CAPÍTULO IV

UNA SOLUCIÓN


La noche si bien parecía que traería paz a la gran mayoría de los habitantes, en realidad no lo fue tanto… el fragor de la batalla que recién había concluido aún estaba presente en la mente y corazones de todos.

King no era la excepción: unos recuerdos muy dolorosos invadían sus sueños y no le permitían descansar, se movía de lado a lado en la hamaca mientras estrujaba con mayor fuerza a Chastiefol, sin lograr despertar de la pesadilla- Helbram… -susurraba dormido al recordar la batalla que tuvo con su mejor amigo, no podía olvidar su rostro sereno mientras recibía el último ataque del girasol… esa sonrisa sincera era lo que más le atormentaba.

De pronto logró despertar, se llevó ambas manos a la cabeza mientras unas cálidas lágrimas se deslizaban por sus mejillas… Se mantuvo en esta posición unos minutos. Aún no había amanecido, aunque la claridad ya empezaba a abrirse paso tímidamente entre la penumbra de la noche.

Dirigió su mirada hacia Ban, que dormía profundamente en su cama, sea lo que fuere que le atormentara el día anterior no le atormentaba en los sueños como a él; instintivamente levitó fuera de la hamaca y se aproximó a la ventana para ver a Diane, la encontró recostada aún… durmiendo supuso él y sonrió tiernamente: verla siempre le daba una calidez especial en el corazón que le tranquilizaba… nuevamente se volvió a recostar en la hamaca y se dispuso a seguir durmiendo.

Lo que él ignoraba o no pudo notar porque aún estaba muy oscuro, era que Diane no estaba dormida, ni tranquila… lloraba con desesperación al recordar los muchos y los hermosos años que pasó al lado de King cuando era una niña y por más que intentaba forzar su mente, no lograba recordar cómo había sido posible que ella olvidara a su amado Harlequin, si era más que obvio que él era todo para ella.

Y sobre todo, lloraba más de la pena al recordar la infinidad de veces que le dijo a King que amaba al Capitán y las muchas veces que le demostró su amor por él… y el rostro y la mirada de King luego de esas confesiones y muestras de afecto… la tristeza y melancolía que se reflejaban en esos ojos tan amables que ella tanto amaba…

Se arrepentía tanto y se culpaba aún más por haberlo olvidado… ¿cómo había sido posible que ella lo olvidara? Por más que pensara al respecto, no encontraba ninguna explicación.

Unas aves empezaron a cantar a la distancia, anunciando la inminente salida del sol… esto logró distraerla un poco, había llorado tanto que con seguridad sus ojos estaban rojos… por ningún motivo podía permitir que le vieran así, en especial que King le viera así… sería como confirmarle que lo que había pasado entre el capitán y Elizabeth le había afectado muchísimo, sin pensarlo siquiera se incorporó dispuesta a alejarse lo más posible del Boar Hat hasta que lograra tranquilizarse y pensar más a detalle cómo arreglar las cosas, porque definitivamente tenía que arreglar todo con él…

Lo amaba, de eso estaba completamente segura… lo que le hacía dudar era si él aún seguía amándola como en aquel entonces cuando le prometió amarla por siempre… quería creer que sí, especialmente luego de verlo luchar por ella con tanta fiereza, incluso al punto de arriesgar su vida.

Se aproximó a la ventana de la habitación de King y lo vio profundamente dormido en su hamaca y a Chastiefol levitando a su lado, Diane sonrió sin siquiera darse cuenta de ello, no importaba qué hubiera pasado… él estaba allí… con ella… así como lo había prometido muchos años atrás, a pesar de todo y aún luego de escucharla muchas veces declarar su amor por el capitán.

Ya se vislumbraban los primeros rayos del sol y esto logró distraerla, así que se apresuró a dirigirse a las afueras de Liones, con la intención de esperar unas horas a que el semblante de su rostro no demostrara que había estado llorando y de paso a pensar un poco más en cómo hablaría con King ahora que había recuperado todos sus recuerdos sobre él, definitivamente tenía que arreglar las cosas… pero estaba muy nerviosa… de pronto King ya no era el King que ella creía conocer… King era su amado Harlequin, no podía verlo ni tratarlo de la misma forma como lo había hecho desde que era parte de los Siete Pecados.


King lentamente abrió los ojos y bostezó, ya la claridad había inundado completamente su habitación, dirigió su mirada a la cama y ya no observó a Ban allí- seguramente salió hace ya tiempo –pensó, después de todo siempre era King el último en despertarse.

Bostezó nuevamente y se desperezó, instintivamente se dirigió a la ventana, con la esperanza de encontrar aún a Diane durmiendo, aunque ya sabía que no la encontraría ahí, ella también se despertaba antes que él.

Le restó importancia al hecho de no verla dormida, sonrió y se apresuró a salir de la habitación… esperaba encontrarla en los alrededores del Boar Hat, y no estaba dispuesto a perder ni un solo segundo lejos de ella.


Pero Diane no estaba cerca del bar, estaba en el este, a las afueras de la capital de Liones, sentada en el bosque observaba ensimismada una flor silvestre, con sumo cuidado le daba vueltas a la diminuta flor entre sus dedos mientras más y más recuerdos se agolpaban en su mente, observaba la flor… pero su mente divagaba en la vez que, cuando discutió fuertemente con Matrona por haber enviado a Dolores a esa misión, su corazón le recordó a Harlequin y ella tontamente lo había confundido con el capitán.

¿Cómo pude? –Se cuestionó mientras dejaba caer la flor al suelo y se llevaba ambas manos a la cabeza- ¿cómo pude engañarme a mí misma? era él, siempre lo supe, pero… ¿por qué…? ¿Por qué me engañé a mí misma pensando que Harlequin era el capitán? ¿Por qué lo olvidé? ¿Cómo pude hacerlo?

Nuevamente su mirada se nubló y unas gruesas lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas, trató de limpiarlas con ambas manos, pero más y más lágrimas continuaban saliendo de sus ojos…

Hubiera continuado llorando mucho más tiempo de no ser porque escuchó un ruido extraño proveniente de los matorrales tras ella, rápidamente volteó la mirada y se puso en guardia, sin embargo se tranquilizó al observar salir a Merlín de los arbustos.

Diane, ¿Qué haces aquí? –le interrogó la recién llegada.

Eh… yo… necesitaba tiempo libre para pensar… -respondió en casi susurros preocupada de que Merlín iba a interrogarla respecto a su deplorable estado.

Ya veo –dijo Merlín sin prestarle demasiada atención a su respuesta mientras dirigía su mirada hacia el cielo y daba unos pasos delante de Diane.

¿Buscas algo? –Inquirió la gigante al ver a su compañera tan contrariada.

Merlín le devolvió la mirada y sonrió- no, no es nada, sólo seguía un rastro, pero tal parece que lo que busco ya no está –respondió cruzándose de brazos y observando más detenidamente a Diane- ¿te sucedió algo? El capitán me comentó sobre su enfrentamiento con Hendricksen, pero tu parece que no lo has superado aún –acotó tranquilamente.

Diane desvió la mirada azorada, no sabiendo qué hacer o decir… no quería contar a Merlín toda su historia con King, especialmente esa parte donde lo había olvidado y confundido con el capitán, lentamente volvió a dirigir su mirada hacia Merlín, corroborando que ésta seguía en silencio observándola- ¡Mira como está mi ropa! –Explicó, no sabiendo más que decir- no puedo estar con los demás cuando estoy vestida así…

Afortunadamente, creo que tengo la solución perfecta para tu problema –dijo con seguridad Merlín y sin dar tiempo de nada, Diane se encontró a sí misma en un lugar desconocido, una ciudad como Liones, pero no era allí… se habían teletransportado gracias a la magia de Merlín.

Espera un momento –indicó Merlín tranquilamente, mientras ingresaba a una torre del castillo, Diane le veía alejarse incapaz de siquiera preguntar qué estaba pasando, sin lugar a dudas había sido una forma muy efectiva de cambiarle abruptamente los pensamientos.

Un grupo de niños pasaron corriendo a su lado y se detuvieron admirados al ver a la gigante, logrando incomodarla con sus expresiones de asombro; no pasó mucho tiempo antes de que Diane recordara ese horrible sentimiento de no encajar con los humanos al ver que muchos la evitaban y hablaban entre ellos a susurros, seguramente respecto a ella.

Pero para su alivio Merlín regresó pronto trayendo consigo un pequeño frasco y un pequeño paquete- ¿Qué te parece? –preguntó mostrando un vestido que sacó del paquete a Diane.

¡Es muy bonito Merlín! –Exclamó con algarabía, olvidando su reciente molestia- pero tú no usas ese tipo de vestimentas –añadió confundida mientras tomaba entre sus dedos el pequeño vestido y alternaba su mirada entre el vestido y Merlín.

No es para mí –explicó tranquilamente Merlín- es para ti, así puedes quitarte esa ropa andrajosa y unirte a la celebración en Liones… para que puedas usarlo necesitas tomar esto –añadió ante la mirada confundida de Diane y le mostró el frasco- Artículo mágico número 172, o tabletas reductoras… tomas una píldora de estas y durante siete horas tendrás el tamaño de un humano normal, aunque conservarás tu fuerza.

Una auténtica sonrisa de felicidad se formó en el rostro de Diane al imaginar todas las posibilidades que tendría al tomarse una píldora, Merlín también sonrió complacida.


Mientras tanto, King buscó y buscó por mucho tiempo a Diane en los alrededores del Boar Hat, incluso buscó en la capital al no encontrarla decidió regresar al bar y esperó un tiempo a ver si ella regresaba, desesperado luego comenzó a atormentar a Ban preguntándole una y otra vez si había visto a Diane, obteniendo siempre la misma respuesta negativa.

Finalmente muy apesumbrado decidió regresar a la ciudad acompañado por Oslow y se detuvo en la cima de una torre, el sabueso negro se acomodó sobre él como siempre solía hacerlo y ambos observaron a los humanos trabajar arduamente en la reconstrucción de la ciudad.

Pero en la mente y el corazón del Rey de las Hadas solo había lugar para ella… para su amada Diane…