Guarde mi teléfono en mi bolsillo y tome mi morral, cuando iba bajando las escaleras escucho un claxon fuera de mi casa, asumí que era Vega así que solo salí. Ahí estaba Vega esperándome al lado de la puerta del copiloto, abierta. Solo me subí y ella cerró la puerta, la vi como rodeaba el auto y entraba a la cabina. El auto no era nada del otro mundo pero cumplía su función de transporte: un Kia Morning ® azul, quizás del año 2013.
-En el mug está tu café, espero te guste, lo hice yo –escuche como el motor ronroneaba en cuanto Vega hizo contacto.
-Si lo hiciste tú debe estar horrible Vega. Comprare uno después de mi clase de guiones –mire el mug que se encontraba en el posa-vasos, era negro con tijeritas plateadas adornándolo ¿de dónde lo había sacado y porque yo no lo tengo en mi poder?
-Es café colombiano, Jade –la vi centrar su vista y atención al camino mientras conducía a una buena velocidad; ni muy rápido ni muy prudente –antes de ponerlo en la cafetera batí el café con un poco de agua fría. Cuando le pones el agua caliente encima solo se deshace y pierde sabor. Si lo haces como yo lo hice el olor a café que emana al poner el agua caliente es exquisito y su sabor es más concentrado.
Tentada porque era café colombiano lo tome de donde estaba y lo destape, el olor a grano de café que emano la taza se podía comparar a una cafetería completamente cerrada. Olía delicioso, pero no podía admitirlo en voz alta, menos a Vega. Me lo acerque hasta mis labios y le di un sorbo. No solo olía bien ¡sabia increíble! Aunque intente por todos los medios que no se notara que me había gustado no lo logre, y ella lo notó. Sentí si mirada sobre mi cuando se detuvo por un semáforo en rojo. Ella estaba sonriéndome…no, ella estaba sonriendo por mi expresión de gusto. Esta feliz de que a mí me guste su café.
-No esta tan del asco. Muy bien Vega –rápidamente volví a mi expresión seria para darle otro sorbo pero me era difícil mantenerla, estaba muy rico. Hasta podría decir que es el mejor café que he probado.
-Qué bueno que te gusto. Estuve aprendiendo como hacerlo.
-¿Por qué…?
-Llegamos. Corre, se te hace tarde para entregar tu guion –era cierto. Ya habíamos llegado y Vega se había estacionado sin que me diera cuenta, estaba perdida en el sabor del café. Tome mi morral y baje del automóvil. Todo era muy raro: primero, Vega sabe mis horarios; segundo, Vega aprende a hacer un café increíble, además de que es café colombiano.
Camine a grandes zancadas hasta entrar en HA, pero antes de cruzar por completo las puertas voltee a verla: ella me estaba mirando con una expresión muy rara, era como si estuviera feliz, pero al mismo tiempo no. Ya pensaría en eso después. Volví a darle un sorbo al mug.
-Que buen café.
Una vez que llegue al salón el profesor estaba pidiendo los guiones. Él me miro con severidad y estiro su mano para que yo depositara mi trabajo en ella. Busque en el morral y se lo entregue.
-Quiero recordarles que este trabajo equivale al 60% de su calificación final y los mejores serán enviados al concurso "guionista del mañana" y tendrán la oportunidad de que su obra se filme. Será una película de segunda, pero será vista por todos en California. Ahora pueden retirarse. Los resultados estarán el próximo mes. No es necesario que vengan la próxima semana, preséntense en un mes.
Si me podía ir lo haría. Tome mi morral y salí del salón. Tenía hambre, no había preparado nada de desayunar. Me iba a resignar cuando recordé que tenía algo de dinero extra en mi casillero. Camine por los vacíos pasillos hasta llegar al principal, donde estaba mi casillero lleno de hermosas, filosas y peligrosas tijeras. Coloque mi clave y me encontré con una agradable pero extraña sorpresa: un croissant y fruta picada, fresas para ser precisa. Había una carta doblada sobre el pan.
Supuse que no habías tenido tiempo de prepararte nada de desayuno así que me tome la libertad de hacerlo por ti. Quizás tampoco tengas almuerzo así que puede que tengas otra sorpresa hoy.
Vega.
