Disclaimer:Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es GeekChic12, yo sólo traduzco.

Disclaimer:This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is GeekChic12, I just translate.


Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.


Futuretake

—Oh, no —murmura Edward cuando nuestro carro se detiene—. No, no, no.

—¿Qué? —pregunto, pausando Plantas vs Zombis en mi teléfono para girarme a verlo.

Se le dilatan las fosas nasales y sin responderme, se quita el cinturón, se baja del carro y marcha hacia la entrada de la casa… o hacia la construcción de la casa, más bien.

Me bajo del carro con más lentitud y me paro junto a él, poniendo una mano en su tensa espalda.

—Está todo mal. —Un músculo pulsa en su mandíbula mientras su cincelada mandíbula se tensa.

Quiero morderla.

Frotando su espalda en círculos, porque sé que eso ayuda a calmarlo, recargo la mejilla en su bíceps.

—¿Qué está mal, cielo?

—El marco —dice, moviendo su mano hacia la casa—. Sólo dejaron espacio para una sola puerta. Siempre, siempre he querido que tengas puertas francesas.

Escondo mi sonrisa en la manga de su suéter gris.

—Y… ¿no se puede solucionar?

—No sé. Necesito llamar a la constructora.

Edward sacude la cabeza y maltrata la pantalla de su teléfono mientras marca el número que necesita. Lo miro pasear por la entrada durante un momento, y luego cubro mis ojos para poder alzar la vista y ver la enorme estructura que está frente a mí.

Venimos de manera frecuente para supervisar la casa que él diseñó para nosotros hace ya tantos años. Por supuesto, ha pasado por varios cambios a lo largo del tiempo, pero sigue siendo esencialmente la misma. Cinco habitaciones, tres baños y medio, una sala de juego, una sala hundida, y una cocina por la que muchos chefs matarían.

Yo sigo siendo un completo desastre en la cocina, pero Edward la disfrutará.

En realidad nunca he querido una casa tan grande, pero él lleva años empeñado en ella. Quiere que criemos a nuestra familia aquí y que nunca tengamos que mudarnos.

Siempre y cuando yo no tenga que hacer toda la jodida limpieza, puedo aceptarlo. Y en serio va a quedar preciosa. Edward está obligando a la constructora a usar los mejores materiales. Nada de mierdas baratas en la casa de nuestros sueños. No, señor.

Yo sigo sin poder creer que el dibujo que vi hace tantos años en una hoja de papel en su habitación finalmente está haciéndose realidad. Aunque cuando Edward tiene un plan, no hay mucho que pueda detenerlo de convertirlo en realidad.

Gracias a esa determinación y a su meticulosidad, se ha hecho muy exitoso con su firma de arquitectura. No es nada sorprendente, al menos no para mí. Siempre he creído en él, incluso cuando no pasó uno de sus exámenes finales en la universidad y declaró que debería terminar con él porque era un "completo y total fracaso".

Recibió mi más épica mirada por eso.

Tardé casi un año en elegir mi camino, pero terminé estudiando terapia física, siguiendo con mi doctorado, así que Edward no es el único que gana bien. Mamá y papá no podrían estar más orgullosos de tener un doctor en la familia. Y por supuesto, Emmett me dice Dr. Cara de pedo para asegurarse de que no se me suben los humos a la cabeza.

Edward regaña a quien quiera que haya tenido la mala fortuna de responder su llamada, pero luego se detiene de repente, respira profundamente y se gira hacia mí con su sonrisa a medias de la que no puedo tener suficiente.

El problema está resuelto.

Yo estoy bien con cualquier tipo de puerta frontal, siempre y cuando se abra, pero estoy feliz de que él esté consiguiendo lo que había imaginado para nosotros. Para mí.

—Se ve genial —dije luego de que cuelga el teléfono.

Se toma un momento para mirar todo el frente de la casa, ya no está concentrado sólo en el asunto de la puerta.

—Sí. En su mayor parte. —Entrecierra los ojos a algo que probablemente yo nunca notaré en el segundo piso, y sus labios se tuercen.

Cuando su mano se mueve hacia su cabello, toco su antebrazo para detenerlo.

—Vas a quedarte calvo antes de que esté terminada. Por favor no te estreses tanto. Va a quedar perfecta.

—Bueno, en realidad no puede ser perfecta, por mucho que yo lo quiera.

—Será perfecta para nosotros, para nuestra familia. Me va a encantar sin importar nada porque tú la diseñaste para nosotros. Así que deja de preocuparte de una jodida vez.

Edward se gira y me jala a sus brazos.

—Lo haré lo mejor que pueda. No quiero causarte más estrés, especialmente ahora.

Ambos bajamos la vista a mi enorme vientre que está entre los dos, y sonrío, poniendo una mano para frotarlo… a nuestro hijo.

Edward se inquietó mucho cuando nos enteramos de que íbamos a tener un niño.

¿Y si resulta ser igual que yo? —preguntó cuando llegamos a casa luego de nuestra cita para el ultrasonido. Se sentó en la orilla de nuestra cama, y se golpeó el muslo con el puño una sola vez.

Me senté junto a él y cubrí su mano con la mía.

Lo dices como si fuera algo malo.

Edward giró sus ojos hacia mí por un momento.

¿Y no lo es?

Pues, veamos. —Comencé a contar la lista con mis dedos—. Eres inteligente, divertido, dulce, amoroso, compasivo, trabajador, y no hay que olvidar que eres devastadoramente apuesto. —Rocé con mis dedos un mechón de cabello que le caía en la frente—. ¿Qué hay de malo en eso?

Pero no soy…

¿Normal? —exhalé—. Edward, ¿existe alguien normal? —Ya habíamos tenido antes esta conversación, pero él necesitaba que se lo recordara—. ¿Qué es lo que siquiera significa esa palabra?

Significa ajustarse a…

Lo besé. No pude evitarlo. Tenía esa arruga entre sus cejas, y sus labios estaban ahí, formando el más sexi de los pucheros. Además, quería callarlo. Sabía que me daría la definición del diccionario, pero eso no era lo que quería.

Y… tenía cinco meses de embarazo, así que era una perra cachonda.

Cayó de espaldas con un gruñido y lo monté.

Edward —murmuré sobre sus labios—. Te amo más que a nadie o nada en este mundo. —Sentándome, bajé mis manos por su pecho y las dejé sobre sus costillas—. Voy a amar igual a este bebé porque es nosotros, cariño. Lo hicimos juntos. Y siento que mi corazón explota al pensar que será igual a ti, lo amaré sin importar nada… tanto si es loco y malhablado como yo, o tímido y dulce como tú. Eres lo mejor que me ha…

Esta vez, él me calló a , sentándose y agarrando mi cara en sus grandes manos para besarme con todas sus fuerzas.

Casi pierdo el balance y caigo de espaldas, pero él rápidamente movió sus manos a la parte superior de mi espalda y yo lancé mis brazos alrededor de su cuello, ansiosa por mantener sus labios en los míos y no abrirme la cabeza de un golpe.

Luego de liberar mi boca con un último besito, me abrazó contra su pecho.

¿Cómo es que siempre lo haces? —murmuró en mi cabello.

¿Hago qué? —le pregunté, dejando besos en su cálido cuello.

Me haces sentir como si fuera el mejor… a pesar de que es imposible.

Con una suave carcajada, me acerqué más a él, apretándolo con más fuerza.

Eres todo para mí. Igual que nuestro hijo. Si puedo hacerte sentir así aunque sea una vez al día, entonces estoy feliz. Te mereces sentirte así porque eres un hombre increíble y un maravilloso esposo, y te lo recordaré todos los días.

Ya lo haces. —Edward se agachó y me besó debajo de la mandíbula, me estremecí—. Es difícil entender este amor que siento por ti porque no es lógico o racional, pero haría cualquier cosa por ti, Bella. Caminaría sobre brasas o me lanzaría frente a un arma o a un carro en movimiento si eso significa que tú estarías a salvo. Tú y… —pausó, tragando con fuerza—… nuestro hijo.

Lágrimas se acumularon en mis ojos al mismo tiempo que una sonrisa se estiraba en mi cara. Mi esposo me mostraba su amor muy seguido, pero no siempre era capaz de expresarlo de manera verbal como ahora, pero estos momentos cuando era capaz de decirme exactamente lo mucho que significaba para él, eran momentos que atesoraría para siempre.

No llores —susurró cuando no pude ahogar un sollozó.

Estoy bien —dije con una carcajada, apartándome para que pudiera ver mi sonrisa—. No te preocupes.

Edward no puede soportar que yo llore. En general no soy lo que llamarían una llorona, pero suele pasar al menos una vez al mes cuando los cólicos son asesinos y no tenemos chocolate, cuando veo un comercial de la Asociación Protectora de Animales o alguna mierda. Y cuando lloro porque peleamos; oh, Dios. En realidad intento con todas mis fuerzas no llorar, incluso si estoy enojada con él, porque si piensa que él causó mis lágrimas, eso lo mata.

Nos mudamos juntos el verano antes de nuestro tercer año de universidad, habíamos vivido en los dormitorios los primeros dos años. El vivir juntos fue en definitiva un gran ajuste. Él es un perfeccionista y yo… no lo soy. Pero hemos aprendido a lidiar con los rasgos y hábitos del otro a lo largo de los años y afortunadamente ya no peleamos muy seguido por eso.

También ha habido muchas lágrimas de felicidad durante nuestra relación. El día de nuestra boda yo estuve hecha un desastre a causa del llanto, casi no podía creer que Edward Cullen fuera mi jodido esposo.

Cuando comenzó la construcción de nuestra casa: lo hice.

El día que descubrimos que estaba embarazada: río de lágrimas.

Bien, tal vez sí soy una llorona. Huh.

.

.

—Por favor, Bella. Por favor no llores.

—Duele tan jodidamente horrible, Edward. —Su nombre sale en un lloriqueo mientras el dolor se intensifica—. ¿Por qué me hiciste esto?

Agranda los ojos con pánico, pero no puedo obligarme a que me importe con este elefante sentado en mi útero.

—Yo… creí que lo querías —tartamudea—. Lo…

—Hijo —dice Esme, curvando una mano sobre su hombro mientras yo cierro los ojos e intento recordar las mierdas sobre respirar que me enseñaron—. Ella está pasando por mucho dolor justo ahora.

—Obvio —murmuro a través de mis dientes cerrados.

—Y puede decir cosas que no siente en serio —continua—. Sólo sé paciente con ella, y recuerda consolarla lo mejor que puedas. Piensa en las cosas que ambos aprendieron en las clases prenatales. Sólo… no le digas que debe hacer justo ahora. ¿De acuerdo?

Los miro, y Edward asiente, pero no aparta los ojos de mi vientre.

—Bien. Um. ¿Qué hago?

Supongo que sus planes meticulosamente elaborados sobre animarme durante el parto volaron por la ventana cuando me desquité con él.

Afortunadamente mi contracción termina, así que le extiendo mi mano y casi se cae de frente por el alivio.

—Lo siento, cariño —le digo, entrelazando nuestros dedos—. Es que no me di cuenta que existía este nivel de dolor. Supongo que en realidad no lo sabes hasta que lo vives. —Pensé que podía manejarlo sin medicamentos para el dolor, pero si esto no es ni siquiera lo peor…

Edward pone su mano libre en mi enorme vientre a modo de una disculpa silenciosa.

—Entonces, ¿no estás enojada conmigo por… hacerte esto?

—No, por supuesto que no. —Le sonrió—. Disfruté plenamente de hacerlo.

Se ríe, pero se sonroja hasta las raíces cuando Esme bufa detrás de él. Ella ya está acostumbrada a mi honestidad, pero a Edward a veces lo sigo atrapando con la guardia baja.

Aprieto con todas mis fuerzas su mano cuando otra contracción comienza, y cada músculo de mi cuerpo se tensa, mi mandíbula se aprieta y mi frente se arruga mientras me preparo para el dolor.

—Um. Bella. —Edward se aclara la garganta y hace un débil intento por liberar su mano de mi agarre de acero—. Recuerda lo que dijo la entrenadora para partos. La llave es relajarte. Tensarte así sólo empeorara las cosas.

Retrocede de golpe cuando le lanzó dagas con la mirada.

—¿Quieres intentarlo? ¿Quieres intentar relajarte mientras un jodido humano intenta abrirse paso a través de ti? ¿Eh?

—Pues… bueno, es imposible.

—¡Sé que es jodidamente imposible, maldita sea! —Y las lágrimas comienzan de nuevo.

—No es demasiado tarde para una epidural —dice la enfermera, habiendo entrado a la habitación durante mi tirada. Mete su mano al lugar donde nunca llega el sol—. Tienes cinco centímetros.

—¿Es todo? —lloriqueó—. Llevo aquí una eternidad.

Edward alza su reloj para revisar la hora.

—De hecho sólo han pasado...

—Edward. Cariño —lo interrumpe Esme—. Yo… no lo haría —dice con un sutil movimiento de cabeza.

Justo entonces, mi madre, sonrojada y hermosa, entra. Ella había estado cuidando a mis sobrinas gemelas mientras Emmett y Rose atendían la tienda de botes. Supuse que estaría aquí un rato, así que le dije que viniera cuando cerraran por el día, pero apenas son las 2:30.

—Cerramos temprano —dice, respondiendo mi pregunta no verbalizada—. No podía soportar no estar aquí. —Se acerca a mí y me aparta el cabello de la cara, un gesto amoroso que me ayuda a relajarme un poco—. Llevé a las niñas a la tienda y les dije que cerraran. Todo seguirá ahí mañana. ¿Cómo te sientes, cariño?

—Estoy bien, mamá. —Le ofrezco una sonrisa cansada—. Estoy tan feliz de que estés aquí.

—No te ves bien —comenta Edward, sacudiendo la mano para quitarse el dolor.

Reuniendo toda la paciencia que puedo justo ahora, me giro hacia él.

—Me refería a que estoy tan bien como puedo estar mientras intento sacar a un alíen con la cabeza del tamaño de un melón por un agujero del tamaño de una nuez. ¿De acuerdo?

—Tus paredes vaginales se expandirán, Bella.

Las cuatro mujeres en la habitación giramos nuestras miradas para nada divertidas hacia él, y él se para de la silla que había acercado a mi lado.

—Creo que iré por una taza de café… o algo.

—Charlie está en la sala de espera —le dice mi mamá—. Pobre hombre —dice con una risita luego de que la puerta se cierra tras de Edward—. Está fuera de su elemento.

—Y no es broma —acepto—. Amo a ese hombre por completo, pero si sigue con los hechos ginecológicos de enciclopedia, puede que tenga que golpearlo.

Esme se ríe entre dientes.

—Lo estás haciendo bien, Bella. Yo creí que Carlisle me dejaría mientras estaba de parto con Jasper. Fui horrible con él. Le dije todos los insultos existentes e incluso le aventé un libro.

—No juegues —dije mientras todas nos reíamos. Pobre Carlisle.

—Jasper venía sentado —agregó con una mueca.

Pobre Esme.

—Ouch —decimos mamá y yo juntas.

—Sí. —Esme se estremece ante el fantasma de algún dolor que recordó.

Cuatro horas después finalmente estoy pujando. Me puse la epidural, pero no funcionó por completo, por alguna bendita razón.

—Recuerdo esto de la clase —dice Edward mientras sostiene mi pierna izquierda—. Vas a sentir un poco de ardor mientras sale la cabeza.

—¿Eso crees? —espeto, ya que dicho ardor ya había comenzado.

Soy el peor de los desastres justo ahora. Mi cara está arrugada, como si no tuviera ya una cara de perra cuando estoy tranquila. Ahora parezco que estoy enojada con el mundo. Estoy maldiciendo como una puta en la iglesia, y mis partes íntimas están a la vista para que todo el mundo las vea.

La belleza del parto…

Mi madre está sosteniendo mi pierna derecha. Esme tuvo que irse cuando fue hora de pujar porque tenían un límite de dos personas presentes durante el parto.

—Lo estás haciendo genial, cariño.

—Gracias, mamá —respondo entre dientes, un grito-gruñido escapa de mi garganta justo después de que me calme y puje de nuevo.

—Está bien, Bella. Todo estará bien. —Esa ha sido la mantra de Edward desde que regresó del café y probablemente ha dicho un millón de plegarias, pidiendo no ser asesinado por su loca esposa. Sé que no es bueno para consolar, pero está intentando hacer lo mejor que puede, algo de lo cual no podría sentirme más agradecida.

Un gemido bajo de dolor se apodera de mis cuerdas vocales, así que rozó sus dedos con los míos en agradecimiento.

—No creo que yo pudiera hacer esto incluso si fuera posible para mí hacerlo —dice—. Me asombras.

—Te amo —gimo.

Luego de otra hora de estar pujando, Evan Anthony Cullen finalmente se abre camino al mundo, gritando con todas sus fuerzas.

Miro su figura inquieta en mi pecho, las lágrimas me dejan borrosa la visión.

—Oh Dios mío —digo temblorosamente—. Hola, bebé.

Todos me decían que me olvidaría del dolor del parto en el instante en que viera al bebé. Voy a tener que decir que eso es un montón de mierda, pero sí siento que valió la pena cada enloquecedor minuto cuando lo veo agitar los brazos mientras una enfermera lo limpia. Es pequeño pero con largos dedos que se estiran, y está haciéndonos saber que no está feliz por haber sido sacado a la luz. Su cabeza está cubierta por cabello oscuro, y no puedo describir apropiadamente la ola de amor que me aplasta.

Edward está congelado, su mirada pegada a nuestro hijo. Lo veo de cerca por un momento, y luego un nudo que no sabía que se había formado en mi garganta se afloja cuando la más hermosa de las sonrisas se expande en su cara.

—Mira a quien hicimos, Edward. Es tan perfecto.

Gira sus preciosos ojos verdes hacia mí y asiente.

—Lo es.

Mi sonrisa tira casi de manera dolorosa de mis mejillas, y estiro una mano para tomar la suya. Su declaración no tendría mucha importancia para la mayoría de la gente. Pero para alguien como Edward, que se toma todo en el sentido más literal, es algo profundo. El inmenso orgullo en su mirada hace que sienta que mi corazón va a explotar en mi pecho.

Él es papá.

.

.

Avanzo otro paso, riéndome y sintiéndome desorientada cuando el piso desciende un poco.

—¿Realmente era necesario taparme los ojos?

—Sí.

—Ugh. Bien. Esto debe ser muy bueno —le digo juguetonamente a Edward.

Se ríe.

—Lo es.

Agarro su bíceps mientras caminamos y luego de lo que se siente como una eternidad, a pesar de que sé que seguimos en el área boscosa que hay detrás de nuestra recién terminada casa, nos detenemos.

Edward respira profundamente y murmura "De acuerdo" antes de quitar su mano de mi cara.

—¿Esto es jodidamente en serio? —exclamo, brincando sobre mis pies.

—Sí —responde con una enorme sonrisa.

Frente a mí hay un enorme árbol, y hay una elaborada casa del árbol construida sobre él. No se parecía a aquella en la que nosotros pasamos tanto tiempo de adolescentes, pero es increíble, con un exterior de madera oscura y persianas verde salvia.

Me gustaría bautizarla, pero eso sería raro y asqueroso ya que es para que nuestros hijos la disfruten cuando crezcan.

—Ahora sé por qué siempre encontrabas una razón para irte cuando intentaba venir aquí atrás. ¡Es maravilloso!

—¿Entonces es una buena sorpresa?

—La mejor —digo, sonriéndole.

—Qué bueno. Haré lo que sea para poner esa sonrisa en tu rostro, Bella. —Baja sus nudillos por mi mejilla, y el amor en sus ojos, mientras estos arden en los míos, me debilita las rodillas.

Mi sonrisa debe ser cegadora. Lanzando mis brazos a su cuello, choco mis labios con los suyos y lo hago retroceder un paso.

Luego de unos momentos de placer, donde mis manos se entrelazan en su alocado cabello y sus dedos se meten en mis bolsillos traseros, un llanto distante llega a nuestros oídos, y ambos nos separamos a regañadientes con unos cuantos besos más. Uniendo nuestras manos, comenzamos a caminar de regreso a la casa, donde se encuentra nuestra familia pasando tiempo con la más reciente adición luego de habernos ayudado a mudar todo hoy.

La cacofonía que encontramos al entrar por la puerta trasera es un gran contraste con el silencio que acabamos de disfrutar. Pero ver a nuestra familia junta llena mi pecho con calidez. Mi papá está cargando a Evan, hablándole suavemente. Edward se acerca y besa a nuestro niño en la cabeza y mi corazón se derrite en lava.

Nuestras dos sobrinas están corriendo, locas como siempre.

—Hola, cara de culo —me saluda Emmett.

—¡Cara de culo! ¡Cara de culo! —dice Maddy mientras persigue a su hermana, Mac.

McKenzie y Madison fueron una sorpresa, y con tres años son más que una carga… igual que Emmett.

Rose le dedica una mirada del mal a Emmett, y él alza las manos a modo de disculpa.

—Lo siento, nena. Ella me hace hacer eso.

Le golpeo la oreja cuando paso junto a él mientras me dirijo para tomar a mi inquieto ángel de los brazos de mi papá.

—Oww, pe… uh, quiero decir, hermanita.

—Buena salvada —le digo con una sonrisa.

Carlisle entra por las puertas francesas con la cena, y todos lo rodean, tomando bolsas y abriendo contenedores.

Arrullando a mi bebé, miro el caos en nuestra nueva cocina y me pregunto cómo es que fui tan malditamente afortunada para tener esta vida.

—Te ves feliz —dice Edward, acercándose y rodeando mi cintura con su brazo. Mi sonrisa es permanente hoy, y asiento mientras él toma la mano de Evan. Un bostezo le hace abrir la boca por completo, y sus pequeños deditos se envuelven alrededor de los enormes dedos de Edward—. Este es otro tipo de amor que nunca pensé poder experimentar —dice Edward para que sólo yo pueda oírlo—. Es como si aumentara cada día, lo cual no parece posible. —Me mira antes de besar la frente de nuestro hijo.

El sentimiento me agarrar de sorpresa por completo, y mis ojos se llenan de lágrimas.

Malditas hormonas.

Alzándome, lo beso debajo de su barbuda barbilla.

—Te amo muchísimo.

Sus resplandecientes ojos se conectan con los míos y se me atora el aliento en la garganta. Después de todos estos años, él sigue teniendo ese efecto en mí.

—También te amo. Siempre te amaré. Y haré todo lo posible para ser un buen esposo y un buen padre.

—Sé que lo harás, Edward. Ya eres maravilloso.

Con una tímida sonrisa, mueve su amorosa mirada hacia nuestro hijo.

—¿Están listos para cenar?

—Yo sí. Y él probablemente estará listo pronto, es mejor que agarre un plato mientras todavía haya comida.

—Buena idea —dice Edward con una suave carcajada, tomando a Evan en sus brazos.

La alegría en su rostro cuando mira a nuestro hijo, las arruguitas en sus ojos, todo me llega de golpe en un momento.

—También te ves feliz, cariño —le digo—. ¿Lo eres?

A pesar de que prácticamente radia de él, siento la necesidad de escuchar decirlo, de saber por seguro que está contento entre todo el caos que ocurre en nuestra casa, en nuestras vidas.

Todavía sonriendo suavemente, se mueve frente a mí y recarga su frente en la mía; encajan a la perfección. Evan gorjea entre nosotros cuando Edward planta un dulce beso en mis labios y asiente ligeramente, rozando su nariz con la mía.

—Sí.


Y pues esta semana Geekchic decidió publicar este outtake de Sí. ¿Apoco no es lindo? Me encanta saber que a pesar de que han crecido y madurado, esta pareja mantiene sus personalidades. Y Edward tan dulce como siempre :)

Espero que les haya gustado el capítulo ;)