Gracias por los reviews! Disfruten de este nuevo cap.
Saludos!
Apenas había salido al exterior cuando escuché el primer hechizo de la boca de Snape.
–¡Opugno! –exclamó sonriente mientras dirigía a una bandada de pájaros en mi dirección.
–¡Protego! –contraataqué sorprendida de mi propia rapidez.
Al momento, los pájaros se desvanecieron.
–¿Qué esperabas, que te pidiese permiso para empezar? –preguntó con una risotada burlona al ver la confusión en mi rostro.
–¡Incendio! –conjuré molesta mientras las llamas salían raudas de mi varita.
–¡Aguamenti! –exclamó sin fuerza.
Las llamas que tan ávidamente había conjurado se desvanecieron al instante a causa de un chorro de agua que había conjurado Severus.
–¡Confundo!
Esquivé su hechizo tirándome al suelo. Lo apunté con mi varita mientras me incorporaba.
–Vamos… deja que salga toda tu ira. Si vas a enfrentarte con alguien no puedes permitirte el lujo de flaquear o titubear. No puedes sentir pena por tu enemigo o de lo contrario morirás.
–¡Confringo! –conjuré con más ímpetu.
Snape se desplazó rápidamente a su derecha para esquivar mi hechizo y éste rebotó contra el suelo unos metros más atrás, causando una pequeña explosión. Severus sonrió, pero esta vez con una mezcla de orgullo.
–¡Expelliarmus! –grité, pero nuevamente me esquivó.
–¡Mobilicorpus! –atacó señalando en mi dirección.
No pude esquivar su hechizo, mi cuerpo comenzó a elevarse poco a poco hasta situarse a varios metros del suelo. Podía ver la sonrisa irónica de Snape disfrutando de todo aquello.
Me moví en el aire intentando zafarme del conjuro, pero no daba resultado.
–¡Descendo! –dije mientras empuñaba mi varita y apuntaba al suelo sabiendo que la caída iba a ser dolorosa.
Noté como el hechizo de Snape se rompía y la gravedad atraía mi cuerpo hacia el suelo.
–¡Diffindo! –conseguí exclamar antes del impacto.
Mi ataque lo pilló desprevenido y aunque sus reflejos fueron rápidos, no lo suficiente. Mi cuerpo chocó contra la dura tierra, dejando dolorido mi costado, me levanté presurosa de su próximo ataque, pero cuando conseguí enfocarlo me quedé paralizada.
Mi hechizo le había rasgado la túnica y parte de la camisa. Él apenas se había percatado hasta que vio como mis ojos se concentraban en un pequeño punto de su brazo.
Caí nuevamente al suelo pero esta vez horrorizada, un cúmulo de imágenes se acumularon en mi cabeza, los sueños que había experimentado a lo largo de esas noches comenzaron a coger forma. Ese tatuaje… ya lo había visto antes, el hombre de mis sueños llevaba uno idéntico... ¿él era el que me perseguía por los pasillos, él era el causante de todo mi dolor?
Me arrastré por el suelo aterrorizada intentando escapar de allí, pero noté que él se acercaba a la misma velocidad. Sin saber qué hacer, ni como escapar, me introduje en la tienda… tal vez si era capaz de coger la capa de invisibilidad tendría más posibilidades de despistarlo.
Corrí sin descanso, pero el dolor de mi cabeza me impedía ver con claridad. Caí a trompicones hasta que conseguí abrir el viejo baúl.
–¡No es lo que crees! –exclamó al ver el horror en mi rostro.
–¡NO TE ACERQUES A MÍ! –grité descontrolada.
Repetí el hechizo diffindo, pero ahora para rasgar uno de los laterales de la tienda, ya que Snape bloqueaba la entrada. Me escabullí con dificultad por el pequeño agujero que había creado sabiendo que Snape me seguía.
Atravesé nuevamente el pequeño prado hasta que mis pies se congelaron, impidiéndome avanzar. En el lado externo a la linde de protección se situaban seis hombres de riguroso negro y con máscaras plateadas.
Retrocedí asustada, era consciente de que ellos no podían verme, pero si estaban allí era porque nos habían encontrado, ahora solo era cuestión de tiempo que consiguiesen destruir nuestras barreras.
Mi espalda se chocó con el cuerpo de Snape y me giré con el miedo luchando por salir a través de mi garganta.
–Yo no soy como ellos –alcanzó a susurrar con una aprehensión palpable en su voz.
Miré hacia los lados, aquello tenía que ser una pesadilla.
–Crawford, no tenemos mucho tiempo, necesito… –apretó sus labios incapaz de continuar. –Sé que no te he dado ningún motivo para hacerlo, pero necesito que confíes en mí –dijo mientras me tendía su mano.
Un crujido indicó que la cúpula estaba comenzando a desquebrajarse.
–No voy a irme sin ti –susurró asustado.
Cerré los ojos con fuerza, no era capaz de procesar todo aquello, el miedo se había apoderado de mí, dejándome paralizada.
–¡Crawford! –exclamó con fuerza, trayéndome de nuevo a la realidad. –¡Coge mi mano, no tenemos tiempo!
Escruté sus ojos, él estaba igual de aterrado que yo. Indecisa elevé mi mano y él entrelazo rápidamente sus dedos con los míos.
–¡Accio bastón! –gritó. –Agárrate fuerte y no te sueltes.
Un pequeño bucle nos absorbió y ambos desaparecimos al instante, mientras notaba como su mano se aferraba con fuerza a la mía a la vez que viajábamos a toda velocidad.
Continuará...
