Los personajes de Card Captor Sakura son propiedad de Clamp, sólo la idea y el argumento de esta historia me pertenece.

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Simpatía por el Demonio

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Summary: Los demonios, sobre todo, jugamos sucio ¿Sabes? Y si se nos presenta la oportunidad, jamás nos privamos del placer que implica corromper un alma tan pura… como la tuya.


CAPITULO IX. El juego

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El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido - Groucho Marx

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Li ladeó una sonrisa ante la expresión de asombro de la castaña apenas se internaron en la Feria Digital de Tokio que, por cierto, era enorme.

El lugar estaba bastante iluminado. Se podía oír música electrónica de fondo, la cual era ad-hok a la temática de la feria, muchísima gente y muchísimas cosas interesantes para ver. Por supuesto, el chino siguió a Sakura, quien, como hipnotizada, de inmediato se dirigió al sector de nuevos videojuegos, consolas varias y máquinas para jugar.

Le alegraba haber elegido este panorama, dado que no representaría peligro alguno para la muchacha y gracias a ello se ganaría aún más su confianza y simpatía. Era mucho esperar "conquistarla" así sin más, pero ya pronto lo haría. Sólo necesitaba la ayuda de las hormonas de la adolescente, además de su propio atractivo físico y sus variadas artimañas.

En cierta forma, tendía a agradecer los genes de los Li, que lo habían favorecido con una apariencia física extremadamente cautivante para los humanos.

Sakura caminaba anonadada por la cantidad de novedades, hasta que de repente se quedó pegada viendo cómo un par de chicos jugaban a dispararle a los zombies en un moderno juego en 3D. Estaba basado en una popular serie de televisión. Xiao Lang no estuvo ajeno a su repentino interés, por tanto supo lo que tenía que hacer.

Tranquilamente se acercó a ellos, deteniéndose en medio de ambos.

Los jóvenes desviaron la atención del juego hacia el recién llegado, quien situó la palma de sus manos en cada una de sus espaldas, donde sintieron que el calor les chamuscaba la piel.

— Lárguense — ordenó Li, simple y llanamente.

Los chicos asintieron de inmediato y, algo aturdidos, dejaron el juego libre de forma automática.

La castaña los miró y, confundida, le preguntó a Li cómo había hecho que se fueran, si se veían tan divertidos. Él simplemente articuló una sonrisa, sin contestarle. Luego la invitó a tomar una de las pistolas de plástico a su lado, que ella recibió no muy convencida.

— La verdad es que me da miedo este tipo de juegos… Me ponen los pelos de punta — admitió, apretando histéricamente una y otra vez el gatillo. Se calzó los anteojos 3D antes que comenzara la etapa — Prefiero los de carrera… y esas cosas menos tétricas.

Aun así no se negó a jugarlo, como habría hecho en cualquier otra instancia. Con sus amigas, por ejemplo. No comprendía la razón, pero junto a su compañero se sentía algo así como segura ante este tipo de cosas… sobrenaturales, por decirlo así.

— Te propongo que ganemos rápido y luego vamos a probar uno de esos — dijo Li, volándole los sesos a un zombie que acababa de aparecer sorpresivamente en pantalla, salvando de paso a una distraída Sakura.

— ¡Me acabas de salvar! — agradeció ella, con una risita nerviosa ante la impresión de ver a esa criatura horrorosa tan cerca de "morderla" — Intentaré devolverte la mano.

La ojiverde lanzó un grito histérico más de alguna vez, producto de la emoción y el realismo del juego. En el proceso, sin querer hasta se puso confianzuda con Li, llegando a darle una que otra palmada en el hombro o empujándolo de vez en cuando, sobre todo en las ocasiones que superaban etapas con altos puntajes. El chico entendió que lo hacía a modo de celebración, sin embargo, él no tenía mucho que celebrar. Además, había que tener en cuenta que cada toque impulsivo de la adolescente le resultaba doloroso.

— Eres muy bueno en esto — lo felicitó ella por sobre el ruido, con una sonrisa radiante y algo despeinada.

— Tu también, para ser tu primera vez — reconoció, a lo que Sakura se sonrojó ligeramente — ¡Cuidado! — advirtió de improviso, devolviéndole un ligero empujón a pesar del dolor.

Ya había tenido que aguantar varios toques de parte de la chica, qué más importaba si recibía otra descarga

Maldita mocosa, ¿por qué tenía que ser tan pura?

La chica soltó un dramático alarido, que bien podría haber dejado sordo a cualquiera, y mató al zombie de un balazo en el ojo, el cual prácticamente tenía sus dientes sobre su hombro.

— ¡Eres un pesado, Li! Casi me muero del susto — chilló ella, temblando de risa y ansiedad ante su inminente muerte en el juego. Que, siendo sincera, estaba considerando bastante entretenido y adrenalínico.

— Pero si no hemos muerto ni una sola vez — se defendió Li, apretando ligeramente la mandíbula — ¿Te gustaría que vayamos por algo para comer? Hay un local de comida a poca distancia de aquí.

— Me parece bien. Creo que ya necesitamos un descanso.

Ambos dejaron colgadas las pistolas, los anteojos y se retiraron, conversando amenamente sobre los momentos más estresantes del juego y sus buenas jugadas como equipo. Cosa que, por supuesto, disfrutaba demasiado Sakura. No obstante, Li debía fingir que estaba tan interesado como ella en la conversación, siendo que sólo ansiaba ponerle las manos encima sin tener que recibir esos estúpidos chispazos de dolor, que podían llegar a tornarse insoportables y debilitantes de ser muy prolongados.

— Voy al baño y vuelvo — le avisó Sakura apenas entraron en el local, perdiéndose rápidamente tras la puerta del baño de chicas.

La castaña se apoyó sobre el lavabo y soltó un suspiro.

Miró su reflejo en el espejo, notando su desaliñado aspecto. Intentó peinarse un poco con ayuda de agua, poniendo sus cabellos en su lugar. Aprovechó de lavarse la cara y refrescarse, pues al haber tanta gente la temperatura era relativamente alta dentro del lugar. También se arregló la camisa del uniforme, la cual se le había salido un poco de la falda.

El sólo gesto de introducir la tela de su camisa dentro de la otra prenda la hizo recordar el desafortunado sueño. Repentinamente, su rostro, ya azorado por el calor, se parecía a la luz roja de un semáforo.

— ¿Por qué? — se quejó, tapándose la cara por la vergüenza.

— ¿Qué dices? — le preguntó una joven chica que acababa de entrar, curiosa.

— ¡Nada! Estaba… hablando sola.

— Ok — la chica se encogió de hombros y se adentró en un cubículo.

Sakura se apoyó unos momentos contra la pared, pensando en lo complicado que iba a ser salir e intentar no pensar en el sueño, en especial si tenía que volver con Li, quien seguramente la llevaba esperando bastante rato.

— ¡Qué vergüenza! — se lamentó en voz alta.

— Loca: deja de hablar sola — oyó que la reprendía la muchacha desde dentro del cubículo.

La castaña no respondió y salió rápidamente del baño.

Encontró a Li en una mesa, distraído, mirando la carta. Se sentó en el asiento frente a él y éste alzó la vista.

— No hay mucha variedad — comentó, acercándole una de las pequeñas cartas.

Ella le agradeció apenas recibirla y enseguida buscó algo para comer, intentando espantar los pensamientos vergonzosos de su mente, sobre todo porque podía percibir la intensa mirada de Li encima.

Ahora sí que parecían estar en una de esas clásicas citas, en que el chico invita a comer a la chica… La sola idea la hacía sonrojar, para variar. Casi se le había olvidado que estaban en una especie de cita y que Li, hacía un día o algo así, le había dicho que la consideraba una muchacha bonita y todas esas cosas.

— ¿Qué vas a pedir? — le preguntó un tanto impaciente Li, con el garzón esperando a su lado.

— Un emparedado — dijo automáticamente ella, dando un saltito en el asiento y enderezándose, porque se había encorvado tanto que parecía un mandril.

— ¿Exactamente, qué emparedado, señorita? — consultó el garzón, tomando nota.

— Uno de jamón y queso — contestó sin pensarlo.

— ¿Algo para beber? — volvió a consultar educadamente el sujeto.

— Té verde, por favor.

El tipo se retiró y Sakura le lanzó una mirada curiosa a su compañero.

— ¿No vas a pedir?

— Ya pedí — le dijo, sonando algo aburrido, por lo que luego agregó, con una de sus características y sensuales sonrisas — Un chocolate caliente y unas galletas surtidas.

La chica asintió y le echó un vistazo a su entorno, sin saber qué más decir. Se encontró con la imagen de un par de jóvenes coqueteando y riendo en una de las mesas contiguas. Él le besaba la mano a ella y parecía susurrarle algo romántico al oído.

Xiao Lang observó la escena también, rodando los ojos. Esto se estaba poniendo aburrido. Demasiado.

Tamborileó los dedos contra la mesa durante unos segundos. Luego carraspeó, intentando llamar la atención de Sakura.

— ¿Qué quieres hacer luego? — le preguntó, moviendo su asiento más cerca de ella — ¿Jugar a las carreras? ¿a los carros chocones o como se llamen?

— ¿Hay carritos chocones aquí? — sus ojos parecieron brillar, a lo que Li asintió — ¡Genial!

En eso llegaron sus pedidos. Sakura disminuyó sus niveles de tensión, al poder tener algo más en lo que centrar su atención mientras estaba junto a su atractivo compañero.

— ¡Está delicioso! — comentó tras probar su emparedado con la boca llena, sin querer.

— Mis galletas también — Li la imitó y ella no pudo evitar reírse.

Era ese tipo de cosas las que le llamaban más la atención de Li, en estas horas que había podido estar con él en otro contexto que no fuera la escuela. Él podía ser gracioso, al tiempo que ultra enigmático y guapo. En estos momentos, no encontraba más palabras para describirlo pero, realmente, se trataba de una combinación un tanto extraña, aunque sin duda bastante atractiva.

Entonces notó que estaban muy cerca y se acaloró un poco. El chico era intimidante, la ponía nerviosa cada vez que lo tenía más cerca de lo establecido, invadiendo un poco su espacio personal.

Xiao Lang le ofreció a probar una de sus galletas, acercándosela a la boca a una ruborizada Sakura, como si fuera lo más típico del mundo.

— Vamos, pruébala, no te vas a arrepentir — le pidió con una sonrisa ladina, mientras su otro brazo descansaba sobre el respaldo de la silla de la castaña, rozando levemente la espalda de ésta. Ella podía percibirlo.

El corazón de Sakura comenzó a acelerar sus latidos, sin embargo, aceptó la galleta de Li, quitándosela de los dedos cuidadosa y tímidamente con los dientes.

No podría seguir soportando mucho tiempo más que él la mirara así y mantuviera aquella posición, tan cercano, que hasta podía divisar un rastro de deseo en sus profundos e hipnotizantes ojos ámbar.

Era extraño… e incómodo, claro.

De todas formas, a pesar de la incomodidad, no le desagradaba su cercanía.

Bien… la verdad, todo era sumamente confuso. No sabía cómo explicar qué sentía al respecto.

Estaba entendiendo nada.

Li se resistió ante la inocente y sorprendida mirada de Sakura quien, sin proponérselo, lo incitaba a tramar múltiples formas de seducirla.

— ¿Te gustó? — abandonó sus ojos verdes y se fijó en su delgado y delicado cuello.

— S-sí.

Ya. Había sido demasiado por el momento para la pobre cría.

— Terminemos rápido esto para ir a los carros chocones — le sugirió el chico, terminando sus galletas y bebiendo de su chocolate caliente.

Sakura asintió, pero luego pensó que no sería tan bueno ir a los carritos enseguida tras comer, por ende, le propuso a Li ir a los videojuegos de carreras.

Antes de lograr salir del local de comida, estuvieron varios minutos discutiendo sobre quién pagaría por lo consumido. Por supuesto pagó Li, no obstante, descubrió que Sakura podía llegar a ser más terca que una mula.

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La puerta de madera labrada se abrió y, para su sorpresa, las escolares pudieron ver a la madre de Naoko, quien trabajaba de enfermera en el Hospital de Tomoeda. Al parecer había llegado antes a casa, pues no llevaba su usual uniforme.

Se notaba algo cansada.

— Señora Yanagisawa — la saludó Rika.

Tomoyo y Chiharu la imitaron con una leve reverencia.

— Buenas tardes chicas. Lamento decirles que Naoko no podrá recibirlas por hoy, se encuentra… muy enferma.

Las tres jóvenes intercambiaron miradas.

— Sólo veníamos a saludarla y, bueno, nos gustaría saber qué le ocurre… — indicó Tomoyo, con su habitual tacto — Señora Yanagisawa, ¿podría decirnos qué tiene Naoko? ¿Es grave?

— Es complejo de explicar — afirmó la mujer tras unos segundos de silencio. Parecía que le costaba respirar, luego la duda y preocupación tiñó su voz — Ella tuvo… algo así como una crisis nerviosa… Creemos que fue un ataque de pánico, pero no estamos seguros. Está un tanto sedada ahora — exhaló y les sonrió levemente — Sin duda mañana ya estará mejor. Muchas gracias por su preocupación, le contaré a mi hija que estuvieron aquí.

— De acuerdo — murmuró Chiharu, alzando una ceja — Gracias a usted señora Yanagisawa. Dígale a Naoko que la queremos mucho, por favor, y que estaremos aquí mañana.

— Claro que sí. Ahora, si me disculpan… — juntó un poco la puerta, con su mirada les pidió que por favor se fueran — Adiós chicas.

— Hasta luego, Señora Yanagisawa.

La puerta se cerró y las muchachas se mantuvieron quietas en la misma posición durante unos instantes, sin mediar palabras. Entonces dieron media vuelta y caminaron un rato hasta que Tomoyo rompió el silencio.

— Esto es extraño — señaló.

— Definitivamente extraño — secundó Rika — ¿Un ataque de pánico?

Chiharu, la chica de coletas, sacudió la cabeza.

— No sé, es preocupante. Naoko tiene mejor salud que cualquiera de nosotras… al menos física. Me refiero a que no se resfría nunca y ese tipo de cosas, porque su estado físico apesta.

Tomoyo se llevó un dedo a la barbilla.

— ¿Al menos física? ¿Sugieres que en verdad puede ser algo mental, entonces?

— Naoko está un poco loca, pero no creo que sea para tanto, chicas — descartó Rika, riendo.

— Como sea — Chiharu movió la mano como si espantara moscas — Mañana sabremos, ojalá no sea nada grave…

— Al menos, hasta donde yo sé, nadie se muere de un ataque de pánico, — aclaró Tomoyo — así que por ese lado podemos estar tranquilas. Un amigo de mi madre, que es psicólogo, lo dijo una vez cuando estaban hablando de alguien que los padecía.

Chiharu suspiró de alivio.

— Es bueno saberlo — murmuró con una sonrisa, para luego detener el paso y abrir los ojos expectante — Acabo de recordar que nuestra Sakurita, en estos precisos momentos, ¡está teniendo su primera cita! — chilló.

Rika rió y Tomoyo frunció levemente el entrecejo, pues casi y se le había olvidado.

— Espero que lo esté disfrutando — dijo con voz monótona la pelinegra —Nosotras podríamos hacer algo para "despejarnos" también, ¿no? Como ir al cine.

— Me gusta la idea — Rika miró de soslayo a Tomoyo — ¿Qué opinas, Chiharu?

— Claro, vamos — aceptó, un tanto intrigada por la actitud de la amatista, sin embargo, rápidamente agregó con ojos soñadores — Me pregunto si Sakura ya habrá dado su primer beso, ¿ustedes que creen? ¡Hagan sus apuestas!

La joven Daidouji maldijo mentalmente a su amiga. Apretó los puños porque ahora la invadían los celos. El sólo hecho de imaginarse a Sakura besándose con alguien la angustiaba… en especial si era con Li.

¡Él lo sabía! Había descubierto los sentimientos que tenía hacia su mejor amiga. Incluso se burlaba, la picaba con eso, porque tenía la ventaja de ser hombre.

— ¿Tomoyo?

Por otro lado, algo en su interior le decía que si la ojiverde se enamoraba de él, entonces, la perdería para siempre.

De pronto chocó contra algo y perdió el equilibrio. Pensó que caería y se golpearía, pero alguien la sostuvo del brazo.

Los ojos azules de un chico la miraban sorprendidos.

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Había estado gran parte del día dando vueltas por la ciudad, recorriendo uno de los cuadrantes que había definido en búsqueda del demonio de mierda y, en particular, de su presa. Ahora se encontraba tan cansado y hambriento que se dirigía al centro comercial para comer cualquier porquería.

Apretó los dientes a causa de la rabia que le daba no poder contar con sus poderes y que ese "niñato" se los haya quitado, así, sin más.

Se sentía tan inútil y avergonzado… Se negaba a aceptar que había fallado en forma definitiva.

El día anterior había ignorado las alrededor de quince llamadas de parte de Kaho Mitsuki, quien de seguro había percibido la ausencia de sus poderes. Quizá en estos instantes pensaba que estaba muerto, porque no había recibido llamada alguna de su parte.

Iba tan sumergido en sus pensamientos que no se percató de las tres chicas que caminaban en dirección contraria a la suya, hasta que chocó con una de éstas.

Eriol reaccionó de inmediato, agarrándola del brazo para no permitir que la muchacha cayera y se golpeara contra el suelo.

Se trataba de una chica hermosa de lacios cabellos azabaches, los cuales contrataban con su pálida piel, y enormes ojos brillantes, de un tono azul violáceo que le recordaban a un par de amatistas.

— Lo siento mucho — se disculpó, avergonzado de su torpeza — No veía por donde andaba.

— Yo también lo siento — oyó que decía ella, con una melodiosa voz.

El joven inglés quedó prendado de su belleza. Salió de su impresión cuando ésta tiró de su brazo, el cual aún sostenía.

— ¡P-perdona! — soltó el agarre, ligeramente azorado por lo embarazoso de la situación.

La chica negó con la cabeza y le regaló una sonrisa amable.

— No, gracias por evitar que cayera. Muchas gracias.

Tras oír unas risitas, recién Eriol se dio cuenta que habían otras dos chicas que acompañaban a la bella morena. Las oyó comentar algo sobre ir al cine y las tres se despidieron de él. Siguieron el camino en dirección contraria a la suya y ella en ningún momento se volteó a mirarlo, salvo sus amigas.

Sería un rostro difícil de olvidar.

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Ieran Li se dejó caer en la silla debido al esfuerzo realizado para lograr caminar. Su cuerpo se sentía tan débil y dolorido...

No obstante, por lo menos ya no debía estar sólo en postura horizontal, tendida en la cama como una inútil. Detestaba poder hacer nada, con suerte y podía articular las palabras.

Con expresión estoica, observó por la ventana el enorme jardín de su hogar: los hermosos colores de las flores y el verde césped. El sol ya se estaba escondiendo tras las copas de los árboles, sólo algunos rayos podían traspasar las hojas y ramas, hasta llegar a ella e iluminar su rostro.

El cabello oscuro caía sobre sus hombros, como tentáculos negros sobre su camisola y bata blanca.

Selló sus envejecidos párpados y acompasó su respiración. Pensó en tiempos pasados, lejanos.

— Despreocúpate, mi amor — le había dicho incontables veces su comprensivo esposo, el líder del Clan Li — Debemos ser pacientes y no perder la esperanza. Algo funcionará... El tratamiento podría ayudarnos.

Ella no podía hacer otra cosa que llorar. La depresión la había hecho presa de la tristeza y la desesperanza total. Nada se solucionaría.

— Cásate de nuevo y sé feliz. Alguien más te podría dar lo que yo no puedo.

Él bufó. Sosteniendo su rostro delicadamente entre las manos, la obligó a mirarlo.

Ieran odiaba cuando hacía eso, pues sólo provocaba que las cosas se tornaran más difíciles para ambos y que su estúpido llanto se volviera interminable.

— Soy feliz — el iris ámbar de sus ojos brillaba reflectando la luz del atardecer, que empequeñecía su pupila — Contigo soy feliz, ¿acaso no lo entiendes? Sólo quiero que tú también lo seas.

— Tú eres el que no entiende, Lang — se quejó Ieran, apartando la mirada — El clan exige que los proveamos de descendencia... Apenas... apenas se enteren de mi problema, querrán que busques a otra esposa. Y ya llevo muchísimo tiempo sin concebir, es obvio que sospechan.

Recordó cómo, aquella vez, él se había mantenido en silencio y luego había abandonado la habitación con un portazo.

La mujer dio un pequeño respingo, como si el portazo acabara de ocurrir en el presente. Entonces sus ojos se empañaron.

Todo era culpa suya, absolutamente todo, y se merecía el infierno en el que estaba viviendo.


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¡Cumplí con mi palabra de actualizar en Enero :D! Me auto-felicito ajaja

Poooobre Eriol, pobre Sakura y Tomoyo... Pobre Ieran, le ha tocado sufrir bastante a esa mujer.

Y Syaoran, bueno, no tiene nada de pobrecito... ¿o sí? :O

¿Qué le habrá pasado a Naoko? O sea, ustedes saben qué le pasó, pero no las consecuencias de ello, ¡chan!

Les aviso que pronto se develará cómo Xiao fue concebido.

Ahh, sobre Lang: sé que en muchos fics nombran "Hien" al padre de Syaoran, pero hasta donde yo sé, no se conoce el verdadero nombre de éste, y que Hien es el nombre de la espada del chico.

En fin, espero que el capítulo haya sido de su gusto y que me dejen sus comentarios, a ver si así me vuelvo loca y actualizo más seguido xD (en verdad mucho de esto depende de la motivación)

Como siempre, le agradezco a todos quienes me han dejado reviews en el capítulo pasado :) Nos leemos en la próxima, que será sí o sí en Febrero!

Bl0ndieBtch