Los personajes de Card Captor Sakura son propiedad de Clamp, sólo la idea y el argumento de esta historia me pertenece.

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Simpatía por el Demonio

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Summary: Los demonios, sobre todo, jugamos sucio ¿Sabes? Y si se nos presenta la oportunidad, jamás nos privamos del placer que implica corromper un alma tan pura… como la tuya.


CAPITULO X. El amor de un padre I

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Amar a la madre de sus hijos es lo mejor que un padre puede hacer por sus hijos.

T. Hesburgh

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Sakura no podía creer que acabara de perder tres desafíos al hilo en las carreras de motocicletas virtuales con Li, quien le sonreía burlonamente mientras pensaba en cómo la muchacha debería pagarle la penitencia.

— No es justo — se quejó, bajando de manera brusca y poco femenina de la moto. El chino logró divisar gran parte de sus muslos al subírsele la falda más de lo debido, pero ella prosiguió, sin enterarse de nada — Se suponía que nunca habías jugado a esto, pero eras todo un experto. Me mentiste y es injusto que tenga que pagar la penitencia.

— ¿Quién lo diría? — la rodeó jocoso — Sakura Kinomoto es una mala perdedora y está molesta, muy molesta.

La susodicha enrojeció, picada. No tranzaba cuando se trataba de juegos de carrera.

— Quiero la revancha — gruñó, alzando un dedo acusador hacia su compañero — Mentiroso.

Li rió ante la expresión rabiosa de la chica. Se veía en extremo graciosa, toda desgarbada y despeinada, llamándolo mentiroso, con el rostro arrebolado y el ceño fruncido. Esto era genial, incluso acudió a su mente la extraña idea de tomarle una foto e inmortalizar su aspecto irritado.

Inspiró la energía que emitía la castaña, como quien aspira el aroma de un bouquet de rosas. Sin embargo, sabía que no podía seguir picándola hasta hacerla enfurecer.

¿O sí?

Necesitaba gustarle, no desagradarle, se recordó. Alzó las manos alegando inocencia.

— Bajemos las revoluciones — pidió regalando su mejor sonrisa — No quiero que me mates, ¿de acuerdo? No he mentido acerca del juego. Ni siquiera te he indicado la penitencia como para que te pongas así de fiera conmigo.

El entrecejo de Sakura se distendió mientras su semblante reflejaba que se sentía avergonzada por su reacción. La naturaleza de su rubor cambió por una de incomodidad.

— Lo siento, Li — se rascó la cabeza con una mueca — Soy muy competitiva con los videojuegos. Con mi hermano me pasaba lo mismo. Ya sé que me pongo muy rara — al menos no se le trabó la lengua al expresarse ante el chino.

— No importa, de todas maneras fue divertido — "y motivante", pensó. Sakura era chispeante, apasionada. Era inevitable no ser consciente de aquello — Aunque, claro, eso no quita que sigas en deuda conmigo. Acuerdos son acuerdos — indicó, pasándole despreocupadamente un brazo por los hombros, pues las demostraciones de ira nada tenían de puras. La muchacha se estremeció ante el contacto y actitud cercana de Li — Sé que eres una mujer de palabra.

— ¿Ha-hablas de la penitencia?

Se sintió un tanto mareada ante el exótico calor que expelía el cuerpo de Li, tan próximo a ella. Nunca un chico la había abrazado así. Bueno, medio-abrazado, así como andan los novios de verdad.

Aturdida y sofocada, la necesidad de desabrocharse un botón de la camisa de la escuela se le hizo impostergable, mientras el chino caminaba junto a ella y hablaba sobre cosas a las que no había logrado prestar atención, a pesar de no estar pensando nada en específico.

— … domingo.

— ¿D-domingo? — Li asintió y ella no tenía idea sobre qué ocurriría mañana.

— Y te ahorras la penitencia, ¿qué te parece? Que ya es hora de que te deje en casa. Se me pasó el rato volando.

— Me parece bien — respondió tímida, mientras la temperatura de su cuerpo seguía siendo más alta de lo normal. Seguro y se trataba de sus recientemente despiertas hormonas adolescentes. Después de todo, Li era guapísimo y la seguía abrazando como si fuera su novia.

Por su parte, el de cabellos chocolate sabía que Sakura había escuchado ni huevo de lo que le había estado diciendo, pero daba lo mismo.

— Así que tienes un hermano… — decidió romper el hielo. Apenas y habían intercambiado palabras en los casi cinco minutos que llevaban del viaje de vuelta a Tomoeda. Debía intentar conversar de algo casual y simular interés en su vida.

La mirada de la ojiverde viajó de los luminosos edificios, que había estado observando a través de la ventana, hacia él, con una tímida sonrisa colgando de sus finos labios.

— Sí, su nombre es Touya. Estudia aquí — señaló hacia el vidrio — en Tokio. Hace tiempo que no vive con nosotros — cierta nostalgia tiñó su voz ante la última aseveración.

— Lo echas de menos — afirmó Li. Se le hacía difícil dar la impresión del típico chico comprensivo, pero al parecer le había resultado bien, pues percibió que la tensión de Sakura se dispersaba un poco.

— Sí… — dijo suavemente — Tú… ¿Extrañas a alguien de Hong Kong? — preguntó ingenuamente, esperando saber algo más acerca de Li.

Aquella pregunta lo pilló por sorpresa, a pesar que era obvia teniendo en cuenta el tema. Nunca antes una de sus presas consultó acerca de si él echaba de menos a alguien. Por lo general, no eran muy parlanchinas, ni mucho menos curiosas.

¿Extrañar a alguien? Por favor.

— A mi madre — soltó al tiempo que desviaba la mirada hacia la ventana, de manera que la chica no alcanzara a ver la curva irónica que se había formado en su boca.

Sakura supuso que el castaño se había sentido mal y por aquella razón había decidido mirar hacia otro lado, ocultando de ella una expresión de tristeza. Al mismo tiempo, le extrañó que no estuviera con su mamá en Japón. Mal que mal, era sólo un chico, así como ella.

— ¿Con quién te mudaste entonces? ¿Tu padre? — tal vez estaban divorciados. Inconscientemente, se movió en el asiento para acercarse un poco más al joven.

Él la contempló con sus llamativos iris, de un tono similar al caramelo derretido. Un fulgor sobrenatural, que ya casi había olvidado, relampagueó en la mirada del chino. Sakura creyó visualizar fuego ardiente en sus ojos y de inmediato se le erizaron los vellos de la nuca.

— Mi padre murió antes de que yo naciera — espetó de tal manera que la adolescente sospechó que acababa de meter la pata con una pregunta inoportuna.

Hacía casi dos décadas atrás, Lang Li se sentía desesperado ante el inminente descarte de su esposa por parte del Concejo.

— Ieran es incapaz de otorgarnos un heredero, por ende, no sirve. La única función de las mujeres es la de darnos hijos — habían sido las temblorosas pero frías palabras de su abuelo, quien a pesar de su avanzada edad se negaba a los brazos de la muerte y a abandonar la cabeza del Gran Concejo, que tantos anhelaban — Ya va una semana de búsqueda de otra potencial candidata para ser tu próxima esposa. Desde luego, aplicaremos exámenes de fertilidad: no queremos otra mujer defectuosa.

Lang apretó los puños hasta que se le clavaron dolorosamente las uñas en la piel, resistiendo con todas sus fuerzas las ganas de rebelarse ante el estúpido anciano que trataba a su mujer como una cosa, no como una persona.

La sangre bullía en su cabeza como si fuera a explotar. La mirada compasiva del único occidental presente, mano derecha de su abuelo, lo ayudó a tranquilizarse.

— Puesto que mi nieto está al tanto de nuestras decisiones — indicó solemne, mientras una de sus venosas manos se presionaba contra la silla — declaro por finalizada esta reunión extraordinaria. Se encuentran en libertad de acción a contar de ahora.

Un par de aduladores tipos que integraban el Concejo, ayudaron al viejo a ponerse en pie, quien se dirigió hacia un ofuscado Lang.

Recorrió de un vistazo rápido los cientos de arrugas que surcaban el rostro del despreciable esperpento de hombre, para luego clavar su mirada ambarina desafiante en los lechosos ojos de su antecesor.

— Quiero que eches a la calle a esa mujer apenas encontremos a la candidata perfecta. De momento, puedes seguir gozando de ella todo lo que quieras. No me importa.

Furioso, Lang hubiese agarrado al anciano por el cuello de no ser por el tacto oportuno de Clow, a quien estimaba y respetaba a pesar que formara parte de esa tropa de imbéciles.

El anciano dio por terminada la conversación y, sin despedirse siquiera de su nieto, abandonó el antiguo y exquisitamente decorado salón.

— Sé lo que has estado planeando — soltó Clow Reed, entrecerrando su mirada índigo tras los finos cristales de sus gafas. Se encontraba ataviado con una túnica azul profundo al modo occidental, como de costumbre — Te advierto que no es la mejor solución.

Lang le entregó una expresión derrotada, con grandes bolsas oscuras bajo sus ojos. Estaba cansado de todo.

— No pienso abandonar a Ieran... La amo, ¿acaso no comprendes?

Clow sonrió amablemente, posando una mano en su hombro.

— Lo comprendo. Tus sentimientos por ella no me son indiferentes, sin embargo… — musitó con evidente preocupación — me temo que tu amor, si llevas a cabo lo que estás tramando, no nos llevará a nada bueno.

— No es cierto — bufó Lang, sacudiéndose la mano de Clow del hombro y dando un paso atrás — No tienes la menor idea. Esto sólo reportará felicidad a Ieran. Es un sacrificio justo por amor, el sentimiento más puro del mundo, ¿no? El amor llama al amor ¡tú mismo me lo enseñaste!

— ¡Pero estamos hablando de magia negra! — susurró alarmado. Su tono se volvió suplicante — Por favor, Lang, no soy quien para detenerte, pero el destino de Ieran nunca fue ser madre. Si rompes ese plan, entonces…

El terco hombre lo interrumpió, negando con la cabeza. Un mechón marrón cayó sobre su frente.

— El destino no existe: somos dueños de nuestras vidas.

— Por favor, entiende — prosiguió Clow, con tristeza — Las artes oscuras cuentan con un doble filo, son traicioneras. Terminarás muerto y esa criatura, tu hijo… Ese que tanto añoras… Lo he visto: será una aberración.

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Tan pronto Sakura volvió a casa se desplomó sobre el sofá marrón, agotada por su larga y novedosa jornada.

No terminaba de creer que acabara de tener una cita con Li, prácticamente el muchacho más guapo de Seijo. Lo había pasado de maravillas en su compañía.

Mientras inconscientemente sonreía como una boba, se dispuso a buscar el número de Tomoyo en su teléfono móvil. Seguro estaba expectante por escuchar cómo le había ido en la primera cita de su vida. Tras oír un par de tonos, oyó una puerta cerrarse en el segundo piso y algunos pasos. De inmediato se incorporó, pálida, pensado que podía tratarse del fantasma una vez más.

¡Sakura! — oyó chillar a Tomoyo y ella gritó de la impresión. Había olvidado que la estaba llamando — ¡Dios!, ¿te encuentras bien? Como sepa que Li te está haciendo algo yo…

— No, no — murmuró — Me asusté, escuché ruidos en casa.

Un movimiento negro por el rabillo del ojo llamó su atención mientras sostenía el auricular contra su oído.

— ¿Monstruo? — llamó su hermano mientras descendía rápidamente por las escaleras, extendiendo los brazos hacia ella.

Los ojos verdes de la chica se abrieron de par en par y, con una sonrisa radiante, mezcla de felicidad y alivio, corrió a los brazos de su hermano para saludarlo.

— ¡No nos avisaste que vendrías! Y me diste tremendo susto — reclamó, sin dejar de abrazarlo. Su día no podía ser más perfecto — ¡Papá se pondrá muy contento cuando te vea!

Touya despeinó a la castaña con los nudillos, como solía hacerlo cuando ésta era más pequeña, y al oírla refunfuñar se largó a reír.

Sakura — oyó una voz lejana y le arrebató el teléfono a su hermana.

— ¿Con quién hablas? — inquirió, acercando el aparato a su oreja — ¿Quién eres? — preguntó, arisco.

¿Touya, eres tú? — reconoció a la mejor amiga de Sakura al instante.

— Por supuesto que soy yo, ¿qué tal?... Yo también… Sí… ¡¿Qué Sakura qué?! — el moreno le lanzó una mirada reprobatoria a su hermana — Bien, gracias por informarme… Sí, lo mataré… Hablo en serio… No, no se te ocurra llamar a la policía… Por supuesto que no lo mataré literalmente, no seas tonta, sólo lo golpearé un poco… ¿Chino?... ¿Xixuan cuánto?

Sakura se llevó una mano al rostro, muerta de vergüenza, pero al mismo tiempo con una tentación de risa ante los gestos desconcertados de su hermano por el nombre de Li, que intentó pronunciar unas tres veces sin éxito.

Por otro lado, no entendía qué le había dado a Tomoyo por contarle a Touya acerca de su cita, cuando ésta sabía lo celoso y sobreprotector que era su hermano, a pesar que no había mucho que él pudiera hacer a esas alturas, pues ya era una chica mayor y más madura con todo el derecho del mundo a tener novio, al igual que él.

— ¿Dónde está Yukito? — preguntó apenas Touya hubo cortado la conversación con Tomoyo.

— Pasó a ver a sus abuelos, vendrá a cenar con nosotros mañana. Pero no me cambies el tema, monstruo — murmuró con el entrecejo fruncido — ¿Quién es ese Xoixan Li?

Sakura se rió, corrigiéndolo.

— Como sea, a la mierda con su nombre — gruñó el mayor de los Kinomoto — Debes presentármelo. Si me agrada, puedes quedártelo — dijo, como si se tratara de una mascota.

— Pero si ni siquiera es mi novio — se defendió Sakura, percibiendo el ardor en sus mejillas — Sólo somos amigos.

— Sí, claro, y yo soy un teletubbie — rodó los ojos y tomó las manos de su hermanita entre las suyas — Sólo quiero asegurarme de que sea un buen tipo, no quiero que andes con un idiota que sólo espera meterse entre tus calzones.

— ¡Touya! — se arreboló aún más Sakura, dándole un puñetazo en el hombro que sólo le hizo cosquillas — No me gusta cuando hablas así…

El susodicho suspiró, analizando las bellas facciones de su hermana.

— Tienes edad suficiente para estar al tanto de aquellas cosas, Sakura. Conozco a tipos despreciables que engatusan a las muchachas lindas e inocentes como tú sólo para conseguir diversión por una noche.

La adolescente negó, incorporándose en dirección a la cocina. Touya la siguió.

— No quiero hablar de esas cosas, todavía no tengo novio — dio por zanjado el tema mientras buscaba los ingredientes para preparar la cena — Ay, Touya — se lamentó — De haber avisado que venías, tendría algo especial para cocinarte. Con lo que hay sólo puedo preparar un aburrido guiso. He olvidado ir al supermercado.

— Lo que hagas estará bien para mí. Créeme: prácticamente me la paso comiendo porquerías porque con Yuki no tenemos tiempo para cocinar. La universidad nos consume.

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Naoko recibió a sus amigas en pijama. Le habían fallado las ganas de cambiarse a un atuendo más presentable dado que los medicamentos la tenían un tanto sedada.

Claro, podían doparla todo lo que quisieran, pero ella no estaba loca. Por supuesto que no. Lo que vivió había sido real, tan real como un pellizco y su posterior dolor. No permitiría que le intentaran borrar la experiencia con remedios y terapia, obligandola a pensar que todo era producto de su activa imaginación, alimentada por sus múltiples lecturas.

Ella no había enloquecido, no señor.

— Fue la mejor experiencia paranormal de mi vida — dijo, a medida que bebía un sorbo de té. En sus labios afloró una sonrisa floja que combinaba con sus ojos adormilados — Los doctores piensan que tuve un brote psicótico, o algo así. Allá ellos.

Tomoyo enarcó las cejas.

— ¿Qué fue lo que pasó? — preguntó, echándole un vistazo a Sakura, quien parecía levemente angustiada y no dejaba de recorrer con ojos nerviosos el rostro de Naoko, como un animalito asustado.

La muchacha se cubrió la boca con una risita.

— Ustedes pensarán que estoy loca también — las observó a todas y cada una: Chiharu con una galleta a medio comer, desconcertada. Rika con las manos sobre su regazo y visiblemente preocupada. Tomoyo, analítica como siempre… Se fijó en la inocente ojiverde y su semblante cambió a uno más serio — Me atacó la sombra, aquella que viste cuando jugamos Ouija.

Sakura tragó saliva con dificultad. Esos recuerdos los había escondido en el lugar más recóndito de su memoria y ahora Naoko la obligaba a traerlos de vuelta a la superficie. A medida que narraba lo acontecido, el ritmo cardíaco de la castaña aumentaba. Pensó en Li y en lo que le había dicho días atrás, sobre los deseos de su amiga de anteojos.

La noche de Ouija. Las velas y la Sombra… El niño fantasma días después.

Lamento lo entrometido, pero escuché que tu amiga ha estado exenta de ataques del más allá y es infeliz a causa de ello, lo cual me parece, por decirlo menos, absurdo.

Naoko es así, absurda a veces — admitió ella, mirándolo por un corto lapso — Debería tener cuidado con las cosas que desea…

Exactamente — había afirmado él, con una extraña sonrisa — porque se pueden hacer realidad.

Los deseos de Naoko se habían vuelto realidad y era justamente lo que ella no quería. Esperaba que sus amigas lograran estar seguras. Necesitaba hablar con Li acerca de esto, urgente.

— Lo cierto es que en el momento, fue horrible — reconoció con los ojos vidriosos, continuando con su relato — Ahora lo recuerdo con emoción, por supuesto, pero créanme que jamás pediría volver a vivir algo así. Fue brutal. Un instante pensé que iba a morir… — lágrimas corrieron a través de sus mejillas — ¡El peor susto de mi vida! No me dejaba respirar — se llevó las manos a la garganta, que se le había anudado ante la angustia — Así, como si me estuvieran ahorcando.

Rika fue a abrazarla, sin embargo, Naoko la rechazó.

— ¡No me toques! — se crispó, como un gato aterrado.

— Lo siento — se disculpó Rika, sin saber de qué otra forma consolarla. Dirigió un gesto pidiendo ayuda a las demás, notoriamente descolocadas.

— Iré por su madre — susurró Tomoyo, abandonando rápidamente la habitación.

El ambiente se había tensado. Chiharu no fue capaz de contener las lágrimas, pensando que Naoko estaba mal, muy mal.

— Sakura… — la llamó Naoko. La aludida se sobresaltó y, dudosa, se acercó a su amiga, sin atreverse a tocarla. Ella se le acercó, abrazándose a sí misma como una verdadera paciente mental — Nosotras. Tu y yo... — comenzó a decirle con voz temblorosa — estamos perdidas — sentenció, dejando un rastro de aliento caliente en su oído.


Notas de autora:

Ya, no se preocupen, no volveré a prometer nada xD Ciertamente, tenía botadas alrededor de dos páginas de este capítulo hacía tiempo, pero ayer me puse las pilas, como decimos aquí, para terminarlo y subirlo a más tardar hoy.

Agradezco el apoyo entregado y pido disculpas por el atraso :(

No tengo mucho más que decir o contar... Sólo les envío un abrazo de oso a todas mis lectoras. Son un amor!

Estaré pendiente de sus comentarios acerca del capítulo, incluso de sus tomatazos y reclamos por la tardanza. Pueden hasta putearme si quieren xD

Con cariño,

Bl0ndieBtch