir a besarle el trasero como agradecimiento por salvar a tu amigo —le dijo Levi.
—¿A-ahora? —titubeó Jean.
—Cuando tú quieras, sólo si tienes tiempo —le respondió el sargento levantando una ceja.
Era sarcasmo, Jean sí lo entendía. Él lo usaba todo el tiempo, era prácticamente su única forma de comunicarse. Se levantó de su asiento en dirección a la salida, le dedicó una última mirada a la cama donde Marco descansaba.
—No irá a ningún lado —le dijo Hanji a manera de consolarlo.
No le preocupaba eso, sabía que Marco estaría ahí unos días más. Era un hecho. La causa de su ansiedad era muy simple: temía que su amigo despertara y él no estuviera ahí para darle la bienvenida.
Con dificultad se dio la vuelta y caminó hacia la oficina de Erwin sin ver atrás.
Esperaba que todo terminara rápido.
La puerta estaba abierta, así que no se molestó en tocar. La empujó con suavidad para entrar.
Erwin no estaba adentro. Vio la espalda de un chico desde atrás, un cabello castaño oscuro y corto, de alguien que estaba sentado esperando también al dueño de esa oficina.
Al escuchar a Jean, el chico se dio la vuelta y él se encontró con un par de conocidos ojos verdes.
—Ah, solo eres tú. Pensé que era alguien importante —comentó Eren.
Percibió ese usual fastidio de ver al chico, que se sentía como si todo hubiera regresado a la normalidad.
—¿Qué haces aquí? —preguntó en su lugar.
—Me ordenaron venir —contestó el chico, hizo una pausa—. Me sorprende verte fuera de la habitación de Marco.
Jean se encogió de hombros, no sabía si el otro quería provocarlo. No le daría el gusto.
—Los demás están preocupados —le informó Eren en lugar de eso—. Quieren saber si estas comiendo bien, y si puedes dormir en las noches.
Miró al más bajo, eso lo había tomado por sorpresa. No pudo evitar sentirse conmovido ante la preocupación de sus amigos. Siendo el asqueroso imbécil que era a veces, las palabras que salieron de su boca discernían de cómo se sentía realmente.
—Si me extrañas, puedes decirlo —le dijo sonriendo con la mitad de su boca, en un gesto come-mierda arrogante.
—Para nada, he tenido los días más tranquilos de mi vida —contestó el de ojos verdes con una sonrisa similar.
—Di lo que quieras, pero necesitas que te pateen el trasero diariamente.
—Tu y yo tenemos versiones diferentes de quién le patea el trasero a quién —rio Eren, luego su expresión cambió—. ¿Cómo está Marco?
La sonrisa arrogante cayó de su rostro, reemplazada por una más solemne y neutral.
—Regenerándose, lentamente. Cada vez se parece más a sí mismo.
—¿Creen que despierte pronto? —inquirió el otro.
—No lo sabemos, la líder Hanji parece positiva.
—Lo hará, ya verás. Y ambos tendremos la habilidad para transformarnos en titanes —dijo con una sonrisa optimista. Jean no sabía si lo hacía con sinceridad o si solo buscaba tranquilizarlo.
Eren puso una mano en su hombro, y Jean no se alejó. Todos los chicos eran su familia ahora, un poco disfuncional y llena de peleas, pero una familia al fin y al cabo.
—¿Sabes por qué estamos aquí? —Jean apenas había interactuado con otras personas en los últimos días, no tenía idea de por qué se podría haber metido en problemas. Además estaba desactualizado de lo que había ocurrido con su mundo alrededor.
—Levi me dijo que el comandante va a hablar con nosotros sobre Marco, se negó a decirme más.
Jean puso atención a todo lo que dijo, pero algo en particular le llamó la atención.
—¿Llamas al sargento por su nombre de pila? —preguntó sin pensarlo.
Eren se puso rojo demasiado rápido, el color llegaba hasta la punta de sus orejas.
—N-no… ¡no es nada! Digo, todos lo hacemos. Con Levi, con Ha-Hanji, Erwin y todos.
No era cierto, siempre usaban el título de cada uno para hablar sobre ellos. Ninguno trataría con tanta informalidad a alguien tan serio como el sargento, era muy intimidante. Jean tendría miedo que le sacara cuatro dientes de un golpe si lo trataba de una manera tan casual.
—¿Puedo llamarlo Levi también?
—N-no creo que sería conveniente. Podrías hacerlo enfadar —respondió Eren nervioso.
—¿Es un privilegio que solo tú tienes? —presionó.
Eren rápidamente se levantó de su asiento haciendo el saludo militar en dirección a la puerta.
—¡Comandante Erwin! —exclamó en lo que pareció verdadero alivio.
Cobarde, pensó Jean cuando vio que el otro evitó el tema. Se levantó para hacer el respectivo saludo.
—Siéntense, soldados —les indicó el alto rubio.
Ambos chicos obedecieron.
El comandante caminó hasta colocarse frente a su escritorio, y se sentó. Su silla produjo un crujido bajo su peso.
—Jean, te has librado de muchos entrenamientos. Varios líderes de escuadrón me lo han comentado y les dije que me encargaría de eso. —La expresión de Erwin no era de regaño, era más bien como si simpatizara con él. Casi parecía un consejo—. Déjame decirte que comprendo cómo te sientes, pero debes cumplir tu responsabilidad como hombre y como soldado, ¿de acuerdo? No más ausencias, volverás a todas tus actividades normales a partir de mañana.
Jean no creía que Erwin realmente pudiera entender cómo se sentía, pero estaba consciente que había abusado un poco de la consideración con la que se le había tratado. Si no quería que le prohibieran ver a Marco, no debía descuidar sus responsabilidades. Así que asintió a todo lo que su comandante dijo.
—Sí, señor. No volverá a pasar —prometió.
—Excelente —sonrió el rubio—. Ahora, querrán saber por qué los convoqué a mi oficina.
El castaño miró a Eren, quien también estaba atento a las palabras del mayor.
Smith continuó.
—Investigamos los antecedentes de Marco. Y ciertos hallazgos han llamado nuestra atención.
Erwin les extendió unos documentos en su escritorio, les dio la vuelta para que ambos pudieran leerlos. Había una letra difícil de comprender, y ciertas palabras eran extrañas, otras que nunca había oído, toda la prosa finalizaba con un sello. Antes que alguno preguntara, el rubio les explicó.
—Son los antecedentes médicos de Bodt. —Hizo una pausa y continuó—. ¿Jean, te contó Marco alguna vez de una enfermedad grave que tuvo?
El aludido negó con la cabeza, no encontraba qué decir.
Eren también se mantuvo en silencio.
—Eso pensé, supuse que si hubieran sabido algo, nos lo habrían dicho. Entonces tendré que explicarles.
Jean se inclinó hacia adelante para escuchar mejor.
—Una pandemia afectó gran parte de la población que habitaba dentro de la muralla María y algunas villas dentro de Rose, Sina se mantuvo salva. La enfermedad fue llamada "Peste Negra", las ratas eran las transmisoras.
Jean creyó haber leído algo parecido, recordó haber escuchado a su madre comentarlo. No fue una enfermedad que llegara a Trost.
—El padre de Marco, llamado Theo Bodt trabajó como comerciante, transportaba cargas para una compañía. En uno de sus viajes, contrajo la enfermedad.
»La afección no suele ser obvia, así que en su hogar presentó los primeros síntomas. No estamos seguros de más de lo que los reportes mencionan, pero Marco presentó esta enfermedad a los ocho años, posiblemente su padre lo contagió. Debieron pasar mucho tiempo juntos, porque es difícil la transmisión entre personas.
»Los reportes epidemiológicos mencionan que un setenta por ciento de las personas que sufrieron de esta enfermedad murieron, otra parte quedó con secuelas, y muy pocas salieron adelante con una vida normal.
»Eren, tu padre trabajó con muchos de estos pacientes infectados.
Jean miró al de ojos verdes, quien tenía los ojos muy abiertos.
—S-sí. No hablaba mucho del trabajo, pero de pequeño supe que había hecho algo importante —Eren tragó y agregó—. Todos en Shiganshina lo llamaban "héroe", decían que salvó a mucha gente.
—En efecto —dijo Erwin con una pequeña sonrisa—. La fama del doctor Jaeger llegó a muchos otros distritos, y posiblemente a oídos de un comerciante que viajaba mucho.
—El padre de Marco —adivinó Jean.
—Correcto. Theo viajó hasta Shiganshina cargando a su hijo para presentarlo ante el doctor Grisha Jaeger. Los reportes del resto de la familia de Marco indican que ellos fueron los únicos afectados.
—¿Y la madre de Marco? —No pudo evitar preguntar Eren.
—Comparamos las fechas y ella estaba embarazada en ese momento. Afortunadamente la enfermedad no la alcanzó.
Jean intentó imaginar eso. Un hombre y su hijo enfermos abandonando a una madre embarazada, sin ninguna seguridad ni promesa que ambos regresarían. Un viaje de quién sabe cuántos días hasta llegar a Shiganshina sin garantía que encontrarían al padre de Eren ahí, sin saber si serían atendidos.
Marco pudo morir en ese viaje, y solo habría tenido ocho años.
—El doctor Jaeger atendió a ambos pacientes, describe el estado en que los encontró en estos escritos médicos. —Erwin señaló uno de los papeles en el escritorio—. Theo ya estaba bastante grave, así que no pudo hacer mucho. Murió después de unos días. Marco tenía una fiebre muy alta, estaba desorientado, no reconocía nada ni nadie; se menciona que el pronóstico era muy desfavorable. No podía comer, apenas toleraba los líquidos y su fiebre no cedía. Sus signos vitales empeoraban y su corazón se detuvo en algún momento.
Ni Jean ni Eren dijeron algo, ambos imaginaban el escenario que había ocurrido. Las víctimas de una enfermedad casi incurable.
—Lo extraño es lo que sigue. Después que le diera maniobras para reanimar su corazón y lograr estabilizarlo, Marco mejoró notablemente. Sus signos vitales se corrigieron, su fiebre cedió, recuperó la consciencia y comenzó a alimentarse solo. Toda esta mejoría en el lapso de dos días.
—¿Es eso posible? —preguntó Eren.
Jean también quería saber, no parecía normal que alguien a punto de morir se recuperara tan rápido.
—Le pregunté a un par de médicos de confianza y han quedado sorprendidos —el rubio miró al de ojos verdes—. Tu padre es un profesional reconocido, pero lo que ocurrió va más allá de las habilidades humanas. No puedo evitar preguntarme si el señor Grisha utilizó alguna terapia poco convencional para salvar a Marco.
El comandante hizo una pausa, escudriñando a Eren con la mirada.
—Nunca llevó enfermos a nuestra casa —comentó el castaño oscuro—. Creo que quería protegernos. Debió atenderlo en otro lugar, lejos de cualquier persona que conociera, donde también pudiera llevar todos sus instrumentos con los que investigaba.
—Una vez le contaste a Levi sobre unos recuerdos que habías recuperado de tu padre —presionó el mayor.
—R-recuerdo que lloraba cuando mencionó un poder… me inyectó algo y me dijo que perdería la memoria... —El más joven tragó y continuó suavemente—. Creo que por eso puedo convertirme en titán.
Eso último que había dicho parecía más una suposición que algo que realmente sabía. Jean lo pensó por un momento.
—¿El doctor Jaeger le inyectó eso mismo a Marco? —preguntó al comandante.
Erwin sonrió, como si esperara esa pregunta.
—Estos escritos mencionan muchos medicamentos, una larga lista. Investigamos cada uno y son los esperados: para el dolor, la fiebre, unos para evitar que se deshidratara y otros para mantener su corazón latiendo. En ningún momento se menciona uno que sale de lo usual o que sea desconocido —terminó y esperó que los muchachos sacaran sus propias conclusiones.
—Eso no pudo ser suficiente para sanarlo… —comenzó Eren.
—Usó algo que no anotó en los reportes —complementó Jean. El comandante asintió ante sus dos ideas. El castaño no pudo evitar preguntar—. ¿Eso no es poco ético?
—¿Ético? No conoces a mi padre —se burló Eren con un tono amargo.
Quizás por eso Jaeger padre no tenía comparación, todos se asombraban de los resultados que lograba porque en realidad no conocían sus métodos. Era obvio que su hijo no se contaba entre sus admiradores.
Aún faltaba una parte de la historia, el castaño claro preguntó lo que pasó después de la súbita mejoría de Marco.
—Por supuesto —prosiguió el comandante—. El doctor solo menciona que cuando su paciente sanara completamente, él mismo iría a dejarlo a su hogar. Asumamos que eso fue lo que ocurrió, Grisha llevó a Marco a Jinae, con el resto de su familia. No hay más información sobre el tema, pero me gustaría hacerle unas cuantas preguntas a la madre de Bodt.
—¿Cuánto tiempo estuvo Marco ante el cuidado del padre de Eren? —preguntó Jean.
—Un mes según su historia clínica. No estoy seguro de cuánto tiempo más tomó el viaje de ida y regreso a Jinae, probablemente un mes más —contestó el alto rubio.
Jean bajó su cabeza un momento, en profundo pensamiento.
Marco nunca había contado nada parecido. Sabía que vivía con su madre y hermana; le comentó que tenía algunos recuerdos de su padre que se desvanecían cuanto más pensara en ellos. ¿Tan poca era la confianza que tenía en él? ¿Tan difícil le era contarle todo lo que había pasado? Era un chico reservado, ¿pero no estaba Jean precisamente para eso? ¿No da la amistad un espacio para desahogarse y confiar plenamente en aquel que se llama "mejor amigo"?
Se sentía un poco engañado. Sentía como si lo hubieran ofendido. El hecho que hubiera ocurrido algo tan importante con Marco de lo que él no tuviera ni puta idea. Le enfadaba, le molestaba, le hacía cerrar sus puños con fuerza. Todo este tiempo sintiéndose con alta estima, sintiendo orgullo al ser reconocido como la persona más cercana al pecoso entre todos los de su año. Y al final, quizás ni siquiera sabía nada de él.
Marco era capaz de convertirse en titán, y había estado tan cerca de la muerte más veces de las que podía contar… y Jean estaba a oscuras, sin mirar nada más que un ciego.
Era como una patada en las bolas.
Chasqueó la lengua.
Era una mierda.
—Muchachos, ahora esperaremos a que Marco despierte —interrumpió sus pensamientos el jefe de la Legión de Reconocimiento—. Eren, si recuerdas algo más notifícalo inmediatamente. Y cuando podamos hablar con Bodt y preguntarle por estos descubrimientos, será necesario contactar a su madre por más detalles.
Ambos asintieron.
—Pueden retirarse —les indicó el comandante señalando la puerta.
El entrenamiento del día ya había terminado, y de todas formas, Erwin le dijo que tenía que incorporarse hasta el día siguiente. Así que Jean fue a la habitación comunal a cambiarse de ropa, eligió unos pantalones cómodos y holgados para usar toda la noche. Dormir sentado era realmente incómodo, pero no podía permitir que Marco decidiera despertar completamente solo durante la noche, cuando lo primero que vería sería total oscuridad.
Luego se dirigió hacia la habitación de Marco. Porque todavía tenía esa noche libre para mirar a su mejor amigo dormir como si fuera un maldito acosador de mierda.
Abrió la puerta y encontró a más personas de las que pudo contar.
—Ey, ey… miren quien regresó —guiñó un ojo Connie.
—Hola de nuevo, cara de caballo —saludó Eren agitando una mano.
—Nos hacías falta, teníamos tiempo de no verte —agregó Historia.
—Hola a todos —saludó Jean un poco confundido. Todos sus amigos estaban en la habitación, cada uno en una silla formando un círculo alrededor de la cama del chico dormido.
—Aquí está tu asiento todavía —le informó Mikasa señalando la silla a la izquierda de Marco.
—Estábamos contándole al bello durmiente aquí lo que hicimos desde que dejó de ser un titán —explicó Sasha.
—Muchas teorías científicas opinan que cuando las personas están dormidas, pueden escuchar lo que ocurre a su alrededor porque lo guardan en su subconsciente. —dijo Armin con una sonrisa, luego se dirigió al chico de pecas—. Vamos a comprobar esas hipótesis y las haremos evidencia científica con tu ayuda, Marco.
Jean no sabía qué decir, sintió una calidez en su pecho. Caminó en silencio hacia su puesto, pero reparó en alguien que no había visto antes. Sus miradas se cruzaron.
—Tenía que verlo con mis propios ojos —dijo Dazz suavemente.
Hablaron de todo y de nada a la vez. Los usualmente ruidosos, como Sasha y Connie hablaban sin parar. Los idiotas como Eren y Connie (otra vez), decían idioteces sin reparar en el poco sentido que tenían. Los callados como Mikasa e Historia opinaban de vez en cuando, hablando cuando lo consideraran necesario, y los demás guardaban silencio para escucharlas. El intelectual Armin tampoco se quedó atrás, aportando a las ideas y risas de todos. Cada opinión era importante por más absurda que fuera.
¿Cómo no podía encariñarse de todos esos idiotas?
Eran como una familia, se complementaban unos a otros. Se necesitaban mutuamente y confiaban en cada uno de ellos. Eran más que solo compañeros de trabajo, eran las personas por las que Jean arriesgaría su vida y valdría la pena.
—No puedo creer lo unidos que se han vuelto —le comentó Dazz por lo bajo.
Jean estaba a la mitad de una carcajada, cuando paró de reír reparó en lo que su antiguo compañero había dicho.
—Parece que sí.
—Me sorprende que tú y Eren hayan aprendido a llevarse bien —agregó el tipo.
Jean rio otra vez.
—¿De qué hablas? ¡Aún no nos soportamos!
—¿Alguien dijo mi nombre? —preguntó Eren al otro lado del cuarto.
—Oh cállate, no eres el jodido centro del universo —le contestó el castaño a su vez.
—¿Qué mierda dices? —preguntó el de ojos verdes levantándose de su asiento.
Mikasa tomó a su hermanastro de la manga de su chaqueta.
—No frente a Marco —los regañó.
—Sí, señora —dijeron al unísono tanto Eren como Jean.
Cuando todos se fueron, dejaron un eco de sus voces, bromas y risas. La habitación quedó muy silenciosa en comparación.
"¿Nos acompañas?" le habían preguntado.
"Estoy bien, me quedaré aquí" fue su respuesta.
Jean tocó la mejilla de su mejor amigo, la temperatura era casi normal. No sabía si era porque hacía más frío en la noche, o si finalmente su fiebre estaba cediendo con los medicamentos.
Quitó la sábana para mirar las manos de Marco, estaban casi completas, faltaba la punta de sus dedos y su respectiva uña. Se preguntó si sus pies estaban en la misma condición. No quiso descubrirlo completamente porque le pareció que no sería adecuado, así que volvió a poner la sábana blanca hasta encima del pecho cubierto de pecas.
Había un escritorio en la pequeña habitación donde descansaban unos papeles en blanco, de esos que tomaban los médicos para escribir diariamente la evolución de Marco. Jean tomó una que se miraba muy limpia, junto al resto de páginas estaba un lápiz de grafito con punta. Regresó a su silla y se apoyó en el respaldo.
Hace mucho tiempo que no dibujaba, quizás había perdido la práctica en ilustrar la anatomía adecuada. Pero si iba a quedarse la noche entera en esa habitación, debía encontrar una manera de pasar el tiempo.
No sé si fue aburrido, pero era necesario explicar muchas cosas. Los misterios se van resolviendo.
Estén atentos al siguiente capítulo, todos queremos que Marco despierte, ¿no?
Si me dejas un review, te lo agradeceré eternamente. Son el mejor regalo para un cap :D
Hablando de regalos... pueden ir a leer "Vidas Pasadas", de Leana Bodt. Me hizo este lindo twoshot y me encantó. Tiene a un sexy Jean con tatuajes. Si pueden, definitivamente deberían leerlo. Muchas gracias Leanita, eres un amor completo *3*
