Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es GeekChic12, yo sólo traduzco.
Gracias a mi maravillosa Isa por la corrección del capítulo.
Capítulo 19: Ahorro del agua
Promesas de tranquilidad susurradas abandonan mi boca cuando Edward está acostado sobre mí, seis pies y dos pulgadas de un hermoso chico tocándome, respirando contra mí. Una disculpa apresurada sale de su boca luego de que le digo que me está tirando del cabello, yo lo agarro y lo aparto rápidamente.
—No pasa nada.
Estar piel contra piel con Edward, por completo, me hace sentir cosas que ni siquiera puedo expresar con palabras. La intimidad de eso me hace arder y me quita el aliento.
Su rostro está enterrado en mi cuello y susurra "carajo" contra mi piel cuando se hunde en mí por primera vez. Gimo contra la orilla de su mandíbula cuando me llena, mis brazos y piernas se aprietan a su alrededor, ansiando más de su peso en mí, necesitando sentir cada contorno de su cuerpo.
Estar tan conectada con él me hace sentir que nuestro amor puede durar para siempre.
Nuestra primera vez es torpe, dulce y llena de placer. Pero también está llena de preguntas de él e instrucciones de mi parte porque Edward está determinado en llegar a mi punto G.
De-ter-mi-na-do.
No lo logra antes de correrse. Es su primera vez, después de todo. Se siente decepcionado, y no puedo soportarlo, así que le acaricio la mejilla y le digo lo maravilloso que se siente encima y dentro de mí.
La sonrisa que me dedica aleja mi ansiedad.
—¿Quieres intentarlo de nuevo?
—Sí.
En nuestra segunda vez, ladea las caderas sólo unas cuantas veces, y me mira a los ojos cuando grito ante la sensación.
—¿Justo ahí?
—Sí —gimo cuando me golpea ahí de nuevo.
Aunque mis contracciones a su alrededor no nos ayudan, porque se corre con un gruñido y un estremecimiento. Y casi al instante, esa mirada de decepción vuelve a ocupar su rostro.
—Oye —susurro, jugando con el cabello sudado de su nuca—. Por favor, no te sientas decepcionado. Yo no estoy decepcionada en absoluto. Te sientes muy, muy bien.
Me mira a los ojos.
—Tú también te sientes bien. Real, realmente bien —dice con una risa temblorosa.
Mi risa se convierte en gemido cuando lo siento endurecerse de nuevo dentro de mí.
—Tengo una idea. —Empujando sus hombros, me salgo de debajo de él, le quito el condón y agarro uno nuevo. Edward me mira atentamente cuando me siento a horcajadas sobre él y rueda los ojos cuando acaricio su erección para ponerle el condón.
Me mira posicionarme para hundirme en él y frunce el ceño.
—Entonces, ¿en realidad no se sentía bien de la otra forma?
—No, por supuesto que sí —me apresuro en asegurarle, recargándome en sus muslos—. Es que posiciones diferentes hacen que te sientas ligeramente diferente, al menos para mí. —Mis manos encuentran las suyas y nuestros dedos se entrelazan fácilmente—. Si estoy arriba, puedo controlar el ángulo y esas cosas. Además es más fácil para ti jugar con mis pechos —digo, llevando sus manos a ellas para cubrirlas y guiñándole un ojo cuando las aprieta.
Su sonrisa es casi presumida al hacerme gemir cuando tira de ambos pezones al mismo tiempo.
—Bien.
Regresando a mi posición, guío su mano para que agarre su miembro mientras lo vuelvo a meter en mí, apoyando mis manos en su pecho. Mi sonrisa es definitivamente presumida al verlo soltar un profundo gemido cuando estoy completamente sentada en él y meneo mis caderas una vez.
—¿Se siente bien?
—Sí.
Muevo mis caderas y lo dejo entrar y salir, subo y bajo mis manos por sus tonificados brazos mientras él sigue apretando mis pechos y pellizcando mis pezones. Creo que nunca antes he experimentado tanto… calor. Presiona con fuerza su cabeza en la almohada que tiene debajo y la mía se echa hacia atrás, mis ojos se cierran y se me abre la boca.
Esta vez sé que voy a correrme siempre y cuando él pueda aguantar lo suficiente.
Mis manos caen a cada lado de su cabeza mientras sigo meciendo mis caderas, frotando mi clítoris contra su hueso púbico. Las gruesas cejas de Edward se juntan y su boca suelta calientes bocanadas de aire en el espacio entre nosotros, sus grandes manos bajan por mis costados para ponerse alrededor de mis caderas, fundiéndome con él. Ojos verdes alternan entre mis pechos saltarines y mis labios abiertos. Agachándome para besarlo, jadeo cuando empuja con fuerza hacia arriba mientras me jala a mí hacia abajo, y Edward finalmente obtiene su deseo de ver mi rostro contorsionándose mientras mi orgasmo se sacude a través de mí. Tiemblo y me estremezco y lo aprieto, y eso es todo lo que le toma a él para encontrar su liberación segundos después.
—Vaya —dice sin aliento luego de que me dejo caer sobre su pecho.
—Sí —jadeo.
Sus dedos suben y bajan por mi espalda mientras intentamos recuperar la respiración, y dejo suaves besos en su hombro.
Amo, amo, amo a este chico.
Edward y yo colapsamos luego de nuestra cuarta vez, cubiertos de sudor. Me dijo que había visto una posición en internet que quería probar, pero no creyó que yo quisiera. Estaba bastante equivocado y muy feliz de haberse equivocado respecto a esto.
—Sonó como si hubiera golpeado tu punto G varias veces en esa posición.
—Oh, sí. —Definitivamente hubo gritos; primera vez para mí. Sigo intentando regular mi respiración.
—Debe ser el ángulo —dice luego de tirar el condón—. Se sintió extremadamente bien para mí también. Probablemente porque mi frenillo se frota contra tu hueso púbico en esa posición.
—Sí. —Sigo en las nubes, disfrutando de lo que queda, así que ni siquiera me importa—. Probablemente.
Edward se sienta junto a mí y me aparta el cabello que se me pega a la cara.
—Te amo, Bella.
Es tan claro en sus ojos. El amor. Brady solía decirme "te amo" todo el tiempo, y creí que significaba algo. Pero no. Esto. Esto es lo que significa algo. Le sonrío a Edward, agarro su mano y le beso los nudillos.
—También te amo.
Ser su primera significa todo para mí. No me lo tomo a la ligera. Y sé que él no me usará igual que Brady. No recibiré una nalgada y un "gracias nena" de él después. No seré una "buena follada" para Edward como lo era para Brady y sus idiotas amigos. Antes de que mis pensamientos puedan avanzar más por esa calle oscura, Edward aprieta mi mano.
—Creo que necesito una ducha —dice.
—Yo sé que la necesito. —Me ayuda a levantarme, entrelaza nuestros dedos cuando estoy de pie—. ¿Quieres ahorrar un poco de agua y bañarnos juntos?
Su sonrisa tímida me sorprende ya que básicamente acabamos de tener un maratón de sexo.
—Creo que eso sería algo inteligente. El ahorro del agua es muy importante.
Tener a este chico mojado frente a mí definitivamente me hace desearlo de nuevo, y él está más que listo para hacerlo. Otra vez. Pero cuatro veces en rápida sucesión ya me dejó con un dolor sordo entre las piernas, así que en lugar de eso, uso mi mano en él, ayudándolo junto con la resbaladiza espuma.
Edward me empuja contra el azulejo mientras lo acaricio, pone sus manos en la pared detrás de mí cabeza y mira mi mano subir y bajar por su erección. Sus gemidos hacen que el dolor de irritación que siento se convierta en un dolor de querer ser llenada por él de nuevo.
No me había sentido tan… insaciable antes. Brady se creía todo un semental, pero nunca se molestó en aprender diferentes maneras de complacerme. Tuve algunos orgasmos, claro, pero la mayoría con él fueron fingidos.
La manera en que Edward parece ansiar mi placer me hace querer hacer todo lo que pueda para complacerlo bien. Una y otra vez.
Tiro, retuerzo y acuno, y él maldice, derramándose sobre mi mano y colapsando contra mí, sus labios caen en los míos mientras su orgasmo termina. Tiene que estar exhausto.
—Déjame hacer que te corras de nuevo —dice sin aliento contra mi oído.
—No pasa nada, Edward. Estoy bien.
—Por favor. —Exhalo; su mano se mete entre nosotros.
—Ohh —gimo cuando dos de sus dedos entran en contacto con mi clítoris. Se deslizan hacia abajo y vacilan cerca de mi entrada. Subo mis manos para agarrar sus bíceps cuando los mete dentro de mí y mis ojos se cierran.
—¿Se siente bien? —Los mete y los saca mientras la palma de su mano frota mi clítoris. No sé si es a propósito, pero Dios. Es el paraíso.
—Sí.
—Qué es…
Abro los ojos con un jadeo y miro los suyos cuando curva sus largos dedos. Frunce el ceño y acaricia el lugar que encontró, mis ojos se cierran con fuerza y suelto un gemido bajo.
—La textura es diferente aquí —dice en voz baja—. No es tan suave.
No puedo hablar. Mis dedos se aprietan alrededor de sus brazos mientras mi cabeza se empuja contra el azulejo. Soltando entrecortadas respiraciones, mezo mis caderas hacia él, rogándole silenciosamente que no deje de hacer lo que está haciendo.
—¿Es… es éste? ¿Bella? ¿Es tu punto G?
Asiento lo mejor que puedo, pero no tengo idea de si mi espasmódico movimiento de cabeza puede ser interpretado de esa manera.
Al parecer sí puede, porque él presiona con más fuerza, masajea más rápido, todo mientras sigue acariciando mi clítoris y empujando su delgado cuerpo contra el mío.
La tensión se construye, rápida y estable, cayendo sobre mí. Sólo. Un poco. Más.
—Por favor, córrete —murmura Edward en mi oído.
—Mierda, carajo. —Lo último que sale volando de mi boca es incomprensible, y mi cabeza se separa del azulejo sólo para volver a golpearse contra él. Afortunadamente Edward pone rápidamente su mano para amortiguar el golpe mientras mi cuerpo se convulsiona contra él.
Ahora ya sabe lo sensible que estoy luego de correrme, así que hace más lentos sus movimientos y finalmente quita por completo su mano, recargándola ligeramente en mi cadera.
Mis ojos permanecen cerrados y trago con aspereza, exhalando por mis labios secos. Los lamo lentamente y dejo que mi cuerpo caiga inerte contra la pared.
—¿Estás bien? —pregunta Edward.
Abriendo los ojos, asiento de manera floja y le sonrío de manera aún más floja mientras mis párpados se cierran de nuevo. Subo las manos por sus brazos y entrelazo mis dedos en su cabello, llevando sus labios a los míos.
—Gracias. —Meto mis labios entre los suyos y me aparto—. Gracias —repito. Chupo su labio inferior con mi boca y paso mi lengua sobre él, sacándole un suave gemido—. Gracias.
Suaves toques y besos me despiertan en la mañana. Murmuro y me estiro.
—Cualquier chica podría acostumbrarse a esto.
—¿Tú no?
—No. Definitivamente yo sí. Me estás mimando.
Edward acaricia mi frente con sus labios.
—¿Ya se te quitó el dolor de cabeza?
—¿Dolor de cabeza?
—Vi que tomaste medicina anoche. Creo que Advil.
—Oh. —El calor de la vergüenza sube a mi cuello por alguna razón—. Fue para mis, um… ¿partes femeninas?
¿Por qué eso salió como una pregunta?
¿Y por qué estaba tan malditamente avergonzada?
Los brazos de Edward se aprietan a mi alrededor.
—¿Estás herida? —Su respiración se acelera.
—No, no. Estoy bien. —Acaricio su nuca mientras él se aferra a mí—. Es que anoche me sentía adolorida, y esperaba que tomando algo, no estuviera totalmente fuera de combate hoy.
—Oh —exhala en mi cabello—. ¿Funcionó? —Su polla me golpea ligeramente la cadera, me río y asiento antes de quitarme rápidamente la ropa.
Edward y yo pasamos todo el día en cama, aprendiendo, riendo, explorando, disfrutando. Tomamos cortos descansos para comer y otras horribles necesidades, pero eso es todo.
El domingo es más de lo mismo.
Desearía que este fin de semana pudiera durar para siempre.
Le dijimos a nuestros padres que regresaríamos a casa el domingo, pero no especificamos la hora. Luego de ver que el sol se está metiendo, empacamos de mala gana el carro y manejamos de regreso.
La cálida mano de Edward reposa sobre mi muslo durante todo el camino, y compartimos sonrisas secretas entre nosotros mientras los vívidos recuerdos me hacen removerme y a él le hacen apretar mi pierna. Un cosquilleo asalta mi cuerpo cuando recuerdo la forma en que me probó esta mañana. Nunca antes nade había hecho eso por mí y se lo agradecí. Con mucho entusiasmo.
Estoy a punto de estacionarme en algún lugar y hacer lo que quiera con él cuando me doy cuenta de que ya estamos en su calle. Hago un puchero y noto un carro desconocido estacionado en su camino de entrada.
—¿Tu hermano, o alguien, está en casa?
—No. Ése no es suyo. Él maneja una camioneta.
—Hmm.
Estaciono junto a él para no bloquearle el paso a quien quiera que sea, y Edward agarra su maleta del asiento trasero. Camina hacia mi lado y no puedo evitar pararlo para jalarlo a un beso. Agachándose, mira sobre mi hombro y su cuerpo se pone rígido, abre los ojos con… ¿miedo?
¿Qué carajo?
Girándome, veo a una chica de pie en el porche de los Cullen. La luz sobre ella brilla en unos rizos pelirrojos, y puedo ver que se muerde nerviosamente la uña del pulgar.
—¿Edward? —pregunto, mi voz tiembla a causa del enojo—. ¿Es quien carajo pienso que es?
Traga con fuerza, su voz apenas es audible cuando responde.
—Chelsea.
Oh, oh… Bella no estará feliz.
¡Gracias por sus comentarios!
