Los personajes de Card Captor Sakura son propiedad de Clamp, sólo la idea y el argumento de esta historia me pertenece.

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SimpatíaporelDemonio

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Summary: Los demonios, sobre todo, jugamos sucio ¿Sabes? Y si se nos presenta la oportunidad, jamás nos privamos del placer que implica corromper un alma tan pura… como la tuya.


CAPITULO VIII. El comienzo del fin

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El placer es el bien primero. Es el comienzo de toda preferencia y de toda aversión. Es la ausencia del dolor en el cuerpo y la inquietud en el alma. - Epicuro de Samos

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El entorno era una nebulosa. Todo tenía un tinte onírico, aunque se sentía muy real.

Sakura se encontraba en una mullida cama, encima de unas sábanas blancas e inmaculadas. Era redonda... Nunca había visto ni mucho menos estado en una cama como aquella. Estiró los brazos y las piernas, como quien hace angelitos en la nieve. No pudo evitar sonreír al sentir que la luz del sol le llegaba en pleno rostro y se diseminaba por todo su cuerpo, enviando un calor muy agradable.

De pronto sus dedos rozaron algo extremadamente suave. Alzó las cejas ante el tacto de la tela y le echó un vistazo, curiosa. Se sonrojó de inmediato al notar que llevaba un atuendo ligero y bastante sensual, una especie de babydoll de un tono escarlata oscuro, como la sangre, que ni siquiera le alcanzaba a cubrir los muslos. Estaba hecho de seda.

Ella nunca se pondría algo así, tan atrevido.

Apenas se sentó en el lecho, un tanto asustada, el sol dejó de iluminar la estancia y darle calor a su cuerpo casi desnudo, al tiempo que oía un portazo en medio de una lobreguez total. Tomó el cobertor y se cubrió el cuerpo. Puso ambas manos sobre su pecho, que subía y bajaba con su respiración agitada. La joven estaba expectante.

— ¿Quién anda ahí? — se atrevió a preguntar. Le llamó la atención el tono resuelto de su propia voz.

No se sobresaltó cuando, en medio de la penumbra, percibió que el colchón se inclinaba ante el peso de alguien encaramándose en éste, justo frente a ella.

— Eres tú — sonrió coqueta a la nada misma. Todo era negro, como la boca de un lobo.

El cobertor, junto con las sábanas, se deslizó fluida y paulatinamente a través de sus piernas, en una sugerente caricia que le sacó un suspiro.

Cerró los ojos. Se dejó caer de espaldas en la cama, con las piernas ligeramente abiertas.

Una breve brisa helada le puso la piel de gallina. Pronto su propia mano se aventuró por debajo de la seda del pijama, rozando su vientre lentamente con los dedos. Las uñas dándole cosquillas.

El peso sobre el colchón se acercó más a ella y pudo sentir su respiración cerca de sus piernas. Separó un poco más sus piernas, anhelante.

¿Por qué aún no la tocaba?

Ansiosa, flexionó sutilmente las rodillas y se acarició a sí misma. Sus dedos bordearon su cintura y acariciaron sus caderas, hasta llegar al borde de la tela de su ropa interior. Palpó su bajo vientre y permitió que las uñas se colaran por debajo del margen elasticado de sus bragas.

El aliento tibio de él rozó sus muslos y ella dejó escapar un leve gemido.

— Tócame — le suplicó, con los párpados sellados.

Sin mediar palabras, percibió cómo la respiración de él prácticamente la quemaba por debajo del ombligo. Automáticamente, se dejó llevar por un impulso frenético que dirigía sus manos hacia su entrepierna. Sus propios dedos tantearon un sector, humedecido y terso, que nunca antes se había aventurado a tocar de aquella manera. Había un área en particular sensible al roce. Esto era tan placentero, tan excitante…

¿Eh?

La castaña abrió de golpe los ojos y examinó alrededor.

Estaba en su dormitorio, en su cama rectangular y, por la luz violácea que se filtraba por su ventana, aún era de noche.

¿Qué clase de sueño había sido ese?

Se dio cuenta de que su corazón se encontraba un tanto acelerado. Al rato, sus mejillas se enrojecieron furiosamente al sentir que de verdad se estaba tocando ahí abajo. De inmediato sacó su mano de la zona de peligro, acalorada y extremadamente avergonzada de lo que había estado haciendo… y de su sueño.

— Tu primer sueño mojado — sonrió Xiao Lang, saliendo del trance que lo había acompañado a invadir, sutilmente, los dulces sueños de Sakura Kinomoto.

Eran pasadas las tres de la mañana. Estiró los brazos e hizo crujir su cuello, doblándolo de un lado a otro. Se encontraba sentado en un gran sitial de terciopelo verdoso, cuyo respaldo lo sobrepasaba en altura. Alcanzó con los dedos un puro en una pequeña mesa de encina a su lado y lo encendió con un chasquido. Lo mordisqueó tranquilamente.

Suspiró… Como siempre, ya estaba aburrido. Resultaba odioso cómo ni siquiera en sueños era capaz de tocarla. No obstante, ya el hecho de lograr inspirar en ella una experiencia de aquél tipo era un avance. Después de todo, la chica era una adolescente. Por muy pura que fuera, y por más que ésta las ignorara, tenía hormonas. Sólo había que dar un pequeño empujón para que se pusieran en acción... y esperar.

Odiaba tener que esperar tanto. Lo irritaba.

Afuera el cielo nocturno se encontraba encapotado y no se veía estrella alguna, ni mucho menos la luna, que pronto comenzaría su fase creciente como una pequeñísima luz convexa en el cielo.

En la habitación en la que el Li se hallaba sólo brillaba ligeramente la punta del puro encendido y sus ojos, como los de un felino. Lo rodeaban un montón de libros apilados contra la pared.

Dejó el habano encima de un platillo de cristal y se puso de pie tan pronto la visión de una muchacha de anteojos, la amiga de Sakura Kinomoto, llegó a su mente.

— Casi la había olvidado — se dijo a sí mismo, poniéndose un abrigo largo.

Rápidamente, abandonó la casona en la cual estaba viviendo y siguió su impulso. Entró en su lujoso automóvil, dirigiéndose hacia el hogar de la estúpida adolescente.

Lamento lo entrometido, pero escuché que tu amiga ha estado exenta de ataques del más allá y es infeliz a causa de ello, lo cual me parece, por decirlo menos, absurdo.

Naoko es así, absurda a veces — había dicho Sakura — Debería tener cuidado con las cosas que desea…

Exactamente… porque se pueden hacer realidad.

Detuvo el motor en el frontis de la casa de Yanagisawa, encendiendo un cigarrillo. La noche estaba demasiado apacible para su gusto, por ende, la alborotaría un poco. Sólo un poco.

Naoko se despabiló mientras todavía era de noche. Le echó un vistazo al reloj digital en su velado: las tres de la mañana con cuarenta y seis minutos. Exhaló aliviada porque aún le quedaban unas horas para seguir durmiendo antes de tener que levantarse para ir al instituto. Se acomodó entre las sábanas y replegó los párpados para conciliar el sueño nuevamente.

Casi lo había conseguido, cuando percibió una brisa fría que le erizó los bellos de la nuca. Pestañeó unas cuantas veces y se tapó hasta el cuello.

Al parecer sería un día helado. Anotó mentalmente que tenía que ir muy abrigada durante la mañana a la escuela.

De repente oyó unos pasos acercándose hacia ella, hacia su cama, y abrió los ojos de par en par. Se volteó para observar su cuarto y no logró ver nada fuera de lo normal. Bueno, seguramente estaba soñando o imaginándose cosas. Se restregó la piel de los párpados y se acostó de manera que quedara de cara al techo, el cual observó unos momentos esperando oír pasos, para luego reiterar sus intentos por quedarse dormida.

El viento gélido agitó sus cabellos y, entornando la mirada, pudo notar sorprendida que su ventana estaba abierta de par en par. Las cortinas ondulaban con el viento helado de la noche que se colaba por ésta.

De inmediato, tomó sus anteojos y se los colocó.

— ¿Qué mierda…? — comenzó a preguntarse, estupefacta.

Una fuerza invisible tiró violentamente de su ropa de cama y la destapó por completo. Un tardío grito se apresuró a través de sus labios apenas divisó una Sombra antropomorfa serpentear cerca de sus pies descalzos.

— Dios mío — susurró pasmada, abrazándose las piernas con sus brazos y apegando la espalda en la cabecera de madera del camastro.

Se pellizcó el antebrazo y le dolió. Definitivamente, no estaba soñando. Podía sentir el frío. Podía sentir el terror.

La Sombra se acercó más a ella. La tiró de las piernas y no fue capaz de gritar por ayuda. Sintió cómo algo se le enrollaba en el cuello y la apretaba, mientras que la fuerza sobrenatural la aprisionaba contra la cama, hundiéndola en ésta como si tuviera toneladas de peso encima. Oía crujir la madera y lograr respirar se estaba transformando en una tarea en extremo difícil. Esa cosa, fuera lo que fuera, le estaba haciendo daño de verdad. Pensó que en cualquier instante perdería el conocimiento o, simplemente, moriría asfixiada.

Cuando ya daba todo por perdido, la Sombra desapareció de súbito y todo pareció volver a la normalidad. Se sentó en la cama, con ambas manos sobre su garganta. Tosió e inspiró aire. Estaba desesperada por oxígeno.

Lágrimas rodaban por sus mejillas enrojecidas. No entendía lo que acababa de ocurrir. Esto estaba más allá de su comprensión.

Era lo más extraño que le había pasado en la vida, mucho más rara que la última sesión de Ouija que compartió con sus amigas unas semanas atrás.

Nunca antes había sentido tanto miedo. Pensó que esa cosa la mataría, en serio creyó que se iba a morir.

Se largó a llorar. Quiso levantarse para salir de su habitación, pero súbitamente apareció la Sombra frente a ella. Era negra, tan densa que parecía sólida. No tenía facciones, más si se dio cuenta que poseía un par de ojos que destellaban como el fuego.

Naoko abrió la boca para soltar un chillido y ningún sonido salió de ella.

Angustiada, corrió torpemente hacia la puerta. Sus ojos estaban tan desbordados de lágrimas que apenas y le permitían ver. Por más que trató de tirar desesperadamente de la manija no consiguió abrirla. Siguió intentando y no había caso.

— Por… favor… — consiguió suplicar con los ojos cerrados, sollozando y apoyando su frente en la madera.

Su rostro estaba prácticamente desfigurado, reflejando todo el terror que sentía.

Fue lanzada hacia atrás. Se golpeó y raspó el hombro y el hueso de la cadera con el piso, para luego ser alzada por los aires y caer con fuerza encima de su cama. Aterrada, se llevó temblorosamente las manos al rostro, para así no ver más a esa cosa.

Por dentro gritaba por ayuda. Gritaba para que vinieran sus padres, sin embargo, nadie podía oírla.

Se mantuvo así durante horas, paralizada por el espanto. Oyó la alarma y liberó un alarido desgarrador.

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Al fin era viernes. Era el mejor día para todo estudiante, porque luego vendría el sábado y el domingo, días en que muchos podían dormir hasta tarde y luego hacer lo que quisieran, como salir a divertirse. A parrandear.

— Un amigo celebrará una fiesta hoy — le informó un amigable Enoki a Li, secándose el cabello con una toalla roja — ¿Quieres ir con nosotros? Asistirán tías buenas.

El chino rechazó su oferta, guardando sus implementos deportivos en un bolso.

— Ya tengo planes con una tía buena — dijo con una sonrisa ladina — Gracias de todos modos.

Enoki se encogió de hombros y asintió. Le daba la impresión que Li era muy experimentado en el tema de las chicas, a pesar que ignorara a todas las muchachas de Seijo que se derretían por él.

A lo mejor ya tenía novia, pensó… O en verdad le gustaba Kinomoto.

— ¿Saldrás con Kinomoto? — no pudo evitar preguntar, presa de la curiosidad.

El año anterior Enoki se había atrevido a invitar a salir a Sakura, pero ésta al parecer ni siquiera lo había escuchado, puesto que luego le hizo un comentario acerca de unos tiernos panditas bebés que había visto en televisión, algo nada que ver con lo el tema que él había estado tratando: una cita. Esa chica usualmente vivía en otro mundo.

— Precisamente — Xiao Lang se colgó el bolso al hombro y se fue, despidiéndose con un ademán.

Sólo quedaban un par de clases más y se llevaría a la castaña en plan de cita. Era estúpido, pero estaba impaciente por que llegara la hora de salida, al igual que un niño que espera ansioso a abrir sus regalos de navidad.

Durante la clase de artes, Sakura se mantuvo concentrada dibujando y pintando un paisaje. Le prestó especial atención al follaje de un gran árbol que se situaba en el centro de la hoja, esforzándose por darle el mayor realismo posible.

De vez en cuando se sonrojaba pensando en el insólito sueño de aquella madrugada. Terminaba presionando bastante el lápiz contra el papel, hasta que se le partía la punta.

— Me pregunto si Naoko estará enferma… — oyó decir a Rika, quien coloreaba de rojo una única y delicada rosa.

Las cuatro amigas se encontraban trabajando en la asignación de artes con las mesas unidas. Sólo faltaba Naoko para completar el grupo.

— Pues vayamos a verla — sugirió Chiharu, intentando retratar a Johnny Depp como Jack Sparrow de Los Piratas del Caribe — ¿Qué tal? — le preguntó a Tomoyo, enseñándole su dibujo.

— Te está quedando muy bien — la felicitó — y a ti también te está quedando muy lindo ese árbol, Sakura.

La aludida se sonrojó y la observó, perdida.

— ¿Ah? ¿Qué? — justo se estaba acordando de su sueño subidito de tono y se pasó el rollo de que la habían descubierto de alguna forma misteriosa.

Tomoyo alzó una ceja.

— Nada — las demás rieron — Que iremos a ver a Naoko apenas termine la clase de biología, ¿irás con nosotras?

— Claro — respondió, sacudiendo la cabeza de arriba abajo.

— Claro que no — interrumpió repentinamente Xiao Lang, apoyando las manos sobre el pupitre de la ojiverde y devolviéndole la mirada a las chicas que lo observaban de manera peculiar — Sakura no podrá acompañarlas, señoritas, porque saldrá conmigo hoy.

La castaña abrió los ojos de par en par, muerta de vergüenza porque había olvidado por completo que había quedado de salir aquella tarde con Li. Sintió que su rostro enrojecía como un tomate al notar que, además, era el centro de atención de las miradas curiosas de sus compañeros de clase, quienes cuchicheaban entre ellos.

— Ah… Sí… yo… esto — comenzó a decir, secándose las manos sudorosas en la tela de su falda.

Li miró a Tomoyo de reojo y acarició levemente la espalda de Sakura antes de volver a su puesto, sin esperar respuesta alguna. Una sonrisa de suficiencia colgaba de sus labios.

Sakura no podía creer que, para variar, en Biología a la profesora se le ocurriera pasar el aparato reproductor femenino y, como guinda de la torta, hiciera una alusión a la masturbación femenina. Estaba tan avergonzada por su sueño, que en serio era incapaz de mantener su color normal durante mucho rato. Su rostro era una especie de tomate con rasgos humanos la mayor parte del tiempo. Aparte percibía la mirada de Li pegada a su nuca y más incómoda se sentía. En verdad deseaba que el no pudiera leer la mente y ese tipo de cosas raras.

Xiao Lang se dio cuenta del bochorno por el cual estaba pasando la castaña. Podía verla desde atrás y notaba sus orejas enrojecidas. Frunció los labios, en un intento por disimular la risa que le causaba, pero se le terminó escapando una pequeña carcajada.

— ¿Qué es tan gracioso, jovencito? — cuestionó la profesora, llevándose las manos a las caderas.

— Nada. Chiste interno — le respondió, echándose hacia atrás en el asiento y lanzándole una mirada de pocos amigos para que lo dejara en paz.

Algunos muchachos también rieron, cómplices, pensando que podía tratarse de la masturbación de parte de un chico a una chica.

La mujer entrecerró los ojos, molesta, y prosiguió con su cátedra sobre vaginas, úteros, ovocitos, menstruación, etcétera, para desgracia de Sakura.

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La joven Kinomoto se despidió de sus amigas echa un manojo de nervios. Li le había dicho que la esperaría a la entrada del instituto y, efectivamente, ahí se encontraba él con uniforme y todo, al igual que ella. Había pensado que iba a tener que arreglarse para salir en su primera cita, idea que la había avergonzado bastante, puesto que tampoco sabía como ir vestida a una cita. La consolaba el hecho de poder salir con su compañero tal cual estaba vestida ahora, dado que el uniforme de Seijo le acomodaba bastante.

Xiao Lang le enseñó una sonrisa perlada y le indicó su automóvil, donde un hombre canoso y de apariencia amable le abrió con cortesía una de las puertas.

— Gracias — consiguió decir Sakura sin titubear, a pesar que se sentía un poco intranquila.

El interior del carro de Li era tan elegante como el exterior, con asientos forrados de cuero oscuro, muy espacioso. Le recordaba un poco a las limusinas que había visto en algunas películas.

El castaño entró y se sentó con agilidad junto a ella.

— ¿Quieres algo para beber? — le ofreció, a lo que Sakura lo miró sin saber qué contestar. Él sonrió — ¿Jugo natural? ¿Una gaseosa?

— Ah — murmuró la chica, algo azorada, pues pensó que le estaba ofreciendo alcohol — un jugo natural, por favor.

El apuesto chico le acercó una copa grande y vertió en ella jugo de frambuesa, desde una botella que Sakura nunca había visto antes.

— Mmm — se saboreó, estaba delicioso. Incluso podía sentir la pulpa de la fruta — ¿Es chino?

— Sí.

Él se sirvió un poco de lo mismo y dejó la botella en el interior del pequeño cooler desde el cual la había sacado. Luego presionó un botón, que ocultó el aparato. La adolescente se asombró ante ello. Li debía provenir de una familia muy adinerada para tener lujos como éste. Se preguntó, al igual que otras veces lo había hecho, cómo es que una chica como ella podía haber llamado su atención, pues, de seguro el chino conocía a jóvenes muchísimo más guapas, femeninas y educadas en su ambiente... Más dignas de alguien tan guapo como él.

— Estaba pensando que tal vez podríamos ir a pasar un rato a la Feria Digital en Tokio. Me enteré que la acaban de inaugurar.

Sakura casi escupió el jugo.

— ¿En Tokio? — preguntó atónita, a lo que Li asintió — Pe-pero queda a más de una hora de viaje desde aquí.

— Cuarenta minutos en automóvil — la corrigió — Por eso me pareció buena idea que partiéramos apenas finalizaran las clases — agregó, despreocupado — Dime, ¿a qué hora debes estar en casa?

— Eh… Yo… Mi padre llega a las nueve.

— Bien, estarás en casa antes de las nueve — le guiñó un ojo e hizo chocar los cristales de las copas, seguido a ello bebió un sorbo de la suya, a modo de brindis — Vamos, recién son las cuatro de la tarde — la animó el chino.

La chica suspiró un tanto nerviosa, a pesar que le atraía la idea de ir a pasear a Tokio, jugar videojuegos y ver cosas nuevas.

— ... de acuerdo — musitó tímida, dándole un sorbo a su jugo de frambuesa.

Xiao Lang se regocijó interiormente, pensando en todo lo que iba a poder hacer con esa chica apenas lograra, por fin, quebrantar sus barreras.


Notas de autora: yaa, jaja, perdón por dejarlo hasta ahí, pero en unas horas me voy de viaje hasta principios del próximo año y no alcanzaba a subir el capítulo si seguía desarrollando las ideas :( y créanme que quería seguir xD Prometo que subiré el siguiente antes que termine Enero de 2013!

Por ahora los dejo con esta corta actualización de regalo de Navidad... En verdad espero la hayan disfrutado y comiencen a hacerse una idea de lo que se viene :3

Que tengan una muy linda celebración de año nuevo junto a sus seres queridos! Les deseo a todos un excelente año.

Nos estamos leyendo en la próxima entrega. Espero sus comentarios :)

Atte. Bl0ndieBtch