¡Ya es diciembre! ¿Les cuento algo? Planeo terminar este fic antes del final del año...
¡Bienvenidos al penúltimo capítulo!
No quiero iniciar las despedidas ya porque temo ponerme a llorar antes de tiempo...
Masivos agradecimientos a Nayen Lemunantu por ayudarme con sus correcciones para este capítulo, ¡eres awesome! Has sido mi superheroína cuando te necesitaba muchísimo. Yo sé que poco a poco te ha ido gustando JeanxMarco, linda solo déjate caer... estos tontuelos son irresistibles.
Leámonos al final, pajaritos...
Capítulo 13. Adaptándose
—¿Por qué me ves a mí? —preguntó Sasha ofendida.
—Porque te conozco y sé que es más probable que tú seas la que haga una estupidez —le respondió Jean con un tono de obviedad.
—Amigo, tranquilízate. No te desquites con ella —la defendió Connie.
—Estoy seguro que él estará bien —agregó Armin.
—No tienen idea, de verdad. Al principio ni siquiera me reconoció —les explicó Jean—. Creo que lo mejor es llevar las cosas con calma, dejar entrar uno por uno y charlar con él hasta que los recuerde. ¿Se imaginan como sería si entran todos a la vez?
—No lo trates como si fuera un animal asustado. Él puede con eso, ¿y qué si no nos recuerda? Nos quedaremos ahí hasta que se grabe nuestros nombres —opinó Eren.
—Y tú eres un idiota muy grande —le contestó, luego se dirigió a Mikasa—. Necesito que lo retengas para que no cometa estupideces con Sasha.
—Jean, te has vuelto sobreprotector —respondió la chica de cabello negro.
—Sabes que tienes un problema cuando es Mikasa quien te dice eso —agregó Eren con una sonrisa.
—¿Qué se supone que eso significa, Eren? —preguntó su hermanastra con un aura amenazante.
—¿Es normal, no? Todo esto —preguntó Historia señalando al grupo completo.
Todos se quedaron callados y la volvieron a ver.
Ella continuó cuando nadie más dijo nada.
—Es normal que Jean sea sobreprotector con Marco, después de todo lo que ha pasado —el aludido tragó saliva, sintiendo los vellos de su nuca pararse y una sensación de nervios colarse dentro de él. Historia continuó hablando—. También es normal que todos estemos emocionados por verlo otra vez, justo como lo recordamos. Fuimos compañeros por tres años, y todos guardamos luto cuando lo creímos muerto. Queremos ver a nuestro amigo como un humano otra vez Jean, no puedes culparnos por eso.
Jean sintió la mirada de todos sobre él. Los miró a cada uno, intentando imaginar lo que pensaban. No quería decirlo pero sabía que no tenía opción, él tampoco quería aceptarlo pero no podía fingir que no lo sabía.
—Marco no puede caminar. —Vio la sorpresa en los ojos de sus amigos—. Desde que despertó ha podido mover sus brazos, incluso puede mover sus piernas; pero no tiene fuerzas. Intenté ponerlo de pie, se apoyó en mí; sin éxito. No sabemos cuánto tiempo durará eso.
—¿Sanará, no? —preguntó Eren.
—Es que ya está sano, sus piernas no tienen ningún problema. Es casi como si hubiera olvidado cómo caminar.
Los chicos guardaron silencio, unos miraban el suelo como si buscaran respuestas debajo de sus pies. Connie habló.
—Entonces tendrá que volver a aprender —lo dijo con una sonrisa que Jean, a pesar de sus pensamientos negativos, le regresó. Todos necesitaban un poco de optimismo.
Jean tomó a Sasha de su chaqueta, como si fuera una prisionera. La sostuvo de la parte de atrás para impedirle que se adelantara al resto.
—¿Qué haces? Vas a romper mi uniforme —se quejó ella.
—Evito que causes daños —le explicó a secas—. Recuerden, vamos a entrar uno por uno —les dijo a todos con lentitud cuando estaban frente a la puerta de la habitación.
—¿Jean? —se escuchó la voz de Marco desde adentro, probablemente lo había escuchado hablar.
Jean ni siquiera se fijó en quien abrió la puerta, todo ocurrió muy rápido. De repente, todos se le adelantaron para entrar a la recámara de Marco. Connie fue el primero en llegar y arrojarse a la cama del chico de pecas. El resto se reunió alrededor de él para abrazarlo. Era un grupo de gente que lo rodeó por todos lados y le hablaban al unísono, haciéndole preguntas y diciéndole lo felices que estaban de tenerlo de nuevo con ellos.
Jean seguía parado en la entrada como un imbécil catatónico, con una mano en la perilla de la puerta que usó para cerrarla. Su otra mano estaba vacía, Sasha había logrado zafarse de su agarre. La chica de coleta estaba metida en la cama donde Connie le había hecho espacio, ambos sofocaban al pobre chico de pecas.
No le quedó otra opción más que acercarse lentamente a la escena y sentarse en una pequeña porción de la cama que los demás habían dejado libre. No podía ver a Marco en medio de todos los cuerpos de sus compañeros.
Miró sus pies mientras escuchaba a Marco recuperar más memorias, lo escuchó mencionar los nombres y tartamudear al recordar los apellidos de cada uno. Historia le explicó que su nombre no era Christa, y le prometió que le contaría la verdad en otra ocasión. Marco les dijo que el escudo se miraba muy bien en sus espaldas y que estaba muy emocionado por estar en la Legión de Reconocimiento.
Se mantuvo así un rato, hasta que los chicos comenzaron a retroceder. Mikasa y Armin lo abrazaron y se alejaron revolviéndole el cabello en un gesto cariñoso, Eren le hacía preguntas y le contaba sus propias experiencias de cuando descubrió su poder de titán. Sasha y Connie se quitaron de la cama para dejar a su amigo respirar. Se escuchaban sus voces y risas cada vez que hacían una broma y todos las disfrutaban. Se podía tocar la alegría que inundaba esa habitación, era un cambio agradable en la vida de los jóvenes soldados.
Finalmente pudo mirar a Marco cuando los chicos dejaron de asfixiarlo con sus muestras de afecto físicas y preguntas incesantes. El chico de pecas estableció contacto visual con él y le sonrió. Jean sintió que, poco a poco, los ruidos morían a su alrededor y no existía nada más, regresó la sonrisa porque era débil ante ella.
Los primeros días fueron los más difíciles.
Marco tenía la voluntad de caminar, aunque sus piernas no cooperaran con él. Hanji fue un gran apoyo, le consiguió un bastón y lo ayudó a ponerse de pie, lo animó y dirigió en lo que parecían ser los primeros pasos de un infante. Caminó con mucha dificultad, Jean estuvo ahí para ser su hombro de apoyo y evitar que se cayera. No iba a ser fácil lograr que todo volviera a la normalidad, ese año perdido, y ese tiempo dentro del titán realmente agotó su cuerpo. Físicamente estaba bien, pero su cuerpo humano había olvidado como moverse adecuadamente, y eso frustraba al chico de pecas.
Aun cuando nadie lo vigilaba, Marco intentaba caminar solo. Era obvio que quería apresurar el proceso y ser independiente lo antes posible. A Jean no le molestaba en absoluto cuidarlo, pero su mejor amigo tenía demasiado orgullo para permitirlo.
Frecuentemente alguien escuchaba objetos caer, a Marco tropezar; muchas veces terminó en el suelo sin aceptar ayuda para volver a levantarse. Ponerse de pie le tomaba varios minutos, pero no se apoyaba de la mano de nadie. El chico de pecas siempre era el último en llegar al comedor público, Jean lo acompañaba sin tocarlo porque el otro no se lo permitía. Pero cuando la comida lo esperaba servida en la mesa (porque alguien como Connie o Sasha se encargaba de llevársela), Marco no podía hacer otra cosa más que agradecer el amable gesto de sus amigos. Aunque quizás por dentro se maldecía a sí mismo por depender de los demás.
Jean sabía que Marco debía tener golpes por todas esas caídas, pero sus brazos estaban limpios, lo observaba cuando se cambiaba por la noche, sus piernas tampoco tenían cicatrices. Ni una sola marca violácea en todo su cuerpo. Marco sanaba demasiado rápido, antes que cualquier lesión dejara marca, su cuerpo estaba listo para toda la carga que le imponía. Y él no se echaba para atrás.
Un momento que dejó un mal sabor en la boca de todos fue cuando Marco preguntó por Mina, Franz, Thomas y todos aquellos chicos que perdieron la vida en la gran batalla de Trost. Armin tuvo el tacto de explicarle lo que había ocurrido en verdad, Mikasa agregó que los sobrevivientes se habían unido a las Tropas Estacionarias (Dazz y Hannah).
Marco preguntó también por Bertholdt, Reiner e Ymir; y cuál había sido el final de las acciones de Annie. Las conversaciones sobre traidores eran difíciles, Historia hizo lo que pudo para explicar los motivos de Ymir, sin éxito. Era triste no conocer las personas con quienes compartieron un techo por años, pero era la verdad. Ya que no estaban para defender sus acciones, y los soldados habían formado una idea en su cabeza sobre cada uno de ellos.
Como era de suponer, y el tiempo no es algo que espera a que todos se acomoden, llegó el día en que Erwin Smith llamó a Bodt a su oficina. Marco caminó lento y cojeando hacia el lugar.
—Estás ansioso —le comentó Armin de repente. Jean lo miró—. No has dejado de golpetear la mesa —indicó.
—Quiero saber qué le están diciendo ahí dentro —se explicó el castaño dejando sus manos quietas en la mesa del comedor.
—Sólo van a informarle sobre la enfermedad que él y su padre tuvieron y todo lo que el mío hizo, y van a preguntarle lo que él recuerda —dijo Eren.
—¿Cómo puedes saber eso? —le parecía imposible que Eren pudiera sacar conclusiones sobre las acciones de los superiores.
—El sargento Levi me dijo —explicó el de ojos verdes.
—No hay nada de qué preocuparse —agregó Mikasa tranquilamente.
—Claro… —murmuró Jean, luego agregó en un tono cauteloso—… ¿Han notado que Eren es muy unido con el sargento? —preguntó a todos.
—Hasta que alguien más se dio cuenta —suspiró alguien más en alivio.
—¡Armin! N-no sé de qué hablan —tartamudeó Eren nervioso.
—Ahora que lo dices, siempre se queda con él cuando terminamos de entrenar. Todos nos vamos y ellos se quedan solos por más tiempo —agregó Connie.
—Eren… ¿hay algo que debas decirme? —preguntó Mikasa preocupada.
—¡No es nada! ¡No pueden tomar en serio lo que este tipo les dice! —El castaño hizo una pausa, y luego agregó con una sonrisa maliciosa—. Tienen razón, yo respeto mucho al sargento…
—A veces sólo lo llamas por su nombre de pila, es obvio que se tienen mucha confianza, ¿no?
Jean esperaba que eso pusiera a Eren nervioso y lo callara de una vez por todas, tal vez hasta le sacara alguna confesión; pero el chico castaño oscuro sólo sonrió más ante una idea silenciosa.
—No dirijan su atención a mí, chicos. No soy yo quien se queda haciendo actos indecorosos en la cama de la enfermería.
—¿Ah? —preguntó Jean.
—Saben, llevarse bien con Levi tiene sus ventajas. Me entero de muchas cosas. Por ejemplo: ¿sabían que la líder de escuadrón Hanji observó a nuestro amigo pecoso intimando con uno de nuestros soldados de la Legión?
—¡¿Qué?! —se escucharon gritos al unísono.
Jean sintió una corriente calurosa que subía por su espalda hasta su cuello.
—Les daré una pista. —Eren guiñó un ojo. Jean tragó saliva—. Uno es Marco y el otro tiene cara de caballo.
Las risas estallaron con fuerza, acompañadas de expresiones de asco. Cosas como "Jean, ¿cómo pudiste?", "¡Se acababa de despertar!", "¡¿En la cama de enfermería?!". Jean se cubrió el rostro con las manos y sintió los empujones de sus amigos que lo molestaban.
—¡Ten un poco de decencia!
—¡Con razón Marco aún no puede caminar!
—Eres un depravado.
—Creo que debiste esperar un poco más, Jean. —Incluso Mikasa hizo su comentario.
Jean se levantó de su asiento, sin mirar a nadie. Sentía su cara arder. Se alejó lo más que pudo intentando ignorar las risas y silbidos de esos chicos que, para más mal que bien, eran los que el destino le había regalado como amigos.
Cuando se dirigía a su habitación escuchó un golpe seco en la madera del suelo. Se dio la vuelta y miró a su mejor amigo intentando levantarse con sus brazos. Marco se había caído de nuevo. Jean corrió hacia él.
—¿Estás bien? —le preguntó preocupado, se agachó para tomarlo por los brazos.
Marco se soltó de él.
—Hola, Jean. Estoy bien.
—¿Quieres ayuda? —preguntó a pesar de conocer la respuesta.
—No. Déjame, puedo solo —le contestó. El chico de pecas intentó levantarse de nuevo apoyándose en sus manos, para luego volver a caer sentado en la madera. Suspiró y se recostó en la pared.
Jean se sentó frente a él, observándolo en silencio, esperaría hasta que el otro pudiera levantarse solo por completo.
—Me he convertido en alguien inútil, ¿no? —preguntó el pecoso con una sonrisa.
—No es cierto.
Marco rio un poco, no era su risa normal.
—¿No? Ni siquiera puedo levantarme solo.
—Eso mejorará, te he visto luchar sin parar. Nunca te has rendido.
—Sí, estoy vivo. Debería estar feliz por eso, ¿verdad?
Jean asintió, pero presintió que eso no bastaría para Marco.
—¿Qué buen soldado seré para la Legión desde una cama o una silla de ruedas?
—Ya no tienes que usarla, ya puedes caminar.
—Sí… pero uso un bastón como si fuera cuarenta años mayor. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que pueda usar el equipo de maniobras?
—Marco…
—La Legión no me necesita.
—Eso no es…
—La Legión quiere a "El Titán Gentil", no a Marco Bodt —dijo con palabras amargas, Jean se quedó callado. Marco continuó—. No me digas que me necesitan a mí porque sé que no es así. Mientras siga de esta manera, no soy capaz de ayudar a nadie. Ni siquiera sé si puedo convertirme en lo único que justifica todo lo que los superiores han hecho por mí.
—Nadie te está apresurando.
—Todos me están apresurando, Jean. No lo dicen, pero lo veo en ellos. La líder Hanji me anima a esforzarme más porque quiere que vuelva a convertirme en un titán. El comandante me habla sobre mi familia para presionarme, y me dice que el Generalísimo quiere hablar conmigo cuando esté mejor. Y ese hombre, Zacklay, quiere que demuestre lo antes posible que mantenerme vivo vale más la pena que matarme. ¿De verdad crees que tengo el lujo de tomarme las cosas con calma?
Jean tomó a Marco por el cuello de la camisa y lo obligó a ponerse de pie. Su mejor amigo lo miró sorprendido.
—¿Entonces qué haces aquí tirado como un idiota? —le preguntó secamente. El pelinegro estaba callado—. En lugar de quedarte en el piso sintiéndote como un pedazo de mierda, acepta la ayuda de alguien más para levantarte. Mírate, ya estás de pie, fuiste tú, yo no hice mucho. Muchas personas estamos detrás de ti para evitar que te caigas, lo demás debes hacerlo tú. Ahora, camina por ti mismo. Sígueme.
Escuchó los pasos de Marco detrás de él. Eran irregulares, cojeaba un poco e iba despacio, pero ya sin ayuda de nada más que su bastón, que producía un eco sordo cada vez que golpeaba el suelo.
Para salir del campamento tenía que pasar por el comedor público, Jean escuchó los silbidos de los idiotas de sus compañeros cuando vieron al par de "mejores amigos con el historial de la cama de enfermería". Marco los miró confundido, Jean les gritó.
—¡Este no es el momento ni el lugar!
Los chicos del ciclo ciento cuatro se rieron.
—¿Qué ocurre? —preguntó el pecoso.
—Ignóralos.
Ambos salieron del campamento, Jean dirigió a Marco a un espacio claro donde había un tronco cortado y le indicó que se sentara y esperara. Se dirigió al cuarto de armamento a traer el equipo de maniobras y después de unos minutos regresó con su mejor amigo. Se arrodilló frente a él y le quitó las botas una por una, le pidió que levantara una pierna para amarrar su cuerpo con las cintas de cuero del traje. Marco obedeció en silencio, levantó la otra pierna que Jean rodeó con las ligas también.
Marco se puso de pie para que Jean rodeara su torso con el cuero, se encargó de fijarlo en la parte de atrás y ajustarlo en el pecho del chico de pecas. Le echó un vistazo a su trabajo hasta que estuvo satisfecho que había quedado bien. Miró el rostro de Marco, un leve sonrojo aparecía detrás de sus múltiples pecas.
—Tienes buen cuerpo —comentó para ver si podía hacerlo enrojecer más.
—Cállate, por favor —contestó Marco desviando la mirada.
Pasó el resto de la tarde intentando recordarle a Marco cómo usar el equipo de maniobras. Probaron con objetivos pequeños, como árboles cercanos, sin piruetas especiales, simplemente el acto de elevar las piernas del suelo y caer de nuevo sobre sus pies. La mayoría de las veces pudo aterrizar adecuadamente, aunque también cayó múltiples veces, sobre ramas y pequeñas rocas. Debió dolerle, pero él actuó como si no fuera nada.
Los días pasaron. Marco aprendió a caminar sin el bastón, después de dos semanas dejó de cojear, sus piernas respondían adecuadamente a todo su esfuerzo. Al mes ya podía correr con el resto de sus compañeros. Todas las mañanas se unía al resto de soldados para trotar todos esos kilómetros sin caerse.
También mejoró con el equipo de maniobras, cada vez lograba elevarse a lugares más altos, podía cambiar de objetivo y apuntaba muy bien con los cables. Se cayó muchas veces, y en una ocasión se fracturó un brazo, pero no cedió. Sanó en dos días y siguió entrenando como siempre. Tenía más energía que el resto, sólo Eren se le comparaba. Ambos parecían nunca cansarse completamente.
Los golpes con el uso del equipo de maniobras eran peores con las mayores alturas que él intentaba. Marco siempre iba a la cama con múltiples laceraciones y moretones que Jean acariciaba suavemente, y en las mañanas se despertaba como nuevo, su piel completamente lisa y cubierta solamente por sus pecas.
Jean no podía decirle nada, lo animaba detrás de él sabiendo que iba a lastimarse. Esperaba que el momento de aprendizaje terminara pronto, para dejar de verlo hacerse daño y volver a ser el mismo de antes. Cerraba los ojos con cada caída de Marco, rechinaba los dientes al observar sus heridas, tragó para atravesar el nudo que se formó en su garganta cuando lo escuchó gritar por las fracturas.
Gran parte de él deseaba que Marco sanara con más lentitud, como una persona normal. De esa forma podría descansar de esos daños constantes, era como si poco a poco estuviera destruyendo su cuerpo sin realmente lograrlo por completo.
Marco dejó la enfermería cuando fue completamente independiente. Su uniforme y cosas nuevas fueron llevados a la habitación que compartiría con los demás soldados de la Legión. Camas que se ubicaban en pares en una habitación de cuatro personas.
Una noche Jean fue despertado por un ruido, abrió los ojos en la oscuridad y no pudo ver nada. Se esforzó para discernir las siluetas con la luz de la luna que entraba por la ventana. Unos pequeños sollozos se escuchaban en la negrura de la noche. Ligeros sonidos ahogados apenas audibles, que no querían ser escuchados pero los rebeldes oídos de Jean los captaron.
—¿Marco? —Su propia voz se escuchaba ronca a esas horas de la noche.
Los sollozos se detuvieron. Una débil voz susurró.
—Lo siento, Jean. No era mi intención despertarte.
—¿Te duele algo?
—No, para nada.
—Puedes decírmelo, sabes. —No iba a rendirse fácilmente, Jean era testarudo. No dejaría a Marco encerrar sus preocupaciones—. ¿Es lo de caminar? ¿El equipo de maniobras?
—Es mi papá.
Jean se sentó para escucharlo mejor, aún tenía sueño pero se sentía más lúcido si se erguía.
—El comandante me contó lo que pasó. Fue un héroe —le dijo. Escuchó a Marco suspirar en la oscuridad.
—Sí lo fue… Es sólo que me gustaría recordarlo mejor.
—Entonces, ¿no recuerdas nada de lo que pasó? —preguntó, y después de un rato de no escuchar respuesta, volvió a intentarlo—. ¿Marco?
—Lo siento, es que negué con la cabeza.
Jean sonrió desde su lugar, a veces su mejor amigo era muy ingenuo.
—¿Puedo pedirte algo, Jean?
—Lo que quieras —prometió.
—¿Puedes venir?
A la cansada y somnolienta mente de Jean le tomó varios segundos entender la petición del otro chico. Cuando finalmente su cerebro interpretó las palabras, se levantó de la cama y puso sus manos frente a él para tocar cualquier superficie que lo guiara hacia el pecoso. Se tropezó con lo que debía ser un zapato y maldijo en voz alta, por lo que escuchó un "¡shhh!" en respuesta. Su pie dolía cuando llegó hacia el otro colchón. Unas manos le tocaron ambos hombros y le acariciaron el rostro.
—¿Jean? —escuchó el llamado en forma de susurro.
—¿Quién más?
El castaño fue abrazado con fuerza, sus brazos instintivamente rodearon a Marco también. Respiró en la calidez del otro, disfrutando de la sensación.
Después que Marco se había despertado como un humano, después de su beso y todo lo demás que había pasado entre ellos. Jean no estaba muy seguro del momento en que su relación se encontraba. Ellos no habían hablado de eso. Habría sido muy egoísta de su parte preguntarle, con todo lo que Marco estaba atravesando (las noticias de su padre, su esfuerzo por caminar y usar el equipo de maniobras, la presión de convertirse en titán, etc). Simplemente no era el momento para esa conversación, por más curiosidad que tuviera.
Estaría ahí para lo que Marco necesitara, y en ese momento necesitaba un amigo. Jean sería ese mejor amigo para él.
Cuando se separaron del abrazo, sintió que besaron su nariz.
—No sé dónde está tu boca —admitió Marco con timidez.
Jean rio en respuesta. Le tranquilizaba saber que su relación sí estaba en un nivel más avanzado que antes.
—¿Pueden callarse los dos? ¡Aquí intentamos dormir! —escucharon la voz de Connie en una mezcla de sueño y enfado.
Ah, claro. Había dos personas más en esa habitación.
—Par de tórtolos, despierten de una vez —escuchó la voz de Eren sonar muy fuerte en sus oídos.
Marco hizo un ruido en respuesta.
—Vete a la mierda, Jaeger —escuchó a Jean quejarse a la par de él.
—No, ya va a amanecer. Y Marco, el comandante quiere hablar contigo —agregó una voz más aguda que debía ser la de Armin.
—Cinco minutos más… —pidió Marco intentando poner las sábanas encima de su cabeza.
—Ya, ya. Estoy despierto, ustedes dos son un dolor en el trasero —dijo Jean, Marco sintió que el cuerpo cerca de él se levantaba. "No, ahora tendré que despertarme también" pensó casi sin coherencia. Luego Jean lo llamó a él—. Ey, bello durmiente, ¿escuchaste eso? Te llama el comandante otra vez.
—Mmm… quedémonos aquí para siempre —murmuró el chico de pecas.
—Marco, no digas cosas tan vergonzosas cuando los chicos te están mirando.
—Es todo un romántico —comentó Eren.
—¿Eso le dices tú al sargento?
—Púdrete, Kirschtein.
Marco escuchó a Connie y Armin reír. Supo que no tenía otra opción más que levantarse. Se restregó los ojos y vio a todos los chicos tomar sus toallas y jabones para bañarse.
—Vamos rápido, no quiero ver a estos dos coquetearse en las duchas —dijo Connie, luego salió corriendo por la puerta.
En un segundo fue seguido de Armin y Eren, quienes se apresuraron en salir también.
—Nos toman por pervertidos —opinó.
—A ti no, tú les pareces un ángel —le respondió Jean.
—Pero no hay nada angelical en mí.
—Bromeas, ¿verdad?
—Jean, ¿cuántas veces crees que me quedé mirando en las duchas? —le preguntó.
—… nunca me di cuenta —escuchó a Jean admitir suavemente.
—No sólo te miraba a ti. —Marco sintió un ligero calor en sus mejillas de la vergüenza de confesar algo así.
Miró a Jean acercarse a él con lentitud hasta colocarse enfrente, Marco se tensó, su cercanía repentina lo puso nervioso. A esa distancia escuchó el susurro de su mejor amigo en su oído.
—Quiero que, de ahora en adelante, sólo seas gay por mí.
Cuando llegaron a las duchas sentía que su rostro era un desastre. Marco se dio la vuelta y se concentró en bañarse adecuadamente, escuchó el agua caer sobre el cuerpo de Jean e intentó ignorarla.
Sí, lo estaba ignorando. No estaba pensando en su mejor amigo sin ropa, mojado por el agua fría que debía estar erizando su piel. Definitivamente tampoco pensaba en el jabón que debía estarse deslizando por su cuerpo y cayendo en forma de suave espuma que probablemente seguiría la línea de su abdomen hacia abajo.
No era justo, para nada lo era. ¿Por qué Jean debía ser tan atractivo?
—Hey, los demás se fueron —escuchó a su mejor amigo decir.
Marco ni siquiera se había dado cuenta en que todos habían terminado menos ellos.
—¿Nos vamos entonces? —le preguntó.
—¿Ya terminaste?
—Me falta la espalda —dijo sin pensarlo. Era cierto, no alcanzaba tan atrás. Lo pensó mejor, eso debió haberse escuchado como una invitación. Jean estaba pensándolo y Marco estaba arrepintiéndose de haber dicho eso. No era que él haya querido que…
Se sobresaltó cuando sintió algo en su espalda.
—¿Q-quieres… que haga esto, no? —escuchó a Jean tartamudear.
Marco asintió, no confiaba mucho en su propia voz.
Sintió la mano de Jean sostener el jabón y pasarlo por su piel, dejaba caliente cada línea que trazaba en su espalda. Sintió al otro acariciar sus hombros, la zona entre sus omóplatos, deslizarse hacia el sur, bajar por cada una de sus vértebras, y quedarse quieto en la curva donde iniciaba su trasero.
—Tienes tantas pecas —escuchó al castaño decir en una voz tan suave que apenas era audible.
No sabía qué responder a eso, su mente estaba completamente apagada.
Jean volvió a hablar en un suspiro.
—Me encantan.
No volvió a decir nada. Vio a Jean tomar una toalla y secar su cuerpo, se había dado la vuelta. Marco no pudo evitar mirarlo de reojo. Sí, era justo como lo recordaba, un poco más grande quizás. Más alto y con más músculos que antes, definidos en sus brazos y espalda cuando se movía. Se lamió los labios inconscientemente.
Ya no recordaba la época en la que solía ver otros chicos aparte de Jean.
Marco se vistió, se puso el uniforme y las ligas de cuero alrededor del cuerpo. Planeaba usar el equipo de maniobras más tarde, entrenar hasta que fuera demasiado oscuro para intentarlo.
—Tienes tu cita con el comandante, supongo que te veo después —le dijo Jean después de que ambos estuvieran listos, aún estaba sonrojado por lo de antes.
Marco sabía que él debía estar igual.
—Claro, amigo.
Se dirigió a la oficina de Erwin Smith otra vez. Sintió una especie de orgullo al caminar sin ningún tipo de ayuda, la última vez que estuvo en esa habitación no había podido mantenerse de pie más de diez minutos seguidos. Estaba frente a la puerta y suspiró profundamente. Tocó dos veces.
Escuchó un "adelante", así que abrió.
Dentro de la cámara estaba el comandante de la Legión de Reconocimiento, acompañado por el comandante de las Tropas Estacionarias y el de la Policía Militar. Los tres hombres estaban de pie a la izquierda de uno de más edad que estaba sentado frente al escritorio de la oficina.
Marco hizo el saludo militar correspondiente.
—¿Marco Bodt, cierto? —le preguntó Dalliz Zacklay con seriedad.
—Sí, señor.
—Me han sido entregados los nuevos documentos sobre tu historial familiar y vida dentro de la milicia. Según el nuevo papeleo firmado, aquí dice que tus esfuerzos están dirigidos al servicio de la Legión de Reconocimiento, ¿es así, señor Bodt?
—Por supuesto, señor.
—Tu juramento es hacia la humanidad, no sería sabio de tu parte olvidarlo.
—No, señor.
—¿Entiendes la razón del porqué hice lo que tenía que hacer cuando dicté la sentencia a tu forma de titán?
—Completamente, señor.
—Ahora que estás frente a nosotros, en tu forma de humano; la situación es diferente. Mis decisiones se basan en lo que creo que será mejor para nuestra existencia —Zacklay hizo una pausa y continuó—. Deberías agradecerle a tu comandante, él me ha convencido que mantenerte aquí, puede ser lo mejor para toda la humanidad.
Marco miró a Smith, el alto rubio le respondió con una ligera sonrisa.
—No hace falta recordarte que estarás bajo constante vigilancia mientras estés a su cargo y que cualquier actitud que sea reconocida como una amenaza para cualquier soldado o civil, nos obligará a tomar medidas para detenerte.
—Sí, señor. Lo entiendo perfectamente.
—Cuídate, soldado Bodt. No somos tus enemigos —finalizó el Generalísimo.
Luego se levantó de su asiento y fue escoltado por miembros de la Policía Militar que le abrieron la puerta y lo acompañaron hacia la salida. El comandante Nile Dok los siguió, pero antes se detuvo frente a Marco.
—Con que tú eras el chico dentro del Titán Gentil, ¿eh?
—Sí, señor —Marco asintió. Pensó por un momento que este hombre, bajo otras circunstancias, habría sido su comandante.
—Es un placer conocerte. Me dijeron que estabas entre los diez mejores, pero es obvio que ya has tomado tu decisión respecto a las ramas militares. Supongo que ese chico estará feliz de que te quedes en la Legión.
¿Ese chico? ¿Se refería a Jean?
Marco hizo el saludo militar y el hombre salió de la oficina.
—¡El titán del momento! —Exclamó Dott Pixis mientras se acercaba a Marco—. No es justo, todos los chicos titanes se van con la Legión. Erwin tiene mucha suerte. Oye, ¿eres amigo de Eren?
—S-sí, señor. Fuimos compañeros —la energía del anciano sorprendió a Marco.
—Es un buen chico… Apuesto que tú también lo eres. Sólo cuando te vuelvas a convertir en titán, no te enamores de otro titán, debes tener cuidado. Algunas chicas titanes pueden ser engañosas —dijo Pixis como si estuviera aconsejándolo.
¿Engañosas? Obviamente las chicas titanes eran malas, todos los titanes, de hecho. ¿No iban todos a intentar comerlo se transformara él o no?
—Ya sabes, enamórate de otra humana —dijo el hombre y le palmeó el hombro, deseándole buena suerte.
Eso fue raro. Marco sólo pudo asentir en respuesta.
Los comandantes salieron dejándolos solos a él y a Erwin, la puerta estaba cerrada nuevamente para darles privacidad. El comandante Smith regresó a su asiento. Marco hizo el saludo militar, estaba muy agradecido con el resultado de todo, quería correr, saltar, y contarles a todas las personas que conocía.
—¿Puedo abrazarlo, señor? —hizo la pregunta sin pensar. Se arrepintió cuando las palabras dejaron su boca.
Erwin abrió levemente los ojos.
—Eso es nuevo —se rio un poco—. Es lo mejor que podemos lograr por ahora, Marco. Quiero que seas consciente que cualquier error pequeño será una buena excusa para que te ataquen, necesitamos que el control sobre tu poder sea totalmente confiable.
—Sí, comandante.
—No veo la razón para desanimarte ahora. Tienes derecho a celebrar por este pequeño logro —dijo Erwin con una sonrisa.
—Ya quiero decirles a todos —dijo Marco sonriendo también.
—Estoy seguro que sí. Ahora, ¿cómo va tu entrenamiento?
—Ya camino como antes, y continúo aprendiendo con el equipo de maniobras. Mejoro más rápido que la primera vez.
—Hanji está segura que el conocimiento está en ti aunque ella lo considera como "dormido", eso es lo que tenemos que despertar. En poco tiempo volverás a la normalidad —aseguró, Marco no sabía si el rubio realmente creía eso—. Respecto a tu regeneración, es obvio que es bastante avanzada. ¿Crees que puedes probar la transformación a titán voluntariamente?
Otra orden en la forma de una pregunta, el comandante insistía siempre en ser amable. Marco había aprendido a seguir la corriente, en realidad no podía negarse.
—Sí, señor. Estoy listo para probarlo. —Al final esa era la función que él desempeñaba aquí, la Legión de Reconocimiento lo necesitaba por su poder de titán. Si no tenía éxito, no demostraría su valía.
—Antes de eso, ¿qué opinas sobre ver a tu familia otra vez? Tu hermana y tu madre estarán felices de volverte a ver después de tanto tiempo.
A veces la Legión de Reconocimiento se sentía como una verdadera familia, donde cada uno se preocupaba por el otro. Erwin Smith con toda su seriedad y estoicismo también era un humano, también se preocupaba por sus soldados. Levi y Hanji velaban por el bienestar de todos, jamás harían algo que los lastimara. Los superiores siempre habían pensado en los chicos nuevos, en su salud mental y física.
Darle la oportunidad de ver a su familia otra vez hizo sentir a Marco como si tal vez él también importara, como si para la Legión fuera más que una herramienta para conseguir sus objetivos. No se trataba de demostrar su valía, más bien de ofrecer su cuerpo a la Legión, sus servicios por la humanidad. Y él lo haría, daría todo de sí para la victoria contra los titanes.
Marco estaba sonriendo tanto, que hizo que su boca le doliera.
Momentos adorables con los amigos, momentos tristes por el angst que nunca falta en sus vidas, la aburrida y desastrosa política como siempre y mucha, mucha pero mucha tensión sexual sin resolver... Eso fue este cap.
Muchas me preguntan "nolee habrá lemon?"... queridisimos... no me conocen?
Les daré una pista: el proximo cap cambiará de "T" a "M" *guiño guiño*.
Y preparémonos para el siguiente cap porque le diremos adiós al titán gentil... :(
P.D. También prepárense para algo tipo "conociendo a la suegra"...
Y si me quieres dejar un review para que lo lea 10 veces, puedes escribirlo aquí abajito, me hará muy feliz :D
