Gracias de nuevo por comentar, es estupendo leerte! Las cosas se irán poniendo interesantes... aquí va otro cap!
Saludos!

Llevaba todo el día practicando sin descanso, aquello no se me daba mal y cada vez cogía más fluidez y seguridad. Había probado un montón de hechizos, no tuve percances serios, salvo el aumento considerable de una lagartija que pasaba por allí. No fui muy certera al apuntar cuando practicaba el encantamiento "engorgio" por lo que Snape tuvo que salir del despacho para solucionar mi pequeña metedura de pata.

Después de cenar y antes de irme a la cama cogí uno de los libros de la estantería que me quedaban por leer: "Criaturas mágicas".

Le di las buenas noches a Elda, ya que Snape continuaba encerrado en su despacho, y me fui a mi cuarto. Leí un par de horas, pero el sueño comenzó a cerrar mis ojos por lo que apagué la pequeña lámpara y me puse a dormir.

Sentía el viento sobre mi cara, el frío cortaba mis mejillas, mis manos se agarraban con fuerza a algo que a causa de la niebla no podía ver, me incliné para verme los pies, pero allí no había nada… sólo vacío, una niebla inmensa que lo envolvía todo. Sentí que me movía a gran velocidad, pero no veía el lugar al que me dirigía.

Un grito desgarrador me hizo despertar, me levanté rápidamente y subí al piso de arriba. Los gritos continuaban y seguí caminando por el pasillo. Provenían del dormitorio de Snape. Puse mi mano sobre el manillar dispuesta a abrir la puerta cuando Elda me paró.

–¡No señorita! No es buena idea.

–¿Pero por qué? ¿Qué le ocurre? –pregunté asustada.

Elda se quedó pensativa, dudando, sin saber que decir ni cómo actuar.

–El señor sabrá manejarlo, ya lo ha hecho antes.

–¿Manejar el qué? ¿Está enfermo?

–Vuelva a su cuarto, le aseguro que mañana todo volverá a la normalidad –constató algo seria.

A regañadientes le hice caso, pero no volví a pegar ojo en toda la noche. Me mantuve atenta, esperando escuchar algún grito de nuevo, pero tras bajar a mi cuarto, todo se quedó en silencio.

Cuando me levanté a la mañana siguiente Snape no estaba en casa y le pregunté a la elfina, pero sus respuestas eran evasivas. No entendía nada de lo que estaba ocurriendo.

Los días se sucedieron y cada vez me sentía más segura, estando deseosa por practicar un enfrentamiento cuerpo a cuerpo.

–Está delicioso, Elda –dije tras degustar una estupenda sopa de marisco.

Snape permanecía a mi lado, callado, como la mayoría de las veces. Me sentí tentada en muchas ocasiones a preguntarle por lo ocurrido aquella noche, pero siempre que me decidía sentía la mirada de Elda recordándome que no era buena idea.

Me levanté de la mesa para recoger mi plato cuando un ligero pinchazo en la sien me hizo desequilibrarme.

–¿Qué ocurre? –preguntó Snape mientras se incorporaba.

–No es nada, me he mareado –comenté restándole importancia y a la vez algo sorprendida por su preocupación. –Quizás sea falta de sueño, últimamente no consigo dormir bien.

–¿Por qué no? –preguntó pareciendo interesado.

–No lo sé, me despierto en mitad de la noche y me cuesta volver a dormir, tengo unos sueños muy extraños que no consigo entender.

–¿Sueñas?

Aquel dato le desconcertó.

–Sí, aunque no entiendo nada, la mayor parte de las veces me despierto y ni siquiera soy capaz de recordar nada.

–Los sueños se construyen en base a los recuerdos que uno tiene y tú no tienes ninguno. ¿Sigues tomando el preparado?

–Sí –respondí un tanto desconcertada.

Snape se quedó en silencio, pensativo, y yo hice lo mismo.

–¿Cuándo empezaron? –preguntó interesado.

–Creo que fue el día que me enseñó a usar mi varita –respondí dudosa.

–Tal vez haya sido el detonante, es algo de tu vida pasada. Las heridas de la mente tardan mucho más en sanar que las del cuerpo.

–¿No hay algún encantamiento que me devuelva algunos momentos o que me den alguna pista sobre quién soy? –pregunté inocente.

–La mente no es ningún libro que uno pueda abrir cuando se le antoje o examinarlo cuando le apetezca. Los pensamientos no están grabados dentro del cráneo para que los analice cualquier invasor. ¿Por qué crees que estabas al borde de la muerte cuando te encontré? La mente es una potencia muy compleja y con muchos estratos, para poder pasear por ella es necesario dejar a la víctima totalmente debilitada. Si te hubieses visto cuando te encontré… unos minutos más tarde y habrías sido pasto de los animales.

Me estremecí ante aquella imagen.

–Sin duda hay algo en tu cabeza que lucha por subsistir.

–¿Entonces no hay nada que pueda hacer?

–Si a día de hoy alguien emplease magia sobre tu mente fuese de la forma que fuese, ésta no sería capaz de soportarlo. En lugar de lamentarte por lo que no recuerdas, quizás deberías agradecer lo que si tienes –constató molesto.

–Señor, ha llegado esto –informó la elfina mientras le entregaba una carta.

Snape la recogió y se dirigió a su despacho en el que permaneció encerrado toda la tarde. Al llegar la noche continué con mi lectura en el salón sobre seres mágicos, hojeé por encima algunos capítulos hasta que uno captó realmente mi atención. Hablaba sobre la extinción de los demiguise. Al parecer, estas criaturas con apariencia de mono tenían la capacidad de hacerse invisibles cuando se veían amenazados, por lo que resultaba muy difícil su captura. No obstante, eran muy codiciados por los magos ya que a partir de su pelaje se tejían las capas de invisibilidad.

Me recosté sobre el sofá algo somnolienta, mientras me quedaba embobada mirando el techo a la vez que sentía como la pesadez iba cerrando mis ojos poco a poco.

Continuará...