Bella Swan...Bella Cullen…no, Isabella Cullen Swan...
Kaname Kuran viró sus ojos rojos con desprecio. ¿Era en serio? Desperdició minutos de su valiosa y larga existencia tratando de leer la mente de la Vidente, y lo único que obtenía era la ensoñación de la humana casada con su hermano, mucha ropa, flores y un vestido de Novia.
Esto no lo estaba llevando a ninguna parte. Esos vampiros de América, ocultaban algo que le era conveniente saber, de lo contrario, los bufones de Volterra, no le hubieran molestado esa noche.
Había muy pocos seres existentes que sospecharan que él es un Ancestro. Apenas, cuatro había en existencia que pudieran estar seguros y actualmente, tres de ellos se habían atrevido a molestarle para que vigilara a una simple muchacha humana. Kaname estaba molesto. Era sabido por todos que era el Rey, y nadie hace las cosas a espaldas de él, ni siquiera el Clan Vulturi.
Marco, Aro, Cayo. Tres hermanos malditos al nacer por uno de los pocos paganos que quedaban en la cristiandad. Vampiros de Sangre Pura, condenados a vivir con las energías de un nivel E, capaces de convertir a sus víctimas, pero incapaces de procrear.
Kaname se jactaba de conocer a todos y a cada uno de su clase, desde la creación del fuerte en Volterra, sin embargo, jamás oyó hablar de Carlisle. Quizá, era que él y todo su clan se alimentaban de animales y se mezclaban entre la raza humana, que tenía casi dos mil años dormido y las memorias de los que había asesinado no contenía información sobre ellos, pero los Hermanos Malditos, le habían ocultado información valiosa. Por ejemplo, la existencia de otra strigoi* que estaba fuera de su círculo de poder.
Como fuera, estaban en medio de la clase de Protocolo, dictada por la nueva profesora Cullen, y no podía insistir en leer la mente de una de sus protegidas completamente rodeado. Sabía que por Ley, Alice Cullen y todos excepto Carlisle estaban obligados a obedecerle, pero también sabía que en esos tiempos cambiantes era completamente inútil hacer valer su poder.
Para satisfacer su curiosidad, fue por un último intento y lo que vió, le dejaría intrigado hasta casi otro milenio.
Zero Kiryuu. Tomando la sangre de la humana, dada voluntariamente. En seguida, la Vidente susurró algo inaudible para el resto de los vampiros al Soldado y salió disparada del cuarto.
Eso era…interesante. Llevaba diez años moldeando la voluntad de Zero Kiryuu para que fuera el perro guardián de su hermana todo el tiempo necesario, y en unos segundos, una hembra humana sin gracia ni habilidad, echaba al suelo su esfuerzo.
Trató de distraerse, ya manejaría esta información luego para usarla a favor de Yuuki. Era divertido tener nuevas fichas en el tablero…
A la mañana siguiente, Zero se levantó de un humor peor al de costumbre. Había lidiado con las protestas de todos los Cullen a ser separados de su mascota. En la clase diurna, ya se había corrido el rumor de los nuevos estudiantes, llegados de lejos en medio de la noche.
Así que estaba estancado, en un salón con un profesor de álgebra que no lograba entender, que su nueva alumna no entendía. Después de clases, el inepto profesor le solicitó amablemente que realizara una tutoría a la nueva alumna. Tomó una bocanada. Como si sus responsabilidades no fueran suficientes ya con procurar que una horda de bestias asesinas no desangrara a la población estudiantil normal.
Isabella Swan. ¿Qué tenía de especial? Nada. No era lista, no era bella, no era…nada. Era una gran página en blanco y aún así…no, no podía ser nada, era otra vez chocar contra el muro de un callejón sin salida. Ya había aprendido su lección con Yuuki. Volvió a concentrarse en sus deberes de esa tarde, y el resto del día transcurrió con normalidad.
* Guiño a Drácula. Los strigoi son brujas que después de morir se convierten en vampiros.
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