Disclaimer: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de RIB y Fox. Solo la historia y los personajes originales son de mi creación.

CAPITULO I

Una niña de unos cinco años, petiza de cabello castaño oscuro y ojos color chocolate que brillaban con sus pestañas largas se acercaba corriendo hacia otra niña, sonriendo con alegría.

- Izzi, Izzi – dijo mientras corría, cuando la alcanzó se tiró encima de la niña, ambas cayeron por el césped riendo.

- ¿Ray que haces? – preguntó riendo una pequeña castaña de cabello ondulado, corto y ojos color miel.

- mira lo que puedo hacer – levantó su mano y haciendo una mueca chistosa con la boca una pequeña bola de fuego apareció en ella.

- wow – dijo la otra niña – eso es increíble – veía la bola de fuego maravillada, la tocó con un dedo pero se quemó, se quejó por simple instinto – auch.

- ¿te encuentras bien? – preguntó la otra niña con preocupación.

- sí, no pasa nada – sonrió y levantó una varilla del suelo y la acercó al fuego pero este desapareció - ¿qué pasó? – preguntó sin entender.

- no lo sé – dijo la niña haciendo un mohín.

- niñas no deben jugar con fuego, es peligroso – dijo Eleanor a la altura de ambas.

- pero lo hago yo mira – la pequeña hizo la misma mueca y una bola de fuego se formó en su mano.

- tu padre dijo que debía hacer esto, lo siento – Eleanor tomó las muñecas de la niña provocando que el fuego dejara de salir.

- mi fuego – dijo la niña con el labio temblando, las lágrimas no tardaron en aflorar por sus mejillas.

- mamá hiciste llorar a Ray – dijo la otra pequeña con el ceño fruncido, apretando fuertemente la varilla que tenía en su mano, la cual se rodeó de una luz rojiza logrando una mínima explosión, las niñas se asustaron, pero la mujer comprendió que su miedo más grande se había hecho realidad.

- no debes decirle a nadie lo que puedes hacer Lizzie – dijo la pelirroja, luego el lugar cambió, la otra niña desapareció y en su lugar estaban Blaine y los otros gemelos – no debes decirle a nadie lo que puedes hacer Lizzie – dijo nuevamente – Lizzie – repitió – Lizzie.

Ella despertó de golpe, tenía un leve sudor en al frente, miró hacia todos lados encontrándose con la mirada de una Madison mayor, de diecinueve años, más linda, con la misma sonrisa y ojos tiernos llenos de curiosidad.

- ¿pesadilla? – preguntó mirando a su hermana mayor.

- sí, otra vez sueño con esa niña y el fuego – contó flexionando las rodillas a la altura de su pecho – pero cuando despierto no puedo recordar su rostro, solo a mamá diciéndome que no le diga a nadie sobre mis poderes.

- ¿crees qué tenemos padre? – Preguntó Madison acostándose a su lado – Mace y yo tenemos algunos flashes algunas veces, pero no sabemos quiénes son las personas que vemos.

- algún día lo sabremos Maddy, no te preocupes – la tranquilizó su hermana abrazándola – ahora vamos a desayunar – le dio un beso en la frente y se levantaron.

2020. Ottawa, Canadá, Fortaleza Smythe II.

Estaban en un bosque a las afueras de Ottawa, visto desde las alturas solo se podía ver el bosque, grandes rocas y montañas llenas de nieve, un lago con cascada. Pero en realidad, estaban bien protegidos dentro de una cueva, pero no era una cueva normal, esta se extendía por debajo, era casi indetectable, con varias salidas. Ese era el lugar donde se criaron los dos pares de gemelos, la persona que los había encontrado se llamaba Matthew Smythe, era un mutante como ellos, con el poder de súper velocidad, pero aparte de eso era un físico e ingeniero en varios campos, él formaba parte de una academia de mutantes pero se separó de ellos para tener una vida tranquila con su familia, pero sus enemigos lo encontraron, asesinando a su mujer, quedando solo con su hijo Sebastian, que no era más que un pequeño de dos años. Decidió llevárselo lejos, de a poco fue construyendo una fortaleza, que con el tiempo se encargó de albergar a niños mutantes y humanos que sufrieron la perdida de sus padres. Con ayuda de dos amigos y de sus estudiantes (como él los llamaba) más grandes pudieron hacerse cargo de los más pequeños, enseñándoles todo lo que debían saber, a los mutantes los ayudaron a poder controlar sus poderes. Ellos se dedicaban a rescatar a los niños que podían, siempre protegiendo su hogar.

Lizzie salió de la cueva respirando el aire fresco, le gustaba estar allí, podía sentir la naturaleza, además que estar cerca del agua la tranquilizaba.

- ¿qué haces? – preguntó un joven de su edad, barbudo, con el cabello rizado algo desordenado; se trataba de Blaine, los gemelos ya tenían veintiséis años, habían pasado dieciocho años desde que estaban allí, faltaba poco para que sean diecinueve.

Cuando llegaron tardaron dos días en despertar, estaban desorientados, no recordaban casi nada de ellos, pero supieron que podían confiar en el Dr. Smythe. En esa época eran pocos los niños que estaban allí, estaba el hijo del doctor, Sebastian, y un chico llamado Sam junto a su hermana Kitty, ellos se criaron como hermanos. Pero hacía unos seis años, sufrieron un ataque, que costó con la vida del Dr. Smythe, Millie Rose y Sheldon Beiste, los únicos adultos del lugar, eso llevó a los chicos más grandes madurar para hacerse cargo de los niños, no quisieron que el legado dejado por los adultos se terminara allí, por lo que siguieron con las misiones de rescate, pero no pudieron rescatar a muchas personas, por lo que tenían a su cuidado solo a siete niños, más los otros que ya estaban con ellos, que en ese momento eran adolescentes. Debido al ataque tuvieron que mudarse a otra fortaleza que tenían de respaldo, con mayor seguridad.

- admiro la vista – contestó la chica abrazando por los hombros a su hermano.

- vamos, debemos ayudar a Marley con el desayuno – dijo sonriendo – lo bueno es que podemos llegar rápido – sonrió con travesura, su hermana le dio la mano y desaparecieron del lugar, apareciendo en la cocina, donde una chica de dieciséis con el cabello castaño claro, ojos celestes, delgada, preparaba el desayuno.

- qué bueno que me acostumbré a eso – comentó mientras preparaba una olla de chocolate caliente.

- es que Blaine tenía flojera de caminar – dijo Lizzie encogiéndose de hombros – preparemos wafles – su hermano empezó a buscar los ingredientes.

- ¿alguien dijo wafles? – preguntó un rubio, de ojos verde, musculoso y boca grande apareciendo de la nada en la cocina.

- Sam a ti te toca hacer las tostadas – indicó Marley.

- de acuerdo – dijo el rubio buscando el pan para todos.

- ¿les falta mucho? – preguntó un chico alto, de rostro alargado, cabello castaño, ojos azules de una sonrisa amigable.

- podrías preparar café y acomodar las galletas y vainillas en los cuencos – opinó Blaine sonriendo, el otro chico empezó a moverse a gran velocidad, en menos de un minuto ya había hecho todo.

- listo – dijo sonriendo.

- también necesitamos las frutas cortadas y la granola preparada – comentó Lizzie, Sebastian volvió a hacer todo a gran velocidad.

- bueno, ya hice mi tarea, mejor me voy – así como apareció desapareció.

- qué bueno que siempre tenga energía – opinó Sam riendo.

- sí, pero así nos va cuando tenemos que alimentarlo – contestó Marley mirando a los tres.

- hoy tendremos que ir por provisiones – comentó Sam chequeando el lugar.

Cuando tuvieron el desayuno listo lo sirvieron en las mesas que tenían en su cafetería.

- Seb ve a llamar a todos por favor – pidió Marley, el chico obedeció, a gran velocidad buscó a todos los que estaban allí. De a poco fueron apareciendo unos siete niños de entre tres a once años, seguidos de cinco jóvenes, entre ellos los gemelos Mason y Madison.

- yo quiero cereales – dijo un chico alto de cabello negro un poco ondulado en la punta, de ojos celestes y sonrisa radiante, se trataba de Mason, que como siempre estaba al lado de su hermana.

- ustedes son grandes, se sirven solos – contestó una chica de baja estatura, rubia, de ojos verdes como los de Sam, ella era Kitty, la hermana del rubio.

- eres mala Kitty – dijo Madison mostrándole la lengua.

- ¿tan temprano peleando? – preguntó una chica afroamericana, con un afro bien arreglado, y blanca sonrisa.

- vamos Jane, que sería de nuestras mañanas si Kitty no se metiera con nosotros – comento un chico alto, musculoso, de cabello rapado rubio y ojos azules.

- sería de lo más extraño, eso sería la clave de que estamos en una ilusión – contestó un chico de su altura, con físico de nadador, cabello castaño y ojos marrones.

- ¿de qué hablan? – preguntó Sam apareciendo al lado de ellos.

- Spencer y Ryder hablan cosas extrañas sobre ilusiones y no sé qué, perdí el interés – contestó Kitty.

- bueno, después del desayuno tenemos que hacer un pequeño trabajo – le informó su hermano – ustedes van a quedar a cargo de los niños – añadió mirando a los demás.

- ¿por qué no podemos ir? – preguntó Jane.

- porque siguen siendo niños – contestó Sebastian apareciendo.

- tengo veintitrés – se defendió Spencer cruzándose de brazos.

- y eres lindo cuando protestas – contestó el chico robándole un beso a Spencer, quien sonrió sonrojado.

- bueno, pero los que son menores de veinte no vienen – contestó Sam – además solo vamos a ir algunos de nosotros – negó con la cabeza y desapareció. Mason y Madison se acercaron a sus hermanos que desayunaban con tranquilidad.

- ¿ustedes van a la misión? – preguntó Mason.

- solo vamos Sam, Seb, Kitty y yo – contestó Lizzie sonriendo – no se preocupen, solo vamos de compras – añadió sonriendo.

- de acuerdo – dijo Madison.

- no te preocupes, volverán a salvo – la tranquilizó Blaine – desayunen con nosotros – se movió para darle lugar a sus hermanos, desayunaron con tranquilidad.

Después del desayuno, los niños fueron a hacer diferentes actividades, bajo el cuidado de los que no iban a la misión. Por otro lado, los demás se vestían para salir, todos tenían sus trajes negros, con máscaras que solo permitía que se les vieran los ojos.

- ya saben, solo vayan a hacer extracción de lo que necesitamos – informó Blaine – no causen problemas – pidió.

- no te preocupes amigo, no tardaremos nada en volver – dijo Sebastian comprobando sus comunicadores.

- ¿listos? – Preguntó Sam, todos asintieron – de acuerdo, vamos – los cuatro de dieron las manos y desaparecieron. Se tele transportaron hacia Washington DC, a dos kilómetros de una distribuidora de alimentos solo para humanos.

- bien Flash, tú y FemmeFatale consígannos un vistazo general del lugar – pidió Lizzie, el chico asintió y cargando a la rubia desapareció de su vista por unos minutos, generando una ráfaga de viento.

- bueno, los guardias solo tienen armas de fuego y paralizadoras – explicó, con la habilidad de Kitty de atravesar las cosas pudieron entrar en todo el lugar – las cámaras ya fueron apagadas, así que podemos ir con tranquilidad, conseguí estas bolsas – les dio a todos un par de bolsas – por lo menos para un par de meses – opinó.

- bien, vamos – los cuatro aparecieron dentro de la fábrica, se dividieron por sectores.

- ven conmigo Femme Fatale – dijo Lizzie, la chica apoyó una mano sobre su hombro y se transportaron hasta un sector donde había alimentos secos.

- a comprar – dijo sonriendo la rubia, entre las dos empezaron a llenar sus bolsas.

- ¡intrusos! – gritó un guardia viendo a las chicas, pero Kitty lanzó de sus manos una luz blanca que impactó en el guardia dejándolo paralizado en el suelo.

- bien hecho – felicitó Lizzie sonriendo.

- chicas tenemos visitas – dijo Sam por su comunicador.

- yo me encargo – dijo Sebastian tomando en sus manos unas cuerdas, a gran velocidad desarmó a todos los guardias, amarrándolos todos juntos – uno no puede comprar tranquilo – se preguntó negando con la cabeza.

- ya vámonos – dijo Sam cargando casi todas las bolsas. Él fue el primero en desaparecer.

- vamos – dijo Lizzie con algunas bolsas, los otros dos apoyaron una mano sobre los hombros de la chica, de esa forma aparecieron en su casa nuevamente.

- fue divertido – opinó sonriendo Sam.

- ya es hora de las clases de los más pequeño – dijo Lizzie chequeando la hora – a Blaine y Seb les toca con los más grandes.

- nos vemos para la cena – dijo Sam antes de desaparecer con Kitty. De esa forma volvieron a sus obligaciones en su hogar, esperando que no sonara la alarma que los alertaba de algún ataque.

Horas más tarde, Sebastian los reunió en una sala en donde tenían computadoras y pantallas.

- ¿qué sucede? – preguntó Sam.

- encontraron a un niño que puede suprimir los poderes de los mutantes – explicó el chico – cuando crearon la "cura" tomaron sangre de un mutante que podía hacer lo mismo, pero la sangre era tan poca que la sustancia que crearon solo elimina los poderes por un tiempo, pero teniendo en sus manos a una fuente directa pueden hacerla más efectiva, incluso pueden buscar futuros mutantes – sus amigos se vieron entre ellos.

- debemos buscarlo – concluyó Blaine.

- es tan pequeño – vieron por la pantalla a un pequeño no mayor de siete años – ¿Cuándo vamos? – preguntó Lizzie mirando a todos.

- mañana por la noche – informó Sebastian – vamos a ir los cinco.

- Spencer es el mejor cuidando la casa de noche – comentó Kitty.

- será mejor que nos preparemos, porque van a hacer lo que sea por volverlo a tener – advirtió Blaine, sus amigos se vieron entre ellos algo preocupados.