No lo dije antes, pero gracias también a toda la gente que le dio a fav y a follow a la historia.
Saludos!
Me introduje rápidamente en mi cama e intenté fingir lo mejor que pude que estaba dormida. A los pocos minutos entró él y, sin reparar en mí, se dirigió a la cristalera situada al final de la tienda, cogió un gran vaso de cristal y vertió en él una cantidad desproporcionada de whisky.
Callada y con los ojos entreabiertos, vislumbraba cómo aquel hombre intentaba despejar sus preocupaciones con cada nuevo sorbo que se llevaba a la boca. Ojalá fuera capaz de entender todo lo que estaba pasando. Tras unas horas se levantó tambaleante para, supuse, meterse en la cama.
El dormitorio de Snape estaba situado en el extremo opuesto de aquella majestuosa tienda. Un gran biombo seguido de unas largas cortinas dividían las estancias, dando a cada una un toque de intimidad. Esperé unos cuantos minutos, hasta que deduje, por la falta de movimiento, que se había quedado rendido por el sueño.
Su cuerpo descansaba sobre una maraña de sábanas que se habían impregnado del olor de la bebida. Su camisa, totalmente desabrochada dejaba al descubierto su pecho. Sentí la necesidad de acurrucarme en él, quizás no lo notase. Mi mano se levantó dispuesta a acariciar el vello que adornaba su piel cuando observé como parte de su camisa estaba manchada de sangre.
Aterrada, tiré de ella dejando al descubierto su costado. Me quedé atónita al percatarme de las múltiples cicatrices que descansaban sobre su piel. Todas ellas similares. Líneas horizontales de unos siete centímetros de longitud se colocaban ordenadamente bajo su costado izquierdo. La mayoría de ellas tenían la apariencia de haber cicatrizado hacía años, otras todavía conservaban una ligera costra. Sin saber muy bien cómo actuar, pasé con cuidado mis dedos por ellas.
El cuerpo de Snape se estremeció y yo enmudecí, temerosa de que se despertase y me viese a los pies de su cama. Tras el escalofrío vi como aferraba instintivamente su varita. Me quedé inmóvil, a la espera, pero al cabo de un momento su cuerpo se relajó de nuevo.
Su varita también estaba manchada de sangre. Revisé por la habitación en busca de una explicación hasta que di con una pequeña vasija de plata situada encima de la mesilla. Me acerqué con cuidado para ver su contenido. Un líquido viscoso giraba lentamente en el sentido de las agujas del reloj haciendo que mi reflejo en el agua se distorsionase. Pero había algo más en el fondo que no era capaz de distinguir. Unas hebras blancas se mezclaban con otras granates girando en el mismo sentido que el resto del líquido que llenaba la vasija. Me acerqué un poco más, sin duda, era la sangre de Snape.
Noté como mis manos temblaban alrededor del recipiente y sentí como una fuerza incontrolada comenzaba a tirar de mí hacia dentro. Ahogué un grito y cerré los ojos, pero para cuando los abrí, todo lo que me rodeaba había cambiado.
Me encontraba escondida tras un robusto árbol, en la distancia se podía ver la figura de dos niños que charlaban sobre la hierba. No me resultó difícil deducir que el pequeño niño de ojos azabaches y pelo grasiento era Snape.
Se le veía feliz, me quedé ensimismada viendo como una hermosa e inocente sonrisa se dibujaba en su boca. El sol, que hasta ese momento irradiaba sobre sus caras, comenzó a esconderse y una plaga de nubes negras encapotó el cielo. Bajé la mirada de nuevo pero todo había vuelto a cambiar. Ahora estaba escondida tras unos arbustos.
Una luz verde de gran potencia se filtró entre las hojas que me mantenían oculta. Un grito ensordecedor me hizo salir de allí. Tras recorrer unos cuantos metros me topé con una pequeña casa de dos alturas. Caminé entre la oscuridad de la noche y me adentré en su interior. Mis pies iban solos como si aquello fuese una película y yo simplemente fuese una mera espectadora
Subí las escaleras apresurada al escuchar ajetreo en el piso superior, revisé las habitaciones hasta que lo encontré. Un Snape adulto sollozaba tirado en el suelo mientras abrazaba el cuerpo inerte de una mujer. Las lágrimas resbalaban por su rostro mientras la acunaba, como si fuese una niña desprotegida. No dejaba de susurrar una y otra vez lo mucho que lo sentía mientras acariciaba su cara.
Sentí su dolor dentro de mí. Pude saborear la angustia, la culpa, la desesperación, la soledad, el desconsuelo, el vacío… sus dedos acariciaron los labios de aquella mujer y muy lentamente la besó mientras las lágrimas brotaban sin descanso.
No podía seguir viendo aquella escena, era demasiado doloroso observar como todo aquello lo estaba destruyendo. Cerré mis ojos con fuerza, necesitaba salir de allí.
Noté el impacto de mi espalda contra el suelo al salir despedida de la pequeña vasija de plata. Me quedé tendida intentando recuperarme mientras constataba que Snape seguía tirado sobre la cama, totalmente ebrio.
A la mañana siguiente estaba inquieta, temerosa de que de alguna forma él hubiese descubierto lo que había hecho la noche anterior.
–¿Sigues creyendo que ya estás lo suficientemente preparada para un enfrentamiento cuerpo a cuerpo? –preguntó antes de beber de su taza de desayuno.
Me quedé sorprendida, hacía semanas que no se dirigía directamente a mí.
–Si… –respondí dudosa.
–Eso espero –dijo mientras se ponía en pie y salía al descampado. –Coge tu varita.
Continuará...
