Hola, he regresado después de una semana de clases, me voy acostumbrando a ese ritmo de trabajo, pero me deja muy poco tiempo para crear, pero el poco tiempo lo aprovecho al máximo, bueno, debo decirles que me lleve una semana en terminar este capítulo, después de que el anterior me dejó un fuerte dolor de cabeza. Con ustedes el capítulo siete.
Sin más preámbulos comencemos.
Capítulo 7: La hora de la verdad
El viento soplaba fuerte, los troncos de bambú ejercían resistencia para no caer, las hojas se desprendían de ellos y volaban hacia un rumbo desconocido, los truenos empezaban a sonar en el cielo, la lluvia pronto haría acto de presencia.
En sus brazos grandes llevaba víveres para la resistencia, atrás de él Mono y Tigresa traían ollas llenas de agua, corrían, huían de los guardias imperiales, no debían ser atraparlos, debían llegar a dónde los necesitaban, con la gente que protegían del caos y las destrucción que hasta el momento había dejado la guerra.
Las gotas de agua comenzaron a caer y tocarles el cuerpo, poco a poco tomó fuerza hasta que se desató la tormenta, los caminos se estaban volviendo resbalosos, y la visión se interrumpía por el agua que golpeaba sus caras.
Se detuvieron en el centro del bosque, estaban desorientados, no podían percibir por dónde había que seguir, los rayos se manifestaron cayendo a veinte kilómetros de distancia, eran advertencias, no era correcto seguir si no podían ver bien el camino.
—¡Po!, ¿qué haremos? —preguntaba Mono viendo para todos lados.
—¡No lo sé! —cargaba en sus hombros toda la responsabilidad de llevar esos víveres.
Frente a ellos cayeron dos gorilas y frente a ellos un lobo de dos metros, traía puesta una gran armadura de metal y a su costado izquierdo enfundado un gran sable que medía lo mismo que él; era un samurái, desenfundó su katana y la apuntó hacia ellos.
—Están arrestados por el delito de alta traición y la condena será la muerte —Po lo miró fijamente, ¿desde cuando el emperador contactaba a Japón para pedir refuerzos militares?, no estaba seguro que el emperador lo enviara, pero no podía ser arrestado.
—¡Mono y Tigresa huyan! —ambos se vieron extrañados por la orden —, yo los detendré lo suficiente.
—Pero Po podemos ayudarte —dijo Tigresa con preocupación.
—¡No!, ¡deben proteger a los demás en la guarida! —indicó, Mono estaba sorprendido por sus palabras, el Po bromista y risueño estaba dormido en estos tiempos de crisis, ahora era un reflejo de Shifu —. Si algo me pasa júrame Tigresa que tu lideraras la rebelión.
—Pero Po…
—¡Júramelo!
—¡Está bien! —una lágrima brotó de su ojo derecho y rodó por su mejilla hasta desprenderse del pelaje.
—¡Váyanse! —ordenó con determinación, les lanzó los víveres a Mono y huyeron de ahí.
—¿Quiere que vayamos por ellos jefe? —preguntó el gorila que estaba a su derecha.
—No, derrotarlo será placentero, déjalos libres, después los capturaremos.
Po extendió su pierna izquierda hacia adelante sosteniendo su peso en la derecha, formando una "L", con las rodillas flexionadas y el talón izquierdo levantado, extendiendo su brazo izquierdo a la altura de la rodilla y el derecho a la oreja.
El samurái aventó su katana a un metro de distancia, se desplazó adelantando el pie derecho hacia el frente en postura de arco y flecha, impulsó su brazo derecho retrayendo el izquierdo a la altura de su costado para darle un golpe recto con sus nudillos anular y el de en medio directo al diafragma, Po lo desvió de forma diagonal con su palma izquierda y con su pata izquierda se deslizó hasta quedar frente a él y con la planta de la pata derecha hundió en su lado lateral de la rodilla derecha.
El samurái dio un golpe a la cara separándose y avanzó adelantando la pata derecha sosteniendo el peso ahí mientras retraía el brazo izquierdo al costado e impulsaba al derecho girando la cadera para dar el impacto; conectando el golpe directo a la cara contrayéndola, sin esperar nada empujó su pierna izquierda sosteniendo el peso en la derecha y con sus dedos dio una patada directo al diafragma mandándolo a volar cinco metros.
—¿Ese es el poderoso Guerrero Dragón? —preguntó con sarcasmo mofándose, Po comenzaba a levantarse con dificultad, escupía un poco de sangre, parecía que el golpe le reventó algunos tejidos.
Cuando por fin pudo ponerse de pie saltó hacia Hatsu con la intención de darle una patada cayendo en forma diagonal. Hatsu iba a hacer una defensa estaba a unos centímetros de llegar a él, pero Po giro sobre sí mismo cayendo al suelo y apoyándose con sus patas dio una patada giratoria en el suelo que lo derribó, los gorilas estaban impresionados por la gran pelea que Po estaba dando, Hatsu se levantó con un poco de dificultad debido a que se golpeó la cabeza.
—Bien —corrió hacia la katana, la tomó del suelo —, ¡soldados atáquenlo! —los gorilas embistieron, él no pudo detenerlos a ambos y terminaron proyectándolo contra el suelo, lo levantaron y Hatsu aprovechó eso e hizo un corte diagonal hacia la izquierda, cayó de rodillas cubriéndose la herida, la sangre brotaba con rapidez, no tardó en perder mucha sangre y se desmayó.
Recordar ese acontecimiento lo enfurecía, la cobardía del lobo no podía expresarse ni con el más repugnante insulto, pero según lo que le contó Junko, se enfrentaría de nuevo a él cuando llegaran a las costas, faltaba un kilómetro.
—Entonces cuando supiste el plan de Abbadon enviaste mensajeros a todas las naciones explicando que tenías al culpable de quién inició la guerra —Junko asintió orgulloso —, y también enviaste uno a los barcos samuráis explicando el engaño que el maldito de Hatsu hizo —nuevamente asintió sonriendo.
—Así es Po —habló Mono —, Sing descubrió la guarida y le dio el mapa al maestro Buey Tormenta, él fue por Mantis y Víbora y según dicen ya están en las costas.
—Bien, ¿y a los demás maestros que forman la rebelión en otra parte también se les envió el mensaje? —todos asintieron esta vez, ya no hacía falta más explicaciones, todo quedó comprendido.
1
La luna iluminaba toda la costa, las corrientes marinas arrastraban consigo conchas de mar y una que otra alga, hace más de dos horas que habían llegado, el viento era cálido, se sentía bien.
Víbora observó el cielo estrellado, era hermoso, fantástico, un espectáculo que muy pocos se detenían a apreciar, los líderes de las tres naciones y el maestro Buey estaban sentados en posición de loto, vestían una túnica negra que les ocultaba el rostro, esperaban pacientes que los demás llegaran.
—A Grulla le encantaría pintar esta noche, es una escena muy hermosa —Mantis volteó a verla con una sonrisa de comprensión y empatía.
—No te preocupes por él, no tardará en llegar.
—Sí, eso espero —dijo sonriéndole de igual forma.
—Sigo pensando, ¿fue buena idea dejar a los ciudadanos a cargo de Hee-Jing? —comentó Mantis.
—Sí, él ha demostrado ser muy maduro, sólo que su yo quedó en una transición en su niñez y adolescencia, pues no pudo consumarlas, pero se repondrá después.
—Nunca dejaré de repetirlo, pero fue muy bueno de tu parte hacerte cargo de él.
—Tenía qué, su padre murió y él quedó devastado, era tan sólo un niño indefenso —miró al suelo recordando la escena.
Shifu llegó serio, demasiado serio a comparación de otros días, tenía las patas detrás de su espalda, sostenía un pergamino.
—Alumnos necesito que vengan al Salón Sagrado de los Guerreros —algo andaba mal, normalmente no los citaba con tanta frecuencia al menos que fuera un mensaje importante o malas noticias.
Todos caminaron con rumbo al Salón, cuando los gansos encargados de la limpieza abrieron la puerta Shifu le pidió a Hee-Jing que se quedara afuera, eran asuntos que solamente los adultos debían hablar.
—Está bien maestro, iré a seguir entrenando —hizo el saludo del sol y la luna y se retiró de ahí, Víbora sonrió era tierno, siempre intentando superarse, era cómo Po cuando llegó al Palacio, sólo que más pequeño.
Las puertas del Salón se cerraron, permitiendo ahora sí a Shifu anunciar el mensaje que en ese pergamino estaba escrito.
—Tengo malas noticias —abrió el pergamino —maestro Shifu, le informamos que el comerciante Boseph murió en una emboscada cerca de Mongolia, intentamos salvarlo pero ya era tarde —todos estaban sorprendidos por la noticia trágica.
—¿Quién le envió el mensaje? —preguntó Mantis.
—Unos alumnos del maestro Cocodrilo, ellos fueron enviados a detener a los bandidos y salvarlo, pero al parecer fue demasiado tarde.
—¿Y qué pasará con el pequeño Hee? —preguntó Mono.
—Se lo ocultaremos hasta que sea el momento —dictó Shifu también un poco triste por la noticia.
—No maestro —protestó Víbora, todos la miraron sorprendidos —, debemos ser honestos con él, porque si tardamos posiblemente el termine odiándonos por ocultárselo.
—Víbora…
—Yo le diré maestro, y desde ahora en adelante me comprometo a cuidar de él como si fuera mi hijo —el maestro Shifu pudo sentir la determinación en sus ojos.
—Está bien Víbora.
—Es muy noble de tu parte Víbora —mencionó Tigresa sonriéndole.
El llanto no se hizo esperar al revelarle la noticia, las lágrimas brotaban sin parar, lo abrazó en un intento de consolarlo, le dolía también a ella, perder a un padre no era fácil.
—¿Por qué a mi padre? —de su nariz escurría mucosidad.
—El destino es así Hee-Jing, es parte de la vida —él había quedado huérfano, no podría cambiar eso, no podía hacerlo —, pero yo estaré para ti cuando lo necesites.
—Gracias maestra —se separó del abrazo, le dio un beso en la mejilla y se retiró de la habitación. Ese día Hee-Jing golpeó tan duro los postes de madera que sus nudillos se abrieron y las lágrimas se vieron suplantadas por la sangre que por sus nudillos escurría.
Ese día sello su compromiso, se convirtió en su madre y él en su hijo, esa era la forma correcta de llamar ese lazo que se creó, un lazo puro y sincero, nacido de la tragedia y el dolor.
2
Bajaron, caminaron por la extensa costa hasta llegar con Víbora, Mantis y el maestro Buey tormenta, Pisada cargó a Abaddon en sus hombros y lo lanzó al suelo a los pies de los tres encapuchados, se retiraron las capuchas revelando sus rostros; el primero de izquierda: pelaje marrón grisáceo, cuernos riza hacia atrás, era el gobernador de Rusia; Shura Gremory. Quién le secundaba el emperador de Mongolia: era un Takhi; Temujin Baran… y por último el emperador de China: Kuan Yen.
—Este es el bastardo de quién les comente en las cartas —habló Junko, Abaddon aún amarrado observaba las expresiones en los rostros de los líderes, poco a poco comenzaban a irradiar venganza e ira.
—¡INFELIZ! —gritaron tan fuerte que el sonido se propagó más allá del horizonte, se abalanzaron sobre él y lo golpearon de una forma brutal, todos, incluso Po estaban asombrados por el nivel de sadismo con el que castigaban a la gacela.
Picaban sus ojos, le aplastaban el cráneo, le daban cabezazos en el abdomen con tal fuerza que incluso podrían salírsele los ojos de orbita.
—¡HIJO DE PUTA! —las maldiciones e infamias en su contra seguían brotando de los hocicos de ellos, en ese momento no eran autoridades, eran padres que buscaban vengar la muerte de sus hijas para que así sus almas pudiesen descansar en paz.
—Está bien señores, creo que es suficiente —interfirió Buey Tormenta, el cuerpo de Abaddon parecía una masa para dumplings, su ojo derecho estaba hinchado, tenía severas inflamaciones en las mejillas, frente y hocico, tenía una gran cortada la nuca que sangraba sin parar.
Miraron a su derecha, los barcos arribaron a la costa, los samuráis bajaron y agitaron su bandera en son de paz, no deseaban pelear, sólo querían arreglar las cosas.
—Que tierna escena —habló una voz en tono sarcástico, alguien que todos despreciaban y deseaban asesinarlo —, el estúpido de Abaddon hecho una mierda, los papis de sus hijas reunidos y los soldados imperiales japoneses acaban de llegar.
—Tú maldito infeliz —Atsushi se acercó a él viéndolo de frente y con autoridad —, ¿cómo te atreves a enviar un mensaje al emperador pidiendo auxilio?, si lo único que ibas a hacer era utilizarnos —lo tomó del cuello alzándolo al aire por unos centímetros —. Pagaras por tu maldita codicia —la katana le atravesó el estómago perforando la armadura, la sacó de ahí, el agarré perdió fuerza, la sonrisa en la cara de Hatsu se amplió enormemente, todos se estremecieron, no le importaba asesinar a uno de los suyos —, eras nuestro hermano —cayó arrodillándose con sus patas en el abdomen cubriéndose la herida, en un movimiento rápido la katana le cortó la cabeza arrojándola al mar, el cuerpo cedió a la gravedad quedando inerte en la arena.
—¡Eres un monstruo! —exclamó el segundo al mando corriendo hacia él, pero Po se interpuso en su camino —, ¿qué hace?
—Esta no es tu pelea, es la mía —el soldado arrugó el entrecejo.
—Pero mató a uno de los nuestros.
—Déjamelo a mí, yo vengaré su muerte y restaurare su honor y su memoria perdurara.
—Está bien —dijo a regañadientes, se retiró de ahí.
—¿Entonces ahora pelearas en serio? —se burló y rio de una forma siniestra y diabólica, extendió su katana tomándola con la pata derecha apuntando a la cabeza del panda —, ¡morirás en tan solo un movimiento estúpido!
Corrió hacia él, dejando caer la hoja en diagonal hacia abajo, el samurái le lanzó su sable a Po, quién cubrió muy bien el ataque, dándole una patada al abdomen quitándoselo de encima. Hatsu saltó agarrando el mango con ambas patas cayendo en dirección vertical queriendo clavar el sable de forma recta, Po giró en un ángulo de noventa grados hacia la izquierda y con un movimiento veloz golpeó la katana arrojándola lejos dejándolo indefenso.
—¿Cómo lo lograste?
—Es más simple de lo que parece —mencionó arrojando su sable al samurái.
—Bien, pelearemos a tu modo Guerrero Dragón.
Se desplazó adelantando el pie derecho hacia el frente en postura de arco y flecha, adelantando el brazo izquierdo queriendo impactar un golpe con el canto de su pata en el cuello, Po giró su brazo derecho dibujando un gran círculo desviando el golpe haciendo que Hatsu girara levemente exponiendo su costado, en ese instante se deslizó hasta estar a cinco centímetros de sus costillas juntando sus palmas impactando el golpe de fuego lanzándolo a cinco metros. Hatsu se levantó de forma muy rápida y corrió con una velocidad impresionante intentando embestirlo, Po desvió el ataque girando a ciento ochenta grados en postura del gato quedando a su lado derecho, Hatsu se agachó y con su brazo izquierdo rodeó el cuerpo de Po a la altura de la cintura, manteniendo la pata derecha con una presa en su pantalón.
Hatsu estiró las piernas sujetando con fuerza a Po con ayuda de sus brazos, empujó su abdomen hacía arriba y lo elevó, se arqueó hacía atrás apoyándose en el suelo y proyectó a Po detrás de sí mismo sobre la espalda, dejándolo inconsciente por el impacto en el suelo.
—¡Vuelvo a confirmar que no eres más que un simple niño que juega a ser un guerrero! —Tigresa se enfureció, quiso saltar, pero Pisada la detuvo antes de que siquiera moviera una pierna, negó con la cabeza reprochando la acción que iba a hacer, no era su batalla, Po la resolvería.
La furia del emperador se desató, no podía mirarlo, no se sentía digno de ello, tenía la cabeza gacha, fracasar esa misión lo hizo sentirse miserable, nunca en su vida se tan inútil cómo en esa ocasión.
El emperador dependió de él, colocó todas sus esperanzas en los Cinco Furiosos y él, y lo único que lograron fue hacer que el encapuchado huyera con su hija.
—Por favor guerrero dragón retírese —pidió su alteza decepcionado, puso su pata en su frente tapando también sus ojos, no quería que lo vieran triste, vulnerable y desdichado.
—Sí su alteza —se retiró del Palacio, aún con la mirada en el suelo, no podría remediar el acontecimiento en el territorio siberiano, y no habría forma de hacer justicia sin saber la identidad de aquel encapuchado.
Los dedos se movieron de forma lenta, poco a poco se levantaba, lo encaró otra vez, ahora estaba seguro que lo vencería, eso lo demostraría.
—Bien, veo que deseas morir —Po frunció el ceño y apretó la mandíbula —, te concederé ese deseo.
Corrió hacia él saltando intentando dar una patada voladora, Po simplemente se hizo a un lado mientras ejecutaba una defensa media a la altura del hombro con el brazo derecho, con el pie izquierdo adelantado el pie derecho enraizado al piso en la postura de arco y flecha, ocasionando el rompimiento al ataque de Hatsu, haciéndolo caer de espalda al suelo. Los samuráis estaban sorprendidos, ese era una defensa de karate-jitsu, sólo ellos sabían usarla.
Hatsu se puso de pie, apretó los puños molesto, ¿cómo había logrado hacer esa defensa sí sólo él la sabía?, su respiración se aceleró, estaba a punto de atacar. Pero Po fue más rápido, en menos de un segundo se impulsó hacia adelante levantando con ambos brazos el cuerpo completo dando una voltereta lateral conectando una patada con el empeine directo a la nuca, era un estilo desconocido para los demás, pero sólo Junko, Tigresa, Pisada y Hatsu lo conocían, era el estilo de Andriago… Hatsu estaba en un caos, no distinguía nada, todo estaba borroso, Po giró ayudado con sus brazos y los talones para luego desde el suelo dar una patada giratoria con el talón directo a la mandíbula recibiendo el impacto dejándolo tambaleándose, Po retrocedió y se impulsó hacia adelante girando como una bola en el aire impactando contra su pecho lanzándolo a un metro de distancia. Con el dorso de su pata Hatsu se limpió el labio inferior notando la sangre que brotaba, rugió y saltó con la intención de impactar un puñetazo en su cara, Po lo ganchó con sus piernas haciendo una voltereta hacia atrás proyectándolo contra el suelo para así lograr hacer una llave de sumisión, con sus pies cómo si de una palanca se tratase, rompiéndole el brazo en el acto.
—¡Ah! —gritó de forma desgarradora, por cuarta vez se puso de pie, embistió tratando de derribarlo, ya no pensaba, era sólo el instinto quien lo conducía en la lucha, Po en postura de arco y flecha impulsó su brazo derecho retrayendo el izquierdo a la altura de su costado para darle un golpe recto con sus nudillos anular y el de en medio directo al diafragma haciéndolo caer de rodillas sofocándolo, la sangre salía de su boca sin parar, y a no se levantaría, el combate había terminado, Po tomó una postura normal.
—Hasta aquí llegaste estúpido infeliz —dijo Po, jadeaba, estaba agotado, dos combate en una noche era más de lo que él pudiera soportar.
—Adelante hazlo —le retó, pero no sabía con exactitud a qué —, ¡mátame!, ¡mátame y cumple tu venganza! —miraba al suelo, no quería verlo de frente, no en ese estado.
—Yo no soy un monstruo cómo tú —Hatsu gruñó molesto.
—Siempre has sido un cobarde, y siempre lo serás Guerrero Dragón —el filo de la katana degolló su cabeza que rodó por el suelo hasta la orilla del mar, Po volteó a ver al actual capitán de los samuráis quién fue el causante de su muerte.
—Eso es por nuestro hermano Atsushi —enfundó su katana y se dirigió a los barcos indicándole a los demás que subieran y cambiaran el curso de regreso a Japón.
—¡Oye! —habló Po acercándose.
—¿Qué se le ofrece Guerrero Dragón?
—¿Qué le dirás a tu emperador?
—La verdad, que perdimos a uno de los nuestros por la ambición y el deseo enfermo de conquistar de Hatsu, casi pudo haber manchado nuestro honor… pero me alegra que haya acabado por fin, así que volveremos a casa y nos llevaremos el cuerpo de Atsushi para darle un entierro y una ceremonia honorable para conservar su honor —Po lo extendió la pata en señal de respeto y amistad de las dos naciones.
—Me llamo Morihei.
—Y yo Xiao Po.
—Bueno Po nos retiramos, y espero que este incidente no vuelva a repetirse.
—Lo mismo digo —Morihei subió a su barco y dieron la vuelta alejándose de ahí. Po regresó a donde estaban sus amigos, el maestro Buey y los líderes.
Se reverenció en señal de respeto, dado por concluido la misión.
—Guerrero Dragón —habló Shura —, tu perseverencia en la resolución del conflicto es una muestra del verdadero héroe que eres, no sólo has traído la paz a China, sino que resolviste el conflicto por el cual estábamos en guerra… por eso quiero darte la gracias de todo corazón.
—Igual yo —dijo esta vez Temujin —, eres un gran guerrero, no sé cómo habría terminado esto de no ser por ti —era un honor que ellos lo alabaran, pero lo que distinguía al héroe era la humildad, no podía permitirse dejarse llevar por esos lujos.
—Xiao Po, el Guerrero Dragón — Kuan le colocó un collar de oro —, acepta este presente cómo símbolo de mi gratitud y una disculpa sincera por perseguirte a ti a tus amigos.
—Está bien emperador, no creo saber lo doloroso que es perder un hijo, pero sé que perder a alguien muy querido es algo trágico, así que por eso no se disculpe, lo entiendo.
—Bien, nos retiramos —dijo Kuan observaron a Abaddon en el suelo sangrante y mal herido, los tres se vieron las caras y asintieron —, dejen aquí a Abaddon, si los dioses se apiadan de él vivirá para ver la luz del sol, pero si no esperemos que se pudra en el infierno —y subieron al Zhao Xiaoqiang que era jalado por un gorila.
—También nosotros —dijo Junko indicándole a Pisada que subiera al otro transporte.
—¿Te irás con él? —preguntó Po sorprendido.
—Sí, peleare para él en unos cuantos torneos en Japón y después harán que me lleven a mi hogar.
—Así que este es el adiós.
—No, sólo un hasta pronto, todavía tenemos algo pendiente.
—La pelea —Po sonrió y lo abrazó en señal de amistad.
—Hasta luego Xiao Po —subió junto a Junko mientras Sing se quedaba con Mono sorprendiendo a los demás.
—Adiós maestra Tigresa y Guerrero Dragón —se despidió Junko para que luego el otro gorila jalara el carro y se fueran de ahí desapareciendo entre la vegetación.
—Sigo preguntándome lo mismo —habló Mono dirigiéndose a Sing —, ¿por qué hiciste eso?
—Si tanto deseas saber, fue hace seis años en Gongmen, tú me salvaste de unos soldados imperiales —la mente de Mono se iluminó.
Ella corría para sobrevivir, los callejones eran muy estrechos y los soldados eran más de diez, parecían un mini ejército, no saldría con vida de esta.
Llegó hasta un callejón sin salida, estaba acorralada, un guardia impulsó su lanza hacia adelante para intentar matarla, cerró los ojos esperando su inminente final, pero no sintió nada, frente a ella estaba un Mono que tenía la lanza en las dos patas.
—Atrévanse a hacerle algo y juro que lo lamentaran —apuntó hacia ellos, ellos embistieron, pero el con una increíble agilidad logró esquivar sus ataques, matando a cinco en el proceso, cuando acabó con ellos huyeron de ahí.
—Gracias —dijo ella sonriendo, estaba feliz de que le salvara la vida.
—¿Estás bien? —preguntó asegurándose de que todo estuviera en orden.
—Sí, ¿cómo podré pagártelo? —él se sonrojó un poco por los pensamientos que por su cabeza rondaron, era una leopardo bastante atractiva, pero era su deber proteger a los más débiles, aún después de que su título de guerrero fuera eliminado.
—No es nada, es mi deber —ella le sonrió y le dio un beso en la mejilla.
—¿Con eso será suficiente? —Mono exhaló de forma lenta y cursi.
—Sí, deberías irte, no vaya a ser que te encuentres con más de esos malditos.
—Tal vez si me encuentro en otra situación igual volverías a salvarme.
—Eres divertida, ¿cuál es tu nombre?
—Sing.
—Yo soy Mono.
—Qué curioso nombre para alguien que es un mono.
—Siempre me lo dicen, bueno Sing, me retiró —y se fue de ahí saltando entre los tejados para regresar a la guarida.
Estaba anonadado, recordaba muy poco ese acontecimiento, pero ahora eso explicaba muchas cosas.
—A partir de ese momento me enamoré de ti —Víbora se le salió un suspiro dejando ver de nuevo su lado cursi que por años permaneció dormido —, después descubrí que eras un maestro de wu shu y al encontrarte mi corazón volvió a latir cómo en esa ocasión.
—En ese caso —Mono besó sus labios, era un tipo con suerte, de eso estaba seguro, nadie podría negarlo, ni siquiera los dioses —, vámonos a casa —dijo cortando el beso, todos caminaron de regreso a Gongmen para anunciarles a todos las buenas noticias.
Espero que les haya gustado, los invito a que dejen sus comentarios, ya que son una inspiración para continuar, es muy reconfortante saber que les gustan mis historias, los invito también a leer las otras historias.
Debo adelantar que esta historia concluira con el siguiente capítulo, no se cuando lo vaya a comenzara escribir, pero mi mente me dirá cuando deberé hacerlo, ha sido muy reconfortante escribir esta historia para ustedes, gracias para aquellos leen esta historia. Se despide su amigo y escritor:
CARPINTERO IMPERIAL
