Sentí una sensación de confort y alivio cuando me introduje en el agua caliente. Enjaboné mi cuerpo con esmero como si con ese gesto consiguiese borrar los momentos de tensión que habíamos vivido. Recosté mi cabeza sobre el borde de la bañera, cerré mis ojos y me dejé sumir por la tranquilidad.

Una enorme carpa de colores neutros se extendía sobre mi cabeza, estaba colocada sobre una especie de púlpito a punto de dar un discurso. Todo el mundo tenía sus ojos puestos en mí. Mis labios empezaron a moverse y mi cuerpo comenzó a gesticular como si estuviese muy acostumbrada a hacer aquello.

¡Bienvenidos a la quincuagésima liga escolar de Quiditch! Como todos sabéis, este torneo sólo se realiza cada diez años y reúne a los mejores deportistas de cada equipo. Me es muy grato notificaros que en esta edición contamos con dos incorporaciones más. El instituto Salem y el internado Abelard se suman a las escuelas ya veteranas: Kkoldovstoretz, Dumstraim, Skiavslavar, Howgarts, Keruwolf, Beauxbatons, Lyonelles , Uagadou, Mahoutokoro. Me gustaría agradecer al departamento de deportes y juegos mágicos y en especial a Bertha Jorkins, actual jefa de departamento, por haberme confiado la coordinación de esta liga. Y sin más preámbulos, ¡Comencemos con la selección!

Un toque de mi varita hizo que se abriese un gran agujero sobre el campo.

¡Las primeras escuelas que competirán serán…!

Un enorme tornado comenzó a formarse sobre el gigantesco agujero que yo misma había creado. Poco a poco comenzó a disminuir su velocidad hasta que se consiguió entrever un enorme lobo blanco. El tornado volvió a coger fuerza y el lobo desapareció para acto seguido mostrar una bandada de libélulas.

¡Keruwolf contra Beauxbatons!

Los aplausos comenzaron a hacerse eco en todo el estadio. Coloqué mi varita sobre mi garganta para pedir silencio. Al instante, el remolino comenzó a girar de nuevo para mostrar un hermoso y resplandeciente faisán. La imagen se difuminó como en la selección anterior para mostrar un majestuoso barco que emergía de las aguas.

¡Mahoutokoro contra Dumstraim! –exclamé a la vez que me secaba las gotas de agua que el barco de Dumstraim había salpicado al salir a la superficie.

...

–¡Crawford, Crawford!

Noté el agua resbalar por mi cara a la vez que palmeaban mi mejilla.

–¡Crawford!

Abrí los ojos asustada, las manos de Snape sostenían mi rostro mientras yo no dejaba de toser entre la espesa espuma que cubría el agua de la bañera.

–¿Qué ocurre? –pregunté alarmada al verlo a los pies de la bañera.

–Llevas más de dos horas encerrada en el baño, te llamé varias veces y al no contestar decidí entrar. Te has debido de quedar dormida y estabas a punto de ahogarte –explicó con preocupación.

Horrorizada, exhalé un gemido al notar lo contraída que todavía estaba mi garganta. Apenas era capaz de moverme y de pronto sentí como el cansancio me invadía suplicando que volviese a cerrar mis ojos. Sin poder evitarlo, unas lágrimas comenzaron a brotar.

Sentí que aquella situación le incomodaba e intenté cubrirme el rostro. Snape se levantó para coger la toalla que había dejado encima de la pileta. La desdobló y la extendió mientras giraba la cabeza para darme intimidad.

Me levanté con dificultad pero al instante sus manos me envolvieron en la toalla a la vez que me elevaba con cuidado para cogerme en brazos. Instintivamente coloqué mi mano sobre su pecho al mismo tiempo que mi cabeza se acomodaba sobre su hombro. Cerré los ojos un par de segundos. Al abrirlos ya me encontraba tendida sobre un firme colchón.

–¿Qué me ocurre? –pregunté en un hilo de voz.

–Ha sido demasiado ajetreo para ti. Tu mente está procesándolo todo a mil por hora y el viaje de hoy no ha ayudado mucho.

Mi mirada se clavó en sus ojos con una mezcla de angustia y súplica. Con delicadeza apartó el cabello mojado de mi frente para después acariciarme la mejilla. Agarré su muñeca sin dejar de mirarlo para acercarla a mis labios. Besé el dorso de su mano empapándome del cautivador olor de su piel.

–Crawford … –susurró confuso, como si fuese incapaz de merecerse aquel gesto de afecto.

Mis ojos lo observaron derrotada y no sé si fue la pena o la enorme frustración que vio en ellos lo que le hizo flaquear, pero poco a poco comenzó a acercar su boca a la mía, probando el sabor de mi respiración.

Sentí una corriente de electricidad cuando nuestros labios se rozaron. Sus manos rodearon mi cara y su lengua recorrió cada milímetro de mi boca. Continuó besándome, pero ahora con más fiereza. Saboreaba la urgencia de sus labios mientras los míos se estremecían y al separarnos jadeé exhausta, deseosa de más.

–Duérmete… estaré aquí cuando despiertes –susurró en mi boca obligándome a descansar mientras ambos recuperábamos la respiración.

Continuará...