Kaith Jackson, gracias por betear esto.
El punto de vista de este capítulo no es el de Jean.
Capítulo 12. Despertando
Miedo era lo que sentía. Estaba realmente asustado. Monstruos gigantes caminaban a su alrededor con pasos lentos tomando a sus compañeros y metiéndolos en sus fauces, las filas de dientes se cerraban y las personas dejaban de vivir. Todo ocurría muy rápido o muy lento, y su visión era muy borrosa o muy aguda. Nunca un punto intermedio.
Sentía su cuerpo temblar ligeramente, pero aun así tenía un control completo sobre él. Titanes se acercaban y se alejaba de ellos, no era muy rápido, pero era lo suficiente. Había estado en la lista de los diez mejores de su año, así que sus habilidades no eran malas. Podía confiar en ellas para salir de este episodio con vida.
Al final, todo esto sería un mal recuerdo.
Miró a un lado. Jean seguía vivo, su equipo había tenido problemas de funcionamiento, pero logró conseguir otro y elevarse del suelo. Connie y él habían ayudado al castaño. Solo se alegraba que estuviera bien, no quería perder por nada del mundo a Jean. Irían juntos a la Policía Militar, el momento estaba tan cerca que podía saborearlo. Suspiró.
Se alejó del grupo, quería cubrir más terreno. Había menos titanes al sur, casi todos los soldados luchaban al frente, apenas unos cuantos se escapaban su vista.
Las casas eran derribadas cuando los titanes intentaban tomar los ciudadanos dentro de ellas, otros hogares de Trost se pulverizaban cuando los monstruos vencidos caían sobre sus techos. Era doloroso ver esa ciudad ser destruida, sus cimientos se desintegraban con el pasar de los minutos.
Trost no era su ciudad, pero en ese momento sentía como si lo fuera. Las personas no deberían morir tan jóvenes, ni tan indefensos.
Entonces, saltando de casa en casa, evitando los titanes que podía, se encontró con algo curioso.
Annie estaba en el suelo rodeada de titanes, tres se acercaban hambrientos por devorarla. Pensó que debía ayudarla así que corrió para lanzarse hacia ella, pero antes de que sus pies dejaran el techo, miró a la rubia huir fácilmente de los gigantes. Él se detuvo para observarla, ella no necesitaba socorro.
No mató a uno solo, sino que la chica se alejó de los titanes, hasta que dejaron de ponerle atención. Entonces volvió al suelo para acercarse a ellos e hizo que la siguieran. Ella usó equipo el de maniobras para dirigirlos hacia la ciudad detrás de la muralla de Rose.
Guiaba a los titanes hacia lo más profundo de la ciudad de Trost, sin acabar con ninguno, como si quisiera llevarlos a donde estaba la muralla que se suponía el titán acorazado destruiría. Los monstruos estarían listos para entrar nuevamente a los dominios de la humanidad.
Se movió en modo automático, antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo.
Corrió hacia Annie cuando la vio en el aire, se arrojó y lanzó los cables de su equipo; extendió sus brazos y la rodeó. Casi doblaba su tamaño, la velocidad que llevaba fue suficiente para detenerla, escuchó su queja cuando sus cuerpos colisionaron. Ambos cayeron en un techo cercano, el peso aumentado hizo que ambos tropezaran.
—¿Qué crees que haces? —le preguntó la chica empujándolo lejos de ella.
—Esa debería ser mi pregunta —contestó él seriamente.
Ella abrió más sus ojos en sorpresa, un movimiento que salió de su control, porque su rostro volvió a mostrar la frialdad de siempre.
—No sé de qué hablas, lo que hago es obvio —remarcó la rubia.
—Eso pensé cuando te vi, pero me rehúso a creerlo —le dijo, tragó y sintió dificultad al hacerlo. Intentó calmarse a sí mismo y le habló a la chica con lentitud—. Dime que estoy malinterpretando las cosas, dime que estás de nuestro lado y te creeré.
De verdad quería hacerlo. Ella no podía estar ayudando a los titanes a ingresar a los dominios de la humanidad. Eso iba en contra del juramento de un soldado, era traición.
—Estoy de tu lado, ¿me crees? —Ella hizo una pausa para ver su rostro y luego agregó—. No sé qué crees que has visto, pero déjame en paz.
Annie se dio la vuelta y él le habló.
—No esperarás que eso sea suficiente.
—No eres muy rápido, ¿verdad, Marco? —Después de eso, ella se lanzó del techo de la casa. Sus cables salieron disparados y viajó por el aire lejos de él.
Marco la siguió, pero gastó mucho gas en alcanzar una velocidad similar a la suya. Presionó los botones que liberaban el aire comprimido y lo hizo acelerar lo más que podía, sabía que se acabaría muy rápido de esa manera pero no podía dejar que Annie escapara, no debía perderla de vista.
La tuvo en un ángulo adecuado y liberó bastante gas con su equipo para acercarse a ella con rapidez. No tenía un plan exactamente así que solo chocó con ella de la misma forma que antes, el pequeño cuerpo de Annie no era difícil de derribar para alguien de su tamaño. Sabía que la chica era peligrosa en combate, pero su diminuta complexión no siempre era una ventaja en el aire.
La colisión fue más potente que la primera vez, y sus brazos no estaban abiertos para envolver a Annie. Ambos cuerpos cayeron con toda la fuerza de la gravedad, sin gracia hicieron un agujero en un techo hasta entrar en lo que fue la habitación de otro de los hogares en Trost. El colchón de la cama suavizó un poco su caída. Marco puso sus brazos frente a su rostro para evitar que las tablas de madera y vigas del techo le cayeran encima.
Se levantó lo más rápido que pudo y vio a Annie tirada en el suelo, no había tenido tanta suerte.
—¿Annie? —probó, acercándose lentamente.
Al principio creyó que ella se había desmayado, pero comenzó a moverse. Se levantó con dificultad, como si todo su cuerpo doliera. Temblaba ligeramente.
—Te conseguiremos ayuda —ofreció Marco.
—¿Me conseguirás ayuda? ¿Debo estar agradecida? —Se burló ella—. No necesito de nadie.
Annie se dio la vuelta, Marco miró que ella tenía un golpe en la sien, probablemente se había lesionado la cabeza al caer tan violentamente. La rubia estaba sangrando.
—Creo que deberías sentarte —ofreció el chico. Ella pareció darse cuenta de lo que hablaba, o quizás sintió el líquido escarlata que bajaba caliente por un lado de su rostro.
—Esto no es nada —dijo sin importancia, acercó una mano a su herida y se limpió la sangre con el dorso. Un vapor parecía provenir de ese lado de su cara—. Dame quince segundos y estaré como nueva.
—Annie… —intentó Marco, pero ella avanzaba hacia él con pasos lentos. No se detuvo hasta estar de frente.
Antes que hablara, la rubia lanzó una patada en su dirección. Marco retrocedió. No tuvo tiempo para reaccionar porque Annie comenzó a atacarlo, con su mano derecha, luego con la izquierda, una y otra vez. El chico levantó ambos brazos pero ella era muy rápida, encontraba agujeros en su defensa con facilidad, Marco no pudo evitar muchos de esos golpes. Caería él primero desmayado, como presa del dolor. Protegió su cabeza para no quedar inconsciente.
No tenía oportunidad frente a la velocidad de la chica, pero podía aprovechar su tamaño y su fuerza. Aunque solo pudiera hacerlo una vez.
Annie detuvo sus golpes, llevó ambos brazos abiertos a sus lados para guardar su equilibrio. Movió su pierna derecha hacia atrás, preparándola para dar su golpe final, apuntaría a la cabeza de su contrincante. Marco esperó. Puso atención a ese espacio de segundos que ella tardó en ejecutar su ataque. Y cuando levantó la misma pierna, él ya estaba preparado. Con su mano derecha tomó el tobillo de la rubia, se ayudó apoyando su mano izquierda en la rodilla de ella para asegurar su agarre, y utilizó el mismo impulso que la chica había utilizado para lanzarla al otro lado de la habitación. Al usar la fuerza de sus dos manos y el giro de su cuerpo, el movimiento no había sido difícil.
Ignoró el sonido que hizo Annie al caer, revisó sus propios golpes. Tendría moretones a la mañana siguiente.
No sabía si aún podía razonar con ella, no parecía querer hablar con él. ¿Acaso no tenía otra opción más que delatarla con los superiores? Marco quería tener la oportunidad de una conversación seria con la chica, pero ella sencillamente no estaba dispuesta.
Annie se levantó de nuevo.
—Me estoy hartando de ti —comentó por lo bajo.
—¿Crees que esto es divertido? —reclamó Marco—. Llevo tres años conociéndote y no sé quién eres. ¿Todo esto de estar en la milicia fue una farsa?
Quizás fueron los sonidos de sus peleas, quizás sus voces o el agujero en el techo, pudo ser cualquier cosa que gritara su ubicación a los monstruos interesados. Un titán metió la mano por la ventana de la humilde casa en Trost, intentando tomar a cualquiera que pudiera ser su alimento.
—¿No crees que sonreiría más si esto fuera divertido? —cuestionó Annie—. ¿Crees que esto es un juego para mí?
La chica suspiró, Marco pudo ver algo en el rostro de ella. Su fuerte exterior cubría a una chica asustada, alguien que no quería hacer nada de eso. Pero si iba en contra de sus deseos, ¿por qué lo hacía? No era realmente una mala persona, pero actuaba como si lo fuera. ¿Acaso eso le hacía más fácil traicionar a la humanidad?
—Annie…
—Cállate ya —fue la severa respuesta de ella.
Marco vio los cables del equipo de maniobras de Annie, un solo cable salir disparado en su dirección junto al zumbido que lo acompañaba. El anclaje metálico que soporta el peso de un soldado, que le permite volar entre los árboles altos y las casas, se ancló en su rodilla izquierda con toda la fuerza propia de un artefacto usado para perforar las murallas.
El chico escuchó su rodilla crujir, y segundos después un dolor intenso y destructivo que le hizo gritar y caer impotente como un animal herido. El dolor era agudo y llenaba todos sus sentidos, nubló su vista y sintió como cubría sus ojos entre sombras que le impedían sentir otra cosa.
Levantó la mirada, ya no estaba Annie. Una mano gigante de acercaba a él. Su instinto de supervivencia le obligó a correr, apoyándose en su pierna herida y sintiendo clavos encarnarse por toda su extremidad.
Usó su equipo de maniobras. Salió por la puerta de atrás, rompiéndola con su pierna buena. Estaba en la calle, caminando con pequeños saltos, sabiendo que a ese nivel era una presa fácil para los titanes. Necesitaba un muro alto para regresar a los techos, pero no sabía si podía hacerlo, su cuerpo dolía con cada movimiento.
Dos nuevos titanes se acercaban a él, sus bocas abiertas en forma de sonrisas grotescas. Marco apuntó sus cables a la pared de otro hogar en Trost, cuando sus piernas impactaron en la superficie sintió de nuevo ese dolor profundo de su rodilla izquierda. No iba a aguantar mucho tiempo antes de colapsar. Sintió una especie de sueño que lo seducía, lo invitaba a olvidar todo eso y dejarse llevar hacia la inconsciencia.
Estaba cerca del tope de la casa, así que se ayudó de sus brazos para subir al techo. Se recostó sobre la superficie, respiró erráticamente, estaba muy cansado. Se sentó, batallando contra la atrayente idea de desmayarse, y revisó su rodilla; se encontraba ensangrentada y manchaba su pantalón blanco. ¿Eso tenía remedio? ¿Tendría que despedirse de su vida como un soldado?
Un soldado rodeado de peligro no debe distraerse de sus alrededores, ni siquiera para ver sus propias heridas, porque un titán podría acercarse. Un techo podía ser un lugar seguro, pero no lo protegería contra un monstruo excéntrico.
Marco no tuvo mucho tiempo para ver como lucía ese gigante, lo único que supo fue que saltó al techo a su diestra, que era veloz, tanto que lo único que vio cuando saltó en su dirección fue su boca abierta. En un débil intento por detenerlo, una burla de un esfuerzo por defenderse, el chico de pecas levantó su mano derecha y la puso frente a él. Todo ocurrió muy lento a pesar de la verdadera velocidad. Marco vio su brazo desaparecer dentro de la boca del titán, y con su ojo derecho pudo ver la sombra de los enormes dientes cubriéndolo y cuando lo mordió, todo se convirtió en oscuridad.
Abrió los ojos, la luz lo cegó así que volvió a cerrarlos. Se mantuvo así por unos momentos, hasta que sintió que el sol no lo hería tanto. Volvió a abrirlos.
Sintió algo suave debajo de él, algo acolchonado y muy cómodo. Era una cama. Miró a un lado, paredes blancas y ventanas abiertas, una habitación muy iluminada. Levantó sus manos para restregarse los ojos, aún veía borroso. No pudo mover una mano, miró en esa dirección. Su izquierda estaba atrapada por alguien más. La persona que lo sostenía apoyaba su rostro en la cama, su espalda se movía cuando respiraba, tenía un uniforme militar. Parecía dormir profundamente.
Retiró su mano del agarre de esa persona, eso causó que ésta se moviera. Se sintió mal por eso, no quería ser tan brusco, pero no pudo evitarlo.
—Estoy despierto, estoy despierto… sargento —murmuró. Era un chico, sonaba como uno.
Se le quedó viendo mientras despertaba, no hizo ningún ruido. Solo observó sus movimientos, miró como el otro bostezaba y restregaba sus ojos con somnolencia. El chico comenzó a estirarse y sus articulaciones tronaron, entonces abrió los ojos y se le quedó mirando.
Se detuvo abruptamente, sus ojos completamente abiertos.
No estaba seguro de qué decir, pero tal vez la persona frente a él podía indicarle donde estaba. Abrió su boca pero el otro se adelantó.
—¡No digas nada! —lo detuvo. Luego respiró unas cuantas veces y volvió a hablar—. Vaya, solo… no hables. Esto es… espera, no. —El chico se frustraba con los segundos, así que él esperó, no iba a presionarlo—. Tenía que ser el primero en verte, ¿soy el primero? Mierda, yo… quiero decirte algo, quería que fuera lo primero que escucharas al despertar. Aunque ahora recordarás que me escuchaste maldecir y callarte en primer lugar, y luego a mí diciendo estupideces sobre lo que se suponía que debías escuchar primero cuando despertaras.
Mientras el chico batallaba con las palabras, él miró a un lado del colchón. Había un dibujo, se acercó y lo tomó. En el papel estaba esa habitación, las mismas ventanas y paredes; también había una cama y en ella un chico durmiendo. Así que este era él, ¿así era como lucía?
—No veas eso, es horrible —le quitó el dibujo de las manos y tomó su rostro entre las suyas—. Escúchame, porque estoy actuando como idiota y no me veo nada genial, es solo que siempre digo lo que pienso y ahora mismo no puedo parar de pensar que quizás tienes más pecas que antes. Nadie luce las pecas mejor que tú… mierda eres atractivo. Con razón no podía parar de dibujarte. Me estoy extendiendo mucho, ¿no?
La forma de hablar de esa persona era familiar, muchas palabras saliendo de su boca sin que las detuviera. Como si tuviera dificultad para parar, o simplemente le fuera imposible callarse. Alguien que decía lo que opinaba sin prever las consecuencias, sin importarle cómo reaccionaría la otra persona. El chico volvió a hablar.
—Pero ese no es el punto. La verdad es que no pensé que me sentiría tan nervioso al estar frente a ti. No tengo ni puta idea de cómo comenzar pero aquí voy: Te amo, ¿de acuerdo? Sí, así es. Te amo y por fin te lo digo, lamento haberme tardado tanto. Soy un idiota, lo sé; pero creo que soy más idiota cuando estoy contigo. Nunca me había sentido así antes, y la verdad me da un poco de miedo; pero no creo que sea algo que pueda cambiar. Ni siquiera sé cuándo comenzó, no me di cuenta hasta que había caído tan profundo por ti, tanto que todo lo que siento me aplastó con el peso del titán colosal. Y sé que no es una referencia graciosa y quizás hasta sea de mal gusto, dadas las circunstancias, pero no sé con qué compararlo ya que no conozco algo más grande que un titán.
Su cara estaba cerca y pudo ver sus ojos con más detenimiento. Ámbares. Una mirada aguda y determinada en un rostro de barbilla fina, una nariz filosa y unos labios delgados. Piel blanca y cabello castaño cenizo, que oscurecía de la parte de atrás (que pudo ver cuando el chico estaba dormido hace unos minutos).
Había escuchado lo que el otro había dicho, pero no podía dejar de mirarlo. Ni siquiera para responderle.
—Es rarísimo, ¿pero sabes qué es lo que quiero hacer ahora? Tengo muchas ganas de meterme en esa cama contigo y abrazarte, no sé qué es lo que pasa conmigo. Y es ridículo, pero estoy horriblemente enamorado de ti —el chico suspiró y finalizó con una frase más—. Quiero probar algo.
No había soltado su rostro en todo ese monólogo. En ese momento esa persona se acercó a él. Marco no se alejó, por alguna razón ni siquiera se le ocurrió hacerlo. Tenía los ojos abiertos así que vio al castaño cerrar los ojos y entreabrir su boca. Sintió cuando el otro topó los labios con los suyos, una unión ligera y lenta, ejecutada con una paciencia surreal. El chico de pecas no pensó en otra cosa que no fuera la sensación de ese suave par de labios, escuchó el suspiro del otro y el calor de su aliento. Un olor familiar que lo envolvió invitándolo a más, y la maravillosa perspectiva de ver ese rostro nuevamente pero más cerca que nunca. Conocía a este chico, su voz, su forma de hablar, su rostro, su cabello; pero no conocía esa sensación en su boca. Era complemente nueva.
Se sintió como una eternidad, como algo que no debería acabar nunca. Pero el chico se alejó con lentitud, como si fuera algo difícil de hacer. Abrió los ojos y lo miró detenidamente. Sabía que era su turno de hablar, respiró profundamente para retomar su aliento.
Su voz salió muy ronca, tuvo que toser para intentarlo otra vez. Sonaba extraña y dificultosa, ¿cuánto tiempo tenía de no hablar? Aún sonó como si no fuera suya, pero de igual manera logró articular.
—Te llamas Jean, ¿verdad?
El chico frente a él abrió la boca, su expresión era una combinación de sorpresa y dolor. Parecía lastimado. No duró mucho porque la cambió rápidamente a una de enfado absoluto.
—¿No sabes quién soy? ¡¿Te acabas de dejar besar por un extraño?!
Marco tosió un poco más.
—Te acabo de llamar Jean, ¿no? —lo intentó nuevamente. Su voz aún sonaba extraña—. Eres mi mejor amigo, somos soldados.
—Mierda… que estúpido soy —comentó el otro por lo bajo—. Y yo te solté todo ese tipo de cosas sin pensar en cómo estaría afectada tu memoria —parecía más molesto consigo mismo que con él—. Marco, dime qué es lo último que recuerdas.
—Que te gusta Mikasa —soltó sin pensarlo.
—Eso sí es cuento viejo. Ya, en serio, algo más.
—Tú eras más pequeño… —se esforzó un poco más—. Cabías en mi mano.
El rostro de Jean se iluminó.
—¡Grandioso! Pero yo tenía el mismo tamaño que tengo ahora. Tú, en cambio, eras muchísimo más grande. Medías diecisiete metros más o menos. Fuiste un titán, Marco. ¿Recuerdas algo de eso?
Era como despertar de un sueño en el que había estado por demasiado tiempo, y luego intentar recordar lo que había ocurrido mientras estuvo dormido. Las memorias ni siquiera las sentía suyas, apenas creía que fueran reales. Le costaba recordar, y más bajo la presión de Jean.
—Tú… cortaste mis dedos. —Cuando dijo eso la sonrisa del otro se detuvo.
—En mi defensa pensé que eras un monstruo que me quería para la cena —se excusó—. Vamos Marco, fue una reacción normal ante un titán que extiende su mano en tu dirección.
—¿Fui un titán?
—Sí, te lo dije hace unos segundos. Te regeneraste después de eso, ¿recuerdas? Te convertiste en el Titán Gentil.
—¿Qué? —No estaba entendiendo completamente las explicaciones.
—Mmm, sinceramente no es mi apodo favorito. Te hace sonar como alguien inofensivo, cuando deberías ser más peligroso. No sé, quizás algo como "el gigante poderoso", "el demoledor" o alguna cosa así. Si yo fuera uno quisiera tener un nombre genial y que inspirara miedo, como "el luchador" o "el titán boxeador", algo que diera a entender a los demás titanes que no deberían meterse conmigo.
—Jean, me estoy confundiendo. Lo siento, vas muy rápido. —Se colocó una mano en la cabeza, sentía un dolor llegar. Era demasiada información y todo al mismo tiempo.
Escuchó a su amigo suspirar.
—Tienes razón. Adelante, haz una pregunta y te responderé de a poco. Podemos tomarnos el tiempo que quieras.
Recordó lo primero que el castaño había dicho cuando despertó, le pareció que era una buena primera pregunta.
—¿Me amas?
Jean abrió más los ojos.
—No, chico listo. Eso va para después que hayas recordado todo.
—Es lo que quiero saber ahora —insistió. Tenía auténtica curiosidad, sintió un calor subir por su espalda mientras preguntaba—. No sé si me equivoco, pero nunca te había escuchado decir eso.
—Mierda… —El castaño comenzó a tirar del cuello de su propio uniforme, era un gesto nervioso—. No te he dicho una sola mentira, ¿de acuerdo? De todas formas tú también me amas, así que no puedes decirme nada.
Marco se tensó al momento, no recordaba que esas palabras hubieran salido de su boca. Jean pareció notarlo.
—Me lo escribiste cuando eras un titán, muy romántico. Fue extraño, claro. A los de la Policía Militar les encantó hacérmelo saber. —Escuchó cierta amargura en su voz cuando dijo eso.
—Jean, necesito mucho tiempo para me expliques todo eso.
—Si no lo recuerdas, te contaré cosa tras cosa hasta que sientas que no te has perdido nada en todo este tiempo. Lo prometo.
La atención con la que dijo eso, el cuidado y el énfasis con sus palabras; le hizo sentir una agradable calidez en su pecho. Jean lo miraba detenidamente, fijándose en cada movimiento que hacía. Sentía como si estuviera examinando cada reacción que Marco haría, podría agujerearlo con esa mirada.
—Te extrañé —confesó su amigo. Lo tomó desprevenido—. Me gusta cuando sonríes.
Marco rio un poco, sonaba nervioso. Todo eso parecía un sueño.
—Me besaste —le recordó después de un segundo.
—Sí, lo siento. Debí haber preguntado.
—Me gustó. —Se sintió avergonzado de admitirlo en voz alta—. No era necesario que preguntaras.
—Muy bien, ¿qué te parece esto?: Yo puedo besarte cada vez que quiera y tú igual, sin permisos.
—Quiero besarte ahora —confesó. Sintió extraño escuchar esas palabras salir de su boca. Se obligó a sí mismo a admitir que eso realmente estaba ocurriendo, y que no iba a echarse para atrás.
Jean se acercó a él y Marco lo encontró a medio camino. Se besaron por segunda vez. Era tan extraño que tuvo que mantener sus ojos abiertos por unos momentos, cuando confirmó lo que realmente estaba ocurriendo, se permitió a sí mismo cerrarlos y rendirse ante los labios del castaño. Era tan nuevo. No era una ilusión, realmente estaba besando a su mejor amigo. Más recuerdos regresaron a él. Se acordó de haberlo hecho siendo un titán, todo el lado de la cabeza del humano porque sus labios eran demasiado grandes para él.
Ya se había confesado y Jean había aceptado sus sentimientos. Y ahora, tenía el camino libre para besarlo todo lo que quisiera. Aún no terminaba de creerlo, parecía imposible. Si todo apenas era un sueño, por lo menos lo disfrutaría mientras durara. Aprovecharía al máximo ese momento aunque fuera una cruel y falsa mentira hecha por un cerebro confundido y gastado.
Podría sufrir por amor otra vez, no le importaría que fuera Jean quien rompiera su corazón.
Sintió que el castaño se alejó de él, separando sus bocas. No quería hacerlo, pero supo que el otro quería decir algo.
—Marco… —El aludido sintió una vibración en su cuerpo cuando escuchó su nombre en la boca de su mejor amigo. Fue un tono grave y sin aliento, casi un susurro; se contuvo para no lanzarse hacia él otra vez—. Es la primera vez que beso a un chico, ¿sabes?
La ilusión y la sensación de que ambos flotaban se detuvieron ante esas palabras. El ambiente fue reemplazado totalmente, por alguna razón, no le molestó.
—¿De verdad? ¿Soy el primer chico que besas? —Estaba muy sorprendido.
—¡Claro! ¿No sabías?
—Creo que nunca hemos hablamos de besos —remarcó. Fue un tema delicado que él había evitado tocar con su amigo heterosexual, según recordaba.
—Espera… ¿yo no soy tu primero?
Marco se sintió avergonzado ante la pregunta. ¡Por supuesto que jamás le había contado nada de eso a Jean! ¿Cómo iba a hacerlo? Antes, ni siquiera le había confesado que era gay.
—¡No puedo creerlo! ¡Has besado chicos antes! Diablos… —Jean puso su mano sobre su boca, dramatizando la impresión que eso le había causado—. No es justo que no sepa eso. Me molesta. Escúpelo, Bodt.
—Sólo si tú me cuentas tu primer beso —lo retó en respuesta.
—De acuerdo… —accedió el castaño, pero se detuvo. Se quedó callado un momento, como si estuviera pensándolo mejor—. ¿Seguro que quieres saberlo? ¿No es un poco raro que te lo cuente a ti?
—Depende, ¿sigo siendo tu mejor amigo? —preguntó y esperó a que el otro asintiera. Luego continuó—. Jean, podemos hablar de estas cosas. Es normal entre amigos que confían uno en el otro. No hemos cambiado nada en ese aspecto, ¿no crees?
—Eres bueno persuadiendo. Aquí va…
Jean contó su primer beso. Una vecina que se mudaba porque su padre había conseguido un mejor trabajo en otra villa, y que un día antes de irse de Trost le confesó que estaba enamorada de él y le pidió un beso. Él se lo dio porque la niña le había parecido adorable. Lloró por dos días después que ella se mudó. Todo eso a la edad de nueve años. Nunca volvió a saber de ella.
La siguiente historia era menos triste. Una niña se había acercado a él de la nada y lo había tomado del cuello de la camisa para besarlo de sorpresa. Él estuvo muy confundido con eso por algunos días, hasta que descubrió que la chica había sido retada por sus amigas. Aparentemente era un juego que estaba de moda en ese tiempo entre las niñas de doce años. Le pareció una completa tontería, así que no se molestó en volver a pensar en ella. De todas formas a esa edad entró a la milicia.
Marco dijo un "aww" con la primera historia, y se rio mucho con la segunda. Jean estaba muy rojo, pero intentaba ocultarlo poniéndose a la defensiva.
—Ahí están, todos mis besos. Maldita sea, cuéntame el tuyo.
—Oye, tranquilízate un poco —intentó calmarlo con sus manos, no podía hablar bien porque seguía riendo. Jean de pequeño debió ser muy adorable, quizás a todas las niñas de ese reto les gustaba y solo una tuvo el valor de besarlo.
—No evites el tema, Bodt. Cuéntame de ese chico, ¿besa mejor que yo?
Marco dejó de reír, abrió sus ojos completamente.
—¿Por qué? ¿Acaso estás celoso?
—No me hagas insultarte, pecas. Yo ya te conté el mío. No sé, es extraño. No tengo nadie con quien compararte, y tú sí.
Marco sonrió primero, su mejor amigo no tenía nada que temer.
Cuando tenía diez años pasaba todas las tardes con el hijo de una amiga de su madre. Eran los mejores amigos, jugaban cualquier cosa, contaban insectos y comían dulces juntos. Después comenzó a sentirse atraído hacia él, quería abrazarlo por más tiempo cuando se despedían y se preguntaba cómo sería si se tomaran de las manos al igual que las parejas que visitaban el parque durante el día. Para el cumpleaños de Marco, este le confesó lo que quería de regalo. Le pidió que cerrara los ojos y lo besó.
—Suena como una buena historia de amor —comentó Jean por lo bajo—. ¿Por qué no siguen juntos?
Marco suspiró ante la interrupción del castaño, era obvio que el otro no tenía la paciencia de esperar tanto para escuchar el final.
—No era gay. Abrió los ojos, se limpió la boca y me empujó al suelo —relató—. Jamás volvió a hablarme después de eso.
—¡Qué pedazo de mierda más cruel! —exclamó su amigo—. Maldito infeliz, ¿quién se cree que es? Y tratarte mal a ti, ¿a ti? Imbécil.
—Jean, era solo un niño —intentó explicar.
—No lo defiendas, no tiene perdón —contradijo el otro. Luego acercó el rostro al suyo para mirarlo a los ojos con seriedad—. Ya en serio, tengo un consejo muy importante para ti —le dijo.
—Mmm… —Marco disfrutó la cercanía del otro, miró a sus profundos irises tan familiares—. ¿Cuál es?
—Debes dejar de enamorarte de tus mejores amigos.
Abrió los ojos completamente, comenzó a reír con fuerza.
—¡No puedo evitarlo! —dijo entre carcajadas—. ¡Cada mejor amigo que tengo es más atractivo que el anterior! No es mi culpa, lo juro —se defendió.
Jean se unió a las risas.
—¿Entonces te parezco atractivo? —preguntó levantando una ceja.
—Lo que menos quiero hacer es alimentar tu ego —bromeó Marco en respuesta.
—Cállate, no es tan grande. Ven acá.
Sintió las manos de Jean tomar su rostro de nuevo. Cerró sus ojos cuando sus bocas se unieron nuevamente. Se entregó plenamente a la sensación, se concentró en los labios de Jean, en las manos en su cabello y la forma de como esto era lo más íntimo que alguna vez habían hecho juntos. Podría acostumbrarse a eso, podría besar a Jean Kirschtein para siempre. No entendía cómo había ocurrido, o desde cuando su amigo se había sentido atraído por él, pero el beso era sincero. Jean no era bueno mintiéndole, porque lo conocía demasiado bien, todo esto era su mejor amigo expuesto ante él. Sus sentimientos habían sido puestos en una mesa y Marco estaba enfrente para examinarlos de cerca y comprobar su veracidad. Jean lo amaba, de verdad lo hacía; lo dijo, y fue una confesión tan propia de él. Todo era real, era increíble.
Un desenlace favorecedor no era lo que Marco esperaba. Quiso ser optimista y aceptar todo lo que Jean enviara en su camino. De todas formas no podía hacer otra cosa, su corazón le había pertenecido a su mejor amigo desde hace mucho tiempo. ¿Cómo podía negarse y cuestionarlo? Jamás desconfiaría de él.
Sintió que Jean se inclinaba sobre él, así que cedió. Claro, su mejor amigo tendía a ser agresivo con sus movimientos, era su personalidad. Sintió las manos del otro sobre sus hombros, que lo empujaban hacia atrás. Sabía que el castaño estaba de pie, y escuchó el crujir de las sábanas cuando apoyó su rodilla en la cama. Marco se movió para darle espacio, lo abrazó por la cintura para acercarlo a él.
No sabía qué era lo que pretendía, pero él tampoco quería separarse. Exhaló por la nariz cuando profundizaron el beso, respiró en todo el aroma del otro. Sus sentidos estaban llenos de él, en ese momento no existía otra cosa en el mundo. Puso sus manos en la espalda de su mejor amigo, preguntándose cómo se sentiría tocar su piel debajo de la ropa. La espalda baja no era cubierta por la chaqueta del uniforme, así que subió las manos acariciando los omóplatos cubiertos por su camisa. No era la piel, pero estaba muy cerca.
Escuchó la puerta abrirse.
Alguien entró sin avisar.
Jean se separó de él y se puso de pie haciendo el saludo militar.
Marco no se movió en todos esos segundos. Aún estaba intentando entender qué era lo que había ocurrido.
Miró a la persona que los había interrumpido, era una mujer. Ya la había visto antes, su color de cabello y su emocionada voz.
—Me alegra mucho verte despierto, Marco. Es un placer conocer tu forma humana. Soy la líder de escuadrón Hanji Zoe, nos conocimos previamente. ¿Lo recuerdas?
Claro que la recordaba, aunque fuera entre memorias entrecortadas llenas de lagunas blancas.
—Usted empujó a Jean de la muralla —comentó suavemente.
—Hicimos muchas cosas divertidas en todo ese tiempo, ¿no? —respondió ella con una enorme sonrisa. Sin culpa, como si fuera una broma—. Ahora bien, se suponía que Jean nos iba a avisar si despertabas, pero menos mal que vine. Está bien que descanses, Marco. Cuando te sientas mejor, o después que comas y tengas más energía, debes ir a visitar al comandante. Y prepárate, que tendré muchas preguntas por hacerte.
Marco quedó boquiabierto, esa mujer era increíble. No pareció darse cuenta del resentimiento que guardaba contra ella por amenazar la vida de Jean.
—Ahora, los dejaré solos. Estoy segura que tendrás mucho de qué hablar con tus amigos —dijo eso y se retiró cerrando la puerta suavemente.
—Marco, ella sabía que estaría bien, jamás nos haría daño. No intentes entenderla. Es extraña, pero es buena persona.
Miró a Jean, estaba completamente rojo por lo de antes. Cuando la líder los había tomado por sorpresa y ellos estaban muy ocupados dentro de su apasionada burbuja.
—¿Crees que vio? —le preguntó, sintiendo también calor subir por su cuello.
—Definitivamente vio, me da miedo que no dijo nada. No regaños, ni un solo comentario, nada.
—Tal vez no le interesa.
—Quizás.
Miró al castaño relajarse, y dejar la pose de saludo militar. Se veía muy bien con ese uniforme, las alas de libertad se lucían sobre su espalda. Era alto, su complexión era delgada pero fuerte. Su espalda ancha se reducía por la parte baja. No le molestaría en absoluto volver a besarlo como antes.
Jean lo miró y sonrió con un solo lado de la boca. Era su típica sonrisa arrogante, una que Marco jamás podría decir que odiaba.
—Me siento muy halagado, de verdad gracias por eso —comentó en una voz profunda y sensual.
—¿Ah? ¿Por qué? —fue lo único que Marco pudo preguntar.
Vio los ojos de Jean bajar y fijar su mirada en algo, así que la siguió. La parte baja de su cuerpo estaba cubierta por la sábana, y se levantaba una tienda de campaña en su entrepierna.
—¡Mierda! —gritó sin pensarlo y atrajo sus piernas hacia sí, hizo un puño de las sábanas para cubrirse—. ¡Estoy desnudo!
—¡Ey, no maldigas! —lo regañó el castaño.
—¡Tú lo haces todo el tiempo! —se defendió desesperado.
—Sí, pero tú no —respondió el otro con calma.
Escuchó a Jean reír, y no pudo evitar avergonzarse más. Se sentía tan indefenso, quería que llegara un titán y se lo comiera en ese momento.
—Estás desnudo por el calor de tu cuerpo, era para evitar fiebres muy altas. Tranquilo, te cubrían con las sábanas siempre —comentó su mejor amigo—. Me encanta que te sonrojes, de titán no lo hacías.
—Jean, ya para. Por favor. —Ni siquiera podía mirarlo a la cara.
El otro seguía riéndose.
—Recuérdame por qué estoy enamorado de ti —le pidió con seriedad, sin estar realmente molesto.
—No lo sé, Marco. Quizás no eres muy inteligente —bromeó su mejor amigo.
Eso sí lo hizo sonreír. Jean era adorable en las ocasiones que era modesto. Podía hacerse ver como un chico seguro y confiado, cuando dudaba mucho de sí mismo. Su atrayente físico, más esa torpe y complicada personalidad lo llamaban para acercarse. Esas imperfecciones tan perfectas formaban una parte de la enorme lista de lo que Marco amaba de él.
—Hay algo que debo preguntarte —le dijo el otro de repente.
Marco salió de sus pensamientos para indicarle que continuara.
—Te graduaste de las Tropas de reclutamiento hace un año, pero no llegaste a meter tu formulario en la división militar de tu elección después del ataque en Trost —guardó silencio y la expresión en su rostro cambió, como si se hubiera acordado de algo que quisiera olvidar—. Tienes libertad para elegir la que quieras.
Marco recordó el sueño que tuvo. Annie. Un ataque en Trost y una traidora. Una rodilla lesionada y un titán demasiado rápido. Una mordedura que opacó el sol.
Jean habló de nuevo.
—En la Policía Militar son corruptos, crueles y tienen una moral dudosa. Guardan secretos y el mismo rey no parece una buena persona. De haberme unido a ellos, estaría muy arrepentido ahora.
Tomó en cuenta las palabras del otro.
—¿En serio estás convenciéndome de que no me una a la Policía Militar? —Era absurdo. Marco estaba decepcionado de lo que había logrado ver, las acciones de ellos era guiadas por el miedo y sin una conducta racional. No se parecía a lo que él había creído que eran. ¿Una potencia creada para proteger al rey? No sabían ni siquiera diferenciar a su verdadero enemigo. ¿No fueron ellos los que querían que él muriera?
—Quedaste entre los diez mejores, y pensé que…
—No, Jean. Ellos me capturaron y me trataron como si no fuera una persona. —Recordó que lo insultaban, que le gritaban y le deseaban que muriera. Recordó que golpearon a Jean y los llevaron a un calabozo. Le dispararon a Marco varias veces, aún en su celda, cuando estaba inmóvil por las cuerdas que lo aprisionaban, se reían y apostaban para darle en el ojo. Solo uno logró atinarle. Lo humillaron terriblemente.
—Las Tropas estacionarias no hacen nada interesante, tampoco. A menos que tu estilo sea armar y limpiar cañones podrías…
—Vaya, de verdad estas intentando convencerme. Ya me decidí, de todas formas. Me uniré a la Legión de Reconocimiento con todos ustedes.
El rostro de Jean pareció iluminarse cuando dijo eso. El chico sonrió.
—Me alegra eso, de verdad —admitió.
—Jean, me gusta estar contigo. Quiero pasar todo el día aquí, lo disfruto mucho. Pero también quiero vestirme y…
—¿Quieres verlos, cierto?
Marco no era el único que conocía a profundidad a Jean. El castaño también podía leer su mente con facilidad.
—Sí —admitió suavemente.
—Te traeré un uniforme, y luego iremos a ver a tus nuevos compañeros en la Legión.
Marco sonrió ampliamente. Jean estaba con él, era suyo, de alguna forma. No se iría a ningún lado. Podría ver a sus amigos, otra vez. Podría escucharlos y saludarlos nuevamente. Los recordaba como seres muy pequeños de rostros apenas visibles con esfuerzo. Pero esta vez, los vería cara a cara, al mismo nivel de ojos. Sentía cosquillas en la punta de sus dedos, emoción nacer de lo más profundo de su estómago. Finalmente era un humano otra vez.
Sé que todos estábamos esperando esta reunión, ¿no? xD
Por fin hay un rayo de luz en sus grises vidas, el sufrimiento alternado con la ternura de esta pareja es lo que me gusta mas de ellos. :)
Y... si te gustó o no te gustó, o críticas o sugerencias... ahi abajito puedes dejarme un review. (Cosa que me encantaría :D)
