Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es GeekChic12, yo sólo traduzco.

Gracias a mi maravillosa Isa por la corrección del capítulo.


Capítulo 16: Sorpresa

Necesito un jodido trago.

Maldita Jessica.

Mientras estoy de pie en el mostrador, mezclando un Capitán y Coca de dieta, veo a Jessica tirar del brazo de Mike y susurrarle al oído. Los ojos de él me ven, lo que me hace preguntarme cómo sabía él que yo estaba justo aquí.

Maldito hijo de puta.

El haberle alzado la ceja a mi mejor estilo de perra, parece hacerlo decidir que es mejor irse.

Carajo, gracias.

No necesito más drama esta noche. No sé quién chingados cree que es esa perra, pero estoy furiosa. Antes de empezar con mi bebida, decido que hace falta un shot de tequila.

Una mano cálida toca mi trasero justo cuando dejo el shot en el mostrador, y sonrío feliz pero un poco sorprendida ante la precocidad de Edward.

—Hola sexy.

Sólo que no es Edward.

—Si no quitas tu mano de mi trasero en el siguiente nano-segundo, la vas a perder, hijo de la chingada —le digo a Tyler entre dientes.

—Aw, vamos, nena. No seas así. El año pasado no pude probarte, y ahora que ya abandonaste a tu juguetito, puedes estar con un hombre de verdad.

Mis fosas nasales se agitan, y exhalo por la nariz antes de girarme hacia él, lo cual, afortunadamente, hace que su mano se deslice fuera de mi trasero. Pasando mis dedos por su pecho, lo miro seductora.

—Un hombre de verdad, ¿eh?

Tyler se lame los labios.

—Así es. —Está borracho, pero no lo suficiente para no ser consciente de lo que está haciendo.

Cuando se inclina, yo estiro la mano y agarro sus bolas, apretándolas hasta que lo escucho gritar. Le hablo bajito al oído.

—Un hombre de verdad sabe cuándo entender una jodida indirecta. Y un hombre de verdad no toca lo que no le pertenece. ¿Entendido?

Asiente agitado, jadea y se deja caer de rodillas luego de que lo suelto.

Tyler nunca le ha tenido tanto miedo a mi hermano como Mike porque es casi tan grande como Emmett, pero sé cómo infligir dolor. Y no necesito cien libras de músculo extra para hacerlo.

Alzo la vista y veo a Edward llegar al marco de la puerta, observando la escena que tiene ante él. Nadie más en la habitación parece haber notado nada, pero ahora que Tyler está en el piso…

—Vaya, carnal. ¿Necesitas un aventón a casa? —pregunta Alec, uno de los jugadores de fútbol, acercándose a nosotros.

—Sí. Lo necesita. —Paso por un lado de los chicos y me dirijo directo a Edward.

—¿Está todo bien? —pregunta.

—Sí. Tyler pensó que podía ponerse un poco mano larga conmigo, pero creo que finalmente entendió el mensaje de irse a la chingada.

—¿Mano larga? —Entrecierra los ojos y aprieta la mandíbula al ver a Tyler siendo ayudado a ponerse de pie por Alec, y santa mierda. Edward posesivo es muy caliente.

Acariciando sus hombros con las manos, intento centrar su atención en mí.

—Ya pasó. No te preocupes por eso. Va a necesitar ponerse hielo en las bolas esta noche. Recordará no tocar lo que es tuyo.

Unos ardientes ojos verdes se concentran de nuevo en mí.

—Eres mía —susurra.

—Sí.

—¿Dónde te tocó?

—No importa. No pasará de nuevo, y estoy bien.

Abre las aletas de la nariz al inhalar profundamente, y exhala ruidosamente.

—Bien.

La única salida de la cocina es donde estamos parados. Tyler se apoya en Alec mientras éste lo ayuda a salir, ambos gimen al acercarse a nosotros. Antes de saber qué está pasando, Edward estira el brazo para evitar que pasen.

—No la vuelvas a tocar jamás contra su voluntad.

Tyler tose y luego gime de nuevo.

—Sí, hombre. Lo entiendo.

Edward baja el brazo y los chicos continúan para salir por la puerta.

—Pues —digo—, ya van cuatro menos. Soy una buena anfitriona esta noche.

—¿A qué te refieres?

Pasando mis brazos por su cintura, me presiono contra él.

—Le dije a Jessica que se fuera hace rato, y se llevó a Mike con ella.

—¿Estaba siendo una puta de nuevo?

Me río.

—Definitivamente.


—¿Bebes? —le pregunto a Edward mientras regresamos por mi Capitán y mi coca de dieta, la cual ya está, por supuesto, disuelta en agua. Luego de tirarla por el fregadero, comienzo a hacer otra—. Me refiero a alcohol.

—He probado la cerveza un par de veces, pero no me gusta mucho.

—Sí, a mí tampoco. Dime si quieres probar algo más. Aunque no te sientas presionado. —Le sonrío al terminar mi bebida—. Y no planeo emborracharme ni nada, para que lo sepas. Quizá sólo para animarme. Tengo planes para ti más tarde —termino levantando la ceja.

—¿En serio? —Su ojos se ven emocionados. Ama los planes.

Me acerco.

—Sí.

—¿Qué tipo de planes?

Bajando mi dedo por su pecho, le sonrío.

—Ya verás.

—¿Es como una sorpresa?

Me encojo de hombros.

—Sí.

Frunce un poco el ceño.

—No me gustan las sorpresas.

Poniéndome de puntillas para besar sus labios, le aseguro:

—Ésta será una sorpresa muy, muy buena. Lo prometo.

Edward me sonríe de manera torcida; su hoyuelo hace acto de presencia.

—Bien. —Mira mi bebida cuando le doy un trago.

—¿Quieres probar?

—Sí. —Me la quita, le da un trago y se lame los labios—. Mmm.

—¿Está buena?

—Sí.

Asiento y agarro un vaso nuevo.

—Te haré una.


Edward achispado es toda una aventura. Es muy comunicativo y bastante hablador.

Nos mezclamos por un rato, y le habla a gente con la que nunca ha hablado antes con bastante calma. Lo único es que las conversaciones son bastante unilaterales, como solían ser las nuestras cuando él estaba nervioso cerca de mí. Siguen siendo así a veces cuando se emociona o se altera, pero yo lo encuentro lindo. Aunque no estoy segura de que los demás lo vean así.

Algunos ruedan los ojos, lo cual me encabrona, así que eventualmente lo llevo hacia Ben para que puedan hablar sobre World of Warcraft o algo así.

A mitad de mi conversación con Angela, algo me hace mirar hacia la puerta. La sangre se me congela en las venas y luego hierve rápidamente.

Brady entra como si fuera el dueño del lugar. Siempre ha hecho eso. Su andar confianzudo no ha cambiado en nada. Sigue viéndose exactamente igual. Cabello oscuro. Ojos azules. Alto. Musculoso.

Meh.

Nada comparado con Edward.

Por supuesto, Brady podría ser el chico más apuesto del planeta y yo seguiría viéndolo con disgusto.

—¿Qué demonios está haciendo él aquí? —dice Angela luego de seguir mi línea de visión.

—No sé, pero esta noche ya ha sido más que ridícula —bufo—. Ni siquiera sabía que estaba de regreso en el pueblo. —Tocando ligeramente el hombro de Edward, le susurro al oído—: Ahora vuelvo.

—Bien. —Se gira de regreso a Ben—. La druida es tan diversa, y…

Me alejo, sonriendo ante la ternura de mi novio, pero luego un ceño fruncido lo remplaza cuando veo a Brady mirándome avanzar entre la multitud hacia él.

—Feliz cumpleaños, Bella. —Sonríe.

—No lo hagas.

Al menos tiene la decencia de aparentar arrepentimiento; su sonrisa cae instantáneamente. Busco a Emmett, pero no lo veo en ningún lado. Si supiera que Brady estaba aquí, probablemente se encabronaría un chingo.

—¿Qué chingados estás haciendo aquí, Brady?

Se mete las manos en los bolsillos.

—Vine a verte. Quería hablar contigo.

Le lanzo dagas con la mirada y cruzo los brazos sobre mi pecho.

—¿Y creíste que mi fiesta de cumpleaños sería el momento adecuado para hacerlo? —sacudo la cabeza—. No tenemos absolutamente nada de qué hablar, y no temo decirte que te vayas a la chingada. No soy la misma chica que era cuando salíamos.

—Ah, entonces sí lo recuerdas. Pasamos buenos momentos, ¿verdad?

Cómo se atreve

—¿Estás jugando? ¿Estás jodidamente drogado? Has estado ausente por más de cinco meses, probablemente cuidando a alguna chica que embarazaste mientras estabas conmigo, ¿y vuelves tranquilo aquí esperando qué? ¿Que caiga rendida ante ti? ¿Que yo recuerde nuestros "buenos momentos"? —Mis comillas son una total burla, por no decir más.

Brady se pasa una mano por el cabello y murmura:

—Estoy jodiendo todo esto.

—No. Jodiste todo esto hace mucho tiempo, cabrón. Sólo vete. No deberías estar aquí.

—El bebé no era mío —suelta.

—¿Qué? —Lo escuché. Es que… ¿qué?

—Mira, ¿podemos hablar en privado por un momento?

—¿Por qué?

Justo cuando comienza a responder, dos cálidos brazos se envuelven a mi alrededor, mi cabello es movido hacia un hombro y suaves besos son dejados sobre mi cuello.

Cierro los ojos y sonrío, abriéndolos de nuevo para ver un ceño fruncido en el rostro de Brady.

—¿Quién demonios es este imbécil?

Alzo las cejas, incrédula, y luego entrecierro los ojos enojada.

—No es de tu incumbencia, pero esta persona es mi novio, y me trata con respeto, lo cual es un chingo más de lo que puedo decir de ti. —Al parecer, inconsciente de todo, Edward mueve una mano para apretar mi pecho sobre mi blusa.

—Sí, puedo ver que de verdad te respeta.

Ignorando a Brady, bajo con gentileza el brazo de Edward hacia mi cintura, y luego lo miro.

—¿Estás bien?

Sus ojos están cerrados y asiente.

—Sólo tengo sueño.

Girándome por completo en sus brazos, paso los míos por su cuello y luego dejo dos besitos en su boca.

—¿Quieres esperarme en la habitación? No tardaré mucho. —Brady bufa detrás de mí.

—Sí.

—Bien, pero no te duermas. Recuerda, te gustará mi sorpresa.

—Si tú lo dices.

Me río.

—Así es. Ve. Iré en un minuto.

—Bien. —Se inclina y me besa una vez más antes de irse.

Suspirando, veo su perfecto trasero bajo la mezclilla; no puedo esperar para quitarle esos jeans.

Brady se aclara la garganta con dramatismo.

Me tomo mi tiempo para girarme de nuevo.

—Oh, ¿sigues aquí?

Exhala profundamente, es claro que está irritado, y yo estoy amando cada segundo de esto. Él me hizo pasar un infierno. Merece cosas peores que las que le he dicho hasta ahora.

—Pues no tardaste mucho en seguir con mis amigos.

—¿Disculpa?

—Me escuchaste.

—Presta atención, imbécil. Tú te acostaste con la mitad de la maldita escuela mientras estábamos juntos, sin mencionar todas las chicas que te follaste por el país. No me quedaré aquí a escuchar esta mierda de nadie y menos de ti. —Con cada segundo atraemos cada vez más espectadores, pero ya no puedo contener esta mierda—. No me siento orgullosa de la manera en que manejé las cosas. Era libre para acostarme con quien quisiera, pero lo hice por razones equivocadas, y soy responsable de ello. Pero . Tú no eras libre. Estábamos juntos y decías amarme. Pues, adivina qué, pedazo de mierda; tú no podrías conocer el amor ni aunque se te pusiera en la jodida cara. Ese chico —digo, señalando en dirección a donde se fue Edward— me ha mostrado más amor en los últimos dos meses que lo que tú hiciste durante todo el tiempo que estuvimos juntos. Y lo amo más de lo que alguna vez creí posible amar a alguien. Así que, sea lo que sea que estés buscando al venir aquí e intentar arruinar mi fiesta… no lo encontrarás. Y si alguna vez vuelvo a ver tu cara de mierda, con tu sonrisita presuntuosa, será jodidamente. Demasiado. —Dándome la vuelta, camino con paso fuerte hacia el pasillo con el sonido de los gritos y silbidos de mis amigos y compañeros, y algunos aplausos. Al principio me sorprende, pero luego una enorme sonrisa aparece en mi rostro.

Maldición, llevo una buena racha esta noche. Nunca antes se había sentido tan bien decirle sus verdades a la gente.

En cuanto regreso a la habitación, Edward me mira desde la cama. No puedo leer la expresión de su rostro, pero me pone nerviosa.

—¿Me amas?

Mi pecho se encoge y mis palmas se ponen en el lugar donde mi corazón se acelera.

—¿Me escuchaste?

—Sí.

Me doy cuenta de que alguien apagó la música, y ni siquiera lo noté cuando estaba gritando.

—Lo siento. No pretendía que te enteraras de esa manera.

—Está bien. —Mantiene sus ojos en mi rostro—. ¿Es verdad?

—Sí. —Bajo la vista y jugueteo con la orilla de mi falda, sintiéndome expuesta.

Edward se pone de pie y se para frente a mí, jalándome hacia él.

—También te amo, Bella. Muchísimo. —Le retumba la voz en el pecho, donde está mi oído recargado, su corazón late tan rápido como el mío—. Más que… dibujar en casa. Más que las enchiladas de mi mamá. Más que mi nuevo monte Astral Cloud Serpent en WoW. —Me río y me acaricia el cabello con la mano—. Más que todo lo que he amado antes.

—¿En serio? —Me pican los ojos a causa de las lágrimas y un sollozo—. ¿Tanto?

Sus brazos se aprietan a mi alrededor.

—Sí.

Un dulce alivio envuelve mi cuerpo y lanzo mis brazos a su cuello, alzándome de puntillas para besarlo como si de eso dependiera mi vida.

Un suave golpe en la puerta nos separa.

—¿Quién es? —pregunto, apoyando de nuevo los pies.

—Soy Em. Lo siento. Salí a hablar con Rose por teléfono. Angela me contó que pasó —dice al otro lado de la puerta—. Eché a Brady, y supuse que estarías un poco harta y querrías tiempo para ustedes solos. Así que moveremos la fiesta a casa de Colin. Sus padres están en Seattle esta noche.

Me giro y abro la puerta.

—Me conoces muy bien. Gracias, Em. De verdad lo aprecio. —Salgo y lo dejo darme uno de sus característicos abrazos de oso hasta que siento que mis ojos se saldrán de sus cuencas.

—¿Estás bien, hermanita?

Asiento en su hombro.

—Sí. Gracias.

Luego de dejarme sobre mis pies y retroceder, palmea con sus manos mis antebrazos.

—De acuerdo, diviértanse. Pero no hagan nada que yo no haría. —Nos guiña un ojo y se va, dejándome sonriendo.

—¿Qué no haría él? —pregunta Edward cuando cierro la puerta.

Bufo.

—No mucho, en realidad.

—Hmm.

—Me alegra que todos se vayan.

—A mí también. Estuvo bien, pero preferiría pasar tiempo a solas contigo.

—Lo mismo digo. —Sonrío cuando se inclina y me besa de nuevo—. ¿Estás listo para tu sorpresa? —susurro contra sus labios.

—Sí.

Froto mi palma sobre su creciente erección a través de los jeans, paso mi otro brazo alrededor de su cuello y lo jalo para un ardiente beso.

—Mmmh —gime.

Comienzo a guiarlo de espaldas hacia la cama y me aparto cuando sus pantorrillas golpean el costado de ésta. Sosteniendo su amorosa mirada, uso ambas manos para desabrochar el botón de sus jeans.

—¿Te parece bien esto?

—Sí —dice entre jadeos.

Deslizo las manos dentro de la cintura de sus bóxers y mando un silencioso gracias al hombre de arriba porque mi novio no usa calzones blancos apretados. Mis manos se mueven alrededor hacia su trasero desnudo, y aprieto ambas nalgas, haciéndolo saltar un poco, su polla dura se frota contra mi estómago. La embiste contra mí cuando llevo mis labios a su cuello y chupo el punto donde se siente su pulso.

—Bella —dice, suena sin aliento. Lame sus labios antes de continuar—. ¿Cambiaste um… cambiaste de parecer acerca del sexo de cumpleaños?

Niego con la cabeza.

—No, pero quiero tocarte. Quiero hacer que te corras, pero quiero que sea en mi mano o en mi boca.

Edward traga con fuerza y responde temblorosamente:

—Bien.

Me río entre dientes.

—¿Es una buena sorpresa?

—Sí.

Sonriendo, bajo mis manos, llevándome con ellas sus jeans y su ropa interior que se acumulan en sus pies. Se aparta de ellos y los avienta de una patada.

—Acuéstate para mí. —Le quito los calcetines cuando está estirado sobre el edredón. Subo mis manos por sus espinillas y luego sus muslos, me subo a la cama y me acomodo entre sus piernas. Su polla está metida bajo la orilla de su suéter y le subo la prenda por el torso—. Quítatela, por favor.

Edward se sienta, los músculos de su estómago se contraen de manera hermosa mientras se quita frenéticamente el suéter por la cabeza.

Me lamo los labios al ver su cuerpo desnudo, largo y agraciado con vigorosos músculos.

—Mmmm. —Envuelvo mi mano en su dureza, le doy un gentil apretón, ganándome un gemido estrangulado de él.

—¿Está… bien? —pregunta, mirándose por su torso la erección que en este momento se encuentra en mi mano.

Mis ojos se centran en su cara y sonrío cuando su mirada me encuentra por un momento.

—Es perfecta.

Ni siquiera le estoy diciendo lo que creo que quiere escuchar. Su polla es de tamaño perfecto. No muy grande. No muy pequeña.

Un dolor vacío se forma al instante. No puedo esperar a que me llene.

Noto un poco de tensión dejar su cuerpo y una esquina de su boca se alza.

—Te dije que estaba más grande.

Riéndome, respondo:

—No estabas bromeando. —Agarrando la base ancha, miro su rostro a tiempo para verlo lamerse los labios, viendo hacia donde mi mano está envuelta en él. Sonriendo, lo acaricio una vez, viendo como aprieta los ojos con placer cuando paso mi pulgar por su cabeza, esparciendo el líquido pre seminal.

Bajando la vista, veo la cabeza sonrojada mientras mi mano la trabaja. Sus piernas se mueven al gemir y jadear, aferrándose a las cobijas debajo de él.

Por un momento, mi mente se detiene en el hecho de que estoy vistiendo una falda mientras sigo subiendo y bajando mi mano en él. Está tan jodidamente duro, sería fácil subirme en él y mover a un lado mis bragas. Dejarlo hundirse en mí hasta el tope.

Dios.

Lamiendo mis repentinos labios secos, me muevo hacia adelante y lamo la parte inferior de su cabeza. Todo el cuerpo de Edward se convulsiona, y lanza ambos brazos sobre sus ojos.

—¿Bien?

—Sí —dice ahogado.

Sigo moviendo mi lengua por ese lugar, saboreando sus gemidos. Luego, abro mi mano y sólo cubro la parte frontal, moviendo mi lengua sobre la parte inferior de su erección, subiéndola y moviéndola en círculos por la orilla de arriba.

Carajo —dice entre dientes, y una ola de humedad se acumula entre mis piernas. Nunca lo he escuchado decir esa palabra. Quiero oírla de nuevo, así que abro mis labios sobre su hinchada cabeza y me bajo, metiéndolo en mi boca. Agarro la base en mi puño de nuevo, y la uso en tándem con mi boca, arriba y abajo, lamo y doy vuelta. Lo miro, sacude la cabeza de un lado al otro, pero alza las caderas al mismo tiempo, queriendo más, así que sé que está bien. Probablemente es abrumador ya que nunca antes nadie más que él lo ha tocado de esa manera.

Me hace sentir poderosa el ser la experimentada. El sacarle esos sonidos. El saber que puedo provocarle tanto placer.

Cierro los ojos, hago vibraciones alrededor de él y de repente sus manos están en mi cabello, sus dedos presionan mi cuero cabelludo. No lo suficiente para doler, pero me hace incrementar ligeramente mis movimientos.

Dios, Bella. —Mi coño se contrae ante el sonido de mi nombre cayendo de esos labios en ese tono de desesperación, e incremento aún más mis esfuerzos, subiendo una mano para acunar sus bolas.

Eso es todo lo que cuesta llevarlo al borde. No me advierte. Quizá no se da cuenta de que debería, o quizá recuerda lo que dije antes de querer que se corra en mi boca. De cualquier manera, lo hace con un intenso estremecimiento, recompensándome con otro carajo murmurado mientras me lo trago.

Edward intenta recuperar la respiración mientras yo me saco el suéter por la cabeza y desabrocho mi sostén, lanzándolo al piso. Me muevo para recostarme junto a él y se da la vuelta para quedar de cara a mí, acuna uno de mis pechos y me besa con fuerza, presionando una pierna entre las mías. Me muevo contra su muslo, ansiando la fricción, estoy tan caliente por haberlo tenido en mi mano y en mi boca, y me pregunto cuándo tendré la oportunidad de hacerlo de nuevo.

Ya estoy muy excitada, no tardo mucho en encontrar mi alivio, tensándome en sus brazos. Mi boca sigue pegada a la suya, y se traga mis gemidos. Nuestros besos se hacen menos desesperados, más suaves y dulces mientras una profunda relajación que me llega hasta los huesos se abre camino a través de mí.

Cuando libera mis labios, acaricio su mejilla perfectamente rasurada con una mano.

—¿Te gustó tu sorpresa?

—Sí. Mucho. —Su sonrisa es floja, y sus ojos no dejan los míos. Me mira con asombro. Gratitud. Amor.

Me ama.

Todavía no puedo creerlo.

Sonriendo orgullosa, pongo mi mano en su nuca.

—Qué bien.

Edward mueve un dedo entre mis pechos y baja hacia la pretina de mi falda. Lo mueve de un lado a otro por la orilla como si quisiera cavar ahí.

Besándolo suavemente, cubro su mano con la mía.

—¿Te parece bien si nos dormimos ya?

—Pero es tu cumpleaños.

Acercándome a él, entierro la cara en su cuello e inhalo profundamente su esencia.

—No te preocupes. Obtuve justo lo que quería.


Como ya habrán notado, las cosas empezarán a avanzar entre ellos a partir de ahora.

¡Gracias por sus comentarios!

El fin de semana saldré, así que la actu del viernes se adelanta para mañana ;)