CAPÍTULO V
SÍ QUIERO
Suspiro
Diane debe estar muy deprimida… luego de ver al capitán y a Lady Elizabeth así… yo estaría deprimido también –susurró para sí mismo King, sin apartar su mirada de los hombres que trabajaban.
Oslow, aún acomodado sobre su espalda le respondió con un pequeño ladrido.
No… no hay nada de malo con que el capitán se lleve bien con la princesa, pero… si tomo en cuenta los sentimientos de Diane, no puedo alegrarme completamente –añadió y de pronto una indescriptible felicidad recorrió su cuerpo provocando que se incorporara, expulsando a Oslow de su espalda en el acto- ¡Eso es! ¡¿Acaso no es esta la oportunidad perfecta que estaba esperando para que Diane se enamore de mí?! –exclamó.
Pero con la misma velocidad con que la determinación había hecho acto de presencia en el rostro de King, se había ido y en su lugar había dejado la inseguridad propia del rey de las hadas, quien no soportando más la pena que le embargaba al imaginarse siquiera el poder hablarle sobre sus sentimientos a Diane se cubrió la cabeza con su capucha- ¿Pero cómo hago para que se enamore de mí? Si Diane solo me ve como un amigo… -se preguntaba a sí mismo, pero los insistentes ladridos de Oslow le distrajeron un poco.
¿Que si debería ayudar a los humanos? Está bien, está bien, soy un hada –respondió al sabueso pero sin dejar su posición actual, los continuaba observando hasta que notó que uno de ellos estaba muy distraído como para darse cuenta que una columna de madera iba a caerle encima.
Sin dudarlo, King se abalanzó hacia el lugar y utilizando su poder logró hacer levitar la columna justo a tiempo para que no dañara al humano- No deberías distraerte así, ¿sabes? –dijo con determinación al hombre que lo observaba aún impactado.
Sí… sí… gracias… -se disculpó el humano- pensaba en mi esposa, ella me dejó hace tiempo y dejé de prestar atención en lo que hacía –susurró.
Lo… lo dejó… -susurró para sus adentros King, pero al asociar esta situación con Diane, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo y se imaginó una escena donde la gigante se alejaba de él, recordó que no la había visto desde esa mañana y que precisamente la estaba buscando.
¡No! Podría ser que ella nos dejó por el impacto de ayer al… -comenzó a preguntarse a sí mismo, pero no pudo terminar pues por su reciente distracción olvidó seguir haciendo levitar la columna y esta cayó justo encima suyo, arrastrándolo hacia el suelo- ¡es… pesado! Por favor… ayúdenme! –exclamó con desesperación.
Pronto más hombres rodearon a King mientras algunos exclamaban que un chico había sido aplastado por una columna.
El rey hada empezó a sentir que el peso de la columna comenzaba a asfixiarlo, sin embargo de pronto se sintió liberado- no deberías distraerte así, King -escuchó decirle una voz que él conocía perfectamente bien, mientras los hombres murmuraban asombrados que la chica había podido levantar la columna con una sola mano.
King se volteó para observar a quien le había salvado- ¿Di... Diane? -susurró mientras la chica le devolvía una grata sonrisa.
Minutos después Diane le explicaba a King la razón por la cual tenía el tamaño de una humana mientras él le observaba aún asombrado- ¡Una píldora funciona por siete horas! -exclamó emocionada- Merlín es una genio ¿verdad? -concluyó al percatarse que su interlocutor no le respondía nada, estuvieron unos segundos en silencio.
¿Qué pasa King? -se animó a preguntarle Diane confundida- ¿me... veo rara con esta ropa...?
Él notó el dejo de preocupación en su voz y se apresuró a ordenar sus ideas para expresar todo lo que había estado sintiendo desde que la había vuelto a ver, en realidad había creído que ella se había alejado por lo del capitán y la princesa- no... uh... ¿cómo decir esto...? -fue lo único que logró articular.
Diane no entendió lo que él trataba de decirle y lo interrumpió- ¿o es extraño que me vea pequeña? -le preguntó mientras mantenía una sonrisa avergonzada en el rostro y bajaba la mirada, temerosa de lo que él podría decirle, después de todo King ya no era solo su compañero en los siete pecados capitales... su aprobación era demasiado importante porque deseaba con todas sus fuerzas agradarle, ver que aún tendría alguna oportunidad.
¡No, no es eso! ¡No es lo que intento decir! -exclamó King mientras negaba con todas sus fuerzas ocasionando que Diane levantara la mirada para observarlo- es solo que... ya seas grande o pequeña, tú eres siempre tú. Eso es lo que pienso. -concluyó el rey hada con una amplia y sincera sonrisa.
Sin percatarse siquiera, Diane se sonrojó y sonrió tiernamente: ahí estaba él frente a ella sonriéndole, su amado Harlequin, aquel que le había dado momentos tan felices en su niñez, aquel que la había protegido aún a costa de su propia vida... la persona más importante en su vida, a quien creyó haber perdido hacía muchos años atrás... él seguía ahí con ella, como se lo había prometido...
Tras unos segundos, Diane instintivamente tomó su cabello y se cubrió los labios con el mismo, así como solía hacerlo cuando estaba avergonzada- Pero, claro! King, tonto! -fue lo único que logró decir.
Eso... fue tan raro? -Inquirió él confundido, pero de pronto recordó el festival- ya que el festival nacional de fundación es mañana, ¿por qué no invitas al capitán? ¡estoy seguro que él no te rechazará! ¡no, estoy seguro que nadie podría rechazarte, Diane! -exclamó sin siquiera pensarlo, inmediatamente cayó en la cuenta que él mismo estaba lanzando a su amada Diane a los brazos del capitán ¡Oh, soy un estúpido, estúpido, estúpido! pensó.
Diane, por el contrario, al escuchar a King sintió una terrible decepción... pero no hacia él, sino hacia sí misma, ella le había dicho muchísimas veces a Harlequin que estaba enamorada del capitán, era normal en el rey hada buscar la felicidad de ella aún a costa de la propia... ¡pero ya había sido suficiente! tenía una oportunidad y no iba a desaprovecharla- ¡Muy bien! ¡entonces voy a preguntarlo! -exclamó con decisión.
King casi pudo escuchar como su corazón se rompía al escuchar esto último, pero todo había sido su culpa... él lo había provocado: había tenido la excusa ideal para tener un tiempo con ella y en su lugar le había aconsejado que se fuera con otro... oh... no había en el reino alguien más estúpido que él, bajó la mirada al suelo.
Diane se inclinó levemente y le sonrió- ¡King! ¿Irías al festival conmigo? -preguntó con determinación.
El rey hada parpadeó, aún confundido, ¿había escuchado bien o le traicionaban sus oídos? ¿acaso Diane, su amada Diane, le había pedido ir con ella al festival? estaba seguro que había escuchado bien, pero era algo demasiado maravilloso, demasiado increíble para ser real, ¿podría estar pasando? levantó la mirada para observar a Diane.
¿Podrías repetirlo? -fue lo único que logró articular, pero al mismo tiempo no esperó a que ella le aclarara y se apresuró a añadir- No, no, si voy me entrometeré entre ustedes dos...
Lo que quise decir es que quiero ir contigo, King -le interrumpió ella decidida.
La había escuchado perfectamente bien en esta ocasión, estaba seguro... acaso Diane, ¿realmente quería ir con él? había... ¿esperanza? no, no podía ser verdad... ¿o sí?- ¿Podrías repetirlo? -volvió a preguntar y con esta pregunta se le iba el alma, de lo que Diane respondiera dependía su felicidad o su desdicha.
Pero ella continuó firme- King, quiero ir contigo al festival, ¿quieres ir tu conmigo? -preguntó por tercera vez.
El rostro deprimido del rey se iluminó inmediatamente y una sonrisa auténtica se formó en su rostro- Sí quiero, Diane -respondió sin dudar.
Ella también sonrió aliviada, por un momento temió que King fuera a rechazarla, pero verlo sonriendo tan genuina y felizmente le dio esperanza, una esperanza que creyó perdida, una esperanza que le reconfortaba el corazón y le hacía soñar con un futuro feliz a su lado... y se pensaba aferrar con todas sus fuerzas a ese futuro soñado con él.
Ya había sufrido muchísimo por haberlo olvidado... ahora solo pensaba en pasar todo el tiempo que fuese posible a su lado, no dejarlo ir nunca más... amarlo hasta el último aliento...
