Casi un año después…
Se estaba haciendo tarde, finalicé las últimas líneas de mi carta a vuelapluma mientras terminaba de preparar la equipación deportiva. Mis padres me habían pedido expresamente que les escribiera todas las semanas. Me parecía algo exagerado, pero después de los acontecimientos del último año no podía negarme.
Me cargué la bolsa al hombro y salí de mi dormitorio. Recorrí los desiertos pasillos hasta llegar a mi destino. El campo de Quidditch se alzaba imponente ante mí, aunque después de tres meses trabajando como entrenadora en Hogwarts, ya era algo habitual. Los estudiantes comenzaron a llegar a cuentagotas, hasta que finalmente los bancos se llenaron. Hoy repasaríamos las nuevas tácticas de ataque. Dos horas más tarde, recorrí nuevamente los pasillos de la escuela.
–¿Pasarás las vacaciones de navidad aquí o visitarás a tu familia? –preguntó un sonriente Hagrid al cruzármelo en el rellano.
–Me toca hacer acto de presencia. No veo a mis padres desde el verano y les dí mi palabra de que mis visitas serían más regulares que antes, pero te prometo que me pasaré otra vez por la cabaña y celebraremos el año nuevo antes de tiempo. –informé sonriente.
Desde mi incorporación a Hogwarts todos los profesores habían sido muy amables conmigo pero, sin lugar a dudas, Hagrid era con uno de los que mejor había congeniado. Subí las escaleras de caracol que daban al despacho de McGonagall con premura.
–Buenos días, Minerva.
–Buenos días Crawford, ¿cómo ha ido la mañana?
–Bien, se acercan las vacaciones de navidad y los partidos están a la vuelta de la esquina. Los chicos están deseosos de que lleguen.
McGonagall sonrió a la vez que se incorporaba de la silla de su despacho para mantener conmigo una conversación más informal.
–¿Has valorado lo que te dije?
–Sí y creo que podría hacerme cargo de la nueva asignatura de Deportes Mágicos. Tenemos que redistribuir el horario de los entrenamientos, pero es factible.
–Me alegro, estamos intentando que Hogwarts ofrezca una variedad más amplia de asignaturas para que los alumnos puedan escoger optativas desde segundo curso. Ya he hablado con el ministerio y nos han dado el visto bueno para que incorporemos un ala del castillo dedicada exclusivamente a niños mágicos prematuros el próximo curso.
–Es una idea perfecta. A parte de la materia de la que me voy a ocupar yo. ¿Qué otros puestos quedan vacantes?
–Estudios Muggles, Defensa contra las Artes Oscuras y… Pociones –respondió cautelosa.
Un nudo se instaló en mi estómago al escuchar el nombre de la última asignatura.
–Bien –asentí forzosamente.
–Crawford… le necesitamos –susurró después de un instante de silencio con aire de preocupación. –Soy incapaz de encontrar a alguien mejor que él para el puesto. Además, en un par de años posiblemente decida retirarme y Severus ha sido y siempre será un pilar fundamental para la escuela.
La amistad que había cogido con Minerva en aquellos meses era abrumadora. Jamás creí que podría confraternizar tanto con una persona con la que la diferencia de edad era tan considerable.
–¿Por qué no lo llamas? –pregunté con decisión, intentando fingir que todo lo sucedido con Snape había quedado atrás.
–Lo he intentado, pero ya sabes lo testarudo que puede llegar a ser.
–Es su decisión –constaté tajante.
–Conoces de sobra el motivo por el que no se atreve a venir. Él nunca lo reconocerá, pero ambas sabemos que es por ti. ¿Por qué no le das la oportunidad de explicarse?
–Porque no tengo nada que hablar con él.
–No seas injusta, ha pasado por un infierno, no te puedes imaginar lo que la muerte de Potter supuso para él.
–¿Es que acaso crees que para mí ha sido fácil? –pregunté reprimiendo mi ira.
–No, por supuesto que no. Pero ha intentado explicarse más de una vez y tú ni siquiera le diste la posibilidad de hacerlo.
Recogí la bolsa del suelo con desaire, no quería hablar más del asunto.
–He de irme, mi próxima clase está a punto de comenzar –dije a modo de despedida mientras salía del despacho.
Continuará...
