El silencio se apoderó de la habitación, tenía tantas preguntas que ni siquiera sabía por dónde empezar.

–Esto nos va a llevar mucho tiempo, ¿estás segura de que no prefieres descansar un rato? –preguntó Severus mientras se acomodaba en una silla a cierta distancia de mí.

–¿Cómo es posible? –intervine escrutándolo de arriba abajo y haciendo caso omiso de su sugerencia.

–¿El qué, que esté vivo? –murmuró irónico. –Al parecer, a ojos de Dumbledore todavía no había llegado mi hora.

–¿El profesor Dumbledore también está vivo?

–No, el murió. Yo mismo lo maté, ¿recuerdas?

Me estremecí ante aquel comentario y un sentimiento de tristeza me abordó al recordar la muerte del director y toda la tragedia que se sucedió después.

–¿Qué fue lo que pasó? –pregunté, temerosa.

Snape suspiró.

–Cuando Potter encontró el diario de Tom Riddle en la cámara de los secretos, el profesor Dumbledore y yo comenzamos a investigar. Nos llevó varios años entender el complejo procedimiento por el cual una persona tenía que pasar para poder fragmentar su alma. Estábamos seguros de que Voldemort había creado más Horrocruxes, pero jamás imaginamos que dividiese su alma en tantas partes… ya no recuerdo la cantidad de noches que pasamos en vela intentando descubrir cuáles serían –informó cansado. –El único que teníamos claro era el de Harry. Era la única explicación que encontrábamos para darle sentido a la conexión que había entre ellos. Evitamos decírselo al muchacho, aunque en el fondo y, llegado el momento, creo que todos lo sabíamos.

Permanecí en silencio, sin interrumpirlo, quería darle tiempo para que se explicara. En su cara podía verse que no le hacía especial ilusión recordar todo aquello.

–Lo realmente difícil a la hora de eliminar un Horrocrux es encontrarlo, una vez hecho eso, el resto es más sencillo, pero hay que tener cuidado… Dumbledore fue sentenciado a muerte en el mismo momento en el que tocó aquel estúpido anillo – dijo, molesto. –Sabía que su tiempo entre nosotros era limitado por lo que decidió emplearlo a fondo. Lo único que el viejo deseaba era poder darle al muchacho una segunda oportunidad –prosiguió a la vez que se levantaba de la silla y comenzaba a pasear por la habitación con las manos en la espalda. –El Horrocrux que nos presentaba un especial problema era el de Potter. Removimos cielo y tierra buscando la forma de que la muerte no fuese su destino, pero no había nada que pudiésemos hacer, el chico tenía que morir.

Se detuvo durante unos instantes en la narración de los acontecimientos para rellenar mi taza con un movimiento de su varita.

–¿Qué es? –pregunté mirando el contenido que parecía lo mismo que había estado bebiendo hasta ahora.

–Es una poción fijadora, la he preparado mientras estabas inconsciente. Te ayudará a fijar tus recuerdos y a aliviar el dolor de cabeza.

Le dediqué una tímida sonrisa a modo de agradecimiento y comencé a beber.

–Entonces, Dumbledore puso en marcha el plan que, con suerte, traería a Harry de vuelta. Nuestro tiempo era limitado, por lo que el director solo consiguió plantar la pista que llevaría a Wesley, Granger y Potter a encontrar las reliquias de la muerte. A mí me parecía una idea desorbitada, era casi impensable que lo consiguieran y más cuando tendrían que lidiar con el resto de Horrocruxes y con Voldemort, pero Dumbledore jamás perdió la esperanza, estaba seguro de que lo conseguirían.

–¿Y así fue, no? –pregunté constatando que, hasta el momento, toda la historia tenía sentido.

–Sí, pero tanto el director como yo sabíamos que había un riesgo… uno que ambos estuvimos de acuerdo en correr y que ahora me parece la decisión más egoísta que pudimos tomar.

Lo miré intrigada, ¿a qué se refería?

–Cuando Voldemort mató a Potter, él mismo destruyó el fragmento que quedaba de él en el cuerpo de Harry… pero cuando dos almas conviven en un mismo cuerpo durante casi toda una vida, se da una especia de simbiosis. Aunque una parte de ellas pueda convivir por separado hay otra que se combina, creando un lazo irrompible.

–¡Pero eso fue lo que pasó! ¡El Horrocrux de Potter se destruyó! –exclamé confusa.

–Así es, pero cuando Harry volvió de la muerte gracias a las reliquias, también lo hizo una fracción del alma de Voldemort.

–¿Pero cómo es posible? –pregunté desconcertada.

–Una parte de Voldemort convivió en el cuerpo de Harry casi desde que éste nació, por lo que la personalidad de Potter se ha ido configurando en base a él. Es por eso que el Señor Tenebroso ha logrado sobrevivir.

Me quedé es silenció pensando en que, de alguna forma, toda aquella locura tenía sentido.

–¿Harry lo sabe? –pregunté temerosa.

–Lo sospecha. Hace ahora cuatro años vino a hablar con la profesora McGonagall para preguntarle si era posible que algo así sucediese.

Lo miré aterrada al recordar aquellos intensos ojos verdes y las palabras de la profesora: "Lo que nos temíamos Snape… está cogiendo fuerza, ha conseguido manifestarse estando Harry completamente despierto."

–¿Y qué vamos a hacer? –pregunté aterrada.

–Sólo hay una forma de solucionar todo esto… al menos, de momento –informó cabizbajo intentando disimular la punzada de dolor que todo aquel asunto le provocaba.

Ambos nos quedamos callados, ausentes, mientras yo intentaba digerir como, de pronto, todo había cambiado.

–Hay algo que todavía no me has explicado, ¿cómo es que estas vivo?

Snape sonrió con desgana, como si aquello fuese la guinda del pastel.

–Dumbledore sabía que, aunque las posibilidades eran remotas, esto podía ocurrir. Ya era una completa irresponsabilidad dejar vivir al chico como para aun encima llevarse este secreto a la tumba. Sólo había alguien más que lo sabía y ese era yo. El director me hizo renovar la promesa que he estado cumpliendo desde que el Potter nació. Juré protegerlo, incluso con mi vida y acompañarlo hasta el final. Los dos sabíamos que sería una promesa difícil de cumplir. Al fin y al cabo yo no dejé de ser un títere que trabajaba para los dos magos más poderosos de todos los tiempos. Mi tapadera con Voldemort estaba en la cuerda floja, por lo que me vi forzado a aceptar el juramento inquebrantable que la madre de Draco me propuso… pero sabía que eso no sería suficiente para el Señor Oscuro, él ya hacía tiempo que desconfiaba de mí, por lo que ya había puesto fecha de caducidad a mi vida. Dumbledore dispuso que fuese yo el que lo matara, pero las intenciones del director eran dobles… por un lado no estaba dispuesto a que el alma del pequeño Malfoy se manchase con su muerte y, por el otro, me otorgaba a mí la vía que abría la posibilidad de cumplir mi promesa.

–No lo entiendo, ¿qué beneficio podrías obtener tú con la muerte de Albus? – pregunté, totalmente perdida.

–Yo estaba seguro de que sólo era cuestión de tiempo que Voldemort decidiese sacarme de en medio, por lo que decidí tomar medidas. Pasé semanas en las mazmorras creando y bebiendo antídotos que pudiesen combatir sus ataques, pero todo aquello no dejaba de quedarse en la teoría ya que no sabía si serían lo suficientemente fuertes. Fue entonces cuando a Dumbledore se le ocurrió la solución que aseguraría mi supervivencia.

Lo miré intrigada, no tenía ni idea de cómo iba a acabar todo aquello.

–¿Sabes qué se necesita para crear un Horrocrux? –preguntó de pronto.

Mis ojos se desorbitaron al instante y Snape esquivó mi mirada como si de un acto reflejo se tratara, de alguna forma se sentía avergonzado.

–Al fragmentar mi alma me aseguraba que una parte de mí sobreviviese en caso de que todo saliese mal.

Hizo una leve pausa para coger aire antes de continuar.

–Y así fue… al matar a Dumbledore tuve la posibilidad de dividir mi alma, poniendo a salvo una parte de mí. Dos días después de mi muerte me desperté en un gran mausoleo muy debilitado. A pesar de todos mis pronósticos el antídoto que había estado bebiendo había hecho efecto ya que llevaba grandes cantidades de sangre de Uro que anularon el veneno de Nagini. No obstante, si mi alma no hubiese estado fragmentada creo que el antídoto no hubiese sido lo suficiente potente como para traerme de vuelta.

Snape contempló mi rostro con detenimiento intentando descifrar lo que estaba pensando pero yo era incapaz de pronunciarme.

–¿Y todo este tiempo…? –me atreví a decir intentando asimilar los hechos que me acababa de relatar.

–Al despertarme acudí a la profesora McGonagall, necesitaba una persona de confianza con la que poder compartir todo esto y que me ayudase en mi cometido. La vieja casa en la que estábamos viviendo, junto con Elda, era de Minerva. Allí he pasado los últimos ocho años, escondido de todo el mundo.

–¿Pero por qué te escondes? ¿Por qué no contar la verdad?

–¿Y cómo explico mi vuelta a la vida? Después de todo el terror y el dolor que la gente vivió a causa de la guerra, todas las muertes, las familias destrozadas… no sería justo sembrar el pánico diciéndoles que, a pesar de todo lo ocurrido, todavía quedaba una forma de que Voldemort regresase. Además… ¿cuánto tiempo crees que tardarían en hacer una conspiración contra Potter?

Snape tenía razón, nadie debía saber aquello. Me recosté sobre el cojín que McGonagall había colocado tras mi espalda, analizando toda aquella sobrecarga de información. Pero todavía había algo que quería saber.

–¿Cuál es tu Horrocrux? –espeté al momento.

Pero no me hizo falta escuchar su contestación, me di cuenta en el mismo instante en el que hice la pregunta.

–Guisse…. –susurré sorprendida al recordar al animal de ojos negros y pelo plateado. –¿Y por qué él?

–El demiguise es una de las pocas criaturas capaces de hacerse invisible a voluntad propia. Gracias a él me he asegurado la posibilidad de establecer una vigilancia más o menos constante de Potter.

No cabía duda de que Snape lo tenía todo muy bien atado.

–Crawford …–dijo al cabo de un rato al ver que llevaba varios minutos con la mirada perdida.

–Llevas nueve años encerrado –susurré mientras mis ojos buscaban los suyos.

La cara de Severus palideció ante la realidad de mi comentario.

–Así es…es el precio que tengo que pagar por todos los errores que he cometido –contestó mientras agachaba nuevamente la cabeza.

Continuará...