Bueno, antes que nada, parece que me equivoqué, con el anterior capítulo pretendí despedir las vacaciones por que creí que mi mente estaría seca durante un tiempo, pero al parecer me jugó una broma y me hizo escribir este nuevo capítulo, así que espero que les guste... sin más preámbulos, comencemos


Capítulo 5: Decepciones y traiciones

No dejaba de maldecir y escupir injurias, no estaba molesto, estaba furioso, parecía sacar fuego por sus ojos, el honor de su nación estuvo a punto de ser manchado por aquel que alguna vez llamaron hermano.

—¿Qué haremos señor? —preguntó el segundo al mando, la multitud murmuraba sobre la decisión que él tomaría.

—Ya sé, tú —señaló a la paloma, ella lo miró fijamente —, le darás el mensaje que escribiré a aquel que te envió —asintió aceptando la petición.

Atsushi entraba al camarote de manera brusca y rápida, tenía que escribir un mensaje.

1

Miraba al bosque constantemente mientras picaba la roca; la extensión era impresionante y avasalladora, internarse en el sería un suicidio para un novato o alguien ajeno al comercio, a su lado estaba Pisada, quién aún tenía el ojo hinchado, con dificultad golpeaba la roca, necesitaba irse de ahí, pero al parecer su orgullo era dueño de su cuerpo. El más viejo de los presos servía agua del teflón en tazas y las repartía a cada uno, Tigresa y Garra bebían de forma lenta para refrescarse y luego volvían a picar las rocas.

Esa noche sería la gran pelea, lo que definiría al ganador y recibiría el premio de la libertad, pero él no podría pelear contra Bon-Hwa, no en su estado.

—Estos imbéciles no me vencerán —decía furioso Pisada —, acabaré con esto.

—Es tu oportunidad, debes irte de aquí —Pisada se detuvo y lo vio de frente.

—¿A dónde supones que iré? —Po observó de nueva cuenta los símbolos tatuados en su pecho y después miró el bosque.

—Es tu oportunidad —recalcó una vez más.

—¿Oportunidad para qué?

—La seguridad aquí no es normal, nadie espera que ninguno de nosotros escape —Pisada vio a todos lados las hienas en los cuatro montes vigilando el bosque, pero no a los presos —, nos trajeron a pelear, romperé tu cadena, te irás corriendo al bosque, ya sabes sobrevivir —Pisada hizo una cara seria dudando de sus palabras.

—¿Ahora eres mi héroe? —dijo sarcásticamente.

—No digas idioteces.

—No, voy a pelear con ese idiota —no iba a abandonar la pelea.

—No estás en condiciones —quiso hacerlo entrar en razón.

—Pelearé con él.

—No es una prueba de honor —debía recapacitar —, no hay honor de por medio.

—No hay honor en huir —mencionó orgulloso.

—No hay honor en morir por dinero —Pisada desvió la mirada un poco pensativo.

—Yo no moriré sí… púdrete —dijo sosteniendo su postura firme —, si yo pierdo me llevarán a otra prisión, no cambiara nada, piensa.

—Nadie es transportado a otra prisión —les habló el más viejo, ambos voltearon a verlo mientras él servía más agua —, aquí no, todos los que pierden desaparecen — Pisada tragó grueso —, nadie de aquí sale con vida —se alejó de ahí para seguir repartiendo el agua.

Po observó de nuevo a Pisada quién seguía congelado por esa revelación, era inevitable, sólo eran usados cómo un producto que ganaran dinero a costa de su sudor y energía.

—Entendiste, no tienes elección —Pisada asintió.

—Hijos de puta —murmuró en última instancia —, entiendo, me voy, vivir para pelear otro día —Po asintió sonriendo de forma efímera —, perfecto —Po alzó la mirada, tomó el mazo y lo levantó —, oye, te van a matar por esto.

—No, me necesitan para pelear, no van a destruir la pelea final —observó a su derecha que los gorilas se alejaban para orinar, dejando una oportunidad para no ser vistos.

—¿Por qué haces esto?

—Ya basta de hacer tantas malditas preguntas —golpeó con fuerza la cadena con el mazo, miró de nuevo hacia los lados.

—Dale —animó Pisada, volvió a golpear la cadena ahora más rápido —, anda, más fuerte, dale duro —seguía golpeando sin parar, los demás presos miraban la escena con asombro y emoción —, ¡más fuerte!, ¡carajo más fuerte!

Los gorilas se dieron la vuelta y observaron lo que pasaba, el mango del mazo se rompió por la fuerza empleada.

—¡Se escapa! —exclamó uno de ellos.

Las demás hienas que estaban abajo corrieron hacia ellos, Po y Pisada les dieron la cara. Uno de ellos intento darle un golpe a Pisada, pero el dio un puñetazo más rápido por el punto ciego impactando en la barbilla para luego darle en la mejilla noqueándolo. Po desviaba los ataques y luego contratacaba en los puntos más vitales; debajo del cuello, en la sien, en el abdomen las costillas. Los prisioneros gritaban alabando la pelea.

Pisada desarmó a uno de ellos para luego golpearlo sin parar.

—Maldito imbécil, miserable cerdo, hijo de perra, te vas a morir.

Otra hiena lo atacó por la espalda uniéndosele tres volviendo a golpearlo. Lo mismo era con Po, pero él dio una pata alta lanzándolo a dos metros de distancia y quitándole la llave a otro guardia. Tigresa y Garra se les unieron quitándole las hienas de encima a Pisada. Aprovechando la distracción, fue a donde estaba tirado Pisada, lo liberó, lo ayudó a levantarse y lo empujó para que corriera.

Los demás lo ayudaban a subir el monte para irse, pero algunas flechas llovieron detrás de él, pero no le dieron, Po les lanzó rocas cada uno igual que Tigresa y los demás presos.

—¡Largo! —le gritó a Pisada quién ya había logrado internarse en el bosque. Volteó recibiendo un golpe en la cara quedando inconsciente.

2

Mono estaba buscando en su antiguo baúl ropa y objetos un poco extravagantes para vestirse y no causar sospecha alguna, había bufandas, gorros y unos anteojos sin cristales.

—¿Cómo se supone que iremos? —preguntó Grulla dudoso.

—Tú vestirás con esto —le dio una bufanda, un gorro, los anteojos y una túnica que alguna vez perteneció a su abuelo, era de color café —, y yo —se puso una capa, una enorme bufanda y el shen-i de Grulla —, usaré esto.

—¡Oye!, ¡mi sombrero!

—No te alteres, sólo será por esta noche.

—Bien, pero después me lo devolverás.

—Sí, cómo digas.

—Miren a los ninjas ir en una misión de espionaje a un torneo de lucha —dijo Mantis en tono burlesco.

—Puedes búrlate todo lo que quieras, pero funcionará defendió Mono.

—¿Cómo reaccionó Víbora cuando le dijeron? —los dos voltearon a verse.

—Con calma y aceptó que fuéramos —dijo Grulla.

—Increíble —dijo Mantis sorprendido, en otro tiempo ella les daría más de mil razones para no ir, pero esta vez era la excepción —, que se diviertan —y salió de la habitación.

3

Saltaba dando rodillazos al costal, lanzaba patadas altas muy rápidas, estaba en buena condición para la pelea… sostenía las pesas de veinte kilos en sus hombros y saltaba haciendo flexiones.

Después de terminar su rutina se dirigió a su celda, sacó de la cajita otra jeringa con el líquido verdoso y se lo inyectó en el cuello, la sensación era fresca, la adrenalina fluía cómo el agua en el río.

Deseaba aplastar al Guerrero Dragón y coronarse cómo el mejor guerrero, y para lograrlo iba a usar todo lo que estuviera a su alcance, todo.

4

Despertó al sentir el golpe de agua fría en su cara, estaba tirado en el pasillo principal, con las manos esposadas tras su espalda. Estaba Hatsu y Abbadon delante suyo.

—Sabes –habló Abbadon —, de todos los peleadores de ti era del que menos pensaba que nos darías problemas, eres uno de los últimos en la lista.

—¿Dónde está Pisada? —preguntó Po preocupado de que lo hayan atrapado.

—Lo encontraran y se encargaran de él —dijo Hatsu, Po miró al suelo.

—Quiero hablar con Junko —Abbadon rio con cinismo.

—Ahora desea cosas —Po lo miró fijamente —, ¿crees que Junko o alguien más, te ayudará?, ¿acaso crees que Junko le importas tú?

—Pagar su deuda es lo que le importa al igual que su dinero, y yo le salvé la vida.

—Yo no metería las patas al fuego por eso —comentó Abbadon.

—¿Y eso qué significa?

—Significa que hubo cambio de planes —Junko entró por la puerta principal —, hice un nuevo trato Po —dijo serio —, lo siento, tú no podrás contra Bon, no en ese estado.

—¿Te uniste a estos infelices? —preguntó con enojo.

—Al dinero mi amigo —frunció el ceño y tensó la mandíbula, su odio interior despertó —, siempre me uno al dinero.

—Nosotros nos vimos obligados a improvisar —aclaró Abbadon —, ahora tu pelearas contra Bon en la final esta noche.

—Lo que ustedes me den, es lo mismo que yo les entregaré —dijo observando a Junko, estaba decepcionado y furioso por su traición.

—¿Disculpa? —Po lanzó un escupitajo al aire.

—¡Maldito traidor!

—Me agrada, y si llámame maldito traidor, ¿eso te convierte en qué?, ¿en el héroe?

—No, eso me pone mal.

—Bien caballeros, nos retiramos —dijo Abbadon saliendo de ahí junto con Junko y Hatsu, dos gorilas iban por Po y lo transportaban a su celda.

5

Faltaban alrededor de seis horas para comenzar las peleas, afuera de la cárcel los terratenientes hacían sus apuestas entregándolas al tesorero quien lo administraba.

Junko se dirigió a él con un costal lleno de dinero, eran los cincuenta millones que apostaría.

—Quiero hacer una nueva apuesta —dijo extendiéndole el costal.

—Por favor ni lo diga señor Junko —agarró el costal.

6

Golpeaba la pared casi queriendo romperse los nudillos, no había palabra para describir el estado en el que se encontraba, los dejaron a la deriva, dependía de ellos ahora el poder salir del lugar.

—Po detente —dijo Tigresa evitando que se hiciera más daño —, demuéstrales en el ring a esos estúpidos lo fuerte que puedes llegar a hacer, entonces sabrán que te prejuzgaron y lo lamentaran —Po asintió, eso haría y después escaparía y reanudaría su misión de salvar China.

—Si mi amor —besó sus labios con pasión, ella correspondía esa muestra de afecto, se deseaban en el fondo de su alma.

—No deberíamos hacerlo —dijo prudente, pues tal vez los atraparían.

—En este largo pasillo no hay nadie más que Garra, y no creo que él nos delate o si quiera le interese y los guardias han de estar besándole el culo a Hatsu y Abbadon, vamos tenemos tiempo suficiente para descansar.

No esperaron más y sus labios volvieron a juntarse, las patas de Po recorrían cada centímetro de la figura de Tigresa, igual ella la de él. Él comenzó a desabotonar la camisa de ella y ella le bajaba los pantalones, cuando retiró la camisa y la lanzó a un lado empezó a besarle y acariciarle sus pechos.

Ella ronroneaba excitada, era su parte más sensible, se acostaron en la cama y dieron inicio a los juegos… ninguno de los dos tendría piedad del otro, de eso ambos estaban de acuerdo.

Las lenguas jugaban dentro de ambos hocicos, cuanto anhelaron esto, pero en esos momentos necesitaban complementarse, ser uno mismo, para poder apoyarse y que nada les faltara. Los gemidos se expandieron por los pasillos, pero desaparecían de forma rápida y prolongada, estaban a salvo, por ahora.

7

Ambos estaban asombrados, Mono miraba el mapa y después a la puerta, no podía creer que fuese en ese lugar, no sólo corrían peligro de ser descubiertos, sino peligro de ser asesinados.

—Mierda —pronunciaron los labios de Mono.

–¿Ahora nos rendiremos? —preguntó Grulla un poco molesto por la inseguridad de él.

—No lo sé.

—Ya estamos aquí, no nos acobardemos —Mono asintió y entraron. El tesorero les dio la bienvenida y los condujo a las gradas, por los lados había hembras; leopardos, linces y lobos con vestimentas provocativas que con la mirada les coqueteaban, el rubor en las mejillas de Mono era un poco evidente.

—Mono no te emociones, son prostitutas —dijo Grulla haciéndolo entrar en razón.

—Lo sé, pero son hermosas.

—Por favor, se racional, no podrías llevarte a ninguna al menos que pagaras mil por hora.

—Está bien, vamos a sentarnos —fueron hacia la primera grada que estaba al ras del suelo.

8

El anunciador se subió a la arena, miraba para todas partes, el público estaba emocionado por la pelea de esa noche, la mayoría le apostaba a Bon y una minoría a Po, todos los apostadores se encontraban en la segunda planta ubicada al norte.

—Damas y caballeros, es un gusto tenerlos de vuelta aquí, ¿están listos para ver sangre? —todos gritaban afirmándolo.

—Bien primera pelea de esta noches es; la maestra Tigresa —Grulla y Mono se vieron sorprendidos y después a la arena, Mono sonrió, fue un acierto asistir —, en contra de Garra de Sangre.

Garra entro por la puerta este y subió de un salto al centro de la arena.

Tigresa caminaba por el pasillo oeste, estaba agarrada a la pata de Po, este le sonreía, le animaba a seguir, le dio un beso y se separó de él.

—Tu puedes Tigresa —dijo Po, ella salió del pasillo y subió posicionándose frente a Garra, quién la miraba serio.

—No me importa si eres hembra, yo ganaré —dijo él, se colocó en posición de ataque.

—Eso lo veremos felino —dijo ella, la pelea comenzaría cuando el lobo lo indicara.


Espero que les haya gustado, y con este capítulo, espero ahora si cumplirlo, desspido las vacaciones, el martes entro de nuevo a estudiar y el tiempo se verá reducido para escribir, pero creo que esta historia la terminaré antes que "En el Valle del Wing Chun", lo invito a leer esa también.

Espero que dejen sus comentarios que me sirven de apoyo para escribir y que mis ideas fluyan, a todos aquellos que siguen la historia agradezco que se tomen la molestia de leerla, eso significa mucho para mí. En el siguiente capítulo, la hora de la verdad llegará, la pelea final se efectuará, sólo habrá un ganador, pero, ¿quién sera?

Bien, sin más que agregar, nos vemos hasta el siguiente capítulo. Se despide su amigo y escritor:

CARPINTERO IMPERIAL