Ese mayordomo, himnos de muerte.
"A lo único que los humanos deben temer es a los recuerdos, paraíso increíble donde se esconden sus más grandes secretos".
R.L
o.o.o
Hacía mucho frío, estaba totalmente sola en un lugar desconocido; la luz de la luna era la única que iluminaba el camino en aquel extraño lugar… ¿En dónde me encontraba?, probablemente por lo que lograba apreciar, estaba perdida en un bosque, un bosque totalmente misterioso, una extraña curiosidad me invadió y a pesar que no conocía el sitio, decidí caminar un poco para explorar el lugar. Luego de un rato de camino, algunos tropiezos y caídas, logré escuchar algunas voces que decían frases incomprensibles para el oído humano que yo lograba comprender a la perfección.
Un cierto miedo invadió mi columna vertebral y a pesar de las advertencias de mi cuerpo, decidí adentrarme aún más para encontrar el lugar exacto de donde provenían aquellos susurros, cuando logré acercarme lo suficiente, observé como un grupo de extraños vestidos de negro estaban reunidos en torno a un trono construido de huesos humanos, debía admitir que aquel trono estaba perfectamente hecho, a la vista humana era simplemente hermoso, claro está; era así si no se lograba identificar de donde provenían sus materiales, cuidadosamente me escondí detrás de unos arbustos y traté de encontrarle algún sentido a todo aquello.
- La doncella no debe tardar - murmuró uno de los extraños hombres, mientras apuntaba su mirada al cielo.
- Ella ya está aquí, puedo sentir el suave aroma de su esencia - Contestó otro, y aspiró profundamente una bocanada de aire.
De pronto una suave brisa heló el ambiente y un par de ojos carmesí se fijaron en mi dirección, aquellos ojos me observaron intensamente y mi corazón se estrujó en menos de un segundo. ¿Qué era aquel sentimiento?, ¿Quién era el dueño de aquellos ojos?, ¿Por qué mi corazón se estremecía al contemplarlo como si lo conociera desde hacía varios años?
- Allí está, detrás de esos arbustos, la doncella está aquí - Gritó aquel sujeto de ojos carmesí y de inmediato toda la atención de los otros se centró en mí.
En menos de un segundo unos brazos me sujetaron y me llevaron hasta aquel extraño trono, forzándome a sentarme en él. Temerosa cerré mis ojos, no podía contemplar cómo la muerte de manera sigilosa se acercaba a mí, sabía que corría peligro, quizás este era el último momento antes que mis ojos se cerraran por completo.
- Bella doncella, hemos esperado tanto por usted, este momento es el más glorioso para nosotros sus fieles servidores, ya que la persona que tanto deseamos debe ser sacrificada y morir. Ambas señoras no pueden estar vivas, los himnos de muerte desde antaño profetizaron que sólo una vivirá y la otra deberá ofrecer su sangre para proteger ambos mundos, de esa forma el equilibrio del universo podrá ser completamente restablecido - Pronunció suavemente una pequeña y delicada figura, que por su tono de voz, pude reconocer que era una mujer.
- Sentimos tanto que deba morir de esta forma, un alma tan deliciosa no debería desperdiciarse de esta manera - Susurró esa mujer, mientras lamía mi oreja.
Instantáneamente siete cuchillos se enterraron en mi cuerpo y supe que mi fin había llegado.
- Lisa despiértate, ya es hora de irnos a la universidad - Chilló a lo lejos una voz que me parecía conocida, quizás aún en otro mundo Ivette seguiría a mi lado.
De pronto todo se volvió blanco y desperté de aquella extraña pesadilla; todo en mi habitación estaba en su lugar, excepto yo, que me encontraba acurrucada en el suelo, bañada en sudor, escuchando mis agitados latidos.
Lisa – Gritó Ivette, al entrar en la habitación y verme en tan deplorable estado - ¿Te encuentras bien?, ¿Qué te ha pasado?, Lisa respóndeme te lo suplico -.
- No ha pasado nada, sólo fue un mal sueño - Mentí, sabía que aquello era más que un mal sueño, era una pesadilla terrible, que desde hacía varios años, cada día 14 del mes continuaba repitiéndose.
- Es un alivio que sólo fuese un mal sueño, apresúrate, se nos hace tarde y tenemos clase de Microeconomía a primera hora, ya sabes cómo es de estricto nuestro catedrático -.
Ivette, tenía razón, cómo lo había olvidado justo ahora teníamos una prueba escrita sobre la teoría del consumidor, me levanté presurosa, tomé una rápida ducha, terminé de arreglarme y baje a la sala principal en donde Ivette me estaba esperando impaciente, junto a mi desayuno.
- Vámonos Ivette, comeré algo en el camino, no te enfades, sé que odias que me salte alguna comida, pero se me pegaron las sábanas - Ella bufó y partimos a la universidad.
Debido al divorcio de mis padres, yo logré quedarme en Londres, bajo una condición impuesta por mi madre: vivir junto a mi mejor amiga, que era la menor de tres hijos y poseía una familia maravillosa, debido a la estrecha relación de nuestras familias, rápidamente los padres de Ivette accedieron y desde ese entonces compartíamos momentos inolvidables, que se volvieron más intensos e interesantes a penas comenzamos la universidad.
Mis padres se marcharon cada uno por su lado, mi padre se llevó a mi hermana menor y mi madre se mudó junto a mi hermano mayor, desde aquel entonces yo era responsable de mis actos y decisiones, muchas de las cuales tenían que ver con los estudios e Ivette.
Cuando terminamos el bachillerato por razones personales y su personalidad Ivette decidió estudiar Marketing, yo al contrario opté por Ciencias económicas, debía admitir que amaba los números y nada podía hacerme más feliz que la simple idea de pasar varias horas resolviendo ejercicios de Microeconomía.
- Lisa, ¿Ya hablaste con el psicólogo sobre estos sueños repetitivos? Quizás deban tener algún significado - Preguntó Ivette, mientras mantenía firme su mirada en la carretera y sus manos al volante. Mientras buscaba la mejor manera de contestar a su pregunta, recordé lo mucho que odio conducir, por lo que a pesar de muchas súplicas, Ivette nunca lograba librarse de manejar cada vez que salíamos.
- Sí, ya le comenté, me recomendó que deje de leer mangas y ver anime, dijo que tal vez así, mi sueño sería más reparador y estaría libre de imágenes violentas - Contesté y ambas reímos por mi ocurrencia, en el fondo ella siempre estaba preocupada por mis malditas pesadillas, odiaba por alguna razón que siempre me acompañaran, bastaba con mi tormentoso pasado como para lidiar con este tipo de locuras.
- Vamos Lisa, no es momento para bromas, después de clase te prometo una maratón de anime o doramas, lo que tu prefieras - Respondió Ivette mientras me regalaba una de sus mejores sonrisas, sin duda no podría librarse de mí después de hacer semejante promesa.
Rápidamente bajamos del auto y comenzamos a caminar hacia el aula N51, en donde se impartía regularmente nuestra clase de Microeconomía.
- La vida es demasiado cruel – Suspiré y ella me observó impaciente, aquel día era diferente, algo en el aire era pesado, un sudor frío recorría mi frente y estaba más ansiosa de lo normal.
-Tal vez, pero no debes perder la esperanza - Respondió sin observarme.
Al entrar en el aula mi corazón se estremeció una vez más, no podía creer lo que estaba observando; un hombre muy parecido al de mis pesadillas estaba sentado en la esquina del salón.
- Sebastian - Murmuré, él volteó a verme y en su mirada pude notar cierta incredulidad.
Era alto, con un cuerpo esbelto, poseía una barbilla bien delineada y hermosos ojos carmesí. Nunca podré olvidar la forma en que me miraba, parecía que nos conocíamos de toda la vida. No estoy segura si existe la reencarnación, pero en caso que sea verídica, podría jurar que aquel hombre y yo habíamos estado juntos en alguna vida y ahora nos encontrábamos de nuevo, pero esta vez con el agravante que podía reconocerlo.
- Buenos días jóvenes, por favor tomen asiento - Ordenó de manera muy respetuosa Julio Velásquez. Mi catedrático de Microeconomía logró interrumpir en ese instante el contacto visual que se había establecido por unos segundos entre aquel hombre y yo - Este día debo presentarles a un nuevo compañero que se une a nuestra universidad, el joven Sebastian Michaelis, quién estudia Literatura inglesa y decidió tomar este curso como una de sus materias optativas, espero que esta experiencia sea de su agrado y le sea útil en su vida profesional -.
- Gracias Sr. Velásquez - Respondió amablemente el supuesto joven Michaelis.
- Debido a la inscripción extemporánea del joven Michaelis, se suspenderá el control de lectura estipulado para este día y se reprograma para la próxima clase, una vez que él esté al tanto del programa y los respectivos contenidos vistos – Comentó Julio y suspiré aliviada, yo estaba preparada para el control, pero este día no era uno de los mejores de vida.
Entre constantes miradas, espasmos y un nivel de ansiedad insospechado, logré terminar la clase, que debido a ese misterioso hombre se había tornado totalmente desagradable. Una vez salí del salón, dejé a Ivette y corrí en dirección de Sebastian Michaelis. Nunca he sido una mujer curiosa, pero esta vez, este acontecimiento y la pesadilla de aquella mañana merecían toda mi atención, una vez lo alcancé formulé la pregunta que rondaba mi mente en toda la clase.
- Disculpe joven Michaelis, ¿Lo conozco? - Pregunté mientras el trató de evitar mi mirada, desviando su atención en un punto lejano que parecía perderse más allá de las nubes en el cielo.
- ¿Me conoce? - Dije nerviosa y lo miré fijamente buscando una respuesta, no lograba entender por qué conocía su nombre, ni por qué sentía que aquel hombre me pertenecía.
- Debe estar confundida señorita, soy un estudiante de intercambio que visita por primera vez Londres y dudo mucho que nos conozcamos de algún lado - Aquellas palabras me sonaron falsas, no sé por qué tenía la impresión que aquel extraño me estaba engañando.
"Usted es mía, tanto cómo yo soy suyo"
- Lamento mucho el confundirlo con alguien más caballero, espero pueda disculparme - No estaba muy segura de lo que estaba diciendo, pero no deseaba estar un momento más en ese lugar, todo era confuso, recuerdos iban y venían, palabras que jamás pronuncié hacían eco en mi mente, mientras aquel hombre me miraba y trataba de convencerme que en verdad nunca antes nos habíamos encontrado.
-No se preocupe señorita - Respondió convencido, mientras se alejaba.
"Aún no es tiempo señorita Duerre"
En aquel momento juro que escuché un murmullo de Sebastian, definitivamente necesitaba una cita con mi psicólogo de cabecera.
o.o.o
Hola a todos, ahora les traigo el segundo capítulo de este fic, espero que sea totalmente de su agrado.
Apareció Sebastian, el más esperado, anhelado y sensual demonio, espero sus sugerencias, ideas, comentarios, tomatazos, lo que deseen.
Cambio y fuera, se despide…
MiHo9
R.L
