Bien, aquí concluyo con ésta historia que participa en el Concurso Especial del Tercer Aniversario del Foro Proyecto 1-8. La temática consiste recibir una pareja al azar, un género literario y un color; de ahí, lo que me ha tocado ha sido:

* Pareja: Taichi Yagami – Sora Takenouchi.

* Género: Espiritual.

* Color: Púrpura.

Espero poder reunir los requisitos indicados en las reglas.

Sin nada más, les dejo la lectura


Disclaimer: Digimon ni sus personajes me pertenecen.

Summary: La pérdida de un ser querido implica un dolor que no conoce límites y es tu decisión el vivir con él hasta aminorarlo con el tiempo o hacer algo más al respecto… Algo que te acerque de nuevo a esa persona que se ha ido / Éste fanfic participará del Concurso especial del Foro Proyecto 1-8.

Cantidad de palabras: 2088 :)

Espero que sea de su agrado x3


Capítulo 2:

«Mi consuelo»

...Se erigía un mundo apócrifo, superando a todas las descripciones que en el Libro del Bosque de las Almas, brindaba con escases. Recordé las ocasiones en las que Hikari me había contado sobre todo lo que ahora veía. Ella siempre se sintió atraída hacia todo cuanto implicaba a los Sacros. Gennai, uno de los sacros de la Aldea, le tomó mucho y por ello, le obsequiaba libros con relación a leyendas que involucraban al Bosque, que ella dedicaba las noches para leer a la luz de las velas. No comprendía de dónde provenía tanta fascinación por algo que nunca había visto, sino sólo leído y de manera clandestina; (teníamos prohibido todo tipo de relación con lo que tuviese que ver con el Bosque, los sacros y sus secretos) pero al estar en el seno del mundo espiritual, donde todo cobraba vida, era extasiante.

―¡Taichi! ―La voz de Sora me alertó y me giré hacia ella, encontrando su rostro horrorizado hacia nuestro frente. Seguí su mirada y retrocedí por instinto.

Una criatura aforme y antimaterial yacía enroscada por el tronco de uno de los árboles más frondosos que había, resaltando entre los demás; esa criatura tenía seis ojos y todos ellos se volcaban a distintas direcciones y no sabía si era ese detalle lo más escalofriante o que su interior era fácilmente perceptible debido a su piel pálida, como la de una serpiente o incluso más.

«Almas aún ligadas a la carne y a la tierra... ¿Qué hacen aquí?» La voz resonante y entremezclada de aquella criatura, sonó en mi cabeza; Sora me miró con preocupación y supe que ella también la oyó.

Ambos nos miramos curiosos y bajamos la vista a nuestras manos, observando un hilo púrpura anudado en nuestro dedo corazón, conducía de regreso al camino por donde habíamos salido. La cosa aforme, volvió a preguntarnos.

―Vinimos a buscar a alguien.

«¿A quién?»

Metí la mano en mi mochila y saqué un pequeño objeto que a penas y ocupaba un tercio de mi palma.

―Era dueña de éste silbato ―Dije para enseñarle el objeto. La criatura me escudriñó con sus seis ojos y luego un tentáculo casi transparente acudió a mí para tomar el silbato. No se lo negué. Un momento y la criatura dejó su quietud en el árbol para desenredarse de a poco, como lo hace una serpiente; el movimiento me resultó nauseabundo.

«Irrumpir en un mundo donde no perteneces aún para quebrantar el orden natural de las cosas es una acción muy peligrosa, ¿lo sabes, mundano?»

―¡Es mi hermana! ―Bramé con desesperación, sin interesarme que esa criatura pudiera hacernos algo.

―¡Taichi, contrólate! ―Me recriminó Sora, tomándome del brazo.

«¿Y tú, mundana?» Habló la criatura, refiriéndose a Sora. Mi compañera se mantuvo estática un momento hasta que tragó profundo y un poco de ese miedo inicial se desvaneció.

―He…, he venido por mi padre… ―La criatura se mantuvo en silencio un momento y me digné a mirar a Sora.

―Muchas almas vienen aquí, ¿podrías ser más específica? ―Sonreí al verla sonrojarse, pero antes de recibir reclamo alguno, la voz de la criatura sonó en nuestras cabezas.

«Sé de quién está hablando. No tiene sentido que sigan aquí, mundanos…; ningún otro como ustedes ha regresado luego de haber muerto»

Me solté de Sora con brusquedad y avancé unos pasos decidido a imponerme. No me importaba resultar grosero ante un ser inmaterial si eso significa volver a ver a mi hermana.

―¡Mi hermana no tuvo que haber muerto! ¡He venido a cambiar las cosas!

La criatura nos miró en silencio, luego, uno de sus tentáculos me devolvió el silbato de Hikari.

«¿Están dispuestos a pagar el precio necesario para ello?»

Miré a Sora por encima del hombro y verla asintiendo me hizo estar más seguro de lo que había venido a buscar. Regresé la vista hacia la criatura.

―Lo estamos.

No poseía boca alguna el rostro del guardián, pero en sus ojos aprecié gracia. Era demasiado repulsivo como para fiarme en ellos, así que miré a Sora; podía sentirme ciertamente mejor al hacerlo.

«Pues que así sea…; tienen un tiempo límite de estadía ―su tentáculo señalizó nuestros hilos púrpuras― y si el color se desvanece de él, acabarán atrapados aquí por toda la eternidad»

Sin otra cosa por aportar, la criatura comenzó a perder visibilidad y en su lugar, un hueco se leía en el frondoso tronco del árbol en donde yacía.

―¿Qué se supone que hagamos ahora? ―Me preguntó Sora y me encogí de hombros.

―Supongo que avanzar ―Tomamos nuestras pertenencias y echamos un trote para acortar distancias.

Bajamos lo que implicaba el peñasco de roca mientras extrañas luces flotaban a nuestro alrededor, en un baile fluido.

―¿Son almas? ―Me preguntó mi compañera y no supe qué responder. Cuando Hikari me hablaba de sus libros y de cómo describía todo, no recordaba que fuesen de esa manera. Eran extraños pero gráciles.

Una ventisca furiosa nos arrinconó y nuestros gritos no se oían del ruído propio del tifón. Cerré mis ojos por instinto y me apegué a Sora. Abrí un ojo y entre la confusión del viento, ví una figura erigirse, siendo conformada por viento, agua, tierra y el color púrpura proveniente de las piedras talladas.

Una abertura se formó entonces, como un círculo a la lejanía conformada por varios colores. No sabía qué hacer y esa misma confusión me llevó a desear estar en otro lugar, cuestionándome sobre el plan de dejar mi hogar para aventurarme a una aventura suicida.

Cuando abrí los ojos, el viento cesó y ya no me encontraba contra el peñasco, ni observando aquel círculo colorido ni tenía a Sora junto a mí.

―¿Hermano? ―Una voz aniñada me llegó y me giré violetamente hacia dónde provenía aquella voz, hallando la figura de mi hermana vestida con un bonito vestido púrpura y lejos de parecer lista para una ceremonia de despedida, lucía radiante. Su rostro mostraba confusión pero una sonrisa me dedicó.

Mis ojos se humedecieron y no me importó que me viese llorando, corrí hacia ella y tuve la intención de abrazarla, mas la idea de tocar aire fue lo que recibí. Atravesé el cuerpo de Hikari y una desolación me embargó. Me giré a verla sin comprender y leí pena en sus ojos.

―No puedes tocarme…, sigues ligado a un cuerpo material…

―Hika…, ri… ―Sollocé y me dejé caer contra mis rodillas. La idea de vovler a verla y no sentirla me hirieron demasiado. No escuché sus pasos, pero vi sus pequeños pies descalzos y transparentes sobre el suelo. Levanté la vista y ella se arrodilló frente a mí.

―¿Por qué estás aquí, hermano? ―Antes que un reclamo, oí su preocupación.

―Vine a buscarte. ¡Te llevaré a casa, Hikari y todo será como antes, lo prometo! ―Una sonrisa triste se formó en sus labios― ¡No me mires así, lo digo de verdad!

―No puedes cambiar las cosas…

―¡No, tú tienes que regresar! ―Me arriesgué a acercar mis manos a ella con el mismo resultado que hace un momento. Mi fustración me hizo pegar mi puño contra el suelo, maldiciendo todo lo que conocía―. Todo es mi culpa…, yo…

―¡Eso no es verdad! ―Dijo Hikari y ella también tuvo el impulso de tomar mi rostro como lo hacía cada vez que me regañaba, pero no sentí nada más que aire y la calidez de la luz que emitía―. Tú no tienes la culpa de nada, Hermano… ―me sonrió―; mis últimos recuerdos son los más preciados y no me arrepiento de haberte seguido a aquel manantial. Tenías razón, es el lugar más bello que llegué a conocer.

Una risa torpe y un sollozo se juntaron, mientras mis lágrimas seguían cayendo. Quería sorprender a Hikari por su cumpleaños y quise llevarla al manantial que encontré unos días antes; jamás hubiese esperado que ella cayera al agua y el resfrío empeorara su estado.

Me negué a aceptarlo. Todo fue mi culpa.

―¡Hermano! ―Dijo Hikari y su voz sonaba alterada. La miré con curiosidad y vi preocupación en sus ojos dirigidos a mí― ¡Tienes que dejar de culpabilizarte! ―Me señaló el hilo violeta que tenía anudado a mi dedo corazón y mis ojos se abrieron con sorpresa. El color, en lugar de aclararse (como había dicho el guardián), sino que fue oscureciéndose.

―¿Qué le sucede? ―Pregunté a mi hermana y ella frunció sus labios, signo claro de nerviosismo.

―Cuando uno muere y no tiene asuntos pendientes con la tierra, puede entrar al Bosque de las Almas y encontrar paz en él…; pero si mueres con un remordimiento o emociones dañidas, el hilo que te vincula con el cuerpo material no se desvacene, sino que se oscurece…

―¿Eso qué significa? ―Pregunté.

Hikari abrió la boca para responder, pero antes de poder lograrlo, Hikari se enderezó del suelo como un resorte, mirando a la nada con perplejidad.

―Tú no has venido solo, ¿no es así?


Corríamos con presura entre tanta maleza que nos llegaba hasta las rodillas, sus tonos variaban y aunque lucían azules, estaba seguro que se trataba de hierba. Hikari me encabezaba, guiándome hacia donde Sora debía hallarse. No recordaba haberla perdido de vista hasta el momento en el que el tifón nos absorbió.

Llegamos hasta donde terminaba la maleza y comenzaba un pantano dispuesto con muchos colores y del agua, nacían flores y árboles gigantescos. Pude reconocer a Sora de pie en el agua del pantano, donde ésta le llegaba hasta la mitad de las pantorrillas. Grité su nombre, pero ella no parecía oírme.

―Su hilo se está oscureciendo..., si continúa así, se convertirá en un alma en pena.

―Tengo que sacarla de allí ―Dije, pero mi hermana me detuvo.

―Espera ―Sus ojos no se separaban del frente y al mirar en su dirección, vi a un ser de humo blanco desprenderse del macizo tronco de uno de los árboles. Su caminar era ligero y no parecía dejar movimiento en el agua―; es el protector de las almas puras. Todos, al morir, vienen hasta él.

―¡Sora aún no está muerta! ―Dije con rabia y me solté de mi hermana para ir a por Sora. La idea de que sea absorbida y muera, me desesperaba.

«Mundano… ―Nuevamente, una voz se oyó en mi cabeza y supe que era el protector de las Almas. Detuve mis movimientos para mirarlo. Su cuerpo parecía ondearse como el viento, desprendiendo un humo blanco―, ¿aún quieres lo que has venido a buscar?»

―¡Por supuesto! ―Bramé.

«Entonces, deja que la mundana venga a mí…; ella es la ofrenda que pido por tu hermana»

Mi aliento se heló y miré a Hikari, quien estaba tan preocupada como yo. Miré a Sora y ella fue dando pasos lentos, adentrándose cada vez más al pantano.

―¡Te traje ofrendas! ―Dije y me descolgué la bolsa de lona para enseñarle todo lo que en ella había. Sora seguía avanzando y mi corazón parecía acelerarse a cada paso que daba.

«Vida por vida, mundano… Esos animales no valen lo que tu hermana significa. Tu amiga, en cambio, sí»

―¡No! ¡Sora, detente! ―Me dirigí hasta mi compañera y jalé de ella con fuerza― ¡No puedes quedártela! ¡Ella aún está viva!

Una luz cegadora se impuso entonces y sentí una calidez en mi frente, junto con el tacto de pequeñas manos en mis mejillas.

Abrí los ojos y vi el cielo con el amanecer en su horizonte. Me enderecé y vi los portones de mi aldea delante de mí. Parpadeé sin comprender.

―Tai…, chi… ―La voz de Sora me trajo a la realidad. Verla recostada en el suelo con la frente roja. Habíamos regresado.

Miré por delante de mí y aprecié a la lejanía el Bosque de las Almas. Nuestras pertenencias desperdigadas a nuestros alrededor, mientras en mi mano descansaba el silbato de mi hermana.

Lo apreté con fuerza y dije su nombre en mi mente. Ella volvió a sacrificarse por mí…, por Sora.

Entonces comprendí las palabras de Gennai cuando fue a mi casa el día en que decidí fugarme de la aldea: «Cuando alguien muy querido se nos va, lo mejor es aceptarlo y no ir contra la naturaleza »

―Vi a mi padre… ―Susurró Sora―; quise abrazarlo pero no pude.

―Lo lamento ―Dije con voz baja―. Te puse en peligro.

Sentí sus manos tibias en mi mejilla y vi su sonrisa.

―Era el consuelo que necesitaba…, poder verlo por última vez ―Recordé la luz de Hikari y sonreí un poco. Ella se notaba tan llena de vida en el Bosque y supe que también hallé mi consuelo con despedirme una vez más de ella.