Los personajes de Card Captor Sakura son propiedad de Clamp, sólo la idea y el argumento de esta historia me pertenece.
Simpatía por el Demonio
CAPITULO VII. Enemigo II
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Creer que un enemigo débil no puede dañarnos, es creer que una chispa no puede incendiar el
bosque. - Muslih-Ud-Din Saadi
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Eriol Hiraguizawa, nacido en Londres, era el único hijo de un acaudalado matrimonio entre un japonés y una inglesa. Sus exóticas facciones reflejaban la obviedad de sus raíces asiáticas a pesar de sus profundos ojos índigo. Por otro lado, a cualquiera que supiera algo de magia le recordaría a uno de los brujos más grandes de todos los tiempos: el gran Clow Reed, de quien el muchacho era descendiente.
El apuesto joven, que hacía poco acababa de cumplir dos décadas de vida, había practicado las artes mágicas desde muy corta edad de la mano del mismísimo Clow, su querido abuelo, en su mansión de Inglaterra. Sin embargo, Eriol no sólo había sido preparado para utilizar la magia blanca, sino que también había debido practicar la vetada y criticada magia negra, en especial la referida a la captura y absorción de la energía demoníaca que luego podía transmutar en poder para sí mismo. Por supuesto, al eliminar demonios alrededor del mundo también realizaba una especie de voluntariado humanitario, no se trataba de fines meramente egoístas.
Sentado sobre la cama de la habitación examinaba el hermoso tablero de los Li. Lo consideraba una obra de arte independiente de su extraña utilidad, y se preguntó por qué éste había cesado la búsqueda durante la noche. Pudo haber sido una interferencia o, a pesar que le costaba reconocerlo, una falta de experiencia de él mismo en su uso. De todas formas, había sido la primera vez que lo probaba y no tenía por qué sentirse mal si erraba en algo, mucho menos cuando a quién estaba tratando de localizar no era un simple servidor del mal, sino que una especie de vigoroso demonio, encarnado en cuerpo de hechicero con genes pertenecientes al súper poderoso y prácticamente indestructible Clan Li de Hong Kong… Nada muy complicado, ¿verdad? Excepto que por primera vez en su vida tenía la posibilidad real de morir en el intento.
"Nada por lo cual preocuparse" pensó ante la ironía. Por muy arriesgado que fuera su trabajo y misión, no quería decir que no valorara su vida.
Le echó un vistazo a la sobria habitación de hotel en la que se encontraba, con murallas blanco invierno, un par de muebles aburridos y uno que otro detalle de color terracota, como el edredón de la cama y la lámpara. Se encogió de hombros y se sintió solo. Sabía que hacía falta el peludo y revoltoso de Spinel causando estragos a su alrededor, dándole color a un cuarto tan parco.
Dios, cómo amaba a ese gato.
Spinel era su mascota de siete años, negro como el ébano y dueño de unos enormes ojos verdes. Cuando apenas era un gatito de dos meses, su abuelo se lo había regalado en su cumpleaños número trece indicándole que era un animalito muy especial, y vaya que lo era… ¿qué otro felino te robaba los dulces y luego andaba como borracho a causa de ello? Además, parecía comprender todo lo que se le decía y hacía lo que uno le pedía, a menos, claro, que tuviera la borrachera dulzona.
A diferencia del resto de los felinos, no estaba interesado en la menta de gato, porque claramente la remplazaba por los dulces. Resultaba gracioso cuando parecía intentar resistirse a éstos, pero luego sucumbía y terminaba encaramado en lo más alto de las cortinas maullando desconsolado por ayuda para bajar. Nadie lo creería, pero Spinel era un gato excesivamente especial, un cobarde que odiaba las alturas.
Abrió su billetera y extrajo de ésta una foto que le había tomado en una de sus borracheras gatunas, con una botella de aguardiente casi vacía a su lado. Se había carcajeado de buena gana cuando colocó la botella junto a su inocente gato y luego capturó la imagen para la posteridad.
Suspiró. Lástima que había tenido que dejarlo en Londres, pues era una excelente compañía, pero mejor mantenerlo a salvo.
Guardando la fotografía en su lugar, tomó su móvil y marcó el número de Kaho Mitsuki, la sacerdotisa japonesa que lo había ayudado a situar al demonio en un lugar específico del mapa: Tomoeda.
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Le fue imposible concentrarse durante la última hora de clases, pues sólo se dedicó a pensar en cómo Li podía haberse fijado en alguien como ella, habiendo chicas muchísimo más guapas en el instituto.
Se sentía viviendo en una película o narración de ficción, donde la chica normal consigue al chico apuesto. Bueno, algo así como en Crepúsculo… Sólo faltaba que Li terminara siendo un vampiro abstemio capaz de leer mentes.
Oyó un carraspeo a sus espaldas y por unos instantes creyó que su compañero acababa de "escuchar" lo que ella había estado pensando.
La cátedra de Historia había terminado y todos en el salón estaban guardando sus cosas para regresar a casa o asistir al ensayo de la coreografía, aquella que se encontraban preparando para Halloween y tenía lugar en el gimnasio, en la cual ella era la protagonista por ser la mejor bailarina y líder de las porristas.
Sakura dio media vuelta para encarar al chino, quien aún permanecía en su asiento, apoyando la cabeza en una mano. Pudo notar el cablecito blanco de los audífonos de un reproductor emerger entre su mejilla y la base de la mano, que en ese momento se quitó del oído, fingiendo preocupación.
— ¿Vas a rechazarme? — preguntó con tono afligido.
— ¡Claro que no! — negó rápidamente la castaña con la cabeza, ¡jamás podría ser así de cruel! — Di-digo, que sí saldré con-contigo…
El chino se paró en frente de ella y trató de entregarle su sonrisa más sincera. Respiró hondo y tomó a Sakura por los hombros, automáticamente sintiendo el ardor que le generaba su pureza. Lo quemaba por dentro como el agua bendita, pero resistió. Esto en definitiva sería como una terapia de electro-shock.
La chica abrió los ojos sorprendida, algo asustada y expectante por lo que su compañero podría hacer, imaginando que quizás llegaría a besarla. Se sentía bastante sofocada por el rubor que la atacaba en esos instantes y sus pensamientos. Le latía el corazón de manera extraña, su cuerpo se sentía un tanto diferente: algo acababa de cambiar en ella con ese contacto.
— Genial — musitó Li, forzando una sonrisa a pesar del dolor. La soltó con alivio tras un momento — Podríamos salir mañana por la tarde, como ahora tienes que ensayar…
Sakura asintió frenéticamente y tomó sus cosas.
— ¡Sí! Lu-luego nos ponemos de a-acuerdo, ¡a-ahora me-me están esperando! ¡Adiós Li!
Y huyó del salón como alma que lleva el Diablo.
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— ¡En sus posiciones! — clamó enérgica Naoko a través del micrófono, sentada en una silla parecida a la de los directores de cine.
Era la motivada supervisora de todo lo relacionado con la noche de Halloween, incluida la coreografía que anunciaba el fin de las presentaciones y el comienzo de la fiesta temática. Debía encargarse de que las cosas resultaran perfectas en su celebración favorita.
Tras el sonido de la chirriante puerta de entrada al gimnasio, observó a la linda castaña que se asomaba a través de una rendija.
— Sakura: llegas tarde. Apresúrate y toma posición — dijo, y su voz hizo eco en el lugar.
— ¡Lo siento! — se disculpó corriendo rauda al escenario entre las risas de sus compañeros. Ya estaban acostumbrados.
— ¡Y uno, y dos y tres! — entonces Thriller de Michael Jackson se oyó desde los parlantes.
Desde las tribunas y cosiendo lentejuelas escarlata en una chaqueta, Tomoyo vio divertida cómo Sakura trastabilló un paso, volviendo a retomar rápidamente el ritmo y siguiendo en forma sincronizada la danza. No le cabía duda que la presentación sería espléndida y se vería hermosa con el vestuario que le había diseñado, a pesar del maquillaje de zombie que tendría que llevar.
La amatista se sintió observada y su corazón dio un brinco cuando se topó con Li, sentado en una posición bastante relajada a su lado. Sin embargo escondió su sorpresa permaneciendo estoica en su lugar.
— Buenas tardes, Li — lo saludó, y no pudo evitar sonar un tanto fría.
Siguió cosiendo lentejuelas como si nada, a pesar que el chino le generaba cierto rechazo desde que le había dado por perseguir a Sakura…
— Buenas tardes, Daidouji — respondió él divertido, fijando su mirada en Sakura — es preciosa, ¿verdad? Incluso con ese desteñido chándal.
Tomoyo lo miró de reojo algo incómoda y suspicaz.
— Sí — dijo simple y llanamente, estirando la tela de la chaqueta y fijando hábilmente un par de lentejuelas.
— Veo que le pones mucho empeño al vestuario de Sakura… — acarició la prenda de manera despreocupada — muy bonito.
— Gracias. Después de todo, es mi mejor amiga — afirmó, sin despegar la mirada de su trabajo.
Xiao Lang hizo una mueca socarrona.
— "Amiga" — repitió escueto, y luego agregó ronco — ¿por qué me dio la impresión de… amargura cuando esa palabra salió de tu boca?
Golpe bajo.
A Tomoyo se le llegó a contraer el estómago.
Li observó un ligero temblor en las frágiles y níveas manos de la morena, percibiendo una emergente rabia y frustración desde el interior de su ser, casi, casi tan puro como el de Sakura. No obstante, era ese tipo de sentimientos los que las diferenciaban.
Xiao Lang curvó inadvertidamente los labios, degustando su incomodidad y su temor a haber sido descubierta respecto a su más íntimo secreto.
— No comprendo a qué te refieres, Li — negó Tomoyo, monótona, tratando de ocultar su nerviosismo.
¿Cómo pudo darse cuenta tan rápido? Ni un mes llevaba en la escuela.
— Yo creo que lo entiendes perfectamente, Daidouji.
Ella captaba perfectamente las indirectas.
El chino se puso de pie y la miró penetrantemente a los ojos. La amatista se sintió casi hipnotizada por su potente mirada, que emitía un llamativo y sobrenatural brillo.
Fue cosa de segundos.
— Nos vemos — dijo de repente Li en un tono amigable, rompiendo la conexión.
La morena parpadeó un par de veces, confundida.
— A-adiós — se despidió sin verlo alejarse, sino que dirigiendo su atención a Sakura, que se notaba estaba disfrutando el ensayo.
Alrededor de media hora después, y finalizado el ensayo, la susodicha corrió a las graderías con cierta preocupación reflejada en sus ojos verdes.
— Le dije que sí, Tomoyo — murmuró con las uñas en la boca, cerciorándose que no hubieran moros en la costa — Mañana saldré con… con Li… y me muero de nervios. Necesito que conversemos sobre esto.
La amatista asintió algo triste.
— Acompáñame a casa y hablamos sobre el tema mientras cenamos… Además necesito que te pruebes el pantalón — le dijo, rebuscando algo en su bolso. Tras unos segundos le entregó su teléfono móvil — Avísale a tu padre mientras ordeno esto para que nos vayamos.
— Gracias, Tomoyo — le sonrió.
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Xiao Lang caminó sin rumbo fijo por las calles de Tomoeda. No había querido llamar a Wei para que lo recogiera fuera del instituto, puesto que quería encontrar al novato que osaba utilizar el tablero de "su familia" y jugar un rato con él. Tras unos cuantos minutos caminando se aburrió y se sentó en los columpios del parque que quedaba cerca de la casa de Sakura, ese que tenía un ridículo y gigante pingüino en medio.
A pesar que aún era temprano y acababa de anochecer, no se veía un alma alrededor. Debía ser por el frío.
Encendió un puro negro con la maestría de quien lleva años fumando, cosa que podía verse extraña en un chico de diecisiete años… Pero él no era un chico normal.
Ni siquiera su forma de encender cigarrillos era normal: el fuego parecía nacer de sus dedos, de su piel.
Fijó su vista en una rama tirada en la arena y ésta comenzó a ser devorada por el fuego de una combustión espontánea.
Hastiado de la escasa acción en su vida, tomó las cenizas de la rama y dibujó un círculo con un par de símbolos ilegibles en medio, recitando al mismo tiempo un conjuro en lengua desconocida.
Sombras que germinaron del círculo rodearon su cuerpo velozmente y luego lo abandonaron volviendo a la arena. Tras esto, su apariencia había cambiado por la de un típico japonés de unos treinta años, con ojos marrones y cabello negro.
No volvió a emprender la marcha, simplemente se quedó en el parque. Si quería ser encontrado y pasar un buen rato, debía quedarse en el mismo lugar.
Con la paciencia que no tenía, esperó con los ojos cerrados durante horas, lapso en que incluso había percibido y visto pasar un automóvil con Sakura y Daidouji dentro, camino a casa de la castaña. De vez en cuando era buena idea cambiar la apariencia para que la presa no te reconociera en tareas sospechosas, más si las llevabas a cabo cerca de su residencia… Lo cual le agregaba una cuota extra de diversión: esa posibilidad de ser desenmascarado antes de tiempo, estar al límite y romper en añicos sus ilusiones… ¿Cómo explicarlo? Cosas de demonios.
Pero, en fín, aún era demasiado pronto para ser descubierto en su verdadera naturaleza.
Alrededor de la medianoche comenzó a advertir un ligero pitido en los oídos, el mismo del día anterior.
Sonrió triunfante: era el tablero en funcionamiento.
A kilómetros de distancia, Eriol se hallaba en medio de un área boscosa, con los ojos cerrados y recitando el conjuro con una entonación diferente a la de anoche, como si cantara una especie de mantra.
Vaho salía de su boca por su aliento unos grados más tibio que la temperatura ambiente.
El cielo sin luna otorgaba un matiz lúgubre al lugar en el que el joven se encontraba. Los árboles simulaban figuras malignas que deseaban atraparle, al igual que las sombras proyectadas en el suelo mohoso, como diablillos planeando llevarte a lo más hondo del infierno.
El viento silbaba como un fantasma que se paseaba entre las pocas hojas que quedaban colgando entre las casi desnudas ramas.
El muchacho abrió los ojos de par en par cuando el tablero empezó a temblar violentamente entre sus manos, como si quisiera escapar de su agarre. Lo apretó con fuerza y súbitamente una luz azulina fue eyectada desde el objeto, viajando recta entre las penumbras del bosque. Siguió con la mirada la dirección que ésta había tomado, observando cómo chocaba contra el pecho de una silueta masculina unos doscientos metros más allá de su posición.
El corazón le latió con fuerza cuando dicha silueta apareció, de un segundo a otro, frente a él.
— Me harté de esperarte — susurró el hombre, con una sonrisa perversa.
No era el hijo de Ieran.
Sorprendido, Eriol dejó caer el tablero y tomó rápidamente una llave que colgaba de su cuello, que en un instante se transformó en un báculo que lo sobrepasaba en altura.
— ¡Nomen daemonis! — recitó enérgico, señalándolo con el báculo y dando al mismo tiempo un salto hacia atrás.
No obstante, el hombre se desvaneció frente a sus ojos.
— Claro, pertenezco a la progenie de Lucifer — declaró burlona la voz del hombre a sus espaldas — Y mi nombre ya lo conoces.
El inglés volteó automáticamente poniéndose en guardia, entonces vio cómo un violento remolino de fuego engulló el cuerpo del hombre, para luego extinguirse y encontrarse cara a cara con un sonriente Xiao Lang Li.
Sin la más mínima intención de atacarlo, el chino caminó rodeando al joven de mirada índigo, evidentemente agotado por la realización del hechizo de localización.
Pequeñas gotas de sudor adornaban su pálida piel y la respiración era un tanto agitada. De todas formas, el inglés se encontraba alerta a cualquier movimiento suyo.
— No pienso matarte ahora, sería demasiado fácil y aburrido — le dijo, observándolo con una chispa de diversión y malicia en los ojos.
Eriol frunció el ceño y un poderoso relámpago dorado surgió de su báculo, lanzando al castaño bruscamente contra el tronco de un árbol. Inmediatamente después volvió a atacarlo con otro relámpago, el cual el chico logró esquivar con la agilidad de un gato.
— Qué grosero de tu parte atacarme sin siquiera identificarte, brujo — murmuró en tono sentido Li, contraatacando con una llamarada que apenas y pudo esquivar el agotado muchacho.
— Tienes razón — contestó el ojiazul, recuperando el equilibrio y siguiéndole el juego con una pequeña sonrisa — Soy un maleducado, permíteme presentarme: soy Eriol Hiraguizawa y he sido enviado por tu madre para cazarte.
Xiao Lang se sacudió un poco de polvo del hombro y soltó una risita socarrona.
— Para cazarme — se mofó — Pequeño iluso… ¿Acaso mi querida madre no te explicó que…?
Y no logró terminar la frase, porque un halo de áurea y pura luz lo atravesó, haciéndolo caer de rodillas sobre las hojas secas que se pudrían en la húmeda tierra de la arboleda.
Sintió que un horrendo ardor lo chamuscaba desde el interior de su cuerpo. Era lejos el peor dolor que había sentido en su corta estadía como ser terrenal, decenas de veces peor que el que percibía cuando tocaba a Sakura.
Pero este hechizo ya lo conocía. Ya había sido atacado por éste antes, hacía unos años...
Dejó escapar un corto alarido, que luego se transformó en una risa trastornada.
— Descendiente de Clow Reed — afirmó, con la mirada fulgurante y en llamas, que revelaba su naturaleza demoníaca — Perteneces a la dinastía del viejo Clow.
Otro relámpago empujó al chino lejos, hasta un área frondosa bastantes metros más allá. Se dio un golpe en la espalda contra una roca, terminando en una incómoda posición encima de ésta y con sus párpados sellados.
Parecía inconsciente.
Eriol se acercó al cuerpo del adolescente. Invocó a la fuerza de la naturaleza y, como si tuvieran vida propia, varias raíces nacieron de la tierra y atraparon contra la piedra a Xiao Lang, quien emitió un quejumbroso gemido.
El ataque del halo de pureza lo había debilitado más de lo que podía haber esperado, y a pesar que no era suficiente para dejarlo sin energías para combatir, decidió esperar a ver con qué otro conjuro podía sorprenderlo el descendiente de Clow.
Sorbere malum vi diaboli captus
Transmutari in benigna vis
Aequivalere restituit
¡Caelum et Infernum!*
Lo oyó manifestar el hechizo de magia negra que utilizaban los brujos para absorber la energía de los demonios. Lástima que dicho conjuro no funcionaba con él en estos términos…
De un momento a otro Xiao Lang se deshizo del agarre de las raíces transformándolas en cenizas y, con velocidad sobrehumana, tomó del cuello con ambas manos al desprevenido Eriol, quien sólo había esperado robarle algo de energía, pues sabía que no podría matarlo así como así.
— ¿Por quién me pasas? ¿Por un demonio cualquiera?... Me ofende tu ignorancia — susurró ronco mientras lentamente lo estrangulaba — Me ofende tanto que tomaría tu vida ahora mismo: los brujos siempre son bienvenidos en el Infierno.
Eriol se aferró a los antebrazos del chico y sonrió, sarcástico, aunque apenas y podía respirar.
— S-sé que no e-eres un demonio ordinario — le dijo en tono sofocado.
Li le devolvió una sonrisa lobuna, dejando de asfixiarlo, pero manteniéndolo con los pies en el aire.
— Y yo sé que no eres un vulgar brujo… Me divertí jugando contigo, así que te dejaré vivir un tiempo más — declaró dejándolo caer como un muñeco de trapo, que se reincorporó tosiendo — Pero antes te daré una lección.
Y Eriol supo más nada hasta el día siguiente, cuando se despertó tiritando en medio de la arboleda, empapado del rocío de la madrugada.
Se sintió tan endeble que con mucho esfuerzo logró ponerse de pié. Se apoyó contra un árbol y respiró con dificultad.
— ¡Mierda! — se quejó, enfurecido, dándole un débil puñetazo al tronco.
¡Ese demonio había inhibido sus poderes!
Debió haberlo imaginado, siendo el muchacho Li uno de los demonios de alto rango.
Para su suerte, y gracias a las enseñanzas de su abuelo, sabía que la maldición no duraba para siempre: recuperaría sus poderes en poco más de un mes, cuando fuera noche de luna llena… Lapso en el que Li podía cobrar el alma de otra persona inocente.
— A menos que… a menos que pueda encontrarla — se dijo a sí mismo, armándose de fuerza para caminar y salir de ese lugar.
En cuanto recobrara sus poderes, se vengaría de ese chiquillo y cumpliría su misión.
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Notas de autora: buenas noches o días para todos :) son casi las 3 am acá en Chile. Los dejo con un capítulo nuevecito de paquete de este oscuro fanfic…
Aún no saben lo malvado que puede llegar a ser nuestro hermoso Xiao xD pero ahora tuvieron una muestra más de sus poderes, de lo que es capaz de hacer. Pobrecito Eriol, se nos anduvo emocionando un poco y terminó metiendo la pata, nanai.
Antes de seguir con la cháchara, los dejo con la "traducción" del conjuro que usó el lindo inglés (y que inventé yo). Se lee más bonito y místico en latín:
* Absorbo el vigor malévolo del demonio capturado
Transmuto en vigor benévolo
Equilibrio restaurado
¡Cielo e Infierno!
Y bueno, lamento la tardanza. Este es mi último año de universidad y he tenido demasiadas cosas que hacer, hasta estuve con depresión un tiempo por tanta cosa que pasó y cambió en mi vida, pero ya estoy mejor, saliendo del hoyo y todo. Más contenta y con ganas de escribir. Ahora me hice el tiempo de terminar este capi que tenía guardado como por la mitad.
Ojalá ustedes estén muy bien y les envío un ciberabrazo!
Muchas gracias por sus reviews y por seguir la historia a pesar de todo :D
Espero atenta a sus comentarios :)
Bl0ndieBtch
