Arco I
Los ángeles de la muerte.
Ese mayordomo, constelaciones.
"Sus ojos, son como el cielo nocturno.
Su alma, un laberinto indescifrable.
Su corazón es como el mar: en ocasiones pacífico, en otras violento".
Sebastian Michaelis, Melodía Silenciosa.
Capítulo dedicado a Anakuma.
Gracias por tus bellos reviews y apoyo incondicional.
Después de un largo mes logré salir del hospital, este tiempo sin duda se ha convertido en uno de los episodios más decepcionantes de mi vida.
En primer lugar, hice un contrato con un demonio.
En segundo lugar, soy la única descendiente viva de la familia Phantomhive.
Y en tercer lugar, el joven maestro está vivo…
No sé cómo sucedió, pero él está vivo, a pesar que su condición no es la mejor y tiene pocas posibilidades de recuperarse, el doctor está seguro que sobrevivirá. Después que Sebastian investigó lo que le pedí, me enteré que su verdadero nombre es Daniel Choi, descendiente de una adinerada familia asiática, con un historial criminal impecable, lo que hace extraño, que participara en mi secuestro. Después del incidente en el pasillo, estoy segura que él murió, aunque según Sebastian, el joven quizás fue salvado por alguno de los hombres a su servicio, hipótesis que todavía no logramos comprobar, ya que él está en coma desde el incidente y después de un mes, aun no despierta.
Si se preguntan cómo me encuentro, he de decir que después de un mes infernal en recuperación, puedo afirmar que estoy bien, he recuperado mi peso y mis heridas están completamente sanas. Después de la forma tan grosera en que la que les hablé a mis padres, ellos decidieron marcharse encargando a Sebastian mi cuidado. Vaya ironía, ellos me han dejado bajo la protección del ser que devorará mi alma sin compasión alguna. Creo que ningún padre que sepa que su hija decidió entregarse a las llamas, desearía que el culpable esté con ella las 24 horas del día.
- Señorita, es hora que regrese a su casa, he preparado todo el papeleo y ha recibido el alta – Dijo aquella voz que conocía perfectamente bien.
- Vamos, es hora de recuperar mi vida y terminar con esto de una buena vez – Exclamé levantándome del canapé - ¿Cómo está? –
- El joven Choi aún no despierta, pero sus signos vitales han mejorado notablemente. Quizás dentro de unos días despierte – Respondió Sebastian a mi pregunta.
- ¿Todavía no aparece ningún familiar? – Pregunté mientras Sebastian me abría las puertas de su auto.
- Nadie se ha presentado aún señorita –
Pobre Daniel, en verdad él estaba más solo en el mundo que yo. Por mi parte aún contaba con una familia, que si bien por mi propio capricho logré que se marchara, estaba segura que me amaban profundamente, en cambio el joven maestro, no había recibido visitas en todo este tiempo, si bien los gastos médicos estaban al día y siempre había hombres custodiando la habitación, su familia jamás se había presentado.
- Señorita, tal como lo pidió ya están arreglados los papeles para el reingreso a la universidad, he de comentarle que sus compañeros la echan de menos – Comentó Sebastian, interrumpiendo mis pensamientos.
- Está bien, después de tus explicaciones estoy más que al corriente de los temas impartidos en mi ausencia. En cierta parte me favorece mucho que te hagas pasar por estudiante universitario – Exclamé, acomodándome en el asiento del auto.
- No sabía que los demonios poseían autos -
- Señorita, después de muchos años al servicio del conde, es hora que comience a utilizar el salario que percibí como mayordomo ¿No le parece? –
- No me digas que debo pagarte un salario – Mascullé de forma molesta – Al final devorarás mi alma ¿Acaso no es suficiente? –
- Joven ama, ese tipo de consideraciones, depende única y exclusivamente de la voluntad del contratista, yo como fiel mayordomo de su bisabuelo, no puedo cuestionar las decisiones de mi amo.
- Mi bisabuelo… aún no puedo creerlo. Quién diría que Marie Elizabeth Duerre es una condesa – Murmuré, observando el camino – Para Sebastian ¿Hacia dónde nos dirigimos? – Dije observando que íbamos por el camino incorrecto, qué estúpido demonio al parecer no hay nada que pueda hacer bien.
- A su nueva casa – Respondió de forma tranquila Sebastian, encendiendo de nuevo el auto.
- ¿A qué te refieres con eso? –
- Quizás debió leer los papeles que le entregué la semana pasada, después que me pidió que investigara acerca del patrimonio de su verdadera familia –
Rebusqué en mi bolsa el sobre que efectivamente Sebastian me entregó hace una semana, al encontrarlo lo abrí y lo que vi me sorprendió completamente, aquellos viejos papeles eran las escrituras de la mansión y otros documentos relacionados con el patrimonio Phantomhive.
- Todo esto está… – Comencé a pronunciar y mi voz se apagó.
- Así es señorita, todo está a su nombre, indiscutiblemente usted es la única heredera de la familia Phantomhive –
Él tenía razón, en todos los papeles figuraba mi nombre cómo dueña universal de todo lo perteneciente a la familia Phantomhive, patrimonio que podría reclamar si poseía el anillo que generación en generación fue transmitido a los hombres de la familia.
- Yo no poseo ese anillo Sebastian, no puedo comprobar que realmente soy una Phantomhive - Contesté. En realidad no me preocupaba no obtener los bienes de mi familia, si no que estaba segura que mi bisabuelo jamás me perdonaría que todo por lo que tanto luchó se perdiera y pasara a manos extrañas.
- No se preocupe señorita, si usted recuerda, una preciosa joya desapareció cuando usted sufrió el accidente automovilístico – Afirmé y le indiqué a Sebastian que continuara – Pues debo informarle que ese collar estaba en manos de la actual superiora del orfanato Saint Jones. Hasta este entonces nadie reclamó la joya y sus padres decidieron donarla a la institución para que afrontaran parte de sus gastos – Me acomodé mejor en el asiento trasero, la información que Sebastian me estaba proporcionando era de suma importancia – Debo admitir que no fue nada fácil recuperar el collar, pero acá está – Dijo Sebastian, entregándome un hermoso collar de esmeraldas – Para un ojo humano sería imposible observar lo que se esconde tras la inscripción de su nombre, pero ¿Qué clase de demonio sería, si no puedo descubrir lo que está detrás de ese collar? Si trata de mirarlo más de cerca, descubrirá una serie; tomando suavemente la pieza comencé a observarla. Él tenía razón, quizás a simple vista no podían contemplarse, pero si se prestaba la suficiente atención te dabas cuenta que estaban allí.
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- ¿Qué significa? – Inquirí interrumpiendo a Sebastian –
- Pero que impaciente, señorita. Déjeme decirle que esa serie es la clave secreta para abrir la caja fuerte perteneciente a la familia Phantomhive, en la cual según el último registro, se encuentra guardado el anillo perteneciente a su familia, con el cual usted puede ser declarada como la dueña y señora de todo lo que perteneció a sus antepasados.
- Estás hablando en serio, Sebastian ¿No necesitaré nada más para confirmar que soy la única descendiente de la familia Phantomhive? –
- No es necesario, después de una exhaustiva investigación encontré los documentos que la acreditan como la hija legítima de James e Isabelle Phantomhive, sumando a eso el anillo y el collar de esmeraldas, será cuestión de tiempo, para que sean estudiados y toda su herencia le sea entregada. Por el momento haremos uso de mi apartamento mientras se realiza este proceso.
- ¿Tu apartamento? Estás loco, yo tengo mi propia casa y deseo regresar a ella, déjate de estupideces y dirige el auto hacia allí –
- Señorita, le ruego que no cuestione mi sugerencia, aún no sabemos si las personas que desean hacerle daño todavía la persiguen, si es así, es posible que el primer lugar al cual ellos se dirijan sea su antigua casa, así que por favor mientras usted no esté totalmente lista, acepte mi propuesta – Aseveró Sebastian y regresó la vista al frente. En verdad él tenía razón, probablemente esos mal nacidos estarían buscándome para matarme y está claro que el lugar menos seguro por el momento era mi casa. Era un verdadero alivio que Ivette se mudara con sus padres, eso me quitaba un gran peso de encima.
- Está bien. Apresúrate, necesito dormir –
- Cómo ordene, joven ama –
Los siguientes minutos pasaron extremadamente rápido, debo admitir que Sebastian es un excelente conductor, a pesar que maneja a una velocidad excesiva, era muy respetuoso con las señales y semáforos. Se puede decir que era una clase de conductor responsable.
Antes de bajar lo que menos me imaginaba sucedió…
- ¡Bienvenida a casa Lisa! – Gritaron al unísono un grupo de personas.
Cuando bajé del automóvil me di cuenta a quiénes pertenecían aquellas voces, eran nada más y nada menos que mis compañeros de Microeconomía, estaban todos allí, esperándome. Antes que lograra articular palabra alguna, cientos de brazos me estrecharon fuertemente y deseé jamás haber salido del hospital. Era ahora cuando la verdadera batalla comenzaba, yo no era más la dulce y tierna Lisa Duerre, pero al menos ahora debía ser agradecida con los que estaban mostrando sus muestras de afecto y cariño.
Luego de escaparme de los abrazos y demás saludos, corrí en búsqueda de Sebastian, de seguro el estúpido demonio planeó todo esto solo para hacerme enfurecer. Al entrar al pequeño apartamento, escuché la voz del muy idiota que estaba hablando por teléfono.
- Sí señora Duerre, ella se encuentra bien, en estos momentos está en una pequeña fiesta de bienvenida que organizó el grupo de Microeconomía –
- Perfecto Sebastian, ¿Crees conveniente que realicemos una visita a nuestra hija?
- No me parece lo más correcto en este momento, pero estoy seguro que Lisa se alegrará muchísimo de verlos. Después de las terapias su humor ha mejorado considerablemente.
- Me alegra mucho escucharte decir eso, en verdad Jean y yo estamos muy preocupados por ella. Debo agradecerte querido por todo lo que estás haciendo. Espera mi llamada para informarte sobre el vuelo y nuestra fecha de llegada. Mientras tanto cuida de mi pequeña y disfruten de la fiesta –
- Cuídese señora Duerre, no se preocupe por ella, haré todo lo que esté a mi alcance para protegerla – Se despidió Sebastian terminando la llamada.
- ¿Era mi madre? – Pregunté aún pasmada por la sorpresa de mis compañeros.
- Pero que está haciendo acá, vamos, debe regresar a su fiesta de bienvenida, todo está planeado para que disfrute de un buen momento joven ama – Clamó Sebastian, tomándome por los hombros.
- Si llego a enterarme que tú organizaste esta locura, te prometo que yo misma te enviaré a las profundidades del infierno –
- Le suplico señorita, que mantenga su cordura. A menos que usted sea un ser sobrenatural, aún más fuerte y poderoso que un demonio de mi clase, no podrá lograrlo - Respondió de forma sarcástica Sebastian, mientras me encaminaba a la zona verde del apartamento.
- Basta con decir que es una orden ¿No te parece divertido? – Bromeé, aligerando el paso, estaba segura que aquellos ojos violetas no me harían daño con tantos testigos presentes.
- Más tarde lo discutiremos, señorita. Por el momento disfrute de la compañía. En este momento solicito su permiso para ausentarme unas horas, aún hay algunos pendientes por terminar. Estaré de regreso antes de la cena –
- Puedes retirarte. Pero debes volver antes de la cena, si no estás aquí para ese entonces, no sé lo que soy capaz de hacer contigo –
- Cualquier cosa que mi joven ama desee, estará bien para mí – Exclamó Sebastian en un tono sensual y provocativo.
En aquel momento mi sucia mente hizo de las suyas y deseé que aquel idiota lo partiera en dos un rayo.
- Vete – Grité y Sebastian se retiró de inmediato. Ahora debía soportar unas cuantas horas la ausencia de ese demonio y animarme con la pequeña sorpresa de mis compañeros.
- Lisa, ven por acá, estamos esperándote, la comida se enfría y aún no has probado nada de lo que cocinamos especialmente para ti – Chilló Rafael, uno de los pocos estudiantes por los cuales vale la pena meter las manos al fuego sin pensarlo. Su historial académico es increíble, es el segundo estudiante en el cuadro de honor, capitán del equipo de fútbol y un excelente violinista. Eso sin descartar sus hermosos ojos azules y su blanca piel que estremece a cualquiera. Durante algún tiempo me hice ilusiones con él, pero después de conocerlo mejor, decidí dejar las cosas por la paz, Rafael es demasiado tímido para expresar sus sentimientos. A pesar que él siente algo por mí, creo que caerá fuego del cielo antes que él acepte que me quiere.
Acercándome hacia ellos, comencé a degustar uno a uno, todo los bocadillos que tenían preparados para mí.
- Vamos Lisa, bebe un poco con nosotros, todo este tiempo en el hospital debió sentarte terrible – Manifestó Ariana, una de las chicas más codiciadas en toda la universidad por su hermoso rostro y largas piernas, mientras me pasaba un mojito cubano.
- Sabes bien que no bebo, Ariana –
- No te preocupes, esta noche nada malo va a pasarte, además tienes a un hombre sexy cuidando tus espaldas – Susurró Ariana, guiñándome el ojo.
- Cállate, ni me lo recuerdes – Exclamé y de un sorbo terminé con el que fue el primero de los tragos de la noche.
Después de un largo rato, uno a uno mis compañeros comenzaron a retirarse, con las pocas fuerzas y coherencia que me quedaba comencé a despedirlos a todos, agradeciéndoles el gesto y las buenas intenciones. Cuando el último se retiró, sólo quedamos Rafael y yo. Él estaba completamente sobrio, yo en cambio, estaba experimentando los efectos del alcohol.
- Ven, siéntate acá – Habló Rafael y con torpes pasos llegué hasta la silla en donde se encontraba.
- Realmente eres hermosa, hasta que desapareciste no logré darme cuenta de lo mucho que significas para mí, Lisa. Sé que este no será el mejor momento de tu vida, ya que las circunstancias que has vivido han sido difíciles, pero quiero decirte que estaré para ti, siempre que me necesites –
Delicadamente, Rafael comenzó a pasar sus dedos por mi cabello. Aquel contacto era dulce y por alguna razón me provocaba un cierto dejavú, estaba segura que alguien más había hecho lo mismo, pero el alcohol no me dejaba pensar bien. Jamás en mi vida había sido una buena bebedora y eso que en las fiestas de navidad mis padres nunca nos restringieron el alcohol, desde que mi hermano y yo cumplimos la mayoría de edad.
De manera sigilosa, sentí como Rafael comenzó a acercarse a mi rostro, como si buscara mis labios. Levemente rozó mi mejilla y escuché como un suspiro se escapaba de su boca.
- Sebastian, deja de jugar conmigo – Susurré y Rafael se alejó de inmediato de mi lado, dejándome caer. Al instante un par de fuertes brazos me acogieron suavemente, evitando que impactara contra el suelo. Esa sensación de seguridad sólo podía brindármela Sebastian Michaelis, el demonio que juega a ser humano. Desde arriba Rafael me observaba con los ojos sorprendidos y cierta decepción en su rostro. Quizás hice algo mal, pero ya habría tiempo para solucionarlo.
- Me temo caballero que debe retirarse, todos los invitados se han marchado. Es momento para que usted también haga lo mismo. La señorita Lisa no está en sus cinco sentidos – Dijo Sebastian.
- Espero verte pronto Lisa – Expresó Rafael despidiéndose con su mano.
- Nos vemos – Mascullé. Aquel escondite seguro, me presionó aún más fuerte y trató de llevarme hacia el apartamento.
- Sebastian, bájame… Quiero quedarme un rato más a contemplar las estrellas, ponme en el suelo y siéntate conmigo – Dije y aquellos brazos de acero, lentamente me ubicaron en la grama. Acto seguido Sebastian estaba sentado a mi lado, sosteniendo con una mano mi espalda, para evitar que me cayera.
- Creo que debería descansar joven ama –
- Lo sé, lo haré aquí – Respondí y retirando la mano de Sebastian me recosté en la grama - Esto estará bien. ¿Conoces las constelaciones, Sebastian?
- Por supuesto joven ama, con tanto tiempo libre estando entre los humanos, me he informado sobre ellas –
- Háblame sobre ellas, siempre he tratado de reconocerlas y no puedo –
Sebastian recostándose, comenzó a señalar ciertos puntos en el cielo.
- Si ve hacia allá – Dijo mientras apuntaba con su dedo desnudo al cielo. Jamás había observado lo blanca que era su piel y el negro que poseían sus uñas. Ahora entendía por qué siempre utilizaba guantes para cubrirse. Era extraño, pero ya que en Londres siempre está frío, pensé que a eso se debía – Está la constelación de Orión, que solo puede apreciarse en los meses de noviembre a abril en cualquiera de los hemisferios, si observa se encuentra cerca de la constelación del río Eridanus, siendo apoyado por su dos perros de caza, representados por las constelaciones de Canis menor y Canis mayor, peleando con la constelación del tauro.
Según la mitología griega Orión, fue un gigante cazador que prometió aniquilar todo animal que hubiera sobre la tierra, por lo que Gea su madre, se enfadó e hizo nacer un escorpión enorme que picó a Orión y lo mató. Cuando vio que la muerte era ya inminente, pidió auxilio e imploró venganza a Zeus, pidiéndole al dios que lo colocaran en los cielos, para que los hombres, cuando miraran hacia arriba en las oscuras noches estrelladas, recordaran sus aventuras como cazador.
- Una historia realmente interesante, Sebastian. Pero aun así no consigo apreciar al gigante en el cielo – Masculle molesta, ya que solo observaba estrellas y más estrellas.
Lentamente Sebastian me levantó y acomodándome entre sus piernas, tomó mi rostro entre sus manos y dirigió mi vista al cielo. Señalando con su dedo dibujó increíblemente el cuerpo de Orión en el firmamento. Ahora mis ojos podían apreciar aquel espectáculo nocturno.
- ¿Qué piensas de las estrellas Sebastian? –
- Del lugar donde provengo, no existe nada parecido a esto. Los cielos cada noche están llenos de oscuridad, muertos, sin esperanza alguna de regresar a la luz. En mi opinión personal joven ama, considero que las estrellas son un verdadero espectáculo, que los humanos pueden contemplar cada noche en la bóveda celeste –
Sin duda el mayor espectáculo era estar entre los brazos de aquel que devoraría mi alma. Me sentía segura y protegida. Aquella era una sensación adictiva, por lo que volteándome enterré mi rostro en su amplio pecho y permití que el dulce sueño me invadiera.
- Señorita – Exclamó Sebastian, pero dejé de escucharlo.
o.o.o
Como niña inquieta entre los brazos de su padre, de esa manera la señorita se había quedado profundamente dormida. Acurrucada entre mis brazos, podía saborear el aroma proveniente de su alma, aquel era un olor más delicioso que el de las lilas del campo. Lentamente comencé a acariciar su cabello, no sabía por qué los humanos disfrutaban de este tipo de contacto tan personal, pero cada noche aliviaba las pesadillas de la señorita, por lo que cada vez que se quedaba dormida, acariciaba de forma imperceptible cada hebra de su cabello.
- No puedo dejarla dormir acá, está frío y puede resfriarse. La llevaré a su nuevo cuarto, joven ama – Susurré y de inmediato, la señorita se aferró a mi cuello. Como si fuese posible que la abandonara. Como si pudiera huir de mí aunque ella quisiera.
De forma cuidadosa me levanté con ella en mis brazos y caminando a paso lento, llegué hasta la habitación que asigné personalmente para ella. Con un poco de esfuerzo logré recostarla en la cama.
- Que descanse joven ama – Dije y me dirigí hacia la puerta de la habitación.
- Sebastian – Su voz me estaba llamando – Quédate a mi lado hasta que me duerma de nuevo.
Su voz de manera suplicante me llamaba a su lado. Acercando una silla hasta la cama, decidí quedarme hasta que conciliara el sueño de nuevo.
- ¿Podrías hacer lo que haces cada noche? – Susurró la señorita.
- ¿A qué se refiere joven ama? – Pregunté, anticipando la respuesta.
- Acaricia mi cabello, como lo has hecho cada noche, desde que estás a mi lado – Respondió y de pronto un calor invadió el cuerpo humano que poseía.
Puede que sea ridículo que los demonios tengamos emociones, pero no se trata de eso. Es la conexión que establecemos con el alma a la que estamos atados en contrato, la que despierta ese tipo de sensaciones. Si el alma es pura, despertará el deseo por poseerla, en cambio sí es oscura y llena de maldad, será imperceptible ante nuestros ojos y acabaremos el contrato de inmediato, aunque la petición del contratista, aún no se haya cumplido. Desde el inicio de los tiempos, los demonios siempre han sido débiles ante las peticiones de un humano, mucho más cuando este posee un alma única y codiciada.
Mi joven ama…
"Sus ojos, son como el cielo nocturno.
Su alma, un laberinto indescifrable.
Su corazón es como el mar: en ocasiones pacífico, en otras violento".
De inmediato comencé a dibujar pequeños círculos sobre el cuero cabelludo de mi joven ama. Las sensaciones que aquel contacto estaba despertando en mí iban más allá de un simple capricho. Viéndola allí recostada, frágil e indefensa, un deseo por poseerla me invadió completamente. Mis ojos destellaron el violeta característico de los demonios, mientras la mano que estaba libre luchaba por recorrer las figuras que dibujaba su cuerpo. Pero no tenía ningún sentido el hacer aquello, aún no era tiempo de terminar este contrato. Disfrutaría aún más de él y permitiría que el alma de mi joven dama se vuelva aún más irresistible, tanto que desee morir con tal de tenerla.
Sigilosamente salí de la habitación, aún debía terminar con algunos pendientes.
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Mi cabeza dolía terriblemente, era mi culpa, totalmente mi error. Después del sexto mojito perdí completamente la cuenta y quién sabe qué cosas terminé haciendo. Lo único que recuerdo es a Sebastian hablando sobre Orión, si mis recuerdos no me engañan, eso fue lo último que sucedió anoche.
- Joven ama, buenos días. ¿Se encuentra mejor? – Saludó Sebastian, entregándome una taza de té.
- ¿Qué es? – Pregunté de forma curiosa.
- Una receta casera para la resaca, estoy seguro que debe necesitarla con urgencia, en verdad beber le hace daño joven ama. No es correcto que cuando se emborrache ande por allí pidiendo que duerman con usted – Exclamó Sebastian dibujando una mueca desagradable en sus labios. Esa sonrisa retorcida me reconfirmó que mis recuerdos no eran exactos.
- ¿Qué es lo que estás diciendo? Jamás le pediría a un estúpido demonio que se quede a mi lado.
- Le dije que yo jamás miento, no ganaría nada diciéndole semejante mentira –
Oh por Dios, Marie Elizabeth Duerre, le pediste al idiota de Sebastian que durmiera contigo. Qué hice, todo mi honor está por los suelos. Desde ahora no podré ver a la cara a este ser del infierno. He perdido la poca dignidad que me quedaba.
- No pasó nada entre nosotros, ¿Verdad? –
- ¿A qué se refiere joven ama? ¿Qué tipo de cosas pudieron suceder entre nosotros? –
- Bueno, sabes a lo que me refiero. Tú y yo… - Balbuceé, repitiéndome que semejante locura no estaba sucediendo. De un sorbo tomé la preparación que antes Sebastian me había ofrecido.
- No estoy entendiendo nada de lo que está hablando, joven ama. Quizás podría entender si usted pronuncia correctamente las palabras – Respondió Sebastian, mientras retiraba la taza.
- ¿QUIERO SABER SI PASAMOS LA NOCHE JUNTOS, IDIOTA? – Chillé enterrando las manos en mi rostro. Un suave calor comenzó a sonrojar cada una de mis mejillas.
- Claro que sí joven ama. Usted me pidió que lo hiciera y yo como su demonio, cumplí con la orden –
Al instante comencé a llorar. Cómo era posible que yo me hubiera entregado en cuerpo y alma a Sebastian.
- Idiota, mil veces maldito – Tartamudeaba entre lágrimas.
- No se preocupe joven ama, anoche solo vigilé su sueño. Nada de lo que esté pensando sucedió entre nosotros. Un demonio de mi categoría jamás se aprovecharía de su contratista. En este contrato, solo sucederá aquello que usted consienta – Dijo Sebastian y la tranquilidad que me había sido robada regresó a mi cuerpo.
- Eres un maldito Sebastian Michaelis. Te ordeno que nunca más vuelvas a jugar con las palabras de esa manera – Grité y levantándome de la cama, corrí hacia el baño.
- Oh vamos señorita, la que ha confundido las palabras es usted. Le ruego que se apresure o se nos hará tarde para llegar a la universidad –
El desayuno fue magnifico, en verdad Sebastian tiene grandes habilidades para la cocina, es algo que no puede negarse. El camino a la universidad fue bastante corto, ninguno de los dos intercambió palabras. Justo como lo pensé, estaba más que al día con los contenidos, a pesar de lo estricto que es Sebastian, era un excelente tutor. La clase terminó sin ninguna novedad, de pronto algún compañero me saludaba y algún otro preguntaba si realmente no recordaba nada.
- Señorita, debo decirle algo – Susurró Sebastian pasando a mi lado. Lo seguí hasta que se detuvo frente al auto.
- El joven Choi ha despertado –
- ¿Qué has dicho? – Una corriente de emociones invadió mi cuerpo.
- El joven Daniel está estable y en perfectas condiciones, excepto por un detalle –
- ¿Cuál es? –
- No recuerda nada de lo que sucedió –
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Hola a todos. Oficialmente les presento el capítulo correspondiente al primer arco de la historia, llamado Los ángeles de la muerte.
Después de unos cuantos días al fin puedo actualizar. He tratado de traerles un capítulo lleno de sorpresas y un poco de romance. Debo comentarles que esta semana termina el ciclo extraordinario y estoy muy ansiosa por los resultados. Mercadeo me ha parecido una materia interesante, la próxima vez les comentaré que tal me fue en los resultados finales. Luego de esto no estoy muy segura cuando actualizaré, puesto que comenzaré con el ciclo normal en la U e inscribí cinco materias, lo cual me absorberá un poco de tiempo, pero prometo actualizar lo más pronto posible.
Agradezco a Anakuma por su review y el apoyo que muestra a la historia. Te aseguro que Sebby siempre sabrá como librarse y sacarle canas verdes a la pequeña Lisa.
Les deseo una excelente semana y muchos éxitos en todas las actividades que realicen.
Si alguna de ustedes desea ponerse en contacto conmigo, les dejaré mi Facebook para que charlemos cómodamente.
w w w . facebook MaiaLc9
Acá deberán agregarle el . Com pleca ( / ) y agregar el MaiaLc9
Por cierto hay cierto botoncito abajo que me encantaría que utilizaran.
Se despide.
MiHo9
R.L
