Los personajes de Card Captor Sakura son propiedad de Clamp, sólo la idea y el argumento de esta historia me pertenece.
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Simpatía por el Demonio
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CAPITULO XIII. Noche de Brujos
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Los caprichos pueden ser perdonados, pero es un crimen despertar una pasión duradera para satisfacer un capricho.- Maurois
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Sakura parpadeó un par de veces.
Tragó con dificultad al encontrarse en una oscura y desconocida habitación donde solamente la acompañaba una atmósfera velada y etérea. Sin querer detallar en la negrura que la rodeaba, decidió bajar la mirada y notó que el lugar mullido sobre el que estaba sentada era una cama blanca y redonda, muy extraña. Se percató, al mismo tiempo, de sus piernas desnudas: llevaba puesta una coqueta camisola de satén escarlata que apenas y le rozaba una ínfima fracción de los muslos.
Palpó la sedosidad de la tela, mientras se preguntaba qué hacía vestida así, y una repentina brisa que se arremolinó en la alcoba hizo que se le erizara el vello de la nuca. Quiso cubrirse, atemorizada, pero no había sábanas ni frazadas con las cuales hacerlo. Se abrazó a sí misma y echó un escueto vistazo alrededor.
Negro. Todo era negro, salvo la cama en la que estaba, como si un foco de luz tenue estuviese encendido y la iluminara desde arriba.
Ya había estado aquí antes… Ahora lo recordaba.
Creía estar físicamente sola, sin embargo, se sentía acechada por una presencia que serpenteaba en la zona oscura que la cercaba. A esas alturas el corazón ya le martillaba el pecho a causa de la expectación.
— ¿Q-quién…?
El colchón se reclinó ligeramente ante un peso a sus espaldas. Contuvo la respiración y no se atrevió a voltear para ver qué… o quién era la persona que la acompañaba en medio de la penumbra. Se sentía tan vulnerable.
La cama, antes blanca, gradualmente comenzó a ennegrecerse como si hubiesen derramado tinta.
"Estoy soñando", pensó de repente, aliviada. "Puedo despertar."
Cerró los ojos y se quedó estática cuando unos fríos dedos rozaron su piel, apartándole delicadamente las hebras de cabello del cuello.
Sintió la respiración del desconocido a un costado de su rostro. Él pareció aspirar su aroma y pronto la tomó por los hombros descubiertos, enredando los dedos en los delgados tirantes de su camisola.
— Soy yo — susurró en su oído una cálida voz masculina.
La respiración de Sakura se agitó al reconocerlo, pensando en su ropa… o en lo poco que llevaba de ésta. Se cubrió el pecho por inercia.
¿Por qué estaba vestida así? ¿Qué hacía él en su sueño raro?
Li le clavó los colmillos en la garganta, tomándola por sorpresa, y toda la sangre de su cuerpo se concentró en el punto donde la piel se le plegaba debido a la presión de la mordida. Era consciente de que la sangre le salía a borbotones y que la vida parecía abandonarla, no obstante aquél dolor lacerante se le hacía totalmente plácido.
Soltó un suspiro mientras el chico seguía bebiendo de ella.
— Además de hechicero… ¿eres un vampiro? — preguntó con la voz en un hilo, sin hacer ademán de alejarse.
Él pareció sonreír contra su cuello.
— Los vampiros no existen — le aseguró, pese a que los labios húmedos de sangre mancharon el lóbulo de su oreja.
— Pero eres algo más — musitó Sakura, apretando los párpados — ¿Qué eres, entonces?
Oyó su risa ronca.
Li le acarició sutilmente el vientre por encima de la tela satinada, mientras que unos dedos ágiles le hicieron cosquillas sobre la piel interna de los muslos. Ella no hizo nada para impedirlo. No se sentía capaz. Se le hacía demasiado agradable, si es que esa era la palabra para describirlo.
— No te gustaría saberlo — amenazó él, al tiempo que una mano varonil se aventuraba delicada hacia sus costillas y dibujaba, lentamente, el contorno inferior de uno de sus pechos — Sólo deberías saber que eres mía, Sakura.
Sacudió la cabeza y esquivó por reflejo la mano de Tomoyo, quien la hizo revolotear frente a su cara.
— ¡Sakura!
Se puso recta en su asiento y pestañeó al sentirse un tanto desorientada. Estaba en el salón de clases, al cual había llegado milagrosamente temprano puesto que no había podido volver a conciliar el sueño tras despertarse de la nada, inquieta.
Había soñado algo relacionado con Li, pero no recordaba bien qué, sólo que él era un vampiro.
— Lo siento Tomoyo, ¿qué me decías?
— Quería saber cómo te fue en la cita con Li — la chica forzó una sonrisa al notar cómo Sakura se ruborizaba — Con lo de la pobre Naoko había olvidado preguntarte, al igual que Chiharu y Rika: las dos tenían planeado bombardearte a preguntas.
La castaña asintió y recapituló mentalmente que no debía comentar nada, absolutamente nada, sobre las cosas extraordinarias que habían tenido lugar en el parque el día anterior. Después de huir ridículamente de Li, éste le había enviado un sucinto mensaje al móvil y habían quedado en que lo ocurrido sería un secreto entre ambos. Al menos las partes en las que había magia.
El resto puedes contarlo, si te apetece.
Las mejillas de Sakura ardieron al rememorar las singulares acciones de su compañero y las sensaciones que causó en ella, por lo que prefirió ni mencionarlo. Le daba demasiada vergüenza.
¿Por qué había hecho aquello? A veces Li era extraño.
Sintió la mirada indiscreta de su amiga y se aclaró la garganta. Pensó en la vez en que había ido con Li a Tokio, sobre lo cual estaba preguntando precisamente Tomoyo, no acerca de lo que pasó el domingo. No.
— E-estuvo bien, me divertí muchísimo. Li es un buen chico — dijo, pero al ver cómo Tomoyo entrecerraba la mirada, agregó moviendo las manos: — Na-nada en plan romántico, en s-serio. Fue como una salida de amigos… N-no tengo mucho más que contar… a… a menos que quieras saber a cuántos zombis les volé los sesos o cómo Li me dio una paliza en un juego de motocicletas — indicó con un mohín. Casi lo había olvidado.
Su mejor amiga la observaba incrédula.
— Tú, Sakura Kinomoto…— inclinó la cabeza, intentando hacerse la idea — ¿Volándole los sesos a los zombis? ¿De esos que te dan pavor y asco?
— Sí. Bueno, yo tampoco me lo esperaba— indicó despreocupada y alzó cómicamente un puño en el aire — ¡Es que fue muy divertido, Tomoyo! Además de emocionante, no sabes cuánto. Pasamos muchísimas etapas con puntajes máximos. Li me salvó en varias ocasiones y yo a él, ¡fue genial! Hacemos un excelente equipo.
Tomoyo no comprendía qué bicho le había picado, o qué había hecho Li como para que Sakura jugara a algo que la asustaba y la ponía de los nervios. No obstante, decidió poner sobre el tapete otro tema que le generaba más curiosidad y le dolía, al mismo tiempo.
— Entonces Li no intentó besarte ni nada de eso.
— ¡Claro que no! — negó, demasiado rápido y desesperada para su gusto.
La castaña se estiró el cuello de la blusa, pensando en la sensación de la lengua de su compañero recorriéndole la mandíbula.
Le dio un escalofrío. Eso no había sido un beso, pero ningún amigo suyo le había hecho algo como aquello. Parecía una cosa más… íntima. Incluso se sintió como la vez de su sueño rarito.
Además, no sabía si era normal que la gente anduviera lamiéndose por ahí, al menos no de esa forma… que distaba demasiado del modo en que lo hacía un amigable perrito.
Tomoyo no pudo evitar advertir, una vez más, que Sakura se hallaba demasiado azorada, cosa que no tendía a hacer tan seguido como lo estaba haciendo ese día.
La castaña ya había pasado por una época de constantes sonrojos, más que nada cuando se sintió atraída por Yukito hace varios años atrás, que había sido un gusto totalmente infantil.
— ¿Y te gustaría que lo hiciera? — cuestionó de todos modos, pese a que ya conocía la respuesta.
— ¿Ah? ¿Que hiciera qué?
Tomoyo simplemente ablandó el semblante y le acarició el cabello en un gesto maternal. Estaba prácticamente segura que a Sakura ya le gustaba Li. Y como si la vida quisiera restregárselo en la cara, en ese preciso instante el susodicho atravesó el marco de la puerta del salón y miró directamente a la castaña, ofreciéndole una sonrisa ladeada.
El pulso de Sakura se aceleró. Incapaz de sostener la intensa mirada ámbar no halló nada mejor que hacer que juguetear y enredar torpemente los dedos sobre su regazo.
La morena reparó en el andar arrogante del chino e intentó ignorar el nerviosismo de Sakura ante la presencia de éste. Se alejó y se acomodó en el puesto paralelo.
— Hola, Sakura — oyó que saludaba Li con toda la confianza del mundo.
— Bu-buenos días.
Los observó de soslayo sintiendo que sobraba absolutamente: su mejor amiga ruborizada y él sin tener ojos para nadie más que para ella.
— ¿Qué tal, Daidouji? — la sorprendió — ¿Estás molesta por algo?
El tonito socarrón no le pasó desapercibido.
— Buenos días, Li. No, no pasa nada.
El profesor llegó y, automáticamente, Tomoyo comenzó a sacar sus útiles decidida a desatender a los tortolitos mientras fuera capaz. De repente su estuche cayó al suelo sin que ella lo pasara a llevar. Cuando quiso agacharse para recogerlo el chino ya se había inclinado en su dirección y se lo ofrecía perezosamente, con el atisbo de una sonrisa en sus labios.
— Sé que lo estás — susurró.
Sus ojos azules vibraron producto de la incomodidad. Nadie antes la había leído así. Nadie, y el muy ruin hasta se regodeaba.
¿Pero a qué jugaba Li?
Debido al imprevisto enojo que la había hecho sentir, Tomoyo terminó acaparando durante gran parte del día a Sakura quien, curiosamente, no parecía tener intenciones de pasar tiempo a solas con el chino. Incluso al día siguiente la ojiverde se empeñó en evitarlo deliberadamente y él, despreocupado, se dedicó a intercambiar miradas divertidas con la morena, como indicándole burlonamente que él sabía algo que ella no.
Al día siguiente la jornada escolar llegaba a su fin y ella necesitaba saber, o más bien confirmar, lo que pasaba por la mente de su amiga. No había que ser adivino para percibir que la castaña estaba ocultando cosas.
— ¿Podrías decirme qué te ocurre? — se decidió a preguntar, ya que tampoco parecía dispuesta a contarlo por cuenta propia.
Sakura se quedó de piedra en su asiento durante unos segundos. Las manos le temblaban ligeramente cuando tomó el cuaderno y lo metió en la mochila.
Se volteó hacia Tomoyo con la cara roja y, luego de comprobar varias veces que ya no quedaban más alumnos en el salón, se dignó a hablar.
— Esto… yo… — sus ojos claros relucieron ansiosos y avergonzados — Creo que… que m-me gus-gusta…
— ¿Qué te gusta Li? — terminó por ella, como si fuera lo más obvio del mundo.
Sakura le cubrió la boca, alarmada.
— ¡Shh, no lo digas tan alto! — la soltó en cuanto la vio asentir.
— ¿Entonces por qué huyes de él? — el rostro de su interlocutora se tornó todavía más rojo, de ser posible — No entiendo, ¿tanto te cohíbe?
— Es que no sé qué pasa conmigo, Tomoyo — dijo bajito, y le dio la impresión de que estaba recordando algo. Sakura bajó la cabeza y el cabello cubrió convenientemente su mirada avergonzada — To-todas estas noches he soñado con él.
Por un breve lapso la morena frunció levemente el entrecejo.
— Y son su-sueños… sueños en los que… — lanzó un quejido y se cubrió la cara con ambas manos mientras negaba frenéticamente — ¡Muero de vergüenza! ¡No puede ser que sueñe con ese tipo de cosas, Tomoyo!
— ¿Qué clase de sueños?
Sakura se desparramó plañidera sobre el pupitre, ¡no se los contaría a nadie!
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Pese a que Sakura estaba hecha un lío y huía y enrojecía furiosamente cada vez que él deambulaba cerca, Xiao Lang no lo había pasado nada de mal. En efecto, se había divertido de lo lindo con sus reacciones ansiosas, que sabía estaban muy probablemente acompañadas de flashes intrusivos sobre aquellos sueños subidos de tono. Él había estado presente en todos y cada uno de ellos, salvo alguno que hubiese tenido la chica por su cuenta con características melosas y que bajo ninguna circunstancia tenían que ver con su influencia.
O tal vez sí... por culpa de esa estupidez de los cerezos.
Xiao Lang chasqueó la lengua: el despiadado e incesante ataque al mundo onírico de la niñita, empero, lo recreaba tanto como lo frustraba, pues en la realidad no podía tocarla. Todavía no.
Irónicamente, gracias a Dios existía Tomoyo Daidouji. El desconcierto y las sospechas de ésta ante la causa de las extrañas reacciones de Sakura constituían para él un incentivo extra y, por lo tanto, la mantenía dentro del catálogo de juguetería. No obstante, el detalle preponderante consistía en que la muchacha estaba enamorada de su "mejor amiga", cosa que le parecía bastante cómica. Además, en absoluto desperdiciaría la oportunidad de picarla con ello, menos cuando podía usarlo en beneficio propio.
Como la guinda del pastel, cabía agregar el regreso a clases de la chiquilla adicta a las narraciones de terror, quien se había ausentado debido al pequeño y dulce sobresalto que le había propinado. El chino no recordaba su nombre, pero sí sus gritos, y ahora que la analizaba la veía un tanto ida. No le extrañaría que se encontrara bajo el efecto de antipsicóticos, suerte de arma inútil a la que recurrían los humanos para combatir alucinaciones que no eran tales.
¿Cuántas veces se habían aliado con el Infierno, sin saberlo?
Todos esos tipos que se suicidaban en un último intento desesperado por librarse del acoso de distintas entidades sobrenaturales. Éstas usualmente empleaban ciertas fisuras a través de las cuales podían colarse en este plano. Las fisuras podían ser causadas por un desequilibrio del medio en sí, como también por las acciones, pensamientos y sentimientos de las personas, entre otras cosas.
Indudablemente se trataba de un tema bastante complejo. Sin embargo, en este caso no tenía que ver fisura alguna, sino que un mero acto de imprudencia e idiotez pura en el que, estaba convencido, esta chiquilla había tenido el papel principal. En cierto modo era gracias a ella que Sakura había hecho aparición en su radar.
— Bienvenida — dijo a Naoko durante el período del descanso, cuando la encontró caminando sola.
Ella detuvo el paso, atónita.
—… Gracias Li — respondió, sin creer que el guapísimo chico le estuviese hablando.
Su presencia la hacía sentir pequeña, y su mirada altiva la intimidaba otro poco. Aunque si el castaño era prácticamente el novio de Sakura, pensó, tendría que empezar a acostumbrarse a uno que otro intercambio cordial de palabras con él.
— Deberías tener más cuidado la próxima vez — soltó.
La muchacha de gafas se abrazó a los libros que llevaba y lo observó confusa.
— ¿Sa-Sakura te contó?
— Algo.
— Ya veo — murmuró ella hacia adentro — Yo no creo que haya sido un fantasma, ¿sabes?
Él le ofreció una sonrisita ladina, en la medida que pasaba rápido y sutilmente el dorso de un dedo por su mejilla. Aquél gesto la turbó.
— ¿Qué crees que fue, entonces? — preguntó con suavidad, como quien le habla a un niño pequeño.
— Un... demonio — afirmó Naoko con la mirada perdida — Fue un demonio.
— Sí, puede que haya sido uno — bisbiseó, cómplice — Y dudo que te vuelva a molestar — No te volverá a molestar durante un tiempo, porque tiene otras chicas con las que jugar.
Aquella mañana de miércoles Sakura se había puesto muy contenta debido al regreso de Naoko a la escuela, en especial porque daba la impresión de haber vuelto a la normalidad. A medida que pasaban las horas se dio cuenta de que ésta ya no transmitía mensajes ominosos ni mencionaba lo que había pasado. Por el contrario, parecía muy concentrada en ser parte activa de la organización de la celebración del viernes, esforzándose para que todo resultara según lo planeado. Durante los recreos, Naoko se dedicó a supervisar y a colaborar con el recuento de los materiales y decoraciones finales, pues sería la primera vez que harían una fiesta por Halloween en la escuela, de lo cual había sido una de las propulsoras.
Las chicas apenas y habían podido conversar con la muchacha de anteojos, no obstante todas coincidían en que la veían mucho mejor, comparado con la vez de la visita. En general, se trataba de un alivio para todas.
En un abrir y cerrar de ojos el jueves llegó y acabó. Aquél día Sakura y el grupo de la coreografía tuvieron el último ensayo y ajustes de vestuario, cortesía de Tomoyo.
— ¿Entonces no vas a cantar? — consultó Rika mientras le echaba una mano con la costura.
La de ojos azules realizó un gesto de negación.
— No me dio el tiempo.
Rika le dedicó una mirada comprensiva. Sabía que la morena se había esforzado muchísimo en el vestuario de Sakura para la coreografía de apertura y que hasta le había diseñado un disfraz para la fiesta que le seguía. Quería remarcar lo tierna que era cuando, de pronto, pareció acordarse de algo.
— ¡La maqueta para Geografía! — casi gritó y comenzó a llamar a Chiharu al móvil — Con todo el ajetreo que hemos tenido esta semana la olvidé por completo.
— Con Sakura intentaremos hacerla hoy — dijo ella, serena — Supongo que todos estamos igual — rió.
Una voz femenina se oyó estrangulada desde el auricular y Rika centró su atención en el aparato.
— Chiharu, tenemos que hacer la maqueta de...
Tomoyo se desconectó en cuanto vio a Sakura pasar corriendo por su lado en dirección a los vestidores de chicas. La conocía hace tantos años que sabía lo ansiosa que estaba por la coreografía y la dichosa maqueta para mañana, que ni habían empezado. A lo anterior había que sumar la revelación y revolución de su libido, la cual se había abierto paso en su sistema a través de los sueños protagonizados por el aparecido de Li.
La morena asumió que Sakura recién se percataba de que ya no era una niña, sino que una adolescente hormonada como todos. Y, efectivamente, así lo sentía la propia castaña, quien se roció agua al rostro apenas hallarse frente al lavabo.
Le sonrió a su reflejo en el espejo en un gesto de congratulación, puesto que el último ensayo había resultado genial. El grupo se sincronizó correctamente y ella no trastabilló ni una sola vez. Gracias a que se había hallado tan concentrada en eso, hasta consiguió espantar de su mente aquellas imágenes que la acosaban en sueños y la hacían sentir como una pervertida, resultando imposible verle la cara a su co-protagonista sin antes transformarse en un hervidero de sangre.
Sacudió la cabeza y decidió apurarse. Había mucho trabajo por hacer.
Cuando retrocedió para buscar su toalla con la idea de desvestirse y darse una ducha rápida, alguien la tomó de un tirón y la llevó dentro de una de las duchas. Fue estampada sin mucho cuidado contra la cerámica fría y grisácea.
Era Li, y no había nadie más que ella y su compañero en aquél vestidor de chicas.
El corazón se le disparó en el pecho.
— Me has estado evitando — gruñó él.
Sakura no supo desentrañar la contradictoria expresión que se esbozaba en su apuesto rostro. Por un lado, tenía el ceño fruncido y parecía enfadado. Por el otro, en sus labios se perfilaba una tenue sonrisa... ¿se estaría burlando?
No, Li no tenía cómo saber sobre sus sueños degenerados. A menos que leyera la mente o hiciera uso de su magia.
— Li, yo…
Era imposible pasar por alto el rubor furioso que coloreaba las mejillas de Sakura. Xiao Lang se hallaba más que consciente acerca de las hormonas, ahora funcionales, de la chica. Hasta se podían percibir los cambios en la energía de ésta, una pizca menos pura... Sin embargo, aún no era suficiente.
La situación general se estaba tornando demasiado difícil de soportar. El chico se amonestó mentalmente por no haberla metido dentro de uno de los baños individuales, así por lo menos podría ponerle seguro a la puertecilla. De todos modos cerró la cortina plástica, como para transmitirle la idea de que ya había tenido bastante de sus artes escapistas durante los últimos días. Además, valerse de la magia en estas instancias sólo serviría para asustarla.
Con un sólo paso sus rostros quedaron a un palmo de distancia, teniendo él que inclinarse sobre ella debido a la diferencia de altura y a lo encogida sobre sí misma que parecía encontrarse. Intimidada, suponía. Li apoyó el antebrazo justo por encima de la cabeza de ésta para aportar mayor tensión a la deliberada invasión de su espacio vital.
La seriedad en el semblante del chino la hizo sentirse más nerviosa de lo que ya se sentía. Es más, se percató de que sus ojos ámbar centelleaban de forma extraña en la medida que éste le acariciaba el cabello, aspiraba su aroma y suspiraba, quejándose sobre algo en un idioma ininteligible entre dientes.
Topó descuidadamente su frente con la de ella.
— No tienes idea de cuánto me gustas, ¿verdad? — manifestó a la vez que suavemente tiraba y enrollaba un mechón de su cabello.
Sakura sintió el pulgar de Li paseándose sinuoso a través del borde de su labio inferior. Se mareó de forma automática cuando lo vio relamerse lentamente y ladear una sonrisa. Si volvía a hacerle lo del Domingo, moriría.
Xiao Lang no tenía que hacer que la chica se enamorara perdidamente de él, por supuesto que no: esto nada tenía que ver con el necio amor. Sólo debía instarla a desearlo como una demente. No tenía por qué seguir llevando las cosas tan lento, paso a paso... siempre podía darles un empujón.
En especial si lo único que quería era devorar por fin esa maldita boca impoluta.
Acarició la espalda de Sakura por encima de la camiseta. La chica estaba ardiendo. Pudo percibir cómo ésta tembló ligeramente ante su tacto e inspiró el dulce aroma que expelía. Tan pura. Tan abrumadoramente casta.
— Te noto acalorada — la mirada turbada que le ofreció con sus brillantes esmeraldas le causó cierta gracia — ¿Quieres que te refresque un poco?
Giró la llave de la ducha y una lluvia ligera comenzó a salpicarles. Antes que la castaña chillara de la impresión Xiao Lang ya tenía puesta una mano sobre su boca. Le sostuvo intensamente la mirada unos instantes y plantó un beso en el dorso de su propia mano, exactamente a la altura de donde sentía los tersos labios de Sakura, cuyo rostro escaldaba.
Las preciosas orbes verdes lo observaban anonadas mientras que en absoluto se esforzaba por intentar separarse de él. Lo consideró una buena señal, no obstante, aún era muy pronto.
— Se llaman sueños mojados — la liberó de repente, acariciando una vez más sus labios mientras cerraba la llave del agua. La miró de arriba a abajo con expresión pícara y agregó: — Justo como estás ahora.
— ¿Sakura?
Vaya, había estado tan centrado en su presa que apenas y había podido percibir la presencia de Daidouji viniendo en camino.
La aludida reaccionó alejándose de inmediato de él, quien permitió que huyera del cubículo, sin remedio. Enseguida tras la castaña apareció Li, aprovechando de regalarle una insidiosa sonrisa a la morena. Parecía dolida.
— Sakura — repitió ella, observando al chino de reojo. "¿Qué habían estado haciendo encerrados allí, los dos solos?", eso le hubiese gustado preguntar — El chofer ya está aquí, nos está esperando... ¿por qué tienes la ropa mojada? — "Al igual que Li", pensó.
— M-me cambiaré en tu casa — evasiva, la castaña fue a por su bolso — ¡Da-dame un segundo!
Xiao Lang sostuvo la mirada de Tomoyo en la medida que caminaba en su dirección. Se situó tras la mampara, la cual resguardaba de la visión hacia el interior de los vestidores desde la entrada.
— Daidouji — la llamó.
La morena lo había estado mirando con el entrecejo fruncido cuando él le alzó el mentón. Ésta lo rehuyó de manera casi automática, pues el tacto del muchacho le irradió una sensación extraña. Al mismo tiempo sintió que algo se alteraba dentro de ella.
Oyeron los pasos de Sakura.
— Es tu oportunidad — dijo el chico, antes de marcharse con una sonrisita enigmática.
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Li no se presentó a clases por la mañana y Sakura sintió que los músculos de sus hombros al fin se distendían un poco.
Soñar con él toda la semana, inclusive durante aquella misma madrugada, y haber tenido que mantenerse alerta en su presencia era simplemente demasiado. Había aceptado que el chico le gustaba, sí, pero le resultaba inconcebible que éste se mantuviera en su mente hasta cuando no estaba despierta. Sakura llegó al punto de pensar que quizá se había obsesionado con él, sumado al descubrimiento de una faceta ciertamente pervertida que jamás pensó podía tener.
Podía apostar que lo suyo no era nada normal si agregaba la tensa experiencia en la ducha, en compañía del susodicho, momento durante el cual con suerte había logrado articular dos palabras. Ni siquiera se había sentido capaz de moverse en cuanto a Li se le ocurrió largar el agua... Quizá ante la curiosa expectativa de llegar a vivir una situación similar a las que ocurrían dentro de sus sueños. No obstante, si el chico con el cual estás obsesionada: te acorrala y admite que le gustas, luego te acaricia y, quemándote con la mirada, simula que te besa... pero tú no puedes hacer reaccionar otro músculo que no sea el ocular, entonces difícilmente cabe la posibilidad de que llegue a suceder mucho.
Luego no supo si agradecer o molestarse por la interrupción de su amiga. Debía agradecer, en realidad, porque así al menos pudo reaccionar y de paso se salvó por poco de un desmayo producto de su estado febril. Un estado del que Li se había percatado.
Se llaman sueños mojados.
¡Y se había enterado de sus sueños! ¿Cómo? ¿Cómo lo supo?
A lo mejor con su magia... ¡y no era para nada justo!
Se llaman sueños mojados. Justo como estás ahora.
La castaña se dio un par de cabezazos contra el pupitre y se quedó tendida ahí, conformándose con los gritos y lloriqueos mentales. Deseó con toda su fuerza que Tomoyo no le preguntara qué era lo que le pasaba, y por fortuna no lo hizo. Ya había tenido bastante con sus interrogatorios anoche y se hubiese asfixiado a sí misma con una almohada con tal de no tener que seguir abriendo la boca, porque con Tomoyo era imposible quedarse callada: siempre, pero siempre te sonsacaba todo.
Así, Sakura se mantuvo en una actitud contemplativa durante la mañana y hacia la última clase se dispuso a dormitar. Fue Rika quien la ayudó a despertarse luego de sonar el timbre del descanso, ofreciéndole unas galletas de chocolate que horneó el día anterior, mientras trabajaba con Chiharu.
— ¡Deliciosas! — la elogió — ¿Me... puedo comer otra?
— Obvio, Sakura. Come todas las que quieras — la incitó, sonriendo.
— Tus hijos comerán muy rico — comentó en su tercera galleta — Muchas gracias por compartirlas conmigo.
— No es nada, me hace feliz que los demás disfruten lo que cocino.
— ¡Pues lo estoy disfrutando mucho!
Sakura se regocijó junto a Rika y echó un vistazo al salón, donde sólo había otros dos chicos jugando con unas cartas. Sin querer terminó reparando en el puesto vacío que le correspondía a Li.
En un principio creyó que éste sólo llegaría tarde, no obstante no apareció durante el resto de la jornada escolar. Producto de su ausencia se había ganado un cero en Geografía, a menos que tuviera licencia médica o algo que lo ayudara a tener otra ocasión para enseñar su trabajo. Por otro lado, ella y Tomoyo habían obtenido la nota máxima en dicha asignatura, cosa genial cuando le habían puesto tanto empeño a la maqueta de la prefectura de Miyagi. Además, la amatista se había esforzado en conseguir todos los materiales necesarios para que les resultara hermosa y precisa, y eso teniendo en cuenta que la habían hecho a última hora.
Titubeante, la castaña no sabía si enviar un mensaje preguntando por la salud de su compañero. Probablemente, el dilema radicaba en que éste podía salir con cualquier comentario incómodo. Justo anoche Tomoyo le había ayudado a comprender la última frase del chino... y se quiso morir.
Sin embargo, aquello no conformaba una escusa para no demostrarle su preocupación por él. Dejando de lado sus líos, redactó su sencilla pregunta con las manos temblorosas y la envió tras vacilar en un par de ocasiones.
Ayudar con los últimos pormenores de la decoración del gimnasio, que era el lugar donde se llevaría a cabo la fiesta de Halloween, contribuyó a que las horas se le pasaran volando. Estaba ansiosa, tanto por la coreografía y como por no haber obtenido una respuesta de parte de Li aún. Sólo esperaba que el chico se encontrara bien en todo aspecto. Que no hubiese sufrido ningún accidente ni nada parecido.
Poco antes de cambiarse al vestuario diseñado por su amiga, recibió una inesperada contestación que la hizo sudar en frío: Nos vemos esta noche.
De pie sobre una silla y a escasos metros del improvisado escenario, Tomoyo comprobó la batería de su videocámara. Llevaba un precioso vestido largo y violáceo, que se le amoldaba a la cintura al modo victoriano. Tenía el cabello largo y suelto bajo un sombrero de bruja fabricado en terciopelo negro.
Grabó al chico caracterizado como Hellboy, que se paseaba de un lado a otro sobre la tarima parloteando y jugando con el micrófono. Era un histriónico alumno de último año que se encargaría de animar la fiesta, realizar concursos varios y de presentar al grupo de la coreografía de Sakura. Luego fue filmando el variopinto y ruidoso mar de adolescentes disfrazados que se amontonaba cerca del escenario. Algunos hicieron gestos nerviosos ante la cámara, mientras que otros menos cohibidos hasta lanzaron besos, guiños y realizaron bailes ridículos y graciosos. Un muchacho vestido y maquillado como Gene Simmons de Kiss le enseñó una lengua tan mutante y puntiaguda que mereció un zoom.
Las luces del gimnasio se fueron atenuando y concedieron un ambiente más lóbrego a la estancia, que se encontraba decorada con todo tipo de cosas. Había desde fantasmas, hechos con sábanas blancas y telas de araña, a las típicas calabazas talladas e iluminadas desde el interior sin pulpa. Un enorme y perturbador espantapájaros, que algún chico pidió prestado de una granja, estaba instalado hacia la entrada. También había esqueletos de plástico, globos, guirnaldas oscuras y una que otra lápida con la inscripción de los nombres de profesores más pesados y menos queridos del instituto, cosa que a Tomoyo le pareció de muy mal gusto.
Hellboy presentó al grupo de la coreografía, por lo que Tomoyo reorientó su cámara hacia el lugar. La multitud se agitó y clamó entusiasmada apenas Sakura y Yamazaki salieron a escena, oyéndose una muy conocida canción de fondo.
It's close to midnight and something evil's lurking in the dark
Es casi medianoche y algo malvado está acechando en la oscuridad
Under the moonlight you see a sight that almost stops your heart
Bajo la luz de la luna, ves algo que casi detiene tu corazón
La castaña llevaba la hermosa chaqueta de lentejuelas escarlata, que tanto trabajo le costó, y unos sencillos pantalones negros. Tenía, además, el rostro maquillado con las cuencas y mejillas hundidas. Por su lado, Yamazaki traía puesta una falda añil, una camiseta ajustada rosa claro que dejaba entrever unos graciosas tetas falsas, zapatillas y calcetines blancos. Sobre la cabeza llevaba un afro con un pañuelo blanco amarrado en forma de moño en un extremo.
Mientras Sakura simulaba que cantaba y realizaba unos pasos de cortejo a Yamazaki, éste se mantenía caminando con los brazos cruzados, al igual que en la versión del videoclip de Thriller. Finalizadas unas tres estrofas, a través de los altavoces se escuchó la voz grave y perversa de Vincent Price, un actor de cine de terror norteamericano.
Darkness falls across the land
La oscuridad cae sobre la tierra
The midnight hour is close at hand
La medianoche se acerca
and though you fight to stay alive
y aunque luches por sobrevivir
your body starts to shiver
tu cuerpo empieza a temblar
Un montón de zombis se fueron haciendo camino hacia el escenario, saliendo de entre el público, desde debajo de unos sectores de la tarima como si emergieran de sus tumbas y desde cualquier otro punto. Al mismo tiempo, Yamazaki corría en círculos chillando igual que una chica y provocaba que el público se desternillara de risa.
For no mere mortal can resist
Porque ningún simple mortal puede resistir
the evil of the thriller
la maldad de esta escalofriante historia
Finalizada la siniestra carcajada del narrador se dio inicio a una música de suspenso antigua, momento en que Sakura y Yamazaki se encontraban flanqueados por zombis. Tras un intercambio de comentarios asustados entre los protagonistas, la famosa coreografía comenzó. El chico travestido la adornó con uno que otro grito agudo, para luego ser atrapado por los muertos vivientes y fingir que se transformaba en uno más de ellos. Se añadió al baile situándose adyacente a Sakura.
La gente los alentaba, emocionados por la sincronía del grupo, sus disfraces y maquillaje, a la vez que acompañaban el ritmo de la música con las palmas.
Because this is thriller, thriller night
And no one's gonna save you from the beast about to strike
Y nadie va a salvarte de la bestia que está a punto de atacar
Nada más terminada la danza, el grupo caminó hacia el público en plan de ataque y todos estallaron en risas, gritos nerviosos y aplausos animosos. El animador, los felicitó por el excelente espectáculo y desempeño, de manera tal que así se dio inicio oficial a la primera fiesta de Halloween de Seijo.
Tomoyo, todavía sobre la silla, pausó la grabación y aplaudió contenta. Ahora tendría que ayudar a Sakura a ponerse el otro disfraz que había confeccionado para ella.
Un atento chico, ataviado de forma espléndida como La Muerte, le ofreció su brazo para apoyarse y la ayudó a bajar. Traía una guadaña que parecía muy real.
— Muchas gracias — dijo una vez se encontró en el firme piso del gimnasio. No podía divisar el rostro del muchacho con esa capucha tan amplia. Pese a la sencillez de su disfraz, este le pareció muy bien logrado — Estás espeluznante, ¿me dejas hacerte una toma?
El desconocido asintió. Se tiró ligeramente hacia atrás la tela que le cubría la cabeza. Sus ojos resplandecieron dorados y pérfidos desde el fondo de su caperuza.
— ¡Oh! ¿Qué clase de efecto es ese? ¿Podrías hacerlo otra vez?, creo que no conseguí capturarlo.
— Pues mala suerte.
Tomoyo bajó la cámara con cierto desencanto.
— Así que eres tú, Li... — lo reconoció, alzando la voz debido a que el volumen de la música había incrementado — Viniste.
— Vine por Sakura — blandió la guadaña, socarrón.
Entonces la muchacha recordó que debía ir a ver el tema del disfraz de la referida. Estaba por irse cuando el chino la asió de la misma muñeca donde sujetaba la videocámara.
— ¿Aprovechaste tu oportunidad anoche? — la amatista intuía su sonrisa en las sombras y, por alguna razón desconocida, podía oír su voz fuerte y clara a independiente del ruido — Porque, a partir de este preciso momento, no tendrás ni una más.
— No sé a qué te refieres — indicó, evidentemente inquieta.
— Sí que lo sabes, Daidouji — se burló — Simplemente me hiciste un favor.
Tomoyo llegó con la respiración agitada donde Sakura. La pobre tenía la cabeza atrapada entre la gasa negra que ornamentaba una falda color verde esmeralda, la cual brillaba como tela metalizada. La rescató y luego la ayudó a pasar la cabeza a través del corsé con detalles en encaje, que le amarró con suavidad en la espalda. Adhirió las alitas traslúcidas negras y le situó un cintillo oscuro a la altura de la frente, con el motivo de una flor del mismo tono que la falda. Unas medias grafito y zapatos negros completaban el disfraz.
— Está precioso... — comentó ensimismada, observándose hacia abajo — No sé cómo agradecértelo, Tomoyo.
— Con que lo lleves puesto y lo luzcas me es suficiente.
Su voz se le hizo extraña, pues sonó casi cortante.
— ¿Pasa algo?
La morena negó y se obligó a sonreír. No podía permitir que Li la amargara tanto con sus suposiciones, además no tenía cómo saber qué hacía o dejaba de hacer.
— Nada, Sakura — se llevó las manos al pecho y la estudió, orgullosa — ¡Eres una hada divina! — encendió la cámara y enfocó a la castaña, quien se sonrojó automáticamente — ¡Vamos, posa! Tengo que inmortalizar este momento.
— ¡To-Tomoyo!
— Por favor, Sakura. Acabas de bailar como Michael Jackson frente a cientos de alumnos, no te puedes avergonzar por ejecutar poses de hada frente a tu mejor amiga.
La aludida infló las mejillas e intentó hacer "poses de hada", aunque no tenía la menor idea al respecto. De todos modos Tomoyo se puso muy feliz y pronto la escoltó a la pista de baile. Allí se encontraron con el resto de las chicas.
Chiharu, disfrazada de princesa, bailaba con Yamazaki, quien ahora estaba vestido de bufón. Rika vestía como geisha y Naoko emulaba una vampiresa o quizá la villana de algún cuento, sólo confirmó que se trataba de la primera opción cuando ésta le enseñó los colmillos en una sonrisa.
Los cumplidos por su apariencia y por el disfraz de autoría de la morena no se hicieron esperar. Sakura los aceptó, humilde y emocionada.
— Ojalá Li estuviera aquí para verte — gritó Chiharu, provocando que abriera los ojos exaltada.
Tomoyo oteó a Sakura.
— Él está aquí, lo vi — le dijo luego de un momento — Te debe estar buscando.
— Ne-necesito ir al baño — soltó ella sin pensarlo.
Entonces realmente Li había venido...
La ansiedad la volvió a carcomer.
— Te acompaño — se apuntó la morena.
— Iré... sola. Por favor.
Evadió la mirada suspicaz de su amiga y se alejó rápidamente del grupo.
Sakura comprobó su aspecto y se arregló como pudo en un tocador repleto de chicas. Inconscientemente, quería evitar que Li pudiera hacerle lo mismo que ayer. Con un suspiro, salió del baño apenas se sintió preparada y el ritmo de su corazón se hubo normalizado. Avanzó unos cuantos pasos y se quedó de pie en medio de la multitud, repentinamente perdida. Buscó entre la masa colorida y vibrante a sus amigos. Tantas luces y gente en movimiento la mareaban.
Con el pecho encogido deseó también divisar a Li, pero ni siquiera sabía cómo andaba vestido... Tomoyo no le había dicho.
De improviso sintió algo sólido a la altura de su estómago. Su vista descendió y notó la hoja en forma de medialuna de una hoz, cuya superficie pulida destellaba hiperactiva debido a la luz. Contuvo la respiración. El filo parecía ser de verdad, sin embargo, no le causo daño alguno al ser impulsada a retroceder por una fuerza que tiraba del objeto, deteniéndose sólo en el momento que su espalda topó con un torso atlético. Al mismo tiempo, un brazo relevó a la hoja de metal y le rodeó la cintura de manera posesiva.
El perfume masculino embargó sus sentidos, causando que se le acelerara el pulso.
— Soy yo — le dijo contra el oído, de manera idéntica a uno de sus sueños, y Sakura se estremeció ante el cosquilleo que le produjo su aliento.
Risueño, Xiao Lang le mordisqueó el cuello y enseguida deslizó los labios sellados sobre su piel, inhalando su aroma en el trayecto.
— Te quedó claro que los vampiros no existen, supongo — añadió irónico.
Reanudó una serie de mordidas a propósito, variando la presión.
— M-me quedó claro... — consiguió decir ella, en medio de un jadeo.
Lo oyó reír con aspereza.
— Veo que alguien me extrañó hoy.
La chica tragó en seco.
— ¿Por qué no acudiste a clases?
— Porque si no puedo estar contigo, no me interesa.
Sakura estuvo segura de que su corazón realizó una cabriola dentro de su pecho.
— Pe-pero ayer... — comenzó a decir, al tiempo que el rubor de sus mejillas se acentuaba recordando sus palabras en la ducha — Hoy te sa-sacaste un cero en Geografía — soltó de repente.
— Me importa una mierda — susurró profundo en el hueco entre su cuello y el lóbulo de su oreja.
Luego de un escalofrío, ella se preguntó cómo era que podía oírlo tan claro si alrededor había tanto alboroto.
Li ciñó una mano al abdomen de Sakura y la fue subiendo a través del encaje del corsé hasta llegar al cuello. La asió de la mandíbula, obligándola a girar la cabeza ligeramente sobre el hombro. Sus rostros se mantuvieron a escasos centímetros ocultos bajo el capuz negro. Pese a ello, la muchacha podía divisar el par de fulgurantes ojos ámbar que le quitaban el aliento.
— Lo que hacíamos en tus sueños, ¿te gustó? — consultó él tras rozar delicadamente los labios contra los suyos.
Ella no sabía qué decir, la mera fricción de su boca lasciva la había dejado sin habla. Hizo el amague de girarse. Él, adelantándose, la retuvo en la misma posición. Su otra mano se aferró aún más a su cintura y, sosteniéndola por la mandíbula, la besó.
En el cerebro de la castaña se produjo un cortocircuito.
Xiao Lang primero tanteó con cuidado, sólo sirviéndose de los labios para resguardarse un poco del ardor, sin embargo, el apremio le ganó y su lengua terminó actuando por cuenta propia. La de Sakura, inexperta, le devolvió tímidamente la caricia y le pareció que se le incineraba toda la boca. El chino se alejó algunos centímetros para tomar un respiro y aliviar en algo la agonía de sus labios.
Maldita fuera...
Hizo que la azorada chica se volteara. Quedando frente a frente, la ciñó a su cuerpo y atrapó su boca en un instante. Lamió los tersos labios, degustando los últimos vestigios de candor en éstos. Cuando profundizó el beso, sin darle tregua a su lengua incendiaria, Sakura gimió y él la maldijo una vez más, pues aquello hizo que le incrementaran las ganas desesperadas de follarla.
Rompió bruscamente el contacto y la condujo hacia uno de los salones de clase cerrados bajo llave. No resultó difícil irrumpir en ellos haciendo uso de magia, ni cerrarlos de vuelta para evitar interrupciones. Empujó a la castaña hasta la mesa del profesor, donde terminó sentada con los labios entreabiertos y los ojos verdes velados.
Li le dio una mirada ladina. Le separó las piernas y luego se las acarició desvergonzadamente por encima de las medias. Tiró de sus rodillas hasta que la cadera de la chica chocó contra él, sin ofrecer resistencia.
Taciturna, Sakura le quitó suavemente la capucha y tomó la iniciativa al buscar su boca, pero él sólo permitió que lo rozara unos milímetros antes de hacer que los labios de ésta se toparan con su mentón.
— Mira nada más... — ronroneó, admirado.
Sus ojos sobrenaturales descendieron sobre ella, maliciosos, entonces Sakura se apenó al instante.
— Lo si-siento... yo...
— ¿Lo sientes? — se mofó.
Bravío, le desgarró las medias a la altura de la entrepierna e hizo a un lado la tela de las bragas. Sakura dio un respingo y ahogó un gimoteo de placer apenas los dedos de Li acariciaron, sutiles, una zona tan íntima.
— Sí que lo sientes — masculló él, quitando rápidamente los dedos de aquél sector tan conflictivo, pues casi y se los había fundido.
Se había adelantado.
Por más que anhelara cogerla ahora mismo, sencillamente no era capaz. Haber logrado besarla ya era, de por sí, un gran paso. Sin embargo no era suficiente, nunca lo era. A duras penas tendría que armarse de paciencia para el resto, porque la chica lo calentaba más que la mierda con sus gemidos.
Estaba a punto de hacerla callar cuando percibió una presencia mágica. Se alejó de inmediato de Sakura, mientras ésta parecía intentar recobrar el aliento y, tal vez, el conocimiento.
— ¿Li? — su voz había sonado sofocada y tenía el rostro arrebolado.
— Espera aquí — ordenó.
¿Quién sería?, pensó excitado.
Xiao Lang abandonó los terrenos de la escuela. Unos cuántos adolescentes disfrazados pululaban por ahí, charlando, jugando y haciendo tonterías. La música de la fiesta no estaba lo suficientemente alta como para oírse a esa distancia, o quizá el gimnasio aislaba muy bien el sonido.
El cielo nocturno se observaba encapotado y la temperatura era baja.
La presencia mágica no parecía lo suficientemente potente como para que el chico pudiera localizarla con facilidad. Se dispuso a caminar y, en la medida que lo hacía, la ubicación de la presencia se volvía más clara.
Li notó que llegaba al borde de un pequeño despeñadero. Tendría unos cuatro metros de fondo. Abajo divisó a una figura imbuida en una especie de traje ceremonial. Se encontraba de pie, próximo a un pino.
— Descendiente de Clow — saludó con sorna el chino, apareciendo repentinamente a su lado. Eriol no se inmutó — Curioso… has vuelto a tener algo de magia. No la suficiente, pero magia al fin y al cabo.
— Sospecho que tu maldición no era tan genial como creías — replicó el de ojos azules, sin mirarlo.
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Notas de autora: Hice que celebraran Halloween en este capítulo en reemplazo del Festival de Obon, que es realmente el "Halloween" japonés y se celebra en Julio o Agosto. Todo porque quería vestir al demonito de La Muerte :x Comprenderán que fue algo difícil de resistir, viendo que además se me había pasado la otra fecha y hay que ser coherente en cuánto al clima/mes.
Como ya indiqué en las notas del capítulo anterior, pueden ver los dibujos que he hecho del demonito relacionados con este capítulo en mi DeviantArt (ver link en el perfil). En particular, hay un dibujo que había hecho al modo tradicional (lápiz y papel), pero que sam-ely-ember arregló bastante y coloreó digitalmente. Para quien ya conozca el talento de esta chica, de más está decir que le quedó genialoso :3! MUCHÍSIMAS gracias otra vez, Ely!
Hoy subí uno nuevo que hice de Sakura y Xiao Lang! Pasen a mirar :x
asdlajfs
Y bueno, finalmente el capítulo resultó bastante extenso comparado con lo que suelo redactar usualmente. Lo mío no es hacer capítulos largos, sencillamente porque no me da la paciencia ni la capacidad de concentración y... no sé. Para este en particular salieron unas 16 páginas (o más). Eso que tuve que cortar y omitir estratégicamente (?) algunas escenas que aparecerán en las entregas venideras, en particular tooodo lo que es la continuación del encuentro entre el demonito y Eriol.
Sí, Eriol está vivo.
¿Qué les pareció la actualización? El demonito entró realmente en acción xD
Espero deseosa e impacientemente sus comentarios respecto de este capi, tanto así que si no me llegan mil millones de reviews me desmotivaré y lloraré hasta morir, luego me transformaré en la Llorona y les iré a lloriquear en el oído cada vez que quieran dormir o piensen que nada malo va a pasar C:
Atte. Yo
PD: si se portan bien con los reviews (su review es mi sueldo), en una de esas actualizo más pronto de lo que creen...
