Los personajes de Card Captor Sakura son propiedad de Clamp, sólo la idea y el argumento de esta historia me pertenece.
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S i m p a t í a p o r e l D e m o n i o
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Summary: Los demonios, sobre todo, jugamos sucio ¿Sabes? Y si se nos presenta la oportunidad, jamás nos privamos del placer que implica corromper un alma tan pura… como la tuya.
CAPITULO IV. ¿Lobo con piel de oveja?
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Una persona ociosa tienta al diablo para que la tiente. – R. Kingston
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La niña contempló el césped del jardín, de un chispeante y alegre verde. Brincó y comprobó que éste era esponjoso, como el de su casa o incluso mejor. Pronto se dejó caer en él y se dispuso a girar y girar sobre su cuerpo varias veces hasta que, sin querer, aplastó las flores cercanas a la plomiza muralla del caserón. Aunque todo le daba vueltas, enseguida echó un vistazo temeroso a los guardias en espera de gestos reprobatorios, sin embargo, éstos seguían estoicos y tan quietos como estatuas. ¡Qué suerte! Así su padre no se enteraría y, por consiguiente, tampoco la reprendería.
Corrió hasta donde había dejado tirado su morral rosa chillón y sacó del interior de éste una desgastada, pero preciosa muñeca.
— Bo, ¿a que no tienes idea? — le dijo, sentándola a su lado en el césped — ¡Estamos en la mansión del clan Li! Mis padres siempre venían sin mí, pero al fin me han traído para conocerla y visitar a mi tía.
Arregló el vestido melocotón de su muñeca preferida y la quedó viendo, pensativa.
Era aburrido tener que esperar a que los adultos terminaran esos temas que ella no debía ni tenía porqué saber, y, exactamente, aquellas habían sido las palabras de su madre antes de enviarla a jugar por ahí, en los vastos jardines de la mansión, pero en ningún caso dentro de ésta, pese a que la chiquilla se moría de ganas de investigar cada rincón de la que había sido por siglos la morada del Clan Li.
Un pequeño papel amarillento, con extrañas inscripciones en tinta oscura, cayó próximo a la niña sin que ésta se percatara.
— La última vez que tía Ieran nos visitó en Shanghái fue para mi cumpleaños, en Marzo… — según sus padres, ésta no había vuelto a viajar a la ciudad desde entonces, y ya era Julio — ¿La recuerdas, Bo? ¡Ella es muy, muy guapa!
Sus bellos ojos rojizos resplandecieron ilusionados, imaginando que algún día podría ser tan alta, tan hermosa y tan elegante como su tía.
La muñeca se fue de espaldas.
— No te desmayes, Bo — rió, reacomodándola — Espera a que la veas apenas terminen sus temas de mayores.
El juguete reiteró su caída, por segunda y hasta una tercera vez. A la tercera intentó acomodarla bien, pero luego se desplomó de frente. Mei Ling ya estaba perdiendo la paciencia.
— ¡Uy! Si te vuelves a caer, te guardaré y no jugaré contigo ni a la hora de dormir.
Apenas ocurrió lo mismo la niña cumplió con lo dicho y la metió con brusquedad en el morral, sacando en reemplazo una versión en miniatura de una fina tacita de porcelana con su respectivo plato. Imitó la agraciada manera en que su tía bebía el té. Alzó un poco el mentón, emulando los movimientos de la mujer. Entonces cruzó miradas con un niño. Él estaba en una de las habitaciones del segundo piso de la mansión y la observaba a través de la ventana. Debía tener su misma edad.
Se puso de pie sacudiéndose la hierba de las rodillas y lo saludó amistosamente con la mano. Él ignoró el gesto.
Mei Ling se preguntó quién era ese niño y qué hacía ahí dentro cuando podían estar jugando juntos.
¿Q… m… ves?
La muchachita dio un respingo al escuchar a alguien hablar muy cerca de ella, pero estaba sola, salvo por los guardias unos metros más allá. Además la voz no era adulta, sino todo lo contrario. Vio descender un talismán mágico: éste era idéntico a los que solía utilizar su padre. Notó que éste se había desprendido desde la ventana, tras la cual se hallaba el castaño, cuyos vidrios estaban prácticamente cercados por una serie de talismanes.
Con que tú eres Li Mei Ling.
La aludida pestañeó, escrutando al niño con atención. En los labios de éste se dibujaba un amago de sonrisa, mientras que sus ojos resplandecían espeluznantes como los de un gato en medio de la oscuridad.
Se le erizaron los bellos de la nuca.
— Mei Ling, ven acá — exigió su padre. Se percibía un rastro de nerviosismo en su voz.
Mei Ling… Pequeña Mei Ling…
Él parecía estar mofándose.
¿Te habían dicho que soy tu primo?
— ¿Mi primo?
Consternado, el hombre escondió a su hija tras él para quitarla de la vista de aquella aberración.
Rápidamente cogió los talismanes caídos, los imbuyó de nueva energía y los envió de vuelta a las vidrieras, mascullando un hechizo de bloqueo. Desatendió la sonrisita retorcida del supuesto niño.
— Padre, ¿ese chico…?
— No — la interrumpió — Long, llévala al hotel inmediatamente — ordenó a un tipo que se había aproximado.
Años más tarde, Mei Ling se detuvo a observar sus Converse rojas, tono que contrastaba de manera interesante con el aceitunado del pasto perfectamente cortado. Escudriñó la ventana del segundo piso en la cual, por primera vez, vio a su "primo" hace nueve años atrás.
En esta ocasión, las pesadas cortinas se encontraban cerradas y no existían talismanes mágicos aferrados a los cristales.
Se imaginó a un Xiao Lang de diecisiete años observándola con actitud pedante e introduciendo palabras en su mente… Sólo había podido verlo dos veces en su vida, y en la segunda terminó con la autoestima por los suelos: su primo, si es que se lo podía llamar realmente así, se había encargado de reventar de golpe su burbuja de princesita. Había sido cosa de dos segundos de descuido.
Si en aquella época ya era cruel, no quería ni pensar en cómo podía ser en la actualidad. Afortunadamente, las ponzoñosas palabras no serían oídas hoy, pues el autor de éstas se hallaba muy lejos de Hong Kong.
— Señorita Li — la saludó una mujer de largo cabello pelirrojo y vestida con un precioso kimono ceremonial — La señora Ieran ya puede recibirla.
— Muchas gracias, señorita Mitsuki. No sabe cuánto agradecemos la ayuda que le está brindando — musitó, tomando una de las frágiles manos de la mujer entre las suyas — Por favor, díganos de qué manera podemos recompensar su labor…
Kaho Mitsuki negó con una ligera y amable sonrisa.
— Mi única paga es contribuir con el progreso de la líder del Clan Li, en la medida de lo posible — reconoció sincera.
La joven se situó junto a la cama de su tía con una solemne reverencia, sin embargo, al comprobar su demacrado aspecto sintió que languidecía. En silencio, Kaho la sostuvo por los hombros.
— Dios mío… — exhaló en un susurro Mei Ling, para luego taparse la boca.
Jamás. Nunca en su vida se habría imaginado que llegaría el día en que vería debilitada y doblegada a tal punto a una mujer que siempre fue en extremo poderosa. Alguien que con su sola presencia era capaz de amedrentar a cualquiera, inclusive a otros fuertes hechiceros.
Sencillamente era incapaz de creer lo que estaba viendo… Esa consumida mujer no podía ser Ieran Li, su hermosa y elegante tía. Resultaba irreal confirmar que la distinguida cabecilla del Clan Li había sido finalmente subyugada, derrotada por su vástago maldito.
En Shanghái, su padre le había aseverado que ésta sólo se encontraba bajo un intenso hechizo de inmovilidad imposible de eliminar a través de la magia, debido a lo cual estaba siendo combatido por una reconocida sacerdotisa japonesa.
— Necesito que me diga la verdad, señorita Mitsuki — le inquirió, reincorporándose con un nudo en la garganta.
Temía lo peor.
La sacerdotisa abrió la boca para contestarle, pero una débil voz se manifestó desde atrás:
— Me recuperaré, Mei — aseguró Ieran constriñendo los párpados, los cuales no había abierto en ningún momento — Y cuando lo haga, lo mataré.
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Varios de los estudiantes del Instituto Seijo, que arribaban aquella mañana, se encontraron con la imperativa necesidad de echarle un vistazo al lujoso automóvil negro, el cual se acababa de detener majestuosamente en la entrada.
— ¿Un Phantom? — se preguntó en voz alta un chico. La muchacha que lo acompañaba le comentó que nunca había oído aquella marca — Es un Rolls-Royce Phantom, uno de los automóviles más costosos del mundo — aclaró emocionado.
Un anciano, el chofer del vehículo, se bajó de éste para abrirle la puerta a su amo.
— Que tenga un buen día, señor — le dijo solemne al joven, con una gran reverencia de por medio.
El chico de cabellos achocolatados se alejó del coche, indiferente a las miradas que le propinaban sus compañeritos en lo que era su segundo día de clases, mientras en sus oídos retumbaban placenteramente las violentas notas de "La Quinta Sinfonía".
Algunos humanos dominaban, de una manera maravillosa, la expresión de sentimientos mal vistos como la frustración y la rabia. Entre ellos se podía contar al intenso Beethoven, compositor condenado a la sordera… Vaya tragedia.
Echó en falta la presencia de Sakura en el salón, sin embargo, pronto la percibió cercana al Instituto, pero no lo suficiente para salvarse de llegar tarde. Podía imaginarla corriendo lo más rápido que daban sus piernas. Con lo bonachona que era quizá hasta se sintiera culpable por el atraso.
Preocupada, Tomoyo pareció contar los segundos en su reloj de pulsera y la profesora de física ya comenzaba a pasar la lista de asistencia de los alumnos. Ésta se tornaba muy inflexible cuando alguien llegaba después de haber sido nombrado y, generalmente, no permitía a los rezagados entrar hasta terminar la cátedra. Si Sakura llegaba tarde esta vez entonces acumularía tres atrasos en la asignatura, consiguiendo así una detención.
— Sakura Kinomoto — la profesora repitió el nombre y realizó un gesto reprobatorio tras no obtener respuesta. Dibujó una tercera equis junto al apellido — La señorita Kinomoto tendrá que quedarse en el instituto después de finalizadas las clases en horario normal, a menos que justifique el retraso.
Prosiguió con el siguiente estudiante en la lista.
— Xiao… Xiao Lang Li — pronunció con dificultad y el chino alzó levemente la mano, cambiando con la otra una canción en su iPod — Al fin conozco al estudiante de excelencia recién llegado desde Hong Kong…
El chino elevó el volumen del aparato; de manera que la voz de la mujer fuese ahogada y diluida entre las notas musicales.
Sintió un pequeño tirón. Alguien había osado quitarle uno de los audífonos.
— Por lo que veo, usted no conoce las reglas de esta Institución — afirmó la enfadada profesora a su lado, quien no soportaba ser ignorada, y menos de aquella forma — Pues bien, le informo que, al menos en Seijo, cuando el profesor entra al salón los alumnos deben dejar de hacer lo que sea que estén haciendo y prestar atención. No sé cómo habrá…
Y siguió inmersa en su blablablá.
Xiao Lang sabía que ésta se estaba enfureciendo gracias a su desdén, por lo que aceleró el proceso poniéndose el audífono de vuelta.
Oh, pobre gente irascible. Ni falta hacía tocarlas para que expresaran lo peor de sí mismas.
— ¡Le estoy haciendo una pregunta! — exclamó la profesora, dando un manotazo en el escritorio de Li, quien rodó los ojos y la miró al fin — ¿Cree que por ser un hijito de papi tiene derecho a faltarme el respeto así?
Xiao Lang enseñó una sonrisa torcida, encantado ante la situación. La profesora pensó que se estaba burlando de ella y terminó por echarlo del aula, además de imponerle convenientemente el mismo castigo que a Sakura.
El chico se retiró del lugar sin haber pronunciado palabra alguna, y divertido por lo fácil que había resultado todo. Ahora podría pasar tiempo a solas con la impuntual castaña, y más tarde también, cuando ambos tuvieran que cumplir con su detención. De esta manera, los encuentros no parecerían forzados ni sospechosos para ella, pues podía ser una muchacha muy pura, pero no necesariamente tonta.
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Sakura había llegado justo hasta la puerta del salón cuando la profesora Adachi dictaba su sentencia. En algún momento creyó que a lo mejor le daría una oportunidad, sin embargo, le quedó claro que había sido muy ilusa durante su carrerilla al instituto.
Al final, en vez de enfrentarse a la humillación pública que comprendía una jadeante petición a su enojona maestra, quien obviamente le diría que no y hablaría de sus pésimas calificaciones, prefirió ir en búsqueda de un lugar temperado donde perder el tiempo. De todas formas igual lo habría perdido durante física, porque entendía absolutamente nada y se dedicaba a dibujar decenas de gatos en su cuaderno hasta que podía salir al receso.
En la cafetería del instituto, bebía a sorbos su té y leía el libro que le había prestado Naoko. Ya llevaba varias páginas y no podía parar, gracias a lo cual podía olvidarse unos instantes de los niños que se esfuman y ese tipo de temas raros que anoche no le habían permitido dormir muy bien que digamos.
Su amiga no mintió cuando afirmó que el libro no daba miedo, pues Edward, el vampiro, parecía ser uno de los buenos, además de ser descrito por la protagonista como guapísimo. No obstante, ésta era algo obsesiva en ese sentido…
De repente, Sakura se sintió observada y despegó la vista del texto.
— Buenos días.
Era el chico transferido desde Hong Kong. Estaba sentado frente a ella con el mentón apoyado en una mano.
La ojiverde cerró el libro, un tanto azorada, y se preguntó cuánto tiempo llevaba él ahí, dado que ni se había enterado de su llegada.
— Hola Li — se metió un mechón de cabello tras la oreja y agregó tímidamente — No me habías hablado antes, ¿verdad?
— Nop.
Menos mal, sino habría sido aún más vergonzoso.
— ¿Cuánto… llevas sentado ahí?
— Sólo un rato — respondió, atrayendo hacia sí el libro para echarle un vistazo — Ah, Crepúsculo. La protagonista muere al final — dijo en tono monocorde.
— ¡¿Qué? — Sakura le arrebató el libro y comenzó a pasar las páginas, buscando el trágico suceso — ¡Pero si está narrado en primera persona!
No podía morir si ella era la que narraba, ¿o sí?
Li había alcanzado a quitar las manos del objeto apenas un segundo antes que ella hiciera el contacto.
— En realidad, acabo de enterarme de la existencia de ese libro — añadió él, entretenido ante su desesperación.
La joven Kinomoto detuvo de inmediato su búsqueda y frunció los labios, enfadada.
— Mala broma — reclamó, con ganas de darle una pequeña patada así como lo hacía con su hermano cuando la trataba de monstruo. Por supuesto se aguantó; no podía estar pateando a su compañero nuevo — Imaginé que Edward la mataba y eso habría sido horrible… — murmuró con los ojos acuosos, pero luego parpadeó — ¿No deberías estar en clases?
El chino la miró entornando levemente los ojos.
Con que la "purísima" se enfadaba y desenfadaba de forma bastante volátil. Él era capaz de percibir aquellos cambios, por ínfimos que estos fueran.
— La profesora me echó, pero da lo mismo — dejó caer lo hombros y decidió cambiar rápido el tema a algo más interesante — ¿Recuerdas al niño de ayer? — la piel del rostro de la chica se blanqueó ligeramente y asintió — No debería volver a molestarte, pero si lo hace no dudes en decírmelo.
— ¿Cómo sabes que no volverá a aparecerse por ahí? — sintió un pequeño escalofrío.
El chino elevó una de las comisuras de sus labios y, apoyando ambos codos sobre la mesa, reconoció:
— Yo sé muchas cosas, Kinomoto.
La aludida se sintió inesperadamente intimidada por la presencia y la penetrante mirada de su compañero.
Claro, de seguro Li sabía mucho, pero ella no estaba muy convencida de si podía confiar en él o no. Algo en su interior le estaba diciendo que no le creyera, que no lo escuchara y que ni siquiera lo mirara, y en verdad no lograba comprender por qué.
Sentía, en el fondo, que le debía creer al niño, sin embargo, resultaba absurdo preferir confiar en una aparición, o lo que fuera, antes que en un ser humano.
— Ese niño era un fantasma, un yurei* — informó Xiao Lang, como si acabara de adivinar el curso de sus pensamientos — Se hacía llamar Tenshi.
Entonces los recuerdos galoparon a través de la mente de Sakura: el oscuro sótano de la casa de Naoko, iluminado por las velas; la recitación del hechizo de invocación a los muertos; el triángulo que se movía por cuenta propia sobre las letras y los números del tablero, deletreando aquél nombre.
Tenshi… Tenshi era un niño que supuestamente falleció a la tierna edad de ocho años... Él había estado en verdad con ellas esa noche…
¡La invocación había funcionado!
No estaba convencida, pero, ¿qué tal si el niño fantasma era malvado?
Sí. Quizás sí.
Si no, no se hubiese mostrado tan indeciso cuando le preguntaron si era "bueno", ni tampoco las hubiese dejado a oscuras. Eso las había espantado a todas… Con que sólo apagara una vela bastaba.
Tenshi, el fantasma, tenía que ser malo. Sólo buscaba atemorizarlas y en ese caso Li estaría en lo cierto.
— Tenías razón. Ayer, cuando me dijiste que no creyera lo que me dijera el niño — musitó — Que él sólo quería asustarme… La verdad, no sería la primera vez que lo hace.
— ¿Ah no? — preguntó Li, desentendido y curioso — ¿Ya se te había aparecido antes?
Pero él conocía la historia muy bien, prácticamente de primera fuente.
La chica bajó la mirada.
— Hace unos días nos comunicamos con él… Mis amigas y yo — tragó saliva pesadamente y susurró — Lo… Lo invocamos con el tablero.
— La Ouija — ratificó Xiao Lang, suspirando — La Ouija no es un juego, Kinomoto. Es peligrosa… ¿Sabes lo que ocurre cuando la utilizas?
Sakura negó con la cabeza y le pidió que le dijera. Pronto se arrepintió.
— Imagina que vas por la calle regalando las llaves de tu casa a cualquier desconocido, a todo el mundo, sin discriminar si son o no confiables, si podrían llegar o no a hacerte daño… — hizo una breve pausa para que la ojiverde procesara las palabras — Es exactamente eso lo que haces cuando juegas a la Ouija: dejas la puerta de tu hogar abierta o le das la llave de ésta a cualquier criatura del otro plano, de las otras dimensiones. Aunque no es sólo tu hogar, sino que también tú como ser humano terminas desprotegida y a merced de los entes de ese mundo inmaterial.
El mutismo absoluto de la chica le otorgó la certera señal de que había ido demasiado rápido.
Nada nuevo. La paciencia no era lo suyo.
— Pero no todo es tan terrible — prosiguió Li, con tono reposado — Al fin y al cabo, me tienes aquí para ayudarte — sonrió un tanto irónico — Te dije que sabía bastante, por lo tanto, además sé cómo protegerte de ese molesto espectro y sus secuaces.
La ojiverde exhaló, con una mano sobre su pecho y los labios entreabiertos.
Luego de unos instantes, habló:
— Mis amigas también necesitarán protegerse, en especial Naoko — se la oía compungida — Fue en su casa donde hicimos esa tontería. Tendré que avisarle…
— No, no debes decirles nada — objetó el chico de modo severo.
— Pero si…
— Se asustarán mucho si les cuentas. Además, creo que a ellas no les ha ocurrido nada, ¿o sí?
— Creo que no. Al menos no me han dicho — se llevó una mano a la boca y se mordió las uñas — Tengo miedo, Li… ¡Hasta estoy temblando!
Claro que tenía miedo. Él, deliciosamente, lo percibía.
Se podría decir que ya conocía uno que otro punto débil en Sakura: su gran curiosidad, su cobardía ante lo sobrenatural y su emocionalidad volátil. Por ahí podría flanquear sus defensas. Debía arrebatar lo suficiente de esa maldita pureza de la que ésta era dueña, de manera tal que luego él pudiera acercarse físicamente, al punto de ser capaz de tocarla sin aquél dolor de por medio.
— Yo te ayudaré. Tan sólo recuerda mantener esta conversación en secreto por el bien de tus amigas.
Existíó una estela de amenaza en su voz cuando pronunció aquella frase. Afortunadamente para Xiao Lang, la castaña ni se había detenido a analizarla, pues se encontraba distraída gracias al miedo.
Por otra parte, había que agregar a la lista de puntos débiles de Sakura el hecho de ser una excelente amiga de sus amigas. Eso en relación a la perspectiva desde la cual lo observaras. Para el joven podía ser un factor entorpecedor en relación a sus objetivos, debido a que las amigas siempre, pero siempre, eran metiches y chismosas.
Sakura asintió suavemente, mordiéndose el labio inferior con desazón.
— ¿Tienes hambre? — preguntó el castaño de modo casual — Porque yo sí. De hecho, me estoy muriendo de hambre. ¿Quieres un sándwich?
La chica dejó escapar una sonrisa ante la amabilidad de Li.
— Estoy bien así. Gracias.
— ¿Un café o té? Veo que ya bebiste el tuyo — insistió Xiao Lang, y el timbre sonó: su tiempo se había acabado por ahora, pero al menos lo había utilizado eficientemente — Espérame, te traeré algo caliente para beber.
A Li no le quedaba otra que compartir un poco con las demás mocosas.
Sakura no dejaba de dar vueltas el tema de los fantasmas en su cabeza, aunque se sentía un tanto más segura y tranquila al respecto ya que su compañero le había ofrecido su ayuda… Al mismo tiempo, le dieron ganas de saber porqué Li manejaba información acerca de aquél tipo de cosas, y cuánto más realmente conocía. Tal vez era aficionado al esoterismo o algo así. Hasta podía ser brujo. Ella estaba casi convencida que la gente especial o con capacidades mágicas y místicas si existía. Su mismo hermano Touya, cuando adolescente, había tenido una especie de poder predictivo.
La cafetería se llenó de alumnos y la joven Kinomoto pronto se vio rodeada por sus amigas, quienes también habían decidido refugiarse ahí debido al frío que se sentía a la intemperie.
Se acordó del trato con Li e intentó saludarlas como lo haría típicamente en cualquier otra ocasión.
Se dirigió a Tomoyo.
— ¿Muy aburrida? — preguntó la ojiverde, refiriéndose a la clase de física.
— Definitivamente, sí — contestó la pelinegra — Y tú, ¿te aburriste mucho durante todo este rato?
— Para nada. Estuve leyendo — enseñó el libro y Naoko alzó el pulgar mientras masticaba su colación — Luego llegó Li y conversamos sobre… Sobre varias cosas.
Las chicas intercambiaron miradas furtivas, todas pícaras salvo una, quien fruncía casi imperceptiblemente el ceño.
— ¡Ah! Te perdiste el día de furia de la profesora Adachi — comentó risueña Chiharu ante la mención del chino — El sexy y guapetón de Li fue el culpable.
Sakura, imitada por Tomoyo, Naoko y Rika, dirigió la vista hacia alguien ubicado detrás de la animada Chiharu. Ésta se volteó para ver qué tanto miraban y enseguida su rostro se tiñó de un poderoso rojo.
"…Hablando de amigas cotillas y metiches", pensó el chico.
— Hola chicas — saludó. Esbozó una sonrisa burlona y dejó sobre la mesa, frente a Sakura, un té bien caliente — Nos vemos por ahí, Kinomoto.
— Pareciera que le gustas — comentó Rika apenas se hubo ido el chino — Algunas querrán matarte cuando se enteren — bromeó.
— Que haya sido amable conmigo no significa nada — se defendió la castaña algo sofocada, como siempre que intentaban vincularla con algún chico.
— En realidad es un poco pronto para eso, Rika — señaló Naoko.
— ¿Celos?
— ¡No! — gruñó, demasiado intensamente como para ser verdad.
— Yo, a diferencia de Naoko, admito que sentiría un poquito de celos — dijo Chiharu, ya recuperada de su repentina subida de presión — ¡Es tan guapo! Serías una suertuda si te pidiera que fueras su novia, Sakura.
— ¡Que NO le gusto a Li! — dijo un poco exasperada, bebiendo el té — ¿Qué hizo él para que lo echaran de física? — preguntó al acordarse.
Naoko se dedicó a contarle la razón mientras Rika contemplaba a Tomoyo, quien había estado muy callada.
— ¿Qué pasa, Tomoyo? — le consultó por lo bajo, sospechando cuál podría ser la razón de su silencio.
La amatista la miró, enseñándole una sonrisa un tanto amarga y encogiéndose de hombros.
Rika lo comprendió y tomó su mano por debajo de la mesa en muestra de apoyo… Ella era la única que sabía el secreto tan bien guardado por Tomoyo durante años.
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* Yurei: así llaman los japoneses a las almas en pena.
Notas de autora: Son las 3 de la mañana acá en Chile y al fin pude terminar este capítulo, en el cual hemos podido saber un poquito de la historia de Xiao desde la perspectiva de Meiling, además de ilustrarnos acerca de lo que ha implicado que Sakura y las demás chicas hayan jugado a la Ouija… ¿Y cuál es el súper secreto de Tomoyo? Seguro hay quienes ya deben saberlo xD
Debería estar estudiando, así que me despido con la ilusión de que hayan disfrutado el capi :)
¡Espero sus comentarios con ansias! ¡Muuuuuuuuuchas gracias por leerme!
Nos leemos en la próxima.
PD: estimada Chocolate-con-menta: puedes dibujar a mi Xiao Lang cuando quieras *o* Sería genial y creo que todos estarían más que de acuerdo xD ¡Estoy cruzando los dedos! AJajajaja
Bl0ndieBtch
