Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es GeekChic12, yo sólo traduzco.
Gracias a mi maravillosa Isa por la corrección del capítulo.
Capítulo 20: Lógica
—Voy a tirarle los malditos dientes —gruño, girándome hacia la casa.
—Espera —dice Edward agarrando mi mano.
Miro nuestras manos y luego su cara, incrédula.
—¿Qué?
—No sabemos por qué está aquí, Bella. La violencia nunca es la respuesta.
—¿Estás bromeando? Esa perra… ella… —La ira que siento en nombre de él apenas puede ser contenida. Mis pulmones se sienten listos para explotar.
—No. No estoy jugando —dice suavemente, pasando su pulgar por mis nudillos.
—¿Por qué no estás furioso justo ahora? Ella está aquí. —Lanzo un brazo hacia atrás en su dirección—. En tu jodida casa.
—Estoy… —Mira de mí al frente de su casa—. No estoy feliz. Pero no quiero que te metas en problemas por agredirla. Ahora eres una adulta y puede presentar cargos en tu contra. No sé por qué está aquí, pero la lógica me dice que no vendría sólo para lastimarme de nuevo.
Bufo.
—Lógica. Pfft. —Cruzo los brazos, me muerdo el interior de la mejilla, las aletas de mi nariz se agitan y una de mis piernas se mueve, haciendo que mi talón choque contra el cemento. Soy un animal enjaulado, estoy cautiva por la chingada lógica—. La lógica me dice a mí que le arranque cada maldito cabello de su estúpida cabeza.
Edward me sonríe, con el hoyuelo mostrándose y todo.
—Te amo.
Abrazándolo por la cintura, presiono mi mejilla contra su pecho.
—Te amo más. Y no deberías tener que lidiar con esto. Sea cual sea el chingado motivo por el que vino, no debería imponerse en ti de esta manera.
—Tienes razón. Pero estaré bien. Soy una persona muy diferente a la que era en aquel entonces. Ella me quitó lo poco que me quedaba de autoestima, pero la terapia y… tú… me han ayudado a recuperarlo y un poco más. Es una sorpresa verla, pero si está buscando humillarme igual que antes, no puedo imaginar que hubiera venido a mi casa para hacerlo. —Se encoge de hombros y lo abrazo con más fuerza.
—Eres maravilloso. Creo que yo estaría meciéndome en una esquina justo ahora.
—Es difícil verla porque me trae de regreso recuerdos desagradables, recuerdos en los que rara vez pienso ahora. Pero sé que no merezco lo que hizo. Sé que ella es la mala persona. No yo. Eso no era aparente para mí en aquel tiempo, pero ahora lo sé.
Apretándolo de nuevo, le digo que tiene razón. Nadie se merece eso.
—¿Qué quieres hacer? Sólo di la palabra y podemos subirnos al carro e irnos. No tienes que hablar con ella si no quieres.
Me acaricia el cabello con una mano.
—No. Escuchemos lo que tiene que decir. Creo.
Asiento contra él antes de agarrar con fuerza su mano y enfrentar la casa.
Mientras caminamos hacia ella, Chelsea se remueve y no mantiene contacto visual con ninguno de nosotros. Estoy segura de que todavía tengo aspecto asesino porque así es exactamente como me siento. Puede que Edward esté tranquilo y comprensible, pero eso no significa que yo tenga que estarlo.
Las palabras salen volando de mi boca hacia ella antes de poder detenerme.
—¿Qué chingados estás haciendo aquí, tú pedazo de mierda que no vale nada? —Mi cuerpo se adelanta un poco, pero Edward envuelve su brazo en mi cintura, manteniéndome efectivamente en mi lugar.
Abre los ojos como platos al verme.
—Um… —Se pasa el nudo de la garganta y mira a Edward.
—No lo veas. No tienes el jodido derecho de hacerlo. Ni siquiera deberías estar respirando el mismo aire que él.
Edward me da un apretón, pero se mantiene en silencio. Interpreto eso como que puedo seguir con mi interrogatorio. No puedo imaginar tener que intentar hablar con ella si estuviera en el lugar de él.
—Yo… uh… lo siento —tartamudea.
—Chingado, deberías sentirlo.
—Lo sé. —Se queda callada y mira sus pies.
—Escucha, la única razón por la que no estás tirada sobre tu espalda con una novia extremadamente encabronada sobre ti es porque Edward no quiere que me meta en problemas. Y porque él es lo suficientemente generoso para pensar que no estás aquí para herirlo de nuevo. Pero si no empiezas a explicar por qué estás de pie aquí en su porche en los siguientes cinco segundos, asumiré lo peor de ti, porque hay que enfrentarlo. Ya has demostrado que eres una escoria de la chingada tierra. Y felizmente aceptaré cualquier castigo que me impongan sólo por ser capaz de lastimarte aunque sea una fracción de lo mucho que lo lastimaste a él.
Chelsea esconde la cara entre las manos cuando comienza a sollozar. Sus hombros se sacuden y miro a Edward; los ojos de él se mueven hacia mí. Afortunadamente no parece estar enojado conmigo.
Ni yo estoy jodidamente arrepentida. A la chingada.
La puerta se abre en ese momento.
—¿Qué está pasando…? —Esme abre los ojos como platos al ver la situación en su porche—. ¿Chelsea? —pausa y luego entrecierra los ojos con crueldad—. ¿Qué carajos estás haciendo aquí?
—¡Gracias! —Ésa fui yo.
Edward sólo mira un punto en el suelo frente a él. No puedo ni imaginar lo incómodo que debe sentirse ahora.
Lo siguiente que escuchamos de Chelsea son murmullos incoherentes mezclados con sus sollozos, y está comenzando a terminar con la poca tranquilidad que me queda.
Aunque estoy en un conflicto, porque justo ahora se ve absolutamente patética. Parece ser un completo desastre.
Aún así le sacaría los ojos.
—… y sabiduría para conocer la diferencia. Hay que compensar, compensar, compensar —dice Chelsea en voz baja.
—Hace frío —dice Esme—. Entremos.
Chelsea se sienta con la espalda recta en su silla frente a mí con la mesita de café en medio. Me pregunto si me imagina aventando la mesa a un lado y arremetiendo contra ella como yo imaginé a Esme haciéndomelo a mí, y sonrío. Definitivamente quiero que así sea.
Pero dijo que está aquí para compensar, así que me siento junto a Edward con nuestras manos todavía fuertemente unidas, y espero a que empiece a hablar. Carlisle se sienta con Esme, sus fríos ojos azules están pegados a la chica pelirroja. Ninguno estamos interesados en facilitarle las cosas al comenzar la conversación.
—Estoy aquí para compensar —dice en voz baja.
—Sí, ya lo dijiste —responde Carlisle—. Así que, te escuchamos.
—Bien —asiente y exhala profundamente—. Estoy en un programa. Rehabilitación. Y uno de los pasos es compensar. Y quiero hacerlo —se apura en agregar—. Sé que le causé mucho dolor a esta familia, y no puedo comenzar a decir lo mucho que lo lamento. —Se retuerce las manos durante todo el tiempo que habla, mantiene los ojos en su regazo, pero en ocasiones los alza para vernos aquí y allá.
Junto a mí, alguien se aclara suavemente la garganta.
—¿Por qué lo hiciste? —pregunta Edward tranquilamente.
Chelsea respira temblorosamente y lo mira.
—Estaba en un mal lugar en ese entonces. Yo… —Mira de nuevo sus manos—. Era adicta a los analgésicos, y Eric era el que me los suplía, supongo que podrías decir que también era adicta a él. Hacía todo lo que me decía. Era patético. Y no es excusa —dice, mirando de nuevo a Edward—, pero por eso lo hice. Eric me dijo que lo hiciera, así que lo hice. No estaba pensando en las consecuencias. No me importaba nada más que él y las pastillas. —Nadie dice nada, así que ella continúa—. Luego de lo que hice realmente me pegó… realmente lo comprendí, y al fin encontré la fuerza para separarme de él y pedir ayuda.
—Eso es bueno —dice Edward—. Es extremadamente difícil superar una adicción. Es algo bueno que consiguieras ayuda.
Chelsea asiente, dándole una sonrisa tentativa que me hace querer quitársela de una cachetada. Me importa una mierda si es irracional o no.
—¿Cómo descubriste donde vivíamos? —pregunta Esme—. ¿Y por qué no llamaste?
—Um, tenía que hacerlo en persona. Es demasiado importante. Y creí que si llamaba, me dirían que no viniera.
—Malditamente cierto —murmura Carlisle por lo bajo, pero es fácil de escucharlo.
Chelsea se aclara la garganta.
—Estaba en la tienda y escuché que un cliente suyo seguía usando sus servicios porque no se habían mudado tan lejos. La persona con la que estaba preguntó que a dónde, y cuando me enteré, pude descubrir su dirección.
—Hmm —es la única respuesta que recibe de Esme.
—Como sea, yo sólo… Edward —dice mirándolo directamente a él—, lamento muchísimo lo que te hice. Estuvo completamente fuera de lugar y no lo merecías. —Él asiente y ella se relaja visiblemente, mirándonos al resto—. Les pido perdón por el dolor que les causé en su familia. No te conozco —dice, dirigiéndose a mí—, pero te pido perdón también a ti, por herir a alguien a quien amas. —Se aclara la garganta—. Lamento haber interrumpido su tarde. Pero me alegra que Edward y su novia llegaran aquí cuando lo hicieron porque estaba dudando. No espero que me perdonen…
Qué bueno, quiero decir, pero estoy intentando frenar a mi perra interior.
—Te perdono —dice Edward, y mi cabeza se gira hacia él sorprendida.
Todos los ojos están en él.
—¿En serio?
—Sí.
—¿Por qué? —pregunto.
Unos amorosos ojos verdes miran los míos.
—Porque dijo que lo lamentaba. Y porque no quiero aferrarme al enojo. Pero, más que nada, porque si ella no hubiera hecho lo que hizo, no nos hubiéramos mudado, y la probabilidad de que tú y yo nos conociéramos hubiera reducido en gran medida.
Mi cuerpo se hunde de la manera que lo hace cuando alguien dice algo tan increíblemente perfecto, y siento que mi enojo se va. En este momento no hay espacio para él. Mi palma sube hacia un costado de la cara de Edward mientras sus ojos se conectan con los míos.
—Maravilloso —susurro.
Su sonrisa torcida me alivia más.
Por mucho que odié que él haya tenido que pasar por todo eso, también tengo que dejarlo ir. Ni siquiera quiero pensar en mi vida sin él.
Aprieta mi mano y besa mi sien, relajándose contra el sofá mientras Esme acompaña a Chelsea a la puerta.
Edward tenía razón.
Él está perfectamente bien.
Espero que les haya gustado este capítulo. El siguiente capítulo será el último y lo publicaré el domingo.
Gracias a todas las que me apoyaron con la historia, ya sea poniendo en alerta, favoritos, comentando o simplemente leyendo.
Mañana publicaré un adelanto exclusivo del último capítulo en el grupo de facebook (Traducciones: FungysCullen13) para que estén al pendiente, e igual pueden encontrar ahí noticias de mis otras traducciones.
Nos leemos el domingo con el final de esta hermosa historia.
Besos,
Fungys
