Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es GeekChic12, yo sólo traduzco.
Gracias a mi maravillosa Isa por la corrección del capítulo.
Este es el último capítulo, de momento no hay epílogo, si en algún momento la autora llegara a agregarle uno, lo traduciré también. Gracias a todas por apoyar esta linda historia :)
Capítulo 21: Promesa
—Voy a tirarle los malditos dientes —gruño, girándome hacia la casa.
—Eso parece ser una excelente idea —dice Edward, agarrando mi mano y dándole un rápido apretón antes de que yo avance.
Mis ojos se concentran en la chica mientras mis pies pisan el pavimento a ritmo del latido de mi corazón debajo de mis costillas. La ira que arde a través de mí hace que mi cuerpo tiemble, pero no vacilo.
Chelsea parece ser un venado atrapado ante las luces de un carro, como si hubiera un tren avanzando hacia ella y no tuviera donde esconderse.
Una sonrisa cruel se extiende en mi rostro al acercarme a ella.
Sus ojos miran hacia todos lados al retroceder hacia la esquina del porche.
—Espera… no…
Es todo lo que dice antes de que mi mano vuele y la golpee en la cara, le agarro el cabello que está en el tope de su cabeza antes de que pueda recuperarse. Su cuerpo se retuerce lejos de mí, lo cual sólo sirve para jalar con más fuerza su cabello porque no la suelto. Mi otra mano sigue golpeándola, haciendo que su mejilla se ponga de un fiero color rojo. Mi pie intenta pisar el suyo mientras ella lucha por alejarse de mí.
Vagamente noto la rareza de que ella no intente pelear o defenderse, pero el enojo cubre todo pensamiento racional en mi cabeza mientras la araño y la pateo.
Edward dice mi nombre, pero no puedo detenerme. Esto es por él. Quiero que ella sienta su dolor, incluso si es sólo físico. Necesito que lo sienta.
—Te mereces esto, perra. ¿Cómo pudiste hacerle eso? —Me doy cuenta de que estoy sollozando, la furia se desborda de mis ojos—. ¿Cómo pudiste ser tan cruel con alguien tan dulce y maravilloso?
Unos fuertes brazos se envuelven a mi alrededor, pero sigo pateándola, esperando verla sangrar.
—Shh, shh, shh. Bella.
Mis ojos se abren y me toma unos segundos darme cuenta de que estaba soñando. Estoy en la cama de Edward, su largo cuerpo está estirado detrás de mí. Me abraza con fuerza a él y susurra que todo está bien.
Limpio la humedad de mis mejillas, me giro en sus brazos y lo abrazo.
—Estoy bien. Gracias. —Me deja jalarlo para darle un beso antes de revisarme.
—¿Estás segura? Estabas llorando y pateando.
—Sí. Fue sólo un sueño. —Casi me avergüenza admitir lo que estaba haciendo en mi sueño, pero le digo de todas formas. He tenido esos sueños antes, pero nunca cuando él está cerca.
—Oh. Bueno, me alegra que eso no haya pasado en verdad.
—A mí también me alegra. —Me acurruco más cerca—. Un poco —murmuro en su pecho.
—¿Un poco?
—De verdad quería lastimarla, Edward. Ella te lastimó muchísimo, y me sigue emputando cada vez que me permito pensarlo.
—No creo que emputando sea una palabra.
Riéndome, presiono mi frente con la suya.
—Probablemente tienes razón. Como siempre.
Toca la punta de mi nariz con la suya.
—¿Te has dado cuenta de lo bien que encajan nuestras frentes?
Sigo sonriendo.
—Uh… no lo creo. No.
Edward se aparta y pasa un dedo desde la línea de mi cabello hasta mi ceño.
—La tuya es convexa. ¿Y ves la mía? —Se pone de lado—. Cóncava justo en medio. Encajan como piezas de rompecabezas.
Mi sonrisa se curva más y se hace imposiblemente grande.
—Te amo.
—También te amo. —Recarga su frente en la mía de nuevo y puedo sentir lo bien que encajamos juntos. De todas las maneras.
Nuestras bocas gravitan la una hacia la otra, y nos besamos lánguidamente. No importa cuántas veces lo haya besado. Siempre siento esas pequeñas explosiones entre nuestros labios.
—Lamento haberme dormido —le digo luego de liberarnos—. ¿Qué has hecho? ¿Sigues trabajando en esa casa que has estado dibujando?
Agacha un poco la cabeza y sus mejillas se ponen de un adorable tono rosa.
—Sí.
—¿Por qué estás avergonzado?
—Es que… bueno…
Siempre que acaricio su mejilla con mi mano me mira a los ojos, así que deslizo mi palma por su barba de un día. Traga, pero me mira.
—¿Qué?
Luego de tragar pesadamente de nuevo, me dice que es la casa que imagina para nosotros. Una casa de ensueño para construir algún día donde podamos vivir y criar a nuestros hijos.
—Si es eso lo que tú quieres… conmigo. —Cierra los ojos y de nuevo las lágrimas pican los míos.
—Dios —me ahogo—. Edward.
Muchas veces batalla con expresar lo que siente por mí, pero cosas como esta… estas cosas me dicen todo lo que necesito saber. Que él ve un futuro conmigo. Que él quiere un futuro conmigo tanto como yo quiero un futuro con él.
Mi mano se mete en su cabello y luego ruedo para ponerlo debajo de mí, besándolo con todas mis fuerzas.
—Sí —exhalo contra sus labios luego de soltarlo—. Eso es absolutamente algo que quiero contigo.
Todavía somos jóvenes, pero ya tenemos casi un año juntos.
Luego de que Chelsea se disculpara, Edward parece más ligero, como si le hubieran quitado un peso de encima. De verdad fue capaz de dejarlo ir. Yo no tanto. He intentado, pero es obvio que todavía tengo algo de enojo hacia ella. Hago mi mejor intento para no dejar que me afecte, y los sueños no suceden tan seguido como antes. Pero siempre he sentido que se liberó con demasiada facilidad. El hecho de que Edward pueda olvidarlo todo, incluso esa sospecha de que lo drogó, me asombra. Su fuerza y bondad siguen maravillándome cada día.
Ha pasado mucho durante los últimos meses. Conocí a Jasper cuando vino a casa por Acción de Gracias. Es un chico bastante genial, algo callado y tranquilo. Durante la cena habló mucho sobre su nueva novia, Alice, e incluso se atrevió a decir que creía que era la elegida.
Edward estaba confundido sobre a qué se refería con eso.
—¿La elegida para qué? —preguntó.
Jasper se aclaró la garganta.
—La elegida con la que quiero estar, con la que quiero casarme. Ya sabes. Esas cosas. —Bajó la vista a su plato—. Ella es todo para mí —terminó con un encogimiento de hombros antes de meterse otra cucharada de puré de patatas a la boca.
Esme le sonrió con lágrimas en los ojos mientras Edward me miraba. Le regresé la mirada, saboreando la sensación de ese intenso contacto visual que me estaba dando. Dejé mi tenedor en el plato hasta que sus ojos me liberaron. Luego miró a Jasper.
—Bella es mi elegida.
Todos los ojos se enfocaron en nosotros mientras que él siguió comiendo como si no hubiera acabado de decir algo tan jodidamente… monumental.
Una sonrisa tan enorme que pensé rompería mi rostro se extendió en mis labios y seguí su ejemplo regresando a mi comida, pero al mismo tiempo poniendo mi mano en su muslo bajo la mesa y dándole un apretón.
Su sonrisa era igual a la mía.
En Navidad, le di un lindo conjunto de teclado y ratón para juegos, y él me tacleó ahí justo frente al árbol de Navidad en casa de sus padres.
—Hijo —dijo Carlisle con una carcajada—. ¿Por qué no le das sus regalos a Bella?
—Oh. —Edward se sonrojó al soltarme, y me reí de él cuando gateó hasta el árbol y agarró dos paquetes envueltos. Me dio primero el más grande, luego se sentó sobre sus talones con aspecto de júbilo.
Intenté con todas mis fuerzas emocionarme por los auriculares que me dio. Sé lo mucho que quería que me enganchara con WoW, y esto haría que fuera más fácil comunicarnos cuando estuviera en mi casa jugando con él en línea. Sin embargo, su siguiente regalo me puso a llorar. Admitió que recibió ayuda de su madre mientras explicaba qué significaba cada dije que colgaba de la pulsera de plata. Un pequeño patín; no necesitaba explicación. Una cuchara que representaba nuestra primera semi-cita, cuando compartimos un helado. Una casa del árbol que probablemente era la cosa más linda que había visto jamás. Una "B" y una "E" con un corazón rojo en medio. Y una margarita africana color rosa, mi flor favorita.
Fue perfecto.
Me lancé a él y sus padres tuvieron que separarnos de nuevo, aunque estaban muy divertidos.
El siguiente día, en el cumpleaños de Edward, él me volvió a atacar cuando le di su regalo; un set de lego que, una vez construido, sería una réplica de uno de los diseños de casas más famoso de Frank Lloyd Wright.
Afortunadamente en esa ocasión estábamos en su habitación, y sus padres habían ido a recoger su pastel y comprar algo de despensa.
Le dimos un excelente uso a nuestro tiempo a solas, nos revestimos y estábamos presentables para cuando Carlisle y Esme regresaron.
Edward estaba muy sonriente por haber recibido sexo de cumpleaños y tuve que rodar los ojos, gruñendo sobre lo injusto que era eso.
—El siguiente año —me prometió susurrándomelo al oído mientras ayudábamos a sus padres a guardar la despensa. Temblé y casi tiro las dos latas de tomates que estaba sosteniendo.
Brady fue a verme en otra ocasión. Apareció en mi casa, pero me negué a dejarlo entrar. Llevaba un ojo negro, y tuve la sospecha de que mi hermano finalmente había entregado la paliza que había prometido. No me sorprendería que se hubieran encontrado y Brady hubiera metido la pata.
Para mi completa sorpresa, Brady se disculpó por aparecer en nuestra fiesta de cumpleaños y por ser un cabrón. Creo que nunca antes lo había escuchado disculparse.
Dijo que quería tiempo para platicar porque quería decirme que finalmente entendió cómo me sentí. Él sintió algo real por la chica que estaba cargando al que creía era su bebé y descubrir que no era así lo devastó. De verdad se había acostumbrado a toda la cosa de ser papá y estaba emocionado por eso.
Se disculpó por engañarme y le dije que lo hecho, hecho estaba. Soy feliz con Edward, así que fue lo mejor que Brady y yo termináramos cuando lo hicimos. Acepté su disculpa y le di un breve abrazo antes de verlo alejarse.
Desde entonces lo he visto un par de ocasiones en la ciudad, escuché que está trabajando en el aserradero y tomando algunas clases. Le deseo lo mejor, pero él ya no es parte de mi vida. Y no quiero que lo sea.
El resto de nuestro último año pasa en un borrón de estudios, fajes, llenar aplicaciones para universidades y generalmente ignorar los estudiantes de mente cerrada que hay en la escuela.
Tyler no me volvió a hablar después de lo que pasó en la fiesta, y por mí estaba bien. Tiene suerte de que nunca le conté a Em lo que hizo o estaría lidiando con algo peor que bolas adoloridas.
Mike y Jessica terminaron y volvieron tantas veces que perdí la cuenta. Noticia de última hora: siguen siendo unos imbéciles.
Edward y yo estábamos perfectamente contentos de apegarnos mayoritariamente a salir con Angela y Ben. Todavía me llevo bien casi todos los de nuestra clase, pero la mayoría del tiempo solemos estar en nuestra propia burbuja.
Salimos en unas cuantas citas dobles con Lauren y Chris y nos divertimos mucho. Aunque ella se burló mucho de nosotros por estar nominados al rey y la reina de graduación. Lauren nunca ha estado en la política de preparatoria, y después del año anterior, yo tampoco lo estaba ya. Pero no era como si Edward y yo hubiéramos pedido ser nominados.
Al final no importó porque no ganamos. La pareja dorada de Mt. Vernon High, Royce y Tanya, terminaron ganando.
De hecho Edward se sintió culpable, como si él nos hubiera hecho perder.
—Es ridículo —le dije—. Además, de todas formas me llevé el mejor premio. —Pase mis brazos por su cuello en la pista de baile.
Alzó las cejas.
—¿En serio? ¿Qué?
—Tú.
Cursi, pero cierto. Y juzgando por la sonrisa y el beso con que me respondió, él se sentía exactamente igual.
Estamos a principio de agosto, ambos hemos estado trabajando durante el verano para ahorrar para la universidad.
Nos iremos a La Universidad de Washington en unas semanas.
Edward quería quedarse cerca de sus padres y poder ver más seguido a su hermano, sin mencionar que la UDub tiene un excelente programa de arquitectura. Y ya que yo sigo indecisa sobre una especialidad, no tenía puesta mi vista en una escuela en particular. Era obvio para mí que iría a la misma escuela que Edward, y quedarme relativamente cerca de mi familia también es un buen extra.
Emmett se quedará en Mt. Vernon y tomará algunos cursos en el colegio comunitario. Para sorpresa de la mayoría, él y Rose siguen teniendo algo fuerte, así que es comprensible que no quisiera irse lejos. De todas formas, es probable que algún día él herede la tienda de botes y no necesita un título para eso.
Hoy vamos a salir con mi papá y Emmett a entregar un bote a las islas de San Juan. Mirar la puesta de sol desde el océano es una de mis cosas favoritas. El cielo se pone de las tonalidades más increíbles de anaranjado y rosa, y las ballenas nadan cerca, agitando sus colas hacia nosotros.
Mientras papá maneja el bote que será entregado, Edward y yo nos sentamos en la parte de atrás del bote de la tienda mientras Emmett maneja. Mi espalda está recargada en el pecho de Edward, y él juega con mis dedos mientras vemos las ballenas romper la superficie del agua y lanzar chorros al aire.
Hemos tenido nuestra cuota de problemas, pero nuestra relación es más fuerte que nunca. Este momento, con el aire del océano rodeándome, el viento en mi cabello, acurrucada al atardecer con el chico que es dueño de mi corazón… siento que es el momento más perfecto de toda mi vida.
Pero luego Edward hace una cosa que hace que algo perfecto se vea mediocre. Las lágrimas se acumulan en mis ojos cuando lo veo deslizar un delgado anillo de plata en mi dedo. Un pequeño zafiro, mi piedra favorita, está puesto en medio de la banda.
Sorprendida y exaltada, me giro para verlo de frente y él traga antes de verme a los ojos.
—Es un anillo de primera promesa —explica.
Mi sonrisa se agranda y paso mi mano derecha por su cabello y luego la engancho en su cuello.
Edward se relaja un poco y luego agarra mi mano izquierda en la suya.
—Te amo, Bella. Tu fuerza interior me hace más fuerte cada día. Tu tenacidad es algo para ser admirado. El hecho de que me amas exactamente como soy me hace insondablemente feliz. Eres mi persona favorita en todo el mundo. —Su discurso suena practicado, pero eso no me sorprende. Es parte de su plan, y no lo cambiaría por nada en el mundo—. Un día —dice—, quiero remplazar ese anillo con uno mejor. Un anillo de compromiso. Quiero que estemos juntos tanto como duren nuestras vidas. Quiero hacer bebés contigo y construir una casa para ti. —Mis lágrimas caen sin parar por mis mejillas mientras él continua, manteniendo sus preciosos ojos verdes pegados a mi rostro—. Quiero cocinar para ti cada mañana y hacerte el amor todas las noches. Eres lo mejor de mi vida y no quiero perderte jamás. ¿Tú… —aprieta mi mano y traga de nuevo—… aceptarías mi anillo?
Limpiándome las lágrimas miro a Emmett, que me lanza un guiño. Ah, así que él lo sabía. Probablemente papá también. Mi corazón amenaza con explotar por el amor que siento por los hombres de mi vida.
Concentrándome de nuevo en el que tengo frente a mí, cuyos ojos se ven preocupados mientras mira alrededor y luego al anillo en mi dedo, acuno su mandíbula en mis manos y traigo su mirada de regreso a la mía.
—Edward, también te amo. Muchísimo más de lo que alguna vez imaginé amar a alguien. Quiero todas esas cosas que dijiste. Todo. —Estoy asintiendo y sonriendo, y veo sus labios curvarse en las orillas.
—¿Es eso un sí? —pregunta, sus ojos brillan en el atardecer y ahora su hoyuelo aparece por completo.
—Es un sí. —Lo beso con fuerza y murmuro contra sus labios—: Sí, sí, sí, sí, sí.
