Los personajes de Card Captor Sakura son propiedad de Clamp, sólo la idea y el argumento de esta historia me pertenece.
_.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._
Simpatía por el Demonio
-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-._.-
Summary: Los demonios, sobre todo, jugamos sucio ¿Sabes? Y si se nos presenta la oportunidad, jamás nos privamos del placer que implica corromper un alma tan pura… como la tuya.
CAPITULO III. El poder.
_.-._.-
Cuando mejor es uno, tanto más difícilmente llega a sospechar de la maldad de los otros.- M. T. Cicerón
-._.-
El chico nuevo se sentó en el pupitre escogido y la clase volvió a su acostumbrado bullicio. Nadie reparó en el silencio sepulcral y la anómala atmósfera de hacía pocos segundos, excepto por él. Ahora se podía oír un tenue murmullo mientras el profesor continuaba con su cátedra.
Muchas niñas miraban al chino sin disimulo, cuchicheando acerca de lo guapo que era, incluso Rika y Chiharu, quienes estaban enamoradas del profesor y de Yamazaki, respectivamente. Sakura sintió una pizca de vergüenza ajena ante los comentarios de sus amigas, pues Li podía estar oyéndolo todo sentado justo detrás. Por suerte, Tomoyo se mantenía discreta en su puesto, aparentemente prestando atención a la clase de matemáticas, entretanto Naoko leía a hurtadillas un libro apoyado en su falda.
Varios minutos más tarde la ojiverde se alistaba para salir al receso. Casi gritó cuando un objeto pesado y negro cayó en su pupitre de forma imprevista.
— ¡Ay, es tan romántico! — exclamó una emocionada Naoko a su lado, limpiándose las lagrimitas por debajo de los anteojos — Tienes que leerlo, Sakura, ¡seguro te va a encantar!
La susodicha suspiró y cogió el libro. Debía tener unas cuatrocientas páginas.
— ¿Crepúsculo? ¿De qué trata?
— ¡De vampiros!
Sakura se acordó del libro Entrevista con el Vampiro, préstamo de Naoko, y todas las pesadillas que tuvo por su culpa. Ni logró terminarlo. Era demasiado oscuro para ella, incluso violento. La escena de la pobre chica que era desnudada y asesinada en un teatro por una decena de hambrientos vampiros la había angustiado en sobremanera, incluso había soñado en varias ocasiones que estaba en su lugar, temblando de pavor.
— Gracias, pero me dan miedo los vampiros — reconoció, devolviéndoselo.
— Estos son vampiros buenos, muy buenos y muy guapos — aseguró Naoko — No dan miedo, sino todo lo contrario. Además no se comen a la gente. Anda, léelo.
La castaña lo volvió a aceptar no muy convencida, a lo que su amiga agregó ilusionada:
— Es una historia de amor entre una humana y un vampiro guapísimo.
— Uhm… Ok, le daré una oportunidad — cedió, ya que ésta seguiría insistiendo si se negaba.
Cabía agregar que hacía tiempo no se leía un libro que no fuera para la escuela, por lo que no estaría nada mal. Observó un rato las pálidas manos que sostenían una manzana en la portada.
— Hoy compraré el siguiente libro, si te gusta luego te lo presto. Es una saga.
— ¡Sakura! — la llamó Hanako, una chica del curso paralelo en compañía de Tomoyo, quien sostenía alegremente una cámara de vídeo — Te estamos esperando para iniciar el partido. Ven, no tenemos tanto tiempo.
— Lo siento, ya voy — guardó el libro en su mochila y corrió al patio, con Naoko siguiéndole el paso.
Xiao Lang vio al fin salir del salón a Sakura, pero muy apurada y en compañía de una cuatro ojos. Imaginó que habría seguido dormitando al igual que lo hizo durante la clase de matemáticas. Vaya floja. Encima se notaba que era negada para los números: tras descubrirla holgazaneando en su asignatura, el profesor le había pedido que resolviera un simplón ejercicio de álgebra en el pizarrón, y ésta no fue capaz.
Encogió los hombros y metió la mano en uno de los bolsillos de su chaqueta, dispuesto a sacar un cigarrillo.
— Hola — una chiquilla de cabello corto y negro se le acercó antes de que pudiera hacerlo.
Xiao Lang rodó los ojos y la miró, fingiendo simpatía. Después de todo, no podía ganarse una mala reputación con las chicas, menos si quería cumplir pronto con el cometido que lo había traído a ese pueblito.
— Hola — la saludó, pensando en que era la primera fémina que se atrevía a dirigirle la palabra desde que llegó. El resto sólo se había dedicado a mirarlo, imaginar tonterías y reír estúpidamente — Lindos aretes — torció una sonrisa lobuna, pues ésta usaba un par de cruces cristianas invertidas.
¿Una gótica? ¿O cómo era que llamaban a ese tipo de gente?
Resultaba gracioso que los humanos vivieran etiquetándose unos a otros y creyéndose muy distintos entre ellos, siendo que en conjunto eran prácticamente idénticos; demasiado débiles y patéticos…
La niña acarició una de las piezas de plata coquetamente ante el cumplido, aunque hubiese preferido que le dijera linda a ella.
— Gracias, a pocos les gustan — admitió un tanto sorprendida — Mi nombre es Rei Chiba.
Chiba iba bien encaminada al Reino de abajo, pues no existía rastro alguno de decoro e inocencia en ella. Su alma ya estaba pedida, sin embargo, aquello no descartaba la oportunidad de obtener una exigua cuota de diversión.
— ¿Qué edad tienes? — preguntó Li, degustando su energía corrompida.
Se relamió los labios y vigiló vagamente el pequeño corredor. Arrastró lánguidamente la yema de los dedos por la piel del cuello de la chica, quien cerró los ojos ante un repentino alboroto hormonal.
Excitación pura.
— Dieciséis — tenía la respiración agitada debido al ansia de su cuerpo.
El castaño alzó la chispeante mirada, topándose con la de un recién llegado y rabioso adolescente. Sin más preámbulos, susurró con voz ronca e hipnótica cerca del oído femenino.
El roce de su tibio aliento la encendió todavía más.
— Hay un chico que desea hacer cosas contigo, ¿no te apetecería…?
A Chiba se le escapó un pequeño gemido que Li tomó como un sí. Divertido, se acercó unos centímetros más a la chica para despertar la furia definitiva del desconocido, quien ahora se dirigía hacia ambos a grandes zancadas.
"Tan predecibles"
— ¡Rei! ¿Qué crees que estás haciendo con este tipo? — exigió, mirando desafiante al despreocupado chino. Éste parecía estar burlándose de él.
Rei hizo un ademán para que guardara silencio y lo empujó contra unos casilleros, comenzando a besarlo con impaciencia. El muchacho se contagió de inmediato con su fulminante apetito y se bajó ávidamente el cierre de los pantalones del uniforme.
Li adoptó una expresión triunfal y se alejó rápido del par de tórtolos, pues percibía una tercera presencia pronta a descubrir la locura adolescente. Alrededor de un minuto después, el eco de un chillido en el pasillo confirmó sus sospechas.
"Débiles, siempre débiles" pensó, apoyándose en un pilar de concreto. Barrió con la vista el centenar de jóvenes que jugaba en las pequeñas canchas de Seijo, hasta dar con la animada chica que celebraba un acertado remate de vóleibol junto a sus amigas.
Sakura no parecía ser tan aburrida como en algún momento imaginó Xiao Lang, y es que ese enorme nivel de pureza despistaba a cualquiera. Mejor así, puesto que la experiencia con la última mocosa en Francia había resultado un suplicio: una pecosa mojigata que soñaba con ser monja. En exceso retraída y demasiado flaca, por lo demás llorona… Él detestaba a las lloronas.
En clases de biología, el chino se inclinó para escrutar físicamente a la castaña. Al menos no estaba tan flaca y era atractiva. Por otra parte, también la diferenciaba de la monjita el hecho de tener amigas, como aquella pelinegra de la derecha que se percibía singularmente pura, sin embargo, no al llamativo nivel de la esmeralda. Pronto reparó en sus auras mimetizadas dada la gran cantidad de tiempo que seguro pasaban juntas, cosa que se notaba a la legua. Otro punto interesante era que había sido junto a la morena y las otras tres chicas, sentadas más adelante, con quienes su nuevo objetivo había jugado a invocar tiernos espíritus. Recordaba sus esencias.
"Lástima que se toparon conmigo" pensó, deleitándose ante la ironía. Si sólo supieran con qué se habían metido…
No obstante, existía una sexta presencia que todavía no lograba encajar. Tal vez había sido otra chica o chico que no estaba cerca en esta ocasión.
Dirigió su mirada al bolígrafo celeste, con caricaturas de sonrientes nubes, sobre la mesa de la castaña. Disimuladamente, hizo que éste cayera en el pasillo por arte de magia, cerca de sus propios zapatos.
Lo recogió y con éste palpó cauteloso el hombro de Sakura. Inmediatamente el plástico transmitió la presencia sin mácula de una virgen en todos los sentidos. El doloroso ardor viajó hasta su boca y creyó que se le chamuscaría la lengua, como si le hubiese caído un rayo.
"Mierda, ni siquiera un beso"
Incluso la francesa había tenido un simplón roce de labios, por el cual luego se confesó a un sacerdote, jurando no volver a rendirse a la tentación. Lo que fue efectivo hasta que se topó con Xiao Lang.
— Esto es tuyo — dijo casualmente cuando Sakura se volteó.
El dolor había sido muy parecido al que sintió cuando, en Sudamérica, un dedicado sacerdote lo reconoció por lo que era e inesperadamente se atrevió a asirlo de los antebrazos. Después rezó con vigor para intentar "expulsarlo de la Tierra". Su fe había sido tan grande y real que lo debilitó al punto de hacerlo caer de rodillas en el pavimento. Por supuesto, el tipo huyó raudo apenas el chiquillo se deshizo peligrosamente de su agarre.
— Gracias — abrió muchísimo los ojos al mirarlo, aunque antes ya lo había reconocido y no se había atrevido a iniciar conversación alguna con él — Tú… Tú eres el chico de ayer, ¿verdad?
Li asintió, esbozando una sonrisita socarrona.
— El mismo del cual terminaste huyendo como si se tratara de un forajido, o quizá qué otra cosa.
La joven Kinomoto se ruborizó. Resultaba embarazoso haber realizado ese numerito frente a su compañero nuevo y que éste ahora acertara a sus ocurrencias de aquella noche. A veces detestaba ser tan impulsiva y transparente en sus actitudes y expresiones, ya que muchos terminaban sabiendo lo que pensaba o sentía, en particular Tomoyo.
— Disculpen, ¿ustedes se conocen? — consultó la amatista con voz suave y semblante gentil.
Sabía que la pregunta estaba de más, pero no pudo evitar inmiscuirse en la conversación de su amiga y el chico nuevo. Su naturaleza curiosa era la culpable.
Li la vio de soslayo mientras Sakura respondía.
— Cuando lo presentó el profesor Terada te dije que lo "conocía" — aclaró, emulando un par de comillas con los dedos al decir la última palabra. Vio a Li y volvió a azorarse debido al tema anterior — Pero creo que no me oíste.
— Ah, bueno — sonrió y se dirigió al chino — Mi nombre es Tomoyo Daidouji, soy amiga de Sakura. Un gusto — hizo una pequeña reverencia con la cabeza desde donde estaba, diagonal a él.
— Soy Li, el gusto es mío — dijo encantador, a pesar de sólo interesarle hablar con la castaña.
— Articulas muy bien las palabras de nuestro idioma… — observó Tomoyo.
La esmeralda la secundó:
— Es verdad, cualquiera pensaría que eres nativo de Japón.
— Señoritas Daidouji y Kinomoto: silencio — exigió el profesor de Biología, exasperado.
-._.-._.-._.-._.-._.-._.-
— Me acabo de enterar de algo insólito — informó Chiharu apenas llegar al camarín, donde las demás se cambiaban el uniforme por prendas deportivas — Me cuesta creerlo porque la fuente es Yamazaki, y el hecho en exceso increíble para ser cierto.
— ¿Qué fue lo que te contó? — Sakura consideraba que Yamazaki no podía ser tan mentiroso como muchos pensaban.
— ¿Está embarazado y tendrá un híbrido panda-anunaki? — bromeó animada Rika, calzándose las zapatillas.
Todas rieron.
— Tiene que ver un poco con eso del embarazo — admitió la de coletas.
— Un embarazo en este instituto no tendría nada insólito — aseveró Naoko, tomándose el pelo en una diminuta cola de caballo.
— ¿Quién está embarazada? — a la ojiverde siempre le costaba procesar que alguien de su edad o incluso menor estuviera esperando un bebé. Le resultaba chocante, aun cuando había visto a un par de chicas de diecisiete y quince años con el vientre hinchado debido al pequeñito que crecía en el interior.
En ocasiones, se ponía en el lugar de una muchacha encinta y concluía que ella misma no sería capaz de conllevar una responsabilidad tan grande. En general, la gente de su edad no poseía la madurez necesaria para asumir tal responsabilidad. Aún debían terminar de aprender y disfrutar unas cuantas cosas sobre la vida antes de ponerse a tener hijos. Por supuesto, sabía que no todo el mundo pensaba como ella y que en la mayoría de los casos eran embarazos no deseados…
Era triste.
— No dije que alguien estuviera embarazada, sino que tenía que ver en cierto modo con ello — aclaró Chiharu, haciendo un ademán para que se acercaran a ella y susurró — Encontraron a Rei Chiba y a Makoto Aida, uno de los amigos de Yamazaki, teniendo sexo cerca de nuestro salón.
Exhalaron de la impresión.
— Rei Chiba… Ella entró hace tres semanas al coro — rememoró Tomoyo, un tanto perturbada — Por lo que he visto, coquetea con todos los chicos y a veces se pasa.
— ¿En serio? Yamazaki me había dicho que Aida era el novio de Chiba hace meses.
— ¿Tenía novio y aún así flirteaba con otros? Pobre Aida… — se compadeció Sakura — En serio, no entiendo para qué emparejarse con alguien si no lo quieres de verdad, y si ni siquiera serás capaz de respetarlo.
Tomoyo la contempló con ternura.
— Lamentablemente, hay personas que no consideran los sentimientos ajenos — le dijo.
— Eso es cierto — asintió Naoko — Pero… ¿y qué pasó cuando sorprendieron a Chiba y Aida en el acto?
— Llamaron a sus padres y ambos fueron expulsados de Seijo — respondió Chiharu, alzando las cejas.
— Esto es grave y no corresponde a la clase de mentiras que suele decir Yamazaki. Supongo que te contó la verdad — afirmó la amatista — Qué raro, de todas maneras.
— Qué gente tan hormonal — se quejó la de anteojos, asqueada ante la imagen de los chicos teniendo relaciones sexuales en el corredor.
Rika se llevó un dedo a la barbilla.
— Es peculiar que no hayan sido capaces de aguantarse…
— A lo mejor tenían frío y quisieron acurrucarse un tantito — se mofó Chiharu, frotándose las manos — No sé ustedes, pero yo haré que mi cuerpo entre en calor.
— ¿Te gustaría que Yamazaki se acurrucara un tantito contigo? — preguntó inocente Sakura, con una gran sonrisa en los labios. Hizo que la otra castaña se sonrojara hasta las orejas, porque en su cabeza imaginó algo más que un tierno abrazo, dado el asunto de los compañeros expulsados — Ya veo que sí — rió, rodeándola efusivamente y ajena a las ocurrencias de Chiharu.
Adoraba cuando sus amigas estaban enamoradas, le inspiraban tanta ternura.
Tras hacer trotar a las niñas, la profesora de gimnasia hizo sonar su silbato y todas las alumnas la rodearon al cabo de unos segundos. La mujer armó equipos al azar, anunciando que jugarían a las "quemadas" hasta que finalizara la hora. Sakura quedó en el mismo equipo que Naoko y Rika, mientras que Tomoyo y Chiharu quedaron en el equipo contrario. Cada equipo tenía dieciocho chicas, mezcladas entre dos cursos.
Al cabo de un buen rato sólo quedaban Sakura y Miki, una chica pelirroja de la otra clase. Ambas se lanzaban la pelota y la esquivaban con similar agilidad, pero Miki falló un tiro y la lanzó muy lejos. Se fue girando y rebotando hasta los arbustos y árboles junto al cerco del instituto.
— Voy por ella — ofreció la castaña, corriendo enérgica hacia el lugar donde la había visto caer.
Las hojas amarillas y secas crujieron al ritmo de sus pisadas. Estaba a mediana distancia del grupo. Examinó el lugar un rato, hasta que divisó la pelota blanca pegada a un pequeño cerezo. Caminó hacia el objeto y, cuando se agachó para recogerlo, éste se escapó como si tuviera vida propia. Sus dedos ni siquiera alcanzaron a rozarlo.
Asombrada, volvió a acercarse para tomarlo, pero éste se escabulló del agarre y rodó hasta golpear las rejas metálicas, pintadas de azul, que separaban el terreno de Seijo con la calle. En ese lugar, los árboles y demás plantas se espesaban como una jungla en miniatura, atacada por el ciclo otoñal.
Un niño pequeño se asomó silencioso desde el tronco de un ciprés, a un metro del balón. Tenía las prendas andrajosas, la tez pálida y un oscuro cabello que le llegaba hasta los hombros, enlodado. Se asemejaba a los típicos niños huérfanos que mostraban en los vídeos educativos y películas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial.
Sus minúsculas manitos se aferraban al tallo del joven ciprés y sus descoloridos ojitos miraban a Sakura con estupefacción.
— Puedes verme… — musitó con su vocecita infantil.
Sakura asintió, sin saber qué decir. De la nada la temperatura ambiente pareció disminuir unos cinco grados y estaba tiritando.
— No debes escucharlo, debes alejarte de él — advirtió con dificultad, abrazando con fuerza el tronco — No le creas nada. No es bueno.
— ¿De quién hablas? — cuestionó desconcertada la joven, sobándose los brazos por encima de la tela de su camiseta de piqué para entrar en calor.
Pero el niño comenzó a transparentarse y cerró sus párpados con dolor, estrujándose aún más contra el tronco.
— No es bueno — repitió el pequeño, pero su vocecita se había vuelto un eco y su cuerpo se acababa de evaporar con la brisa, como si nunca hubiese estado ahí.
Sakura entornó los ojos y se los restregó, sorprendida ante la visión. Rodeó el troncó confundida, sin encontrar al niño, quien simplemente se desvaneció al tiempo que la temperatura se recuperaba de forma repentina.
— ¿Qué fue eso? — se preguntó anonadada.
"¿Estoy soñando despierta?"
— ¿Qué fue qué?
La esmeralda ladeó la cabeza para encontrarse con la perspicaz mirada ámbar de Li. Él también vestía su equipo deportivo y sostenía la pelota que había estado buscando.
— Creí haber visto a un niño por aquí — contestó, aturdida — ¿Por casualidad no lo viste también?
Todavía no, pero lo había percibido desde lejos. En un momento, Xiao Lang entornó rápidamente los párpados y fijó la mirada en algo a espaldas de Sakura. Claro que había un niño ahí, aunque no uno común y corriente. El pequeño le sostuvo la mirada unos instantes. Con los ojos desorbitados a causa del pánico, retrocedió varios pasos y, en menos de lo que dura un parpadeo, se esfumó.
— No — mintió, lanzándole delicadamente el balón a la ojiverde. No estaba dispuesto a sentir otra vez la descarga de su energía incólume — Creo que eso era lo que buscabas.
La joven Kinomoto le agradeció, sin abandonar completamente su estado de estupor.
— Estoy alucinando… — murmuró con la vista fija en las hojas amarillas y apretando el balón contra su estómago.
El chino logró oírla y esbozó una inapreciable sonrisa torcida, mientras pensaba en ese fantasma.
— Puede haber sido un niño de la preparatoria de al lado — comentó llanamente, a medida que inspeccionaba el lugar y palpaba el árbol que había capturado la esencia del espectro. De inmediato supo que ese fantasma era la sexta presencia, aparte de Sakura y sus amigas, que antes no había logrado ubicar.
— Quizá, pero él vestía de forma extraña y…
— En la mañana vi a algunos llevando disfraces — eso era cierto.
Había divisado a muchos mocosos que iban de la mano de sus madres, padres o criadas con pedazos de telas de colores y aviones de juguete, entre otros cachivaches.
— ¡Ah! — exclamó Sakura, con una pizca de alivio — Desde octubre empiezan a preparar su obra de teatro para Historia… — pero ese niño había desaparecido ante sus ojos — Ellos no se desvanecen de la nada… Nadie puede — añadió absorta.
Li sólo la observó aburrido hasta que ésta se dignó a mirarlo con sus temblorosas orbes verdes.
— ¿Verdad que no?
— Depende — le dijo. En su mirada había un destello travieso. Li dejó caer su peso en el tronco del ciprés y cruzó los brazos delante del pecho — de si era un humano o no.
La castaña se abrazó al balón, nerviosa.
— ¿Hablas en serio?
— Más o menos — sonrió — ¿Te dijo algo?
— ¡Sakura, sigues aquí! — Tomoyo llegó a su lado en un ligero trote — La profesora dijo que luego llevaras el balón al gimnasio y que ya podemos irnos a nuestras casas — pudo ver al chico nuevo asomar la cabeza desde detrás de un tronco, y entonces creyó comprender el porqué de la demora — Oh… Hola.
— Hola, Daidouji — se separó del árbol, guardando las manos en los bolsillos y poniéndose en marcha — Nos vemos, Kinomoto.
— Eh, ¡espera! — Sakura lo tomó de un brazo y Xiao Lang tuvo que apretar la mandíbula ante el increíble y punzante dolor que le generaba su contacto. Le quemaba la piel, y eso que estaba la camiseta entre medio… ¡Maldita cría estúpida! Quiso gritarle que lo soltara, pero se contuvo como pudo — Sí me dijo cosas — musitó ella, liberándolo — Me dijo que…
— No le creas — la cortó sin delicadeza, pero luego corrigió el tono y murmuró más cordial — Sólo hablan tonterías para asustar a las personas. Mañana podemos seguir conversando al respecto, si quieres…
— Sí quiero — él se despidió con un gesto de la mano, sin voltear — Uhm… Hasta mañana, Li.
Cuando ya anochecía, el joven de cabellos chocolate se encontraba sentado en una pequeña banca, apoyando la espalda descuidadamente en el respaldo de madera. Tenía un habano entre los dedos de la mano izquierda, mientras que con la otra sostenía a un niño sentado, con la cabeza gacha, junto a él.
Estaban en uno de los sectores más antiguos de la ciudad, y en aquella plazoleta sólo eran ellos dos.
— ¿Sabes lo que has logrado, pequeño engendro? — le preguntó con irónica tristeza — Nuestra pobre Sakurita se ha asustado.
— Yo no quería asustarla — lloriqueó el niño, sin mirar al chico. No se atrevía a mirarlo.
— Claro que no — se burló, ronco — Querías intervenir en mis asuntos.
El pequeño negó en silencio, tratando de alejarse de aquél hombre con todas sus fuerzas. Quería transportarse lejos de ahí, pero no podía. Él era muy poderoso, tanto que había logrado encontrarlo a kilómetros de la escuela, donde asistía la chica frente a la cual se había dejado ver.
— Si te vuelvo a descubrir… — susurró suave y amenazador contra su diminuto oído — créeme que lo lamentarás.
Soltó con sutileza al pasmado niño y le acarició el pelo mientras saboreaba su habano.
— Hoy no he acabado contigo sólo porque terminaste colaborando con la causa sin proponértelo, y no sabes el gusto que me da ahora hacerte sentir culpable por ello — sus penetrantes ojos ámbar fulguraron malintencionados, a la vez que su tono se cargó de impaciencia — Anda. Ve y se libre, querido Tenshi, ¿qué mierda estás esperando?
Enseguida se apartó del espeluznante joven. Luego se evaporó y le suplicó angustiado que no le hiciera daño a la chica, a Sakura.
.
Notas de autora: Hola a todos : ) Como de costumbre, agradezco infinitamente sus simpáticos comentarios acerca del fic, en verdad me alegra mucho que tenga tan buena acogida. También agradezco la paciencia que me han tenido xD tanto con este como con el otro fic, el cual espero actualizar a la brevedad.
Por favor, cuídense mucho… El planeta anda demasiado loco últimamente. Es lamentable lo que está pasando, pero todo pasa por algo. Deberíamos comenzar a pensar mejor en nuestras acciones y en lo que éstas desencadenarán después, un claro ejemplo es el tema de la Energía Nuclear. Optemos por energías más limpias, renovables y seguras. Exíjanlo a sus gobernantes: tenemos derecho a un medio ambiente libre de contaminación.
Me da muchísima pena que la gente de Japón, además de estar pasando por los terribles efectos de un devastador terremoto y tsunami, ahora también se encuentren extremadamente preocupados gracias al descuido de quienes ostentan el poder. Realmente, tener plantas nucleares en zonas de alta sismicidad es bastante tirado de las mechas, como decimos acá en Chile. Aunque, al parecer, allá no tienen muchas opciones energéticas. En fin, si sigo hablando acerca de esto no terminaré nunca… Sólo quiero agregar que siento mucha impotencia, rabia y tristeza al respecto.
Fuerza Japón y fuerza a todo el Mundo, porque lo que pase en otros lugares del planeta nos debería concernir a todos. Somos humanos, hermanos más allá de las imaginarias divisiones políticas del terreno en el que estamos asentados.
Atentamente, KaitSidhe
