Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es GeekChic12, yo sólo traduzco.
Gracias a mi maravillosa Isa por la corrección del capítulo.
Capítulo 17: Omelettes
Saliendo lentamente de la confusión del sueño, siento unos dedos rozando la línea de mi cabello. Luego un pulgar traza mi mejilla, unos dedos se curvan alrededor de mi nuca. Unos suaves labios tocan mi frente y mis ojos se abren para ver un poco de barba oscureciendo un largo cuello.
Suspirando, paso la mano por el cálido brazo que me rodea, la deslizo por un hombro tonificado y presiono mi cuerpo más cerca del suyo.
—Me gusta despertar junto a ti —susurra Edward con su barbilla recargada en mi cabeza.
Murmuro estando de acuerdo y beso su pecho.
—A mí también.
—¿Todavía, um… —pausa y traga—… me amas? —Su voz se rompe y lo abrazo con más fuerza.
—Por supuesto que sí. —Me río entre dientes y beso su cuello—. ¿Crees que iba a desaparecer de la noche a la mañana?
—Es que… —suspira—. Luego de lo que hicimos… y en realidad nunca me lo dijiste directamente, y… —Su pecho se expande cuando inhala profundamente—. Eyaculé en tu boca. Es eso… quiero decir… —Su respiración se acelera y se hace más pesada, como si estuviera entrando en pánico.
Mis manos lo empujan hasta que retrocede lo suficiente para poder ver la mirada de dolor en su rostro. Empujándolo sobre su espalda, me acuesto a medias sobre él y pongo mis palmas en sus mejillas.
—Edward. Lo que hicimos noche fue maravilloso, ¿de acuerdo? Quería hacer eso por ti, así que por favor no te sientas culpable. Especialmente porque quiero hacerlo de nuevo.
—¿En este momento?
Me río.
—Quizá no en este segundo, pero sí pronto. Y muchas veces —agrego moviendo las cejas.
—¿En serio?
—Sí. —Siento que su polla se remueve contra mi muslo—. Pero escucha con atención porque esta es la parte más importante—. Los dedos de Edward suben y bajan por mi espalda mientras que su otra mano cubre la mía en su pecho. Mis ojos se concentran en él; en la forma en que el verde parece salir de su pupila. Me deja sin aliento cada vez que estoy lo suficientemente cerca para verlo—. Te amo —le digo, mirando esos ojos cerrarse mientras suspira con alivio—. Mucho, muchísimo. No puedo imaginar mi vida sin ti. Y no puedo esperar hasta que podamos despertarnos juntos de esta manera cada mañana. —Mis ojos se mueven a su manzana de Adán al verla agitarse, y me arrepiento de lo que digo—. Quiero… quiero decir si es lo que quieres también. Ya sabes, quizá en unos años. —Me encojo de hombros, mirando a todas partes menos a él porque puedo sentir que me está mirando ahora.
Ninguno dice nada por unos segundos que se sienten como horas, hasta que…
—¿Bella?
—¿Hmm? —pregunto, mirando como mis dedos trazan círculos en su pecho.
—Querrías, um… —Edward traga—. Quiero decir, quieres, uh… te… —respira profundamente y yo contengo mi respiración, mirándolo cerrar con fuerza los ojos.
Obviamente no me está proponiendo matrimonio. ¿Verdad? Eso sería una locura. Quiero decir, apenas tenemos juntos dos meses, y somos muy jóvenes, y todavía tenemos que asistir a la universidad. No puedo respirar.
Los pulmones de él parecen funcionar bien al verlo inhalar y exhalar otro gran suspiro, su mirada se concentra de nuevo en mí.
—¿Considerarías jugar World of Warcraft conmigo?
.
.
.
Sonriéndole a su pecho, suelto una risa temblorosa. Siento un pequeño pinchazo de decepción, lo cual es estúpido, pero ni modo. Sé lo mucho que ama ese juego, así que siento que es algo importante.
Pero la pregunta es… ¿quiero jugar? Nunca me han llamado la atención los videojuegos, pero imaginar su emoción por ello también me hace sentir emocionada.
—Si eso quieres, me encantaría intentarlo —le digo con una sonrisa.
Edward me aprieta y luego intenta besarme, pero me tapo la boca con la mano, haciendo que sus labios aterricen en el dorso de ésta.
—Perdón —murmuro—. Pero estoy bastante segura de que justo ahora mi aliento huele como el culo de Satán. Primero iré a lavarme los dientes.
Alza sus gruesas cejas.
—No sé a qué huela el culo de Satán, pero imagino que yo también tengo una halitosis bastante mala esta mañana.
Sosteniendo mi dedo índice y el pulgar a media pulgada de distancia, le sonrío.
—Quizá un poco.
Luego de arreglarme y cambiarme, me dirijo a la sala mientras Edward está en la ducha para no estar tentada de saltarle encima.
Todo ese chico mojado…
Dios.
Gimo ante el desastre, saco bolsas para la basura de debajo del fregadero y comienzo a juntar las botellas. Le mando un mensaje a Emmett diciéndole que más le vale traer su crudo trasero para ayudarme.
Me alegra mucho que se haya llevado la fiesta anoche. Sólo espero que todos tuvieran conductores designados porque les prometimos a mamá y papá que nadie bebería y manejaría.
Diez minutos después, escucho ruido en la cocina y alzo la vista desde mi lugar en el piso de la sala para ver a Edward allí limpiando. La calidez en mi pecho se extiende y hace que mis brazos cosquilleen mientras una tonta sonrisa florece en mi rostro.
Parándome en el marco de la puerta, lo veo por un momento. Está descalzó. Su cabello sigue mojado por su ducha y me muerdo el labio para detener el gemido cuando se agacha para meter algo al lava vajillas. Cuando se endereza, me ve ahí y me manda una brillante sonrisa antes de empezar a enjuagar otro vaso, y veo un vistazo de nuestro futuro. O lo que espero sea nuestro futuro. Estar juntos. Vivir juntos. Hacer cosas mundanas y normales como lavar los trastes.
Sonriendo le digo que no tiene que limpiar.
—Está bien. No me importa ayudar. ¿Quieres que haga algo de almorzar?
Sí, es bastante perfecto.
Mi estómago gruñe ante la mención de comida.
—Puedo comer cereal. No es nada. No sé qué es lo que tengamos aquí.
Edward revisa el refrigerador, y resulta que tenemos huevos y leche, un poco de queso y otros ingredientes que según él funcionarán para hacer omelettes.
Estoy bastante segura de que babeo un poco.
Durante el almuerzo, Edward me pregunta sobre mi confrontación con Brady.
—Todavía no puedo creer que tuvo las bolas suficientes para aparecer aquí. Qué cabrón. —Me altero de nuevo tan sólo con pensar en ello—. Aunque me alegra haber podido decirle sus verdades. Se sintió muy bien.
—Qué bueno —dice Edward antes de tomar jugo de naranja—. Um… ¿crees que intentará hablar de nuevo contigo?
Suspiro.
—Probablemente. Parecía que tenía más que decir, y es un terco hijo de puta. Esperemos que lo haya avergonzado lo suficiente, quizá así me deje en paz.
—Eso espero —dice en voz baja.
—Oye. —Estirando la mano sobre la pequeña mesa, la pongo sobre la de Edward. Sus ojos se encuentran con los míos—. Estaré bien. No creo que vuelva a intentar dañarme físicamente. Incluso si sigue siendo un maldito hijo de puta, parece haber cambiado un poco. —No se ve convencido—. Prometo que tendré cuidado.
Edward suspira.
—Bien.
Mis dedos acarician el dorso de su mano.
—Quizá puedas volverte a poner todo protector y sexy como lo hiciste con Tyler —digo con un guiño y fingiendo un ceño fruncido.
Las orillas de su boca se alzan ligeramente.
—Creo que esa fue la primera vez que me enfrenté con alguien. Fue… no sé. Sentía la necesidad de hacerle entender que no puede tocarte sin tu permiso.
Mis ojos se suavizan ante el toque de orgullo en su rostro. Eso fue algo muy importante para él, yo estaba tan concentrada en lo caliente que se veía todo enojado y esa mierda que ni siquiera me di cuenta de ello. No quiero sonar condescendiente, pero estoy tan malditamente orgullosa de él. Me llena el pecho y provoca que se me llenen los ojos de lágrimas.
—¿Estás bien? —pregunta alarmado cuando se da cuenta de que las lágrimas caen por mis mejillas.
Empujando mi silla hacia atrás, le doy la vuelta a la mesa y lanzo mis brazos alrededor de sus hombros, apretándolo y sollozando.
—Te amo.
Las manos de Edward se envuelven en mis antebrazos que cruzan su pecho.
—También te amo, Bella.
Emmett no se presenta a ayudar; cabrón, pero lo terminamos todo luego de comer los omelettes jodidamente deliciosos de Edward.
De camino hacia afuera con nuestras maletas, Edward se detiene y se da la vuelta.
—Espero que podamos pasar más tiempo aquí juntos. Fue lindo.
Acercándome, logro que se agache y me bese al tirar del frente de su suéter.
—Sí que lo fue. Creo que, ya que todo está tal y como lo encontramos, mis padres estarán felices. Estoy segura de que puedo convencerlos de que nos dejen venir pronto. ¿Quizá en un par de semanas?
Planta sus labios en los míos de nuevo y me abraza con fuerza.
—Sí.
¡Gracias por sus comentarios!
Nos leemos el lunes con la siguiente actualización :)
