Muchísimas gracias otra vez por los reviews, adoro leerlos! Ahora la "tranquilidad" en la que viven los protagonistas se verá amenazada... ahí va un nuevo capítulo... disfruten! :)
Saludos!
…
Corría por el bosque asustada, tenía que salir de allí, pero estaba a punto de quedarme sin aliento, decidí camuflarme entre los árboles, esperando pasar desapercibida. Fue entonces cuando los vi, tres hombres con varita en mano querían darme caza. Me senté al pie del árbol, no podía más, cada vez me costaba más respirar. Tenía calor, mucho calor, sentía como corrían las gotas de sudor por mi cara impidiéndome ver con claridad.
…
Me desperté totalmente empapada. El fuego de la chimenea se había avivado. Las llamas crecían con el paso de los segundos. De pronto vi como una especie de serpiente de ojos rojos se abría paso entre las llamas, seguida de otras dos. Recogí mi varita de encima de la mesa y salí inmediatamente del salón mientras no dejaba de gritar.
–¿Qué son esos chillidos? –inquirió Snape saliendo a mi encuentro.
–¡Unas serpientes han salido del fuego!
–¿A dónde han ido? –preguntó con cara de horror mientras entraba en el salón.
Al instante una de las cortinas que tapaba la ventana comenzó a arder.
–¡HAY QUE SALIR DE LA CASA! –gritó Snape mientras se dirigía a su despacho.
Yo me quede petrificada, mientras veía como el fuego se propagaba por el salón.
–¡MUÉVETE! –exclamó con dureza mientras me agarraba con fuerza de la muñeca.
Bajamos las escaleras a trompicones mientras yo no dejaba de echar la vista atrás en busca de Elda.
–¡¿Qué está ocurriendo?! –pregunté horrorizada.
–¡Son Ashwinders, cuando salen del fuego esconden sus huevos por la casa y a los pocos segundos estos empiezan a arder! ¡BUCKBEAK! –llamó al hipogrifo mientras no dejábamos de correr.
El animal nos salió al encuentro y Snape rápidamente y de un solo gesto me agarró por la cintura para subirme a lomos del animal.
–¡Espera! –grité desesperada al ver que él también se subía. –¡Debemos volver! ¡Elda sigue ahí dentro!
–¡NO HAY TIEMPO!
El animal agitó sus alas emprendiendo el vuelo y alejándose de todo aquel infierno. Las lágrimas comenzaron a resbalar por mis mejillas mientras veía como el fuego consumía la casa. De pronto un gran estallido la hizo saltar por los aires.
Sentí a Snape gritar, pero esta vez de dolor, noté como se desestabilizaba a mis espaldas. Su brazo izquierdo comenzó a temblar. Me giré aterrada para ver el dolor en sus ojos.
–¡Buckbeak, baja! –grité al ver que no era capaz de soportarlo.
El hipogrifo obedeció al instante, estábamos a punto de pisar tierra firme cuando el cuerpo de Snape comenzó a resbalar hasta tocar el suelo. Me bajé de un salto y comencé a palmear su cara pero estaba totalmente inconsciente. Nerviosa, saqué mi varita. Intenté tranquilizarme pero los dedos me temblaban más que nunca.
–¡Ennervate! –exclamé.
Aliviada, vi como Snape abría los ojos.
–¡NO! –gritó al ver que me disponía a remangar su brazo.
Sentí el miedo en su mirada y lo solté al instante, me desplomé sobre el suelo al ver que volvía en sí para encerrarme en mi propio dolor.
…
Desconocía si habían pasado horas o minutos, yo seguía tumbada sobre la húmeda hierba de aquel prado. Observé como con dificultad Snape se levantaba y comenzaba a murmurar hechizos de protección.
–Estaremos mejor dentro –informó él al cabo de un rato.
Me incorporé y vi como una pequeña tienda descansaba ahora sobre la hierba. Entré detrás de él, pero me quedé congelada al ver la inmensidad de espacio que escondía aquellos cuatro trozos de tela.
Era como un piso, no había paredes, pero todas las zonas estaban delimitadas por cortinas y biombos. Tenía todo lo necesario: camas, una pequeña cocina, un baño, y hasta una pequeña sala de estar.
–¿Qué ocurre? –preguntó al voltearse y ver mi cara.
–¿Cómo ha hecho todo esto? –pregunté en todo serio.
–Es mi plan B, cuando vives escondiéndote del mundo, debes preparar varias vías alternativas por si algo sale mal. Todo lo que necesitamos está en ese pequeño saco – dijo con aire cansado mientras apoyaba los nudillos sobre la mesa.
Al verlo me di cuenta, era eso lo que había ido a buscar al despacho antes de salir de la casa.
–¡HEMOS DEJADO A ELDA ATRÁS! –dije mientras la ira y la angustia me recorrían.
–No había otra manera –me contradijo enojado al ver que volvía a sacar el tema.
–¡CLARO QUE LA HABÍA, PODRÍAS HABER IDO A BUSCARLA, PERO EN LUGAR DE ESO, COGISTE ESE ESTÚPIDO SACO!
–¿PREFERIRÍAS HABER MUERTO ALLÍ? ¡NI SIQUIERA SÉ CÓMO ESTAMOS VIVOS! ¡ELDA ESTABA EN EL SÓTANO, SI HUBIÉSEMOS BAJADO A POR ELLA, AHORA AMBOS ESTARÍAMOS MUERTOS!
Salí de la tienda enfurecida, dispuesta a largarme. Caminé apresurada intentando dejar atrás todo aquello.
–¿ESTÁS LOCA? ¿A DÓNDE VAS?
–¡LEJOS DE TI! ¡NO QUIERO ACABAR COMO ELLA! –exclamé.
Sentí en sus ojos como le herían mis palabras, me di la vuelta y continué mi camino.
–¡ES PELIGROSO! ¡LO MÁS SEGURO ES QUE NOS ESTÉN BUSCANDO!
–¡CORRERÉ EL RIESGO SI CON ESO PUEDO ALEJARME DE TI!
–¡DETENTE!
Agilicé mis pasos, necesitaba dejar de escucharlo.
–¡Crawford! –gritó.
Me quedé paralizada, con la mirada clavada en el horizonte, al escuchar ese nombre. Mi respiración comenzó a agitarse de forma descontrolada y un sinfín de imágenes golpearon mi mente. Caí al suelo entre una nube de recuerdos y agarré mi cabeza con fuerza intentando detener todo aquello.
–¡Insomnia! –exclamó Snape.
Mis ojos se cerraron y todo aquel calvario cesó.
Continuará...
