Los personajes de Card Captor Sakura son propiedad de Clamp, sólo la idea y el argumento de esta historia me pertenece.
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Simpatía por el Demonio
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Summary: Los demonios, sobre todo, jugamos sucio ¿Sabes? Y si se nos presenta la oportunidad, jamás nos privamos del placer que implica corromper un alma tan pura… como la tuya.
CAPITULO II. Un extraño
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Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres de bien no hagan nada para impedirlo - E. Burke
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La respiración de la mujer recostada era trabajosa.
Desde la claraboya la luz se filtraba áurea, pero no alcanzaba a iluminar su pálido y demacrado rostro, surcado por finas arrugas.
Los párpados de la durmiente se apretaron más y más a medida que el visitante se iba acercando a la cama, en donde se encontraba cubierta con un edredón rojo.
El joven notó una expresión de dolor cruzar sus distinguidas facciones, circundadas por un cabello como el ébano, y la vio abrir los ojos negros de golpe, haciéndolos colisionar con los suyos.
La reacción consiguió que el chico curvara la comisura de los labios en algo que no alcanzaba a ser una sonrisa.
— La debilidad de tu cuerpo no doblega completamente tu habilidad mágica — afirmó, ladeando la cabeza en un gesto de falsa conmiseración — Lástima que sí doblegará tu vida.
Obtuvo un ligero resoplido como respuesta.
— Tranquila, no vengo a hablar acerca de tu muerte. Sé que te asusta. Cualquier humano lo estaría si no lo quisieran allá arriba…
Sus ojos topacio brillaron ante el recelo de la dama.
— Hoy mismo viajo a Japón.
Fijó su atención en un objeto sobre el velador y oyó cómo se agitaba su respiración.
— Oh, sé que me extrañarás mucho — comentó irónico mientras jugueteaba con la fotografía de un hombre muy parecido a él mismo — Pero el deber y el placer me llaman. Sólo quería despedirme, pues… sería desconsiderado por parte de un hijo no despedirse de su querida madre, ¿no?
El súbito ruido de vidrios rotos sobresaltó a la enferma quien, a duras penas, movió la cabeza sobre la almohada y divisó la fotografía de su esposo en el suelo. Por suerte no se había rasgado.
— Ups — el chico alzó una ceja y con un movimiento de cabeza indicó el marco destrozado — Pronto volverán a estar juntos, y tú bien sabes dónde — le regaló una sonrisa ladina — A-Dios, Ieran.
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El paso de una pelotita de papel sobre el escritorio clamó por su atención. Logró atraparla al borde, justo antes de que el objeto pudiera dar el último saltito que lo llevaría directo al suelo. Echó una mirada rápida al profesor, quien dibujaba un esquema en la pizarra blanca, y extendió el pedazo de papel, leyendo la elegante caligrafía de Tomoyo en tinta violeta.
¿Te encuentras bien?
Se preguntó si tal vez había llegado con un rostro más asustado que el de costumbre, y es que a veces se salvaba por los pelos de llegar tarde, así como había ocurrido hacía minutos atrás. Siempre corría el riesgo de ganarse una detención más en su hoja de vida: varias ya ensuciaban su currículo de alumna por la suma de constantes retrasos.
Metió el papel en su estuche rosa, asintiendo. Sentía que se encontraba mejor que ayer, y que antes de ayer. O sea, bien. Incluso percibía como lejana la horrorosa experiencia con la Ouija.
Ahora que lo pensaba, el miedo se había esfumado. No tenía idea de cuándo ni cómo, ya que en su mente había una especie de laguna mental.
Bueno, qué importaba.
Comenzó a morder la tapa plástica de su bolígrafo mientras veía y oía al profesor hablar sobre el exitoso ataque a Pearl Harbor emprendido por la Armada Imperial, cosa que ya había relatado durante la clase pasada. Parecía que le gustaba mucho esa parte de la historia.
Observó el cielo embotado de nubes grises. Había lluvia pronosticada para aquella tarde, o algo así había oído mientras se atragantaba con el desayuno.
De pronto escuchó a todos sus compañeros de salón conversar en voz alta.
— El profesor Nakayama recibió una llamada urgente — explicó Tomoyo al verla desorientada, desde el pupitre contiguo — Nadie sabe para qué… ¿De verdad estás bien?
Sakura le obsequió una de sus sonrisas características.
— Sí, muy bien. No te preocupes, Tomoyo.
La morena la quedó viendo y supo que decía la verdad, aunque resultaba extraño. Su amiga había terminado prácticamente traumada después de lo acontecido el fin de semana. Se sentía culpable al recordar sus lágrimas de pavor porque, sabiendo que Sakura no estaba preparada, ella no había sido capaz de dejarla al margen del asunto por su propio bien. Debería habérselo impedido y ya está. Sin embargo, no comprendía por qué la castaña parecía estar tan normal, como si nada hubiese pasado.
Quizá ella y las demás chicas la habían subestimado, pues la ojiverde logró superarlo mucho antes de lo esperado.
Chiharu, Naoko y Rika las rodearon, esta última llevando un contenedor blanco entre sus manos.
— Rika ha cocinado unas galletas de coco geniales. Tienen que probarlas — dijo contenta Chiharu.
— ¿Quieres una, Saku?
Rika le acercó el pote repleto de galletas, que se veían y olían deliciosas.
Mientras la ojiverde sacaba una galleta y se la comía, sus acompañantes intercambiaron miradas cómplices. Tomoyo alzó el pulgar en forma disimulada, indicando que la chica se encontraba perfectamente. Las demás suspiraron de alivio, ya que también las había embargado la culpa.
— ¡Están sabrosas! — exclamó, chupándose los dedos — Eres una estupenda cocinera Rika, al igual que Tomoyo.
— Gracias — sonrió ante el cumplido y dejó las galletas sobre el escritorio de Sakura — Coman todas las que quieran, chicas.
— Me encantaron, luego te pediré que me des la receta — decía Tomoyo, saboreándolas.
— Todos a sus puestos.
Había llegado el profesor Terada, quien dictaba la asignatura de matemáticas.
El hombre dejó caer sobre el escritorio la carpeta azul en la que siempre llevaba los exámenes corregidos.
— Buenos días: el profesor Nakayama debió retirarse por motivos personales. Nada grave — explicó escueto — Comenzaremos con la clase ahora y saldrán unos minutos antes al receso. ¡Ah! He traído sus calificaciones.
Dicho esto, comenzó a entregar los exámenes en orden del mejor al peor, como acostumbraba a hacerlo.
— Sasaki.
Rika se levantó y recibió el papel con una sonrisa, ruborizándose ante la congratulación del profesor. Para sus amigas no era un secreto que estaba enamorada de él desde el primer año de instituto, debido a lo cual se había estado esforzado constantemente en ser la mejor de la clase.
— Daidouji… Ryusaki… Ezakiya… Yamazaki… Endo… Fuchida… Hirano… Mihara…
Fueron llamados uno a uno y se acercaron al escritorio del profesor para recibir sus resultados.
Sakura no quiso escuchar más y dejó escapar un gemido de desesperación, estirándose la cara con ambas manos, como acostumbraba a hacerlo en estas instancias.
— Yanagisawa… y Kinomoto.
Suspiró con resignación. Por más que trataran de enseñarle no entendía nada y odiaba las mates.
Y bueno, Naoko Yanagisawa solía obtener calificaciones parecidas a las de ella, pero siempre manifestaba que era una mujer de letras, no de números.
Después de clases llovía a cántaros.
Frente a una concurrida pizzería, cuatro chicas muertas de risa trataban de mantener el equilibrio, mientras que otra, de espaldas en el pavimento, alzaba inútilmente los brazos para que alguien la ayudara a levantarse.
Se estaban empapando y los transeúntes protegidos por sus paraguas las miraban con desaprobación, pensando que se trataba de unas adolescentes borrachas o drogadas, lo que no venía al caso.
— ¡Hey! — reclamaba Chiharu entre risas — Ayúdenme, no puedo levantarme sola.
— Espera. Yo te ayudo…
Tomoyo lo intentó, pero cuando hizo contrapeso para alzarla volvió a caer en cuenta de la situación y estalló en carcajadas, perdiendo la estabilidad y cayéndole encima.
Sakura, Rika y Naoko no podían más de risa.
La caída de Tomoyo había sido inesperada y por lo mismo graciosa.
— ¡Me haré pis! — gritó Sakura, cruzándose de piernas y sin lograr controlar la risa — ¡No aguanto más!
No muy lejos de ahí, desde el interior de un lujoso automóvil negro, un par de ojos ámbar registraban todos sus movimientos.
"Creo que no me aburriré tanto esta vez", pensó el desconocido.
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Sakura revolvió el guiso tarareando una alegre canción.
El día había sido divertido a pesar de su pésima calificación en matemáticas, y, definitivamente, los ataques de risa eran lo mejor… Incluso si te llegabas a orinar a causa de ello.
Sonó el teléfono en la sala.
— ¿Diga?... No, no ha llegado… Le entregaré el recado… De nada... Adiós, señor Maeda.
Soltó un pequeño estornudo tras colgar el auricular.
Dio un respingo al volver a sus quehaceres. Si mal no recordaba, la cacerola se encontraba sobre el quemador delantero y ahora, inexplicablemente, estaba en el quemador de atrás.
Se llevó un dedo a la barbilla, contrariada, porque quizás lo había cambiado ella misma de manera inconsciente. A veces no se acordaba ni de lo que había almorzado y, basándose en ello, culpó a su distracción.
Encogió los hombros y se acercó a quitar la tapa para remover el espeso líquido. Estaba listo.
El sonido de unos gritos inesperados la hizo voltearse con los nervios crispados. Casi sintió alivió al ver que se trataba de la televisión, pero fue un alivio a medias porque ella no la había encendido. El control remoto descansaba sobre la mesita del costado del sofá de tres cuerpos, cuando solía hacerlo sobre la televisión misma.
— ¿Qui-quién anda a-ahí?
Apenas y le salió la voz de la garganta, que le temblaba como si el mismo corazón se hubiese trasladado unos cuantos centímetros más arriba.
Un fuerte hedor a tabaco la hizo arrugar la nariz y, de paso, entrecerrar la mirada en búsqueda del único fumador con el que compartía la casa. Los latidos bajaron considerablemente de intensidad.
— Touya — gruñó, todavía con la nariz engurruñada. Detestaba aquél olor.
Salió de la cocina, pero no lo vio en el estar ni en el comedor.
Subió la escalera a grandes zancadas, abriendo la puerta de la habitación de su hermano, pero tampoco se encontraba en ella, ni en ninguna de las otras dos habitaciones o los baños. De hecho, ni siquiera el olor llegaba hasta ahí, sino que se hallaba concentrado en el piso inferior.
Bajó dando enérgicos saltos.
Cuando volvió a pasar por el estar la televisión estaba apagada y con el control remoto encima.
— ¡Touya! ¿Dónde andas metido? Esto no tiene nada de gracioso — se quejó, cruzando los brazos — Sabes que no debes fumar aquí dentro… ¡Y deja de molestar con la televisión!
En cosa de segundos el olor se esfumó, siendo reemplazado por el del guiso. La puerta de calle se abrió y cerró suavemente, a la vez que una conocida voz se hizo oír.
— Ya llegué — era su padre — Hola, cariño — la saludó con una gran sonrisa apenas entró al recibidor.
— Hola papá — lo abrazó fuertemente, feliz de verlo, pero apenas deshizo el abrazo frunció el entrecejo — Al parecer Touya nos acompañará durante la cena.
— ¿Te dijo que vendría hoy?
La sorpresa le había agradado, ya que no todos los días podía contar con la presencia de su hijo mayor.
— No, simplemente llegó, entró cual ninja a la casa y me jugó una broma que casi me mata del susto — comentó aún enfadada — Anda jugando a las escondidas. Ni siquiera me ha saludado.
— Qué curioso — Fujitaka estaba confundido — No vi su automóvil estacionado fuera.
— ¿A-ah no? — Sakura echó un vistazo escaleras arriba y agregó — Tal vez se le averió el coche y usó el transporte público.
Su conclusión la tranquilizó, pero no por mucho tiempo.
— No lo creo — discrepó con delicadeza su padre — Sabes que sólo puede visitarnos una o dos veces al mes durante los fines de semana. No le alcanza el tiempo para más y recién es lunes.
— Pero alguien prendió y apagó la televisión… Yo pensé que había sido mi hermano. Si no fue él entonces...
Al notar la confusión y el miedo reflejados en el rostro de su hija adolescente, el señor Kinomoto le sonrió amablemente.
— Tal vez la televisión se prendió y apagó debido a una carga eléctrica o algo parecido. En un par de ocasiones se ha apagado mientras estoy viendo el noticiario matutino — la tensión iba desapareciendo poco a poco de las facciones de la adolescente — ¿Te das cuenta? No es nada raro, sólo ha estado dando problemas últimamente. Cuando tenga tiempo la enviaré al servicio técnico.
Pero eso no explicaba los movimientos del control remoto. Bueno, a lo mejor se lo había imaginado. Sí, seguramente había sido su traviesa imaginación.
Finalizada la cena, Sakura metió en una gran bolsa plástica negra la basura de la cocina y los baños.
Cuando abrió la puerta que daba a la calle emitió un quejido. Ya no llovía, pero la brisa fría le dio en pleno rostro.
Se dirigió rápidamente a uno de los contenedores, tirando en ellos el bulto. Palmeó ambas manos un par de veces, cómo si con ello las pudiera asear, y volvió sobre sus pasos.
Un escalofrío recorrió su espalda.
Le causó sorpresa ver a un chico de atuendo oscuro y elegante apoyado sobre una de las paredes del callejón, a pocos metros de ella. No sabía cómo ni en qué momento, pero había llegado allí sin hacer ruido.
Y estaba segura de que hacía unos segundos no estaba… ¿Cómo lo había hecho?
Nerviosa por su presencia, se estiró el abrigo, y antes de que pudiera dar un paso el chico le habló.
— Sacar la basura es un trabajo demasiado sucio como para que lo haga una niña.
Sus ojos cerrados estaban cubiertos por desordenados mechones de cabello.
La castaña parpadeó, observándolo de soslayo.
El desconocido alzó la vista y le sonrió. Su mirada parecía brillar en la oscuridad, al igual que su insidiosa sonrisa perlada. Se llevó el cigarrillo a la boca, acortando en pocos pasos felinos la distancia entre ellos.
Le sacaba poco más de una cabeza en altura.
Sakura dio un respingo y retrocedió unos centímetros.
— Tranquila. Soy nuevo en este lugar y sólo quiero hacerte una pregunta.
La chica asintió desconfiada. En ningún momento bajó la guardia. Gritaría y se echaría a correr de ser necesario.
— Este es el último que me queda — dijo en tono divertido, haciendo rodar el cigarrillo entre los dedos — ¿Sabes de un lugar, por aquí cerca, donde pueda conseguir más?
El hombre no tenía ni una pizca de aspecto de vándalo. Se veía más bien como uno de los típicos jóvenes de situación acomodada. Aún así, no podía fiarse tan fácilmente de un desconocido, menos si había algo en él que le ponía los pelos de punta…
— T-tres cuadras más allá hay un almacén — recelosa, Sakura señaló hacia su izquierda extendiendo el brazo y retrocediendo un paso — Ahí venden tabaco.
Quería volver a su casa lo más pronto posible.
— Gracias — miró hacia la dirección señalada — ¿Cómo te llamas? – preguntó repentinamente.
Parecía divertido y Sakura ignoraba la razón.
La castaña frunció el ceño de forma leve.
Algo no iba bien ahí.
— Me llamo Sakura — su cuerpo se tensó al notar el irreal brillo que recorrió los ojos del chico — Lo s-siento, pero ya me tengo que ir.
No esperó ninguna respuesta de su parte. Corrió a trompicones hasta alcanzar el picaporte de la puerta, cerrándola tras ella de un golpe seco.
La mano le temblaba levemente. Abrió una rendija entre las cortinas y miró a través del cristal de la ventana que daba a la calle.
Afuera no se veía ni un alma. Exhaló de alivio: aquél enigmático y estremecedor joven se había marchado.
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Mientras esperaba que llegara el profesor, quién por suerte se había retrasado, un ya familiar escalofrío la distrajo. La sensación recorrió el costado izquierdo de su cuerpo. Giró la cabeza en esa dirección y, tres pisos más abajo, pudo avistar al profesor Terada en el patio central de la escuela, caminando en compañía de un chico.
— ¡Miren! Es el profesor, y viene con alguien — informó, indicando la ventana y apoyando la frente en el frío vidrio.
Las jóvenes se acercaron curiosas a la ventana y las imitaron otros alumnos que sólo querían ver lo que fuera que había captado su atención.
— ¿Quién es? — Naoko se apegó las gafas hasta aplastarse las pestañas — Lleva nuestro uniforme.
Rika entornó los ojos.
— Ni idea, no se me hace conocido.
"Creo que lo conozco", pensó Sakura.
— ¡Compañero nuevo! — celebró Chiharu — Hace años que no teníamos uno.
— ¿Un traslado? ¿Cuando quedan menos de cuatro meses para el fin de curso?— cuestionó un chico de cabello rojizo, situado detrás de Tomoyo.
— Intercambio, quizá — musitó la amatista — Se nota un poco bronceado.
— ¿Es guapo? — preguntó una chica bajita.
— No logro verle bien el rostro, está muy lejos y la posición no ayuda — respondió Chiharu.
— Yo menos — aclaró Naoko, sintiendo que alguien le arrebataba las gafas — ¡Chiharu!
Para el momento en que la aludida se puso los anteojos, el profesor y el supuesto nuevo alumno estaban entrando en el hall del edificio.
— Veo borroso…
— Y yo prácticamente no veo, dámelos — exigió.
— ¡Ya vienen! — avisó una chica que había salido del salón a fisgonear.
Todos los alumnos volvieron rápidamente a sus pupitres, expectantes.
Un par de minutos después, el profesor entró al salón con evidente buen humor.
— Estimados y estimadas: tengo el placer de presentarles al nuevo elemento que se integra al Instituto Seijo, y en particular a nuestra clase — sin dejar de sonreír, hizo unas señas y la puerta corrediza se abrió — Adelante, por favor.
Por supuesto, se trataba del mismo chico que todos habían visto por la ventana, quien con andar despreocupado y a la vez grácil se situó a un lado de Terada.
Tenía el cabello desordenado de color castaño oscuro, parecido al chocolate, y sus ojos poseían un inusual tono ámbar. Su actitud se podía calificar de indiferente y un tanto engreída.
El recién llegado esbozó una sonrisa casi imperceptible en sus labios. Llevaba cuadras percibiendo la presencia de Sakura, quien parpadeó de la impresión al reconocerlo.
— Yo lo conozco — le susurró a Tomoyo.
Pero ésta no respondió. Examinaba al chico con atención, al igual que el resto de la clase. Y nadie más comentaba nada.
No volaba ni una mosca.
El nuevo echó una mirada perezosa a su alrededor, sin centrarse en nadie en particular, más que nada fijándose en los escasos objetos colgados en las paredes: un calendario, un pequeño mural de cumpleaños y otro de fotos. Consideró perfecta la ausencia de elementos de carácter religioso que pudieran entorpecer, aunque fuera mínimamente, su labor.
Absorbió la atmósfera circundante y notó que unas cuantas mocosas lo miraban emocionadas, tanto que casi podía oír y visualizar sus pensamientos obscenos. También advirtió que uno que otro crío ya tenía ganas de competir con él. Otro punto a su favor, pues le gustaban los humanos que vivían en pleno esa impetuosa etapa a la cual denominaban 'adolescencia'.
— Él es Xiao Lang Li y viene de Hong Kong. Xiao Lang, te damos la bienvenida a Seijo — ante la mirada aburrida del castaño, el profesor enseguida agregó — Hay algunos pupitres desocupados. Por favor, escoge el que quieras.
Li asintió y, sin vacilar, se dirigió al puesto vacío tras su objetivo. Cuando pasó junto a ella la miró directamente a los ojos, de manera tal que nadie más lo notara.
Por una milésima de segundo, Sakura volvió a ver ese destello antinatural en la mirada del chico, el cual la hizo contener la respiración.
Sintió miedo, sólo durante esa milésima de segundo, luego el miedo desapareció. Lo olvidó.
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Notas de autora: con este segundo capítulo "descongelo" un poco el fanfic. El pobre llevaba meses metido en un cubo de hielo, hasta que conoció de primera mano al famoso Calentamiento Global xD. O sea, le corregí una que otra cosa y ya está.
Hubo un giro en la historia, como decía en las notas del primer chap, y quienes hayan leído el segundo capítulo "original" se habrán dado cuenta (si es que se acuerdan xDDD).
Muchas gracias por los reviews de los antiguos capítulos 1, 2 y 3 a: Itziar, -Naomi In Black-, jsakuraplatina, Arien Calaelen, Chocolate-con-menta, cerezo-oscuro, amatista1986, DannyCullen13, Dina, Yela01, Dianita-chan, Akiresama, Zafiro, Sakura*kaede, Ixtab-chan, Sakura-chan09, Anika, Grety-chan, blackpanther340, Mariana, Tulipan_8, Akari Gaga, Casiopea89, Stefanny, Isabella Marie Cullen-1989, Sakura-and-shaoran-love, CullenLovercom, Ashaki, Lfanycka, Lyons, Niky-chan, Petu93, Mili-, melancolica!, Marinilla14, Hibari Zhang, Niky-Chan, Ro0w'z, Sarita Li, LalySempai, Mili-imo,'Asuka-hime', Mary y niña que escribe desde su cel (nick en blanco xD)
Ojalá no se me haya escapado ningún nick :P
A wiixx, MajoCullen, ShaoGian-Kun, verdeJade, Miharu Ankoku, Vmi5, Sakurita-Rock, Serenasexilady, Miss Strawberry Fields, Ravishing Girl y Moonlight-Li les agradezco especialmente, ya que me dejaron review en más de un capítulo :) ¡Muchísimas gracias chicas/os!
Bueno, eso sería mientras. Espero sus opiniones respecto de la actualización :)
¡Que estén todos muy bien! ÁNIMOOOOO para quienes estén en el último período de clases, como yo… ¡Que el estrés no pueda con nosotros! xD
KaitSidhe
