Aquí va el último capítulo.
Quiero dar las gracias de nuevo a todas aquellas personas que dedicaron unos minutos de su tiempo a dejar sus impresiones a través de reviews: caro, Phoemix, Criselgirl, Aigo Snape, Aquellos Tiempos, y cómo no especial mención para Diggea, que con su constancia y palabras de ánimo ha sido prácticamente el motor que me ha movido a seguir subiendo capítulos ;).
Y gracias también a todos los/las que habéis estado leyéndola en general, comentarais o no, espero que la hayáis disfrutado de principio a fin.
Por último, comunicaros a los que podáis estar interesados, que se esta elaborando una segunda parte de esta historia y que espero poder empezar a subirla próximamente.
Saludos!
Aterrizamos a la velocidad del vértigo tras varios minutos de viaje y caímos de pie sobre la piedra de la estancia, ante la mirada de una desconcertada Minerva. Al haber llegado tan agarrados, un atisbo de sonrisa apareció en el rostro de la anciana bruja.
–Parece que alguien no durmió anoche en sus aposentos… –comenzó diciendo clavando su mirada en mí.
Un leve sonrojo apareció en mi rostro a la vez que Snape fruncía el ceño con gesto sorprendido.
–¿Cómo sabes…?
–Oh, sé todo lo que ocurre entre las paredes de este castillo.
Un breve silencio se apoderó de la estancia, hasta que McGonagall lo rompió levantándose de su sitio tras la enorme mesa de aquel despacho.
–No me malinterpretéis, deduzco que fue por una buena causa… y si traes a Severus contigo será porque finalmente has decidido escucharle.
Asentí en un tímido gesto con mi cabeza con el que no fue necesario explicar nada más.
–Sentaos, queridos, hablemos entonces de tu inminente reincorporación.
Ambos tomamos asiento frente a la majestuosa mesa de madera de roble.
–Bien, Severus, el puesto de pociones te está esperando, como supongo que ya sabes y… de momento deberás hacerte cargo también de la materia de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Snape dejó escapar una sonrisa de medio lado ante aquella noticia.
–Además de esto, todavía me encuentro sin subdirector, y la carga de trabajo es inmensa sin un segundo al mando…
–Cuenta conmigo –respondió sin dudar.
–Gracias, realmente me hace mucha falta tu ayuda. Así a todo, y como ya le expliqué a Crawford el otro día, mi jubilación está a la vuelta de la esquina, y mi cargo acabará siendo tuyo.
El renovado profesor de pociones asintió con un serio gesto de su cabeza.
–Eso sí, puesto que las vacaciones de navidad son inminentes y tu incorporación sería para el año que entra… creo que podríamos aprovechar la cena y el baile de navidad para presentarte de nuevo ante el alumnado. El profeta ya se ha encargado de proclamar tu resurrección a los cuatro vientos, junto con el fallecimiento del señor Potter… –hizo una pequeña pausa, creando una ligera tensión en el ambiente. –Pero, como has estado estos meses ausente, poca es la gente que realmente te ha visto vivo y… el impacto para el alumnado será menor si tienen las vacaciones de fin de año para procesarlo.
Miré por el rabillo del ojo a Severus y observé cómo asentía con decisión.
–Bien, estos días que faltan te pondré al corriente de los pormenores del centro y de las novedades de las materias de las que te harás cargo. Iré preparando al profesorado para tu reincorporación. No nos llevará mucho tiempo arreglarlo todo, gracias a la multitud de años que has estado ligado a esta institución, por lo que solo me queda desearte un feliz comienzo. –intervino levantándose de su sitio con una sonrisa complacida.
Severus y yo repetimos su gesto casi al unísono, permaneciendo los tres de pie.
–Minerva… –comenzó a decir Snape. –Eres la única al tanto de nuestra relación, y me gustaría que siguiera siendo así. –dijo a la vez que me miraba para buscar mi aprobación.
Tardé varios segundos en reaccionar, dando a entender que estaba de acuerdo con la idea, ya que me había quedado algo desencajada ante la realidad de que Severus finalmente proclamase en voz alta nuestra situación como una "relación".
–Creo que me conoces lo suficiente como para saber lo cauteloso que soy en lo que se refiere a mi vida privada, y lo último que quiero es tener a una panda de adolescentes hormonados observándome y cuchicheando por las esquinas.
–Descuida, Severus –sonrió la anciana bruja, mirándolo por encima de sus gafas. –No seré yo la que desvele lo mejor de ti, echando por tierra tantos años de fachada imperturbable y ácido sarcasmo.
Tuve que contener una leve risa que pugnaba por salir de mi garganta ante las últimas palabras de la profesora. Snape me escuchó, mirándome con el ceño fruncido y traté de disimular como pude con una tos mal interpretada. Minerva amplió su sonrisa al verme y volvió su vista hacia el profesor de pociones.
–Bienvenido de nuevo –concluyó, tendiéndole su mano para que la estrechase. –A Hogwarts no le podría albergar un futuro mejor con tu renovada presencia aquí.
Snape sonrió nuevamente de medio lado y elevó su mano para corresponder al gesto de McGonagall, sellando de esta forma el comienzo de una nueva etapa.
Fin.
