Antes de presentarles el próximo capítulo quisiera de nuevo disculparme (vaya que ha pasado MUCHO tiempo) por la demora en la actualización de esta historia. Afortunadamente, ya le queda solo dos capítulos más (yay!), y quizás un epilogo, dependiendo del final. Pero más importante que todo, quiero darles las gracias a todos aquellos lectores que me han apoyado no solo en este fic sino en todos los demás también.

¡Arigatou!

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Capitulo XVI

./"De vuelta al inicio"/.

Sesshoumaru y Kagura llevaron a la azabache a su casa y le ofrecieron alojamiento, con la condición de que al día siguiente les contara todo. Kagome solo asintió y fue trasladada al cuarto de huéspedes. Estaba de más decir que se sentía desorientada, perdida, no tenía idea de que haría ahora. Ni siquiera sabía que Kikyo estaba por venir, de haber sido así se hubiera sincerado con todos, con mas anticipo. Y sin embargo ahora ya era tarde. Muy tarde.

Mientras tanto, Sesshoumaru y Kagura discutían entre ellos qué hacer con la extraña. A leguas se notaba que era ella la impostora de la cual Miroku les había hablado anteriormente. Ahora solo quedaba confirmar la versión de su hermano con la de la chica y de ahí podrían hacer mejores planes legales para exonerar a la azabache de toda culpa.

— ¿Crees que sea prudente comenzar con acciones legales, o esperar a que la arpía de nuestra cuñada meta la pata? — comentó la hermosa mujer de mirada rubí.

El hombre medito unos pocos segundos, analizando sus opciones —Sera mejor esperar, — dio un sorbo a su vino y observo a su esposa fijamente, —Ya veremos que hace Kikyo, y si nuestras suposiciones son correctas caerán ella junto con… Kouga —musitó con algo de pena por su hermano. Ya le había advertido en más de una ocasión que la mujerzuela solo le traería problemas. Eso sin contar el hecho de que le había dado una paliza al enterarse que se estaba metiendo con la mujer de su hermano, eso era una señal de poca lealtad.

Kagura poso una mano en el hombro de su esposo y lo estrujo en señal de apoyo. Ya las palabras no eran necesarias, el sabia tan solo con mirarle que ella estaría a su lado y se enfrentaría con él a las dificultades que este problema traería. Por eso se había enamorado de ella. Además, como compañeros de trabajo sabia que ella vería puntos de vista que quizás el no. Kagura además de ser hermosa era extremadamente inteligente… ese había sido otro motivo por el cual se había enamorado de ella.

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Ya era de mañana para cuando Kagome se despertó. No estaba sola. Unos ojos de color almendra la miraban con curiosidad.

— ¿Quién eres tú? — preguntó la dulce voz de una niñita probablemente de nueve años. —Te pareces un poco a la tía Kikyo pero, — volteó su cabeza un poco para observarla mejor, —eres más bonita.

No se sintió incomoda ante el escrutinio de la pequeña, todo lo contrario —Mi nombre es Kagome soy…— ¿Quién era ella? Ya no lo sabía.

—Kagome es una amiga de la familia Rin,—contestó su madre quien estaba apoyada en el umbral de la puerta. —Ven, es hora de tu baño, deja que Kagome se prepare para el desayuno.

Kagura se llevo a la pequeña Rin de allí y se despidió de la azabache. Minutos después Sesshoumaru llego a la habitación, portando unos anteojos que indicaban que el venia a tratar negocios y nada más. En su brazo derecho cargaba una libreta y una pluma, y prontamente tomo asiento frente a ella y le pidió que le relatara los hechos. Ella así lo hizo, comenzando con el chantaje y como la habían engañado al hacerle creer que Kikyo era la víctima. Mientras Kagome relataba los hechos, Sesshoumaru no pudo dejar de pensar en lo ingenua que había sido esta mujer, vaya que creerle a Kikyo… que tonta. La azabache continuo y le conto acerca de Naraku y Kouga, como ellos estaban implicados y lo poco que sabia al respecto.

Sesshoumaru levantó una ceja sospechosa ante el nombre Naraku. Ya había tratado con él y no le había agradado en lo más mínimo. Curiosamente había escuchado que lo habían arrestado hace poco. Ahora todo tenía sentido, su arresto había sido obra de Kikyo. Le daba crédito por ser una mujer astuta.

Sabiamente, la mujer de mirada chocolate había dejado sus sentimientos fuera de la historia. Ya no había cabida para ellos.

— ¿Sabias tu que Kikyo iba a regresar? — ella negó y el anoto. — ¿Y que harás ahora? —

Kagome no sabía que sería de su vida, pero estaba muy agradecida con Sesshoumaru y Kagura, quienes sin esperar nada a cambio se ofrecieron a encargarse de sus asuntos legales. No conforme con eso, le dieron opciones de empleo y se ofrecieron a ayudarle incondicionalmente.

La pareja de abogados no eran las personas más altruistas, pero eran justos. Y claro que las buenas palabras de Miroku y Sango acerca de la azabache, en conjunto con la creciente fascinación de Rin con tal mujer, había ayudado bastante a influir la decisión de ayudarle.

La mujer de mirada chocolate estaba demasiado agradecida con ambos pero no acepto ninguna referencia de trabajo. Era hora de regresar a casa, y con eso si les pidió ayuda con la condición de que le permitieran pagar sus gastos una vez que consiguiera trabajo de nuevo en su ciudad natal. Además, les pidió que ayudaran a Inuyasha ya que el no merecía a una mujer como Kikyo a su lado.

Ni él, ni nadie de la familia Taisho.

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Inuyasha no podía creer el descaro de la tal Kikyo en irrumpir en su vida sin consideración alguna. No fue difícil ver que la mujer mentía en gran parte de su historia, pero lo que no era mentira era que ella si era su esposa. Debido a su estúpido accidente no recordaba nada de su vida con ella. Y no estaba seguro de ver eso como una bendición o una maldición por parte del destino. Su mente solo maquinaba la manera de alejarla de él y de su familia, pero al mismo tiempo debatía en como lo tomarían sus hijos, ellos eran muy pequeños para entender y no merecían pasar gran dolor —el dolor de no tener una madre. Subió su mano y froto su sien, tanto pensar estaba causándole una migraña.

Aunque todo este problema tenía una solución, y la solución tenía el bello rostro de una azabache. Si la trajera de regreso ella podría hacerse pasar por Kikyo, en otras palabras se haría pasar por la madre de sus hijos. Ya había demostrado que era una excelente madre, ¿Qué tanto le costaría seguir siéndolo?

¡Feh! Obviamente eso no funcionaria. Para empezar estaba seguro de que Kagome ya no se prestaría mas para suplantaciones. Además, no deseaba criar a sus hijos con engaños y mentiras, ellos merecían mucho más que eso, y como padre de Shippo y Thoru era su responsabilidad asegurar el futuro y bienestar de sus hijos.

Inuyasha—, llamó Miroku desde la puerta de la habitación, abriéndola lentamente y sacando al albino de su tortura mental, —tenemos que hablar—.

No se necesitaba ser un genio para saber de que tenían que hablar, y para su mala suerte sabia dos cosas: las palabras de Miroku le darían más cosas en que pensar, y segundo, le causarían una migraña aun más aguda.

—Antes de hablar—, inicio Miroku mientras tomaba asiento frente a su hermano, —quiero saber cómo te encuentras. Sé que nada de esto es fácil, y quiero que sepas que Sango y yo estamos aquí para ti—.

Inuyasha resistió el deseo de contestarle con brusquedad a su hermano, si bien le guardaba cierto resentimiento por haberle ocultado la verdad, sabía que su apoyo era sincero. —Estoy tan bien como pudiera estar en una situación así Miroku—.

Asintiendo, Miroku tomó aire, —Es hora de que llenemos los pedazos vacios de tu memoria hermano—, sonrió con melancolía ya que por las próximas horas le diría a su hermano exactamente todo lo que él no recordaba y más. Lamentablemente nada de lo que le diría seria de su agrado.

Miroku le dijo con santo y seña exactamente quien era Kikyo, como ellos se conocieron y casaron. Le contó el cómo fue que decidieron adoptar a los peques y de lo terrible que ella era como madre, ya que no les daba de su tiempo a los niños, no los disciplinaba, y tan solo los complacía al comprarles juguetes. También le habló acerca de los tantos amoríos que ella llevaba con otros hombres –incluso su propio hermano, Kouga. Si bien, Miroku habló de todo lo relacionado con la esposa del albino, tampoco retuvo los errores del propio Inuyasha, siendo el principal la relación adultera que llevaba –o llevó– con Hitomi.

Al escuchar acerca de todas estas cosas, una lluvia de emociones se apodero de él: rabia, impotencia, confusión, frustración, y decepción de sí mismo. También se sorprendió de las tantas fechorías de su esposa, bien dice el dicho: caras vemos… El saber que uno de sus hermanos pudo prestarse a ser un amante más de su esposa lo lleno de rabia, no por que sintiera un profundo amor por la mujer, ya que demostró falta de lealtad y amor —tanto a él como a Ayame. Sin embargo, lo que le causo mayor sorpresa y decepción fue su propio adulterio, esa no había sido la enseñanza que sus padres le habían dado, si su madre estuviese allí…

Se levanto de su escritorio y se dirigió a la puerta, no sin antes agradecer a su hermano por su honestidad y ayuda. —Gracias Miroku. Debido a todo lo que me has dicho, me es más fácil tomar cartas en el asunto—, estaba a punto de retirarse en busca de Kikyo Taisho, pero las palabras de su hermano lo detuvieron.

—Inuyasha, me temo que eso no es todo—.

¿Aun había más?

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Una vez terminada la entrevista con la azabache, Sesshomaru fue con su esposa para comenzar las preparaciones. En sí, el caso era fácil, acusar a la mujer de robo y lavado de dinero, junto con Naraku… y Kouga. Tan solo el pensar que su hermano estaba involucrado en todo eso le causaba un gran dolor de cabeza, lo que no entendía era el por qué Kouga se había involucrado en tan inútil y corrupta practica. Inútil en el sentido de que Kouga no tenía ninguna necesidad económica, y anteriormente no había sido ambicioso, ¿será que había algo más que motivaba a su hermano a actuar así?

Sintió la tersa mano de su esposa posarse sobre su hombro —Si tu lo deseas, podemos dejar a Kouga fuera de esto—, le regalo una sonrisa sincera a su esposo, dándole a entender que apoyaría cualquier decisión que el tomara.

El elevó su mano y la poso sobre la de ella, —No—, suspiro con pesar y la miro fijamente, —el debe pagar por sus errores, eso es solo justo—.

La bella mujer de mirada rubí, asintió levemente y siguió a su esposo a la oficina, había bastante que hacer. Dejando de lado los temas legales, Kagura se puso a meditar en la mujer que recientemente se había despedido —Kagome. Se quedo muy pocos días con ellos, dio su testimonio de las cosas, el cual no era demasiado substancioso, pero serviría. Pero no fue meramente la honestidad de la azabache lo que le pareció inusual, más bien era su mirada la cual parecía esconder algo. Casi podría asegurar que su mirada escondía un sentimiento puro por su cuñado, eso lo sabía porque era la misma mirada que ella le dedicaba a Sesshoumaru. ¿O será que se encariñó demasiado con la familia Taisho? De reojo vio una foto familiar… era imposible no querer a la familia Taisho.

Kagura—, llamó su esposo, quien se había inclinado frente a ella y con una mano elevó el mentón de su mujer para que le viera. — ¿En qué piensas?— La voz del abogado era seria y neutral, aunque su mirada –la cual Kagura conocía a la perfección– denotaba preocupación.

—En Kagome—, contestó ella con sinceridad. —En los diversos resultados que he en visionado para esta situación familiar que tenemos—, pausó para tomar aire, —no me imagino ningún buen resultado sin ella. No para Thoru y Shippo…— su mirada se clavó en la de su esposo, —y si tomamos en cuenta lo que nos ha dicho Miroku, tampoco será nada bueno para Inuyasha—.

—Ah, era eso—. Se levantó y extendió la mano a su esposa, invitándola a que la tomara. —No deberías de preocuparte por la mujer Higurashi, si Inuyasha tiene una neurona de inteligencia la hará volver—.

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— ¡Abuelo!— llamó una azabache desde el umbral de la puerta mientras caminaba lentamente en a humilde casa.

Desde la cocina apareció un hombre de mayor edad con un pescado en la mano y un cuchillo en la otra, — ¿Dónde te habías metido muchacha?— preguntó el abuelo con felicidad al ver a su pequeña y única nieta.

Los ojos de la chica se humedecieron al ver a su abuelo, le causaba gran felicidad el verlo. A final de cuentas el abuelo se había hecho cargo de ella cuando sus padres fallecieron, y cuando el resto de su familia la rechazo por ser huérfana, pero no su abuelo. —Te extrañé—. Musito la chica antes de arrojarse a los brazos de su abuelo. Como le había hecho falta en estos últimos meses.

El abuelo soltó lo que sostenía en las manos y rápidamente acogió a su nieta en sus brazos, extrañamente sentía que sus brazos la sostendrían ya que aunque ella no lo dijera, en su mirada (esa mirada que conocía el abuelo tan bien) le decía que sea lo que fuese que haya pasado, la dejo muy herida, casi destrozada.

—Todo estará bien pequeña—.

Y con esas palabras Kagome supo, que en realidad todo podría estar bien.

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Nota: Como verán mi estilo de escritura se ha modificado de cuando empecé hasta ahorita, y aunque en mis futuros fics pretendo mantener un estilo similar al de Choco Kokoro, en Estrellas y Una Dulce Despedida, se mantendrán como empezaron, meramente por la consistencia.

Gracias.

Nota (2): No me desagradan ni Kouga ni Kikyo, pero por propósito de esta historia tenían que ser lo malos. Lamento si ofendí a alguien.

JhorseL: ¡Muchas gracias por leerme! Aprecio el hecho de que como nueva lectora te hayas tomado el tiempo de dejarme un review. Espero este capítulo haya sido de tu agrado. Déjame saber de cualquier sugerencia ¿sí?. ¡Cuídate!

Rijeayko: Muchísimas gracias por tu comprensión TwT. ¡Eres de lo mejor! Quiero suponer que tus personajes favoritos son Kouga y Ayame ¿O no? Sino dime quienes son, no me dejes con la duda jaja.

Danita-Inu: Tenía que haber algo de drama ya sabes, antes del final feliz… si es que hay un final feliz… Muchas gracias por tu gran paciencia, me dices que te pareció este capítulo okay.