Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es GeekChic12, yo sólo traduzco.

Gracias a mi maravillosa Isa por la corrección del capítulo.


Capítulo 18: Listo

Nuestra siguiente semana de escuela es más que rara. Los rumores vuelan a pesar de que muchos de los estudiantes en realidad estuvieron en la fiesta. Obviamente no todos vieron todo, pero aún así.

Al parecer, le di una cachetada a Jessica y le jalé el cabello. Pateé a Tyler en las bolas sólo porque me habló.

¿Quién diría que yo era tan violenta?

Algunos dicen que Brady y yo nos reconciliamos luego de que le grité, y que he dejado a Edward para volver con él. Rodé los ojos al escuchar eso.

Es como si fuera el enorme y ridículo juego del jodido teléfono. Todo lo que puedo hacer es decir la verdad si alguien me pregunta directamente, lo cual no muchos hacen. Es obvio que Edward y yo seguimos juntos, así que esperamos que la gente se dé cuenta de que lo demás no es verdad tampoco.

Me da igual.

Sólo estoy feliz de que Edward y yo tuviéramos tiempo a solas, y no arrestaron a nadie ni nada más. Em dijo que terminó en casa de Rose y estaba durmiendo cuando le mandé el mensaje la mañana siguiente.

Durmiendo… claro.

Mamá y papá no estuvieron felices al enterarse de que Brady apareció. No les di todos los gloriosos detalles, pero saben que me enfrenté a él y están orgullosos de mí por ello. El día siguiente, una lata de gas pimienta apareció en mi escritorio junto a mi bolso.

La siguiente semana Edward finalmente me hace intentar con World of Warcraft y… apesto.

Me pone en su computadora para que lo intente, pero él está sobre mí y se impacienta cuando hago algo mal. O cuando mi personaje sólo se queda de pie porque no sé qué demonios estoy haciendo. Cuando ya es la décima vez que se inclina sobre mí para tomar el control del teclado y el ratón, mi frustración me gana y le digo que lo mejor es que me vaya a casa y lo intente de nuevo después.

Edward está visiblemente decepcionado, pero me aseguro de que sepa que no estoy enojada con él y le doy un beso de despedida. Quizá si juego en línea con él desde casa será más fácil. quiero intentar de nuevo porque la forma en que su rostro se iluminó cuando le dije que jugaría no tuvo precio. Puede que sea lo más emocionado que lo he visto desde la primera vez que me quité mi sostén. Y un Edward emocionado hace una Bella feliz.


Sorprendentemente, no me cuesta mucho convencer a mis padres para que me den las llaves de la casa del lago de nuevo. Papá refunfuña un poco, lo cual es algo que ya esperaba, pero mamá me da las llaves y me dice que me divierta. Edward ha pasado bastante tiempo en nuestra casa y mis padres siguen adorándolo. Y sé que confían en mí. Se siente bien.

Edward y yo nos emocionamos al comprar la despensa para el fin de semana y al llenar el refrigerador.

Me río cuando Edward desempaca otras tres tiras de condones de su malta. También hay otra nota de su papá.

Lo recogí en su casa temprano, y su mamá se veía como si estuviera a punto de devorarse las uñas.

—Están tomando precauciones, ¿verdad? —me susurra mientras Edward iba por su maleta.

Mi relación con Esme es buena. Somos bastante abiertas entre nosotras. Intenta con todas sus fuerzas no tratarlo como bebé, pero sé que es difícil para ella. No es anormal que nosotras hablemos sobre cómo le va en la escuela y cosas por el estilo. Después de todo, él ha pasado por mucho.

—Nosotros no… um… —A pesar de todo, sigo sintiéndome incómoda al hablar de sexo con ella. Quiero decir, es sexo. Con su hijo.

—¿No están tomando precauciones? Oh, Dios. —Se aferra a su corazón.

—Mierda, Esme. No. Lo siento. —Mis manos se estiran hacia ella, para hacer qué, no tengo ni idea—. Quiero decir, no hemos hecho… eso… todavía.

Inspecciona mi rostro.

—Oh. B-bien. Pero se protegerán cuando llegue el momento, ¿verdad?

—Por supuesto que sí. Por favor no te preocupes. Ambos somos inteligentes. Y no es como si Carlisle fuera exactamente tacaño con los condones —intento bromear. Abre los ojos como platos—. ¿Demasiado?

—Un poco.

Ambas nos reímos justo cuando Edward sale del pasillo.

—¿Listo?

—Sí.


Es maravilloso estar de nuevo en la casa del lago, sólo nosotros dos. Nos hace sentir más como si fuéramos una pareja real o algo así.

Como adultos.

Esa noche, luego de que Edward prepara espagueti y champiñones, los cuales devoré con felicidad, y luego de haber visto la nueva película de Superman, nos dirigimos a la habitación.

Estoy sentada en la cama poniéndome loción en las piernas cuando noto que Edward se queda quieto frente a mí. Sólo está de pie ahí, mirándome.

—¿Estás bien?

Sus ojos, que determiné estaban en mi entrepierna, se mueven a los míos y se lame los labios.

—Sí.

—Ven aquí. —Palmeo el espacio junto a mí en la cama. Se ve nervioso y no entiendo por qué. No es como si no hubiéramos encontrado tiempo para hacer más cosas durante las últimas semanas. Le he dado unas cuantas mamadas más y seguimos enrollándonos cada vez que podemos.

Edward me aparta el cabello y besa mi hombro, justo donde está la orilla del tirante de mi blusa. Tiemblo.

—¿Tienes frío?

—No.

—Bien. —Se aclara la garganta—. ¿Podrías, um…? —Sus ojos se mueven a los míos—. ¿Te molestaría quitarte la ropa?

Exhalo una temblorosa respiración.

—O sea… ¿todo?

—Sí.

—¿Qué… uh… tú también te quitarás toda tu ropa? —Sí, eso fue un gritito al final de la oración.

—No.

—Oh. —Mis hombros decaen un poco—. Pues, ¿qué tienes en mente?

—Quiero tocarte. —Sus ojos están en los míos al decir esto, y baja un dedo por mi brazo. Mi cuerpo se estremece, y siento que me mojo sólo por el sonido de su voz y ese simple toque.

—Bien —exhalo.

Luego de quitarme el top y los shorts de mi pijama, me acuesto desnuda ante él. Edward estudia mi cuerpo como si se tratara de un libro de texto, me mira y me hace arder con esos elusivos ojos. Ladea la cabeza cuando su mirada cae entre mis piernas, y tengo la fuerte urgencia de cubrirme. Pero no me da tiempo. Edward se inclina hacia adelante y envuelve sus cálidas manos alrededor de mis muslos, jalándome hacia abajo en la cama para que mis piernas cuelguen de la orilla. Se pone de rodillas, y oh, Dios, ¿va a hacer lo que pienso que hará?

—Edward, no tienes…

—He estado investigando en línea. Quiero hacerte sentir bien, Bella.

—¿De verdad?

Asiente, sigue viendo mi… coño, si soy honesta.

—Sí.

Me levanto apoyándome en los codos.

—Sólo quiero asegurarme de que estés cómodo.

Una sonrisa tímida aparece en su rostro.

—Lo estoy. ¿Tú estás cómoda?

—Sí. Estoy bien.

—Bien. —Edward se lame la yema del pulgar y, lo juro, casi me corro ahí mismo—. Este es tu clítoris, ¿verdad? —Va directo al grano, su pulgar lo presiona y mi espalda se levanta de la cama arqueándose, un grito de sorpresa sale de mi garganta. La presión se va casi al instante—. ¿Te dolió?

Me río y froto mis muslos juntos, extrañando la fricción.

—No. En absoluto. Puedes, uh… seguir tocándome ahí si quieres.

—Bien.

Abro las piernas y lo veo lamerse de nuevo el pulgar porque, ¿cómo podría no verlo? Vuelve a acercarse a mí y frota con decisión ahora, arriba, abajo, en círculos y repite.

Soy un desastre de gemidos, jadeos y sábanas hechas puños. Mis ojos se cierran con fuerza ante el violento ataque de placer que este hermoso chico me está dando, y sin permiso de mi cerebro, levanto las piernas y pongo los pies en la orilla de la cama, dándole más que un vistazo.

—Estás mojada —susurra.

—Mmhmm —gimo.

—Eso significa que lo estoy haciendo correctamente.

Una risa de delirio se me escapa y asiento.

—Sí, Edward. Sí, sí, sí, jodidamente bien.

Un dedo explora mi entrada mientras su pulgar sigue moviéndose contra mí. Abro los ojos, veo a Edward apartar su mano libre y levantarla hasta su rostro. Observa el líquido brillante en su dedo por un momento antes de sacar la lengua para probarlo. Luego de esa pequeña probada, se mete el dedo a la boca y todo mi cuerpo se tensa al sentir el orgasmo chocar contra mí, mis manos aprietan mis pechos mientras me sacudo con su intensidad.

Dios, eso fue caliente. ¿Mirarlo chuparse el dedo cubierto con mi humedad en esa deliciosas boca suya? Sí. Y por favor.

Tengo que apartar su mano porque sigue presionando y moviéndose en círculos, y justo ahora estoy dolorosamente sensible.

—Quiero ver eso de nuevo —murmura.

—¿Qué? —pregunto, levantándome de nuevo sobre mis codos.

—Todo. Tú agarrándote tus pechos y tu cuerpo tensándose y tu rostro contorsionándose de esa manera.

Inconscientemente me toco la cara con una mano.

—Uh… ¿esas son cosas buenas?

—Sí.

Sonrío.

—Bien.

Dirige esos ojos verdes hacia mí y me contraigo.

—Quiero ponerte húmeda de nuevo. —Más contracciones.

—Oh, sigo mojada, amante. Pero puedes ponerme así cuando quieras. De hecho, me haces mojarme a veces sin intentarlo.

Edward ladea un poco la cabeza.

—¿Cómo?

—A veces sólo por estar cerca de mí.

—Oh. —Se sonroja y agacha la cabeza—. A veces me pones duro sólo al estar cerca de mí.

Eso no es algo nuevo para mí, pero no lo digo.

—Mmmm. ¿Estás duro ahora?

—Sí.

Estiro la mano y él entiende la indirecta, se sube a la cama conmigo. Quedamos de frente y sus ojos están pegados a mis tetas desnudas. No me sorprende.

Pasando un brazo por su cuello, me acerco más.

—Gracias Edward. Eso fue increíble.

Me mira.

—¿En serio?

—Sí.

—Qué bien. —Sus ojos regresan a mis pechos y su mano sube para jugar con uno. Ahora ya es un experto y gimo mientras él pellizca mi pezón y luego lo palmea—. Cuando estés lista… —me mira—. Estoy listo para tener sexo contigo, Bella.

No era eso lo que esperaba que dijera, inhalo de manera brusca. Se me va la saliva a la tráquea, ahogándome y haciendo que mis ojos lloren como locos. Tosiendo y escupiendo, alzo mi dedo índice mientras Edward me palmea torpemente la espalda. Luego de calmarle, le pregunto si está seguro. Cien por ciento seguro porque no hay manera de deshacerlo.

Esos ardientes ojos verdes queman dentro de los míos mientras su gran mano traza la curva de mi cintura, y él asiente.

—Sí.


Nos acercamos a la recta final de esta historia, ya sólo quedan 3 capítulos.

¡Gracias por sus comentarios!