Sentí el calor de los rayos del sol sobre mi mejilla. No sabía si todavía estaba dormida, pero un montón de imágenes se empezaron a apilar en mi mente. Casi me estremecí al recordar las manos de Snape deslizándose suavemente por mi cuerpo, el roce de sus labios, nuestros jadeos…

Aspiré con fuerza y apreté mis ojos antes de abrirlos lentamente. Mi rostro estaba apoyado sobre su pecho, disfrutando del acompasado vaivén de su respiración. Hundí mi nariz en él para perderme en la suavidad de su piel mientras mi mano descendía hasta colocarse sobre su vientre.

–Buenos días –susurró éste a la vez que deslizaba con delicadeza sus dedos por mi espalda.

Permanecí callada unos segundos más, saboreando aquellas palabras.

–Buenos días –respondí incorporándome poco a poco, hasta que nuestras bocas quedaron a escasos centímetros de distancia.

Me quedé prendada al verlo, sus facciones estaban relajadas, en sus ojos se podía distinguir un ligero brillo que me constataba de que estaba disfrutando de aquel momento íntimo tanto como yo.

–Ha tardado mucho en despertarse, señorita Crawford –comentó burlón en mi oreja mientras comenzaba a juguetear con ella.

–Vaya, ¿y por qué no ha hecho nada al respecto? –respondí, siguiéndole el juego.

–Digamos que he tenido con qué entretenerme… –susurró mientras sus besos llegaban a la comisura de mi boca. –Aunque he de decir que me resulta difícil observarla mientras duerme y no poder tocarla.

–Bueno, pues para otra vez… no se reprima.

–No dude de que tomaré nota.

Su boca capturó la mía y nuestros labios se juntaron en un calmado pero tierno beso. Me separé cuidadosamente antes de que aquel gesto se tornase demasiado pasional.

–No tenemos tiempo que perder, hemos quedado con McGonagall en su despacho a las diez –comenté al recordar lo presionada que estaba por cubrir cuanto antes el puesto de pociones, si nos apurábamos quizás podríamos hablarlo antes de que ella empezase su primera clase.

–¿Hemos? –preguntó sorprendido.

–Sí, quiere que regreses a tu antiguo puesto en Hogwarts.

–Y tú, ¿quieres que vuelva? –intervino sincero.

–Nada me apetecería más –respondí mientras le regalaba un corto beso.

Snape se giró para consultar el reloj que había sobre la mesa y al instante me miró alarmado.

–¿Las nueve y media? –pregunté retóricamente al ver yo también la hora que era. –¡Tenemos que salir ya!

–O… podríamos llegar tarde –respondió sin apenas inmutarse.

–¿El temido profesor Snape, tan severo con sus estudiantes en lo que atañe a las normas, saltándose una reunión? –inquirí entre risas mientras saltaba de la cama y empezaba a ponerme la ropa.

–Bueno, siempre hay una primera vez para todo, ¿no crees? –respondió risueño, un gesto que nunca antes había visto en él.

Me miró con entusiasmo a la vez que se ponía en marcha, ambos sabíamos que aquella última frase albergaba un doble sentido. Snape estaba dispuesto a intentarlo y yo, también.

–Es mejor que viajemos a través de la red flu, ¿esta chimenea está conectada con el despacho? –pregunté a la vez que bajábamos por la escalera y entrábamos en el salón.

Snape asintió, mientras sacaba de detrás de la estantería una pequeña caja de madera. Ambos cogimos un puñado de polvos flu antes de introducirnos en la chimenea.

–El camino hasta Hogwarts aún es largo, ¿seguro que quieres viajar tan apretado? –comenté entre risas al ver que se pegaba a mi cuerpo.

–Creo que podré sobrevivir –respondió mientras sus labios capturaban los míos.

Sus manos se aferraron a mi cintura para aminorar la distancia que nos separaba. Nos miramos divertidos y, sin necesidad de coordinarnos, pronunciamos al unísono:

–¡Dirección de Hogwarts!

Continuará...