Ese mayordomo, catástrofe.
"La vida en ocasiones es muy parecida a un callejón sin salida"
Capítulo especialmente dedicado a:
Puririnn
Ailyn Sakamaki
Black-Shadow-Archive
Yuuki – Lawliet
Anakuma
Gracias por confiar en la historia y continuar leyendo.
Agradecimientos especiales a:
Anakuma
AbSelunita
Bella – San
Suki.
Gracias por sus hermosos reviews, respuestas hasta el final…
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- Llévame al hospital ahora mismo, Sebastian – De inmediato entré al auto y me ubiqué en el asiento del copiloto – ¿Te vas a quedar parado sin hacer nada? Apresúrate, necesito comprobar con mis propios ojos que Daniel no recuerda nada.
En forma perezosa Sebastian entró al auto y comenzó a jugar con la llave.
- ¿Está segura que desea comprobar que el joven Choi no recuerda nada, joven ama? O al contrario ¿Quiere corroborar por usted misma que el joven está despierto? ¿Tan grande es su interés por un débil humano?
- Sal del auto –
- Pero, joven ama, me ha pedido que la lleve de inmediato al hospital – Expresó Sebastian de forma sarcástica.
- He dicho que salgas del auto maldito demonio, es una orden – Grité con todas mis fuerzas y aquellos ojos carmesí me observaron con furia.
- Cómo ordene, joven ama – Respondió Sebastian, entregándome las llaves del auto.
- No me sigas, vete de inmediato al departamento y ten lista la merienda, no creo que sea capaz de volver antes del almuerzo – Exclamé molesta. Realizando una breve reverencia, el demonio emprendió el camino hacia el apartamento.
Con todos los jugos gástricos quemando mi garganta, encendí el auto y comencé a conducir, a pesar que odio hacerlo, no necesitaba de un demonio para llegar hasta el lugar en donde se encontraba el joven maestro, después de terminar mis asuntos, Sebastian recibiría una llamada de atención por cuestionar decisiones de vital importancia, tal como enfrentarme cara a cara con Daniel y observar sus reacciones.
El camino hasta el hospital fue extremadamente rápido, maravillosamente las carreteras se encontraban despejadas y una densa neblina cubría el paisaje, lo cual dificultó un poco mi visión, pero no logró impedirme llegar hasta mi destino. Al llegar al hospital todos me saludaban, quizás el tiempo que pase allí me hizo cercana con todas las enfermeras y trabajadores del lugar. Este día definitivamente estaba de suerte, si quería ver al joven maestro, debía tomar un uniforme de enfermera para ingresar a su habitación, sin levantar sospecha alguna entre los hombres que están custodiándolo.
- Lisa ¿Te encuentras mejor? – Dándome la vuelta observé a la enfermera que estuvo a mi cargo un mes atrás.
- Amelie – Dije y levantando mi mano la saludé – Es un gusto verte.
- ¿Qué haces por aquí? ¿Estás enferma? ¿Has venido sola? No veo a Sebastian por ningún lado – Susurró Amelie y un pequeño rubor comenzó a formarse en sus mejillas. Estúpido demonio tiene a todas las mujeres a sus pies. Aprovechando la situación, una magnífica idea cruzó por mi cabeza.
- Necesito un pequeño favor, Amelie – Murmuré y comencé a moverme como una niña pequeña – ¿Me ayudarás?
- Jajaja, si me lo dices de esa forma no puedo negarte mi ayuda, ¿Qué es lo que quieres, cielito? – Respondió de forma cariñosa la enfermera.
- ¿Recuerdas al paciente que está en la habitación VIP, Daniel Choi? –
- Claro, ya está consciente. Recuerdo que siempre preguntabas por él – Inquirió Amelie con malicia en su voz –
- Sí lo sé, ahora que ya está despierto quiero verlo, pero sabes bien que solo el personal autorizado puede cruzar esa área… Tú… ¿Puedes ayudarme? – Exclamé y junté mis manos de manera suplicante – Anda di que sí… Amelie, si me ayudas, la próxima vez traeré a Sebastian –
- Eres todo un caso, Lisa, está bien… Ven conmigo, te daré un uniforme y una placa del hospital para que puedas ingresar a la habitación del paciente Choi –
En forma cautelosa, Amelie y yo, nos encaminamos a los vestidores del personal de enfermería. El lugar era sorprendentemente grande, estaba lleno de casilleros, camarotes y duchas.
- Ven por acá - Murmuró Amelie y me introdujo en un cuarto pequeño – Cámbiate, este conjunto debe quedarte bien, es de una compañera que tiene el día libre. Cuando termines asegúrate de devolvérmelo –
Al instante, comencé a cambiarme, me deshice de mi ropa y me puse el uniforme que Amelie me había entregado, el conjunto me quedaba a la perfección, no había motivo alguno para dudar que no trabajara allí.
- ¿Ya estás lista? –
- Sí – Respondí y salí del pequeño cuarto – ¿Cómo me veo? –
- Luces como toda una enfermera – Exclamó Amelie y ambas reímos al mismo tiempo – Ahora, escucha bien mis indicaciones, en primer lugar toma esta tarjeta, es la que nos da el acceso a todas las habitaciones VIP del hospital – Dijo Amelie y me entregó un rectángulo dorado – En segundo lugar, recuerda que no puedes estar mucho tiempo en la habitación, por lo que debes tener cuidado, a lo sumo puedes permanecer 7 minutos. Cuando entres, toma el cuadro que está al pie de la cama, finge que revisas las últimas anotaciones y dirígete hacia el paciente; revisa la cantidad de suero y observa los signos vitales en las máquinas que están a la derecha, por último, actúa como si escribieras nuevas indicaciones, cuando termines, sal tranquilamente de la habitación y no llames la atención.
- Así lo haré, Amelie, no te preocupes, todo saldrá bien. Si algo pasa, yo asumiré toda la responsabilidad –
- Ok, recuerda que estaré esperándote en este lugar, no tardes – Sujetando la mano de Amelie me despedí de ella y salí de la habitación. No tardé mucho tiempo hasta llegar al cuarto piso, una vez allí, me dirigí con la mayor tranquilidad posible a la habitación 401B, al llegar un grupo de hombres vigilaban la puerta.
- Es hora de revisar la condición del paciente – Dije en forma serena.
- Muéstreme la tarjeta de ingreso – Pidió uno de los hombres y de inmediato le mostré el rectángulo dorado – Déjenla pasar, es una de las enfermeras del hospital y va a revisar al joven maestro – Dijo y dos de los hombres me abrieron la puerta.
La habitación era espaciosa y bien equipada, era un lugar acogedor a simple vista, después de entrar por el pasillo, llegué hasta el lugar en donde Daniel se encontraba recostado.
- ¿Es hora de la medicina? – Preguntó y todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo se activaron, al instante un frío que recorrió mi cuerpo, me hizo recordar la tortura y el infierno de mi secuestro.
- Estoy aquí para revisar su condición, aún no es tiempo de su medicina – Respondí y aquellos ojos miel me observaron sorprendidos, al instante bajé mi mirada y tomé el expediente clínico que estaba a los pies de la cama.
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Choi, Daniel.
Edad: 24 años.
Guardián: Claude Faustus
Médico a cargo: Dr. Demian Smith.
Estatura: 182 cm
Peso: 76.36 Kg.
Grupo sanguíneo: AB
Cuadro clínico
El paciente presenta Amnesia Lacunar ° y Síndrome de Estrés Postraumático, después de sufrir varias heridas y ocho impactos de bala.
Última revisión:
Se observan signos vitales estables
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Claude Faustus ¿Quién es este hombre? ¿Por qué es el guardián de Daniel? ¿En donde están sus padres? Al parecer Sebastian y yo tenemos mucho trabajo por hacer.
- Señorita ¿Sucede algo? – Preguntó el joven maestro y recompuse mi expresión.
- Nada en especial, joven Choi. Si me permite revisaré la cantidad de suero – Dije y me acerqué a la cama, rápidamente toqué la bolsa de suero y observé los monitores. Diablos, soy economista, no enfermera… me pregunto cómo pueden comprender esto, de manera sigilosa eché una breve mirada a Daniel, quién se había quedado dormido, un reflejo me llevó a acercar mi mano para tocar su frente.
- Sabes que no debes estar aquí, ¿O me equivoco, Lisa Duerre?… ¿Por qué elegiste justamente el día en que va a derramarse mucha sangre en este lugar? – Susurró una voz en la esquina de la habitación y varios escalofríos recorrieron mi cuerpo, lentamente alejé mi mano de la frente del joven maestro y me di la vuelta.
- ¿Quién eres? – Pregunté nerviosa y un hombre vestido totalmente de rojo, con una larga cabellera apareció entre las sombras. Sus ojos verdes me observaron fijamente.
- Asombroso, los humanos normales no serían capaces de vernos… parece que eres especial chiquilla – Dijo aquel hombre y se acercó lentamente hasta donde estaba.
- ¿Quién eres? – Repetí y él detuvo su paso.
- Un dios de la muerte – Respondió y un brillo especial cubrió sus ojos – Debes salir pronto de aquí, tengo que recolectar varias almas y la tuya no está en la lista mocosa.
- ¿Qué hay de su alma? – Pregunté mientras señalaba al joven maestro.
- No me interesa lo que hagas con él, su nombre no figura en la lista – Expresó en forma molesta aquel ser, mientras revisaba sus largas uñas.
- Ayúdame a sacarlo de aquí, no puedo permitir que muera – Grité y de pronto una serie de disparos se escuchó en el pasillo – Rápido, no hay tiempo que perder, dijiste que todavía no estamos en tu lista –
- Lo siento, una dama como yo, no puede ayudar a una mocosa cómo tú. Además va contra las reglas de mi amado Will – Respondió aquel hombre, que se creía dama.
- Las reglas son lo de menos en este momento – Intervino otra voz, proveniente de un hombre alto, esbelto, elegante y con unos asombrosos ojos verdes.
- Will, estás aquí – Chilló aquel tipo vestido de rojo y se prendió en el cuello del otro sujeto.
- Suéltame Grell Sutcliff, no hay tiempo que perder, carga al joven y yo me encargo de ella, debemos sacarlos lo más rápido posible de esta habitación, de lo contrario la lista podría cambiar y tendremos que hacer horas extras –
- Lo que digas, Will – Respondió el pelirrojo, tomando en sus brazos a Daniel y de un salto desapareció por la ventana.
Más y más disparos se escuchaban en el pasillo, ellos estaban acercándose, dentro de unos segundos quizás estarían aquí.
- Si me permite – Dijo aquel hombre y cargándome traspasamos la ventana. El aire recorría cada célula de mi cuerpo, estábamos en un cuarto piso, mis esperanzas de sobrevivir eran bajas, si estos seres sobrenaturales no hubiesen aparecido. De un golpe imperceptible aterrizamos en el suelo y a una velocidad inhumana alcanzamos al pelirrojo.
- ¿Hacia dónde vamos? – Pregunté, mientras nos introducíamos en un bosque.
- A un lugar seguro, lejos de este hospital – Respondió el hombre que me cargaba en sus brazos.
- ¿Quién hará nuestro trabajo, Will? – Cuestionó molesto el pelirrojo, esquivando los árboles que aparecían a su paso.
- Ronald Knox, está a cargo – Respondió – De inmediato, vamos al orfanato Saint Jones –
- Cómo digas, cariño – Gritó la supuesta dama, lanzando un beso a quién llamaba Will.
- ¿Orfanato Saint Jones? – Murmuré curiosa.
- Será hasta asegurarnos que el peligro ha pasado – Contestó el hombre y me acomodó de nuevo en sus brazos – Dentro de poco esas escorias vendrán a nosotros, no tardarán en darse cuenta que están bajo nuestra protección.
- ¿Escorias? – Inquirí curiosa.
- Sí, el demonio con el que tienes un contrato – Abrí mis ojos sorprendida, como era posible que él supiera del contrato… No era razonable, a menos que él también sea un ente sobrenatural, entre ellos no debe ser difícil identificar este tipo de sucesos.
- ¿Sebastian? –
- Así es, Michaelis, estará en el orfanato en menos de una hora –
- ¿Cómo sabes del contrato? – Pregunté, esperando una explicación más coherente a mis argumentos.
- Los lentes de contacto que utilizas, no son suficiente para ocultar la marca del contrato a los ojos de un dios de la muerte – Expresó el hombre.
- ¿Eres también uno de ellos? – Interrogué, observándolo detenidamente.
- Eres un poco lenta para comprender lo que sucede – Dijo y el silencio reinó en todo el recorrido.
Al parecer los shinigamis tenían una vista muy aguda, además de sus indudables capacidades sobrehumanas; por lo que en un pestañear de ojos estábamos en las puertas del orfanato Saint Jones.
Jamás en mi vida, había visitado el lugar donde fui acogida, después de la muerte de mis verdaderos padres, James e Isabelle Phantomhive.
El orfanato Saint Jones es una maravilla de la arquitectura, aunque la construcción es muy antigua, está bien conservada, posee amplios jardines y una pequeña fuente en el medio. Parece un lugar agradable y hospitalario, en donde cualquier niño puede desarrollarse y ser feliz.
- Hemos llegado – Exclamó el hombre que me cargaba y me bajó al suelo.
- Sr. Spears ¿A qué debemos su visita? – Preguntó una religiosa al abrir la puerta.
- Sor Caridad, necesitamos alojar a estos muchachos por unos días, cuento con su apoyo, puesto que en estos momentos sus vidas corren peligro –
- Adelante Sr. Spears, ustedes cuatro pueden quedarse el tiempo que sea necesario. Nuestro orfanato, siempre tiene las puertas abiertas, especialmente con los benefactores – Dijo la religiosa y nos introdujo al recinto.
Aquel lugar era realmente espacioso, de manera silenciosa Sor Caridad nos condujo a través de un largo pasillo. Quizás porque aún no caía la noche el orfanato no parecía aterrador, pero al observar detenidamente cada detalle de la infraestructura un temor infundado inundaba cada uno de mis huesos. Al frente los dos hombres extraños seguían a la religiosa, mientras yo caminaba detrás de ellos. Al llegar al final del pasillo se encontraban unas escaleras hacia la segunda planta y a cada uno de los lados dos corredores que conducían a diferentes áreas del orfanato.
- Nos vemos luego, Will – Gritó el pelirrojo y lanzó un beso al hombre que estaba a mi lado.
- ¿A dónde se lleva a Daniel? – Chillé, asustada observando como el pelirrojo se alejaba.
- Al sanatorio del orfanato – Respondió en forma cortante el señor Spears y continuó caminando.
- Esta será su habitación Sr. Spears. Señorita sígame por favor –
- Gracias, Sor Caridad, procure dejar a la señorita, lo más cerca de nosotros, por favor –
- Así será. Descanse Sr. Spears –
Sor Caridad, avanzó unos cuantos pasos más y me enseñó la que sería mi habitación. Aún no comprendía nada de lo que estaba pasando, ¿Quiénes querían hacerle daño a Daniel? ¿Podrían ser los que ordenaron mi secuestro? ¿Quizás conocían que yo estaba allí? Quería ordenar todos los pensamientos en mi cabeza, cuando unas voces llamaron mi atención.
- Sor Caridad, este joven busca a la señorita – Murmuró una voz proveniente del pasillo.
Mi corazón se aceleró rápidamente, estaba allí, mi condenación eterna, realmente había llegado… Lentamente me di la vuelta, esperando verlo como siempre, con su sonrisa socarrona y esos ojos expectantes.
- Mucho gusto señorita, soy el guardián del amo Choi, Claude Faustus –
No, no era Sebastian quién estaba allí. Frente a mí, se encontraba un hombre alto, vigoroso, vestido con un elegante frac ° y unos profundos ojos ambarinos.
- Agradezco el gesto de recibir al joven maestro en este lugar, si me permite me gustaría charlar un poco con la señorita en privado – Dijo el hombre y las religiosas se retiraron. Cerrando las puertas de la habitación, el hombre que se hacía llamar Claude me invitó a sentarme.
- ¿Cómo se enteró que el joven Choi está aquí? – Pregunté seriamente, esperando una respuesta lógica. Nadie sabía en donde estábamos, excepto que la persona sentada frente a mí, no fuera un ser humano, algo que no sería extraño, al tener un contrato con un demonio y estar bajo la protección de dos shinigamis.
- Sus modales me decepcionan un poco señorita – Exclamó el guardián de Daniel y me extendió su mano.
- Marie Elizabeth Phan… - En ese momento me detuve en seco, nadie debía conocer mi verdadera identidad - Duerre – Respondí rápidamente, estrechando mi mano con la de aquel hombre.
- Ahora, que conocemos nuestros nombres, responderé todas sus dudas, pero antes necesito chequear la condición del joven Choi ¿Me acompaña? –
Asentí y ambos salimos de la habitación, los pasos de Claude eran sigilosos y rápidos, parecía que estaba alerta por si algo llegara a pasar, al bajar las escaleras, doblamos en el corredor de la derecha y después de recorrer un estrecho pasillo, llegamos hasta el sanatorio del orfanato. El lugar era pequeño, con la indumentaria básica para atender emergencias menores; contaba con cuatro camas y en una de ellas se encontraba recostado el joven maestro. Acercándose a él, Claude revisó sus signos vitales y comprobó su condición actual.
- Cla… Cla... ude – La suave voz proveniente de Daniel, interrumpió al guardián - ¿Qu… qué ha pasa…do? – En forma entrecortada el joven maestro logró terminar la oración, parecía extremadamente débil y agotado.
- Descanse joven amo, mañana le comentaré con mayor tranquilidad los detalles, no se preocupe, está a salvo – Contestó el hombre de ojos ambarinos e introdujo una inyección en el brazo de Daniel.
- ¿Qué estás haciendo? –
- No se preocupe Srta. Duerre, es solamente un calmante, durante este tiempo el joven amo ha permanecido en constante observación y lo sucedido ahora, no contribuye en lo absoluto a su recuperación – Argumentó Claude, acercándose lentamente, hasta ubicarse detrás de mí - ¿No cree que le vendría bien que le aplique una dosis? Estoy seguro que su condición emocional no es la mejor en estos momentos – Susurró Claude aproximándose a mi oído - ¿No le gustaría, descansar un poco y olvidarse de todo? ¿Vale la pena que esté sufriendo sola, sin nadie a su alrededor?
En ese momento de forma violenta la puerta se abrió de par en par, una ventisca de aire recorrió mi cuerpo y un par de brazos me recibieron, paulatinamente cerré mis ojos, no había necesidad para observar quién era el que me sostenía, sabía perfectamente quién era. El calor proveniente de su cuerpo hizo que mi alma se confortara en cuestión de segundos.
- Joven ama ¿Se encuentra bien? – Aquella voz suave me hizo confirmar que era él quién estaba a mi lado.
- Idiota, te tardaste demasiado – Repliqué utilizando cierto aire de enojo en mi voz.
- Debía cumplir sus órdenes o acaso olvidó lo que me dijo –
- Mi vida corría peligro imbécil, ¿Esa es la forma de protegerme, de la que tanto hablas? – Dije y me aferré aún más al pecho de mi demonio. Buscaba tranquilidad, estabilidad, cierto grado de certeza y él era el único que podía brindármela, pausadamente levanté mis ojos y me encontré con los suyos, aquellos rubíes parecían molestos y a la vez preocupados, quizás era el miedo que recorría mi cuerpo el que me hacía creer que él estaba preocupado por mí y no porque podría llegar a perder su cena.
- Ejem… - Un carraspeo procedente de Claude me hizo recordar que no estábamos solos.
- Faustus –
- ¿Aún conservas el nombre que te dio el perro guardián de la Reina, o tu contratista decidió cambiarlo? – Cuestionó Claude y Sebastian reforzó su abrazo, en sus ojos pude notar cierta tristeza al recordar a mi bisabuelo; el primero de los Phantomhive, en hacer un contrato con un demonio.
- Así es, Claude Faustus – Contestó Sebastian, con cierto desprecio en su voz.
- Veo que aún no aprendes la lección Michaelis – Aseveró Claude, observándome fijamente. ¿De qué lección estaba hablando, acaso se refería al contrato?
- Joven ama, me parece que ya conoce al guardián del Joven Choi, Claude Faustus, espero que no olvidara comentarle que es un demonio al servicio de la familia del joven maestro.
- Un demonio… - Murmuré nerviosa, ahora todo encajaba perfectamente. Su naturaleza explicaba cómo encontró este lugar.
- Así es joven dama, soy un demonio al servicio de la familia Choi – Exclamó Claude, reclinándose en una de sus rodillas, a modo de reverencia.
- ¿Ustedes tienen un contrato? – Cuestioné, señalando al joven maestro.
- No funciona de esa forma señorita, si me permite explicarle… -
- Ya habrá tiempo para eso, si me permite, llevaré a mi joven ama a descansar – Exclamó Sebastian interrumpiendo a Claude.
En un abrir y cerrar de ojos, Sebastian me tenía entre sus brazos, acomodándome en ellos salió del sanatorio y avanzó hacia la habitación
- Bájame idiota, no estoy herida en ningún lado para que actúes de esta manera –
- Recuerde joven ama, que actuaré de esta forma siempre que su vida corra peligro –
- En este momento no hay ninguna señal de peligro ¿Por qué actúas así? Bájame, es una orden –
- Sus ojos son incapaces de distinguir el peligro joven ama… -
- ¿Qué es lo que tratas de decir? –
- No hable más joven ama, necesita descansar y cambiarse de ropa. Aunque no puedo negar que en ese uniforme se ve encantadora – Masculló Sebastian, aproximándose al lóbulo de mí oreja.
- Maldito demonio, cállate – Chillé y un leve sonrojo cubrió mis mejillas.
- Cómo ordene, joven ama – Respondió Sebastian entrando en la habitación.
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- Will, ahora sí, explícame por qué te comportas de esta forma, eres la persona más simple, cruel y apegada a las reglas que conozco, es absurdo que ahora interactúes y cooperes con los mortales – Cuestionó el pelirrojo, colocando sus manos en la cintura.
- Grell Sutcliff, sabes perfectamente que es un "caso especial" – Respondió William, mientras afilaba su death scythe.
- ¡Basta ya! A mí no puedes engañarme diciendo que se trata de un caso especial, rara vez tomas parte en este tipo de trabajo, no es tu misión estar aquí, tú formas parte del área administrativa, este no es tu lugar… Aunque no puedo quejarme de tenerte a mi lado en esta noche de luna, donde nuestra pasión puede excitar cada uno de nuestros sentidos – Declaró el pelirrojo, haciendo círculos en la espalda de Spears.
- Aléjate, Sutcliff, si no quieres que el departamento se entere de tus infracciones y te suspenda definitivamente –
- Grrrr… Suenas tan sexy, cada vez que te pones serio. Pero… Will, no evadas el tema, dime, dime, no le diré a nadie… No dejes que piense que haces esto porque…
- Cállate Grell Sutcliff, no te atrevas a decir una estupidez con tu inmunda boca –
- … Estás enamorado de esa chiquilla espantosa.
Un frío silencio invadió la habitación, William T. Spears permaneció callado.
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La habitación estaba fría, sólo estábamos Sebastian, yo y el silencio de la noche. La luna llena estaba en lo alto y unas cuántas nubes no la dejaban brillar por completo.
- Tráeme un poco de agua –
- De inmediato joven ama – Con un golpe sordo, Sebastian cerró la puerta y abandonó la habitación.
Lentamente la puerta comenzó a abrirse…
- Te pedí que trajeras un poco de agua, no puedes acatar una simple orden – Grité desde la cama.
- Parece que te has olvidado de nosotros por un tiempo, bella doncella –
A mí alrededor, siete encapuchados me rodeaban, eran ellos, los mismos que observaba en mis pesadillas, los que anhelaban matarme, una vez más estaban aquí…
- ¿Qué es lo que quieren? –
- Sabe que estamos aquí para terminar con su absurda vida, Señora. Su existencia es una aberración para ambos mundos – Susurró la pequeña mujer que aparecía siempre en mis delirios.
- No pueden obtener mi alma, él no permitirá que nadie le arrebate su cena – Aseveré en forma feroz – Sebastian, mátalos a todos…
- Él no puede escucharte bella doncella, ¿Crees que un demonio es capaz de vencernos? Hiciste un contrato con el ser equivocado… -
- ¡Sebastian!… Maldición, Sebastian ¿En dónde estás?… Sebastian es una orden, ¡Aparece! – Gritaba como una loca, con el corazón a punto de estallar, él era un demonio, no podía abandonarme, nuestro contrato debía ser cumplido a cabalidad, su deber era protegerme, darme mi venganza y tomar mi alma – Sebastian… ¡MALDITO DEMONIO, APARECE! – La garganta estaba a punto de rasgarse por la violencia de mis gritos, a pesar de lo mucho que lo llamaba, él no respondía, al final el demonio me había abandonado.
- ¿Me llamó, Señorita? – Respondió una voz a lo lejos, al instante un par de ojos carmesí estaban frente a mí – Cómo ve, su demonio se ha olvidado por completo de usted… ¿Qué debemos hacer? Un alma tan exquisita no puede desperdiciarse de esta manera… Yo podría salvarla, darle una nueva oportunidad de vida, lo más importante en este momento es usted… ¿Quiere ser salvada?... Existe una forma de hacerlo, pero a cambio debe entregarme su alma.
- Yo no estoy dispuesta a hacer ningún trato con otro demonio, que no sea Michaelis – Grité convencida, aferrándome al respaldo de la cama.
- Al final la presa confía en el enemigo, esto se pone cada vez más interesante ¿Qué pasaría si su demonio la traiciona al final de todo, joven dama? Tan pequeño, es su interés por usted, que no es capaz de atender al llamado de su contratista ¿Puede confiar en él, cuando la abandona a los brazos de la muerte? –
- No haré ningún trato contigo. Mátame de inmediato, mi alma no es algo que cualquier demonio pueda obtener –
- Ya la escucharon, terminen con su vida –
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- Joven ama, despierte, es solo una pesadilla, no permita que esto le haga daño – Decía una voz a lo lejos – Lisa, vamos despierta –
Tenía miedo, qué pasaría si abría los ojos y él no estaba a mi lado. Acaso ¿Estaba muerta? Reuniendo un poco de coraje, abrí los ojos, estaba empapada en sudor y mi cama era un completo desastre, eso no importaba en este momento, cuando fui capaz de incorporarme, él estaba frente a mí, con su rostro a unos cuantos centímetros del mío, sosteniendo mis hombros.
- ¿Sebastian? –
- Si joven ama, estoy aquí, nada puede pasarle – Respondió el demonio con una sinceridad que jamás había esperado. Sin dudarlo dos veces lo atraje hacia mí y lo rodeé con mis brazos, tenía miedo, estaba muy asustada, no quería que me abandonara y le sucediera algo malo.
- Vaya, parece que la fiebre la está haciendo actuar en una forma muy extraña, señorita – Masculló Sebastian, separándome pausadamente de él.
- Idiota, maldito demonio ¿Piensas dejarme morir de fiebre? Apresúrate y trae unos paños mojados… -
- En seguida, joven ama –
- ¡Oh, Sebas-chan! Así que estabas aquí… Ven bésame, quiero beber de tus labios –
- Hazte a un lado shinigami –
- ¡Oh, vamos! – Observando la escena lancé una mirada asesina al shinigami rojo – Vaya, vaya mocosa, veo que ya despertaste, al parecer has puesto en mucho trabajo a mi Sebas-chan desde ayer –
- Es su deber… él hace todo lo que le pida, sin dudarlo –
- Mocosa malcriada, cómo te atreves a tratar así a mi Sebas-Chan, debería cortarte con mi death scythe, pero me contendré ya que Will está defendiéndote – Protestó el pelirrojo.
- ¿Te refieres a William, el otro shinigami? – Pregunté curiosa.
En ese mismo segundo, William entró a mi habitación con una expresión preocupada.
- Grell Sutcliff ¿Nadie te ha dicho que es de mala educación hablar de las personas que no están presentes? – Replicó enfadado el shinigami. Cambiando su expresión se dirigió hacia mí – Srta. Duerre, siento mucho no presentarme correctamente el día de ayer, soy William T. Spears, Supervisor de la División de Gestión y Envío de los Shinigamis.
- Un placer, William… ¿Sucede algo? –
- Tenemos un problema – Manifestó Spears.
- Dilo rápido – Pedí impaciente.
- Lo que sea que persigue al Joven Choi, viene a buscarlo – Concluyó entrando a la habitación Claude Faustus.
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° Amnesia lacunar: Llamada también amnesia localizada. Es una pérdida de memoria que abarca un período de tiempo concreto. Suele ocurrir en accidentes o episodios traumáticos.
¡Hola a todos!
Este es el capítulo de esta semana. Lamento mucho la tardanza, lo siento, lo siento, en realidad después de comenzar la universidad, estoy totalmente ocupada y llena de tareas… Estudiar Economía no es tan fácil. Tadan! Al igual que Lisa yo estudio Economía, tan grande es mi amor hacia la carrera, que decidí incluirla en el fic. Por favor no se decepcionen, es solo que estoy profundamente enamorada de mi carrera.
Agradezco a todos los que están leyendo la historia y esperan con ansias cada capítulo, en verdad los quiero mucho, abrazos hasta donde se encuentren, ustedes son mis héroes y no es broma, me animan mucho a continuar escribiendo cada capítulo, gracias.
Ahora sí, a responder todos los reviews…
AbSeLunita: Muchas gracias por tu review, es totalmente hermoso. Traté de poner mucho sentimiento y emoción en ese capítulo, ya que es crucial en la historia, es el momento en donde Lisa entrega su alma a un demonio, a cambio de venganza, quizás no fue muy sangriento, pero me alegra mucho que te gustara. Gracias.
Bella-san: Muchas gracias por tu review, la pérdida de memoria de Daniel es solamente de los hechos antes y después del secuestro de Lisa, es decir que recuerda todo lo demás acerca de su vida. Sebastian es un malvado y sexy demonio que trata de sacarle todas las canas a la pobre Lisa. Jajaja, no pensé que Lisa te agradara, a veces logra sacarme de quicio… Gracias.
Anakuma: Mi querida y bella señorita, muchas gracias por estar al pendiente de la historia, tus reviews y por hacerla parte de tus favoritos, GRACIAS, me animas mucho a continuar escribiendo. Rafael es un divino, lo sé… más adelante tendrá más participación a medida se desarrolle la historia. Jajaja, lo sé, Sebastian siempre sale ganando en todo y le encanta jugar con las palabras. Gracias.
Suki: Gracias por tu review, es muy lindo de tu parte que consideres romántica la escena de Sebastian y Lisa viendo las estrellas, prometo agregar más romance a la historia, aunque no pienso convertirla en un fic de rosas y corazones. Espero continúes leyendo la historia. Gracias.
A todos los lectores les agradezco infinitamente, espero que disfruten de este capítulo y no me peguen… APARECIÓ CLAUDE Y ES EL GUARDIÁN DE DANIEL CHOI, esto no me huele nada bien… creo que a ustedes tampoco, también nuestro querido Shinigami apegado a las reglas está actuando un poco extraño ¿No lo creen?, me pregunto a qué se debe eso…
No tengo la menor idea de cuando podré actualizar, espero que sea pronto, muy pronto, ojalá que mis catedráticos no dejen demasiadas actividades por realizar.
Les deseo que la fuerza los acompañe en este tiempo y que disfruten mucho de la lectura.
Besos, abrazos y ojalá que Sebas las visite en la noche.
MiHo9
R.L
PD. Hay un botoncito acá abajo que me encantaría que utilizaran :D
