Capitulo 5

Regina levantó la vista del ordenador y no podía creer lo que estaban viendo sus ojos, no era posible que la mujer rubia de ayer, esa mujer que le derramó el café encima, que le sacó absolutamente de sus casillas y le dejó con la palabra en la boca y que para que engañarnos, no había sacado de su cabeza desde entonces, estaba ahí, en su despacho, enfrente de ella.

Por otra parte Emma se encontraba en la misma situación de asombro, ella esperaba encontrarse a un cincuentón, calvo y con bigote, con un puro en la boca alardeando de su fortuna y lo que se encuentra es a la diosa del olimpo, con la que tuvo ayer semejante encontronazo, sentada en su "trono", con ese aire de suficiencia y esa mirada penetrante recorriendo la de arriba a abajo.

Regina, una vez asimilado lo que tenía delante se levantó de un salto, para ponerse a su altura y ambas se quedaron mirando por unos segundos, paralizadas, sin saber que decir, con un cosquilleo recorriendo sus cuerpos, hasta que dos hombres de seguridad entraron corriendo en el despacho,sofocados y con miedo a una posible reprimenda por parte de la jefa sacándolas de esta forma de sus "mundos", donde se habían sumergido inconscientemente.

- Señora Mills, disculpe, se nos ha escapado, enseguida la sacamos de aquí.- Intervino uno de los hombres.

- No. - Afirmó Regina, secamente, sin quitar sus ojos de Emma, la cual estaba asombrada al igual que los presentes de que la morena no la sacara ella misma a patadas.

- Pero señora... - Volvió a intervenir el mismo hombre.

- Pero nada. - Dirigiéndose directamente al de seguridad.- He dicho que no, y ahora si nos disculpan, la señorita y yo vamos a tener una charla.

Emma estaba totalmente desconcertada, no se esperaba encontrarse a esta mujer aquí, y mucho menos que tuviera esa reacción. "Vamos a tener una charla", seguro que de charla va a tener poco... A ver Emma no te dejes intimidar, tu has venido para una cosa la cual te han rechazado y debes conseguir para poder tener un techo, así que concentración, - se decía para sí misma mientras la gente iba desalojando el despacho.-

- Vaya vaya vaya... - Comenzó diciendo Regina.- Al parecer no me llevé una falsa imagen de usted la otra vez, es tan altanera, maleducada e irritable como me imaginaba.

- ¿Pero bueno, es así como tratan aquí a sus clientes?.- Acercándose lentamente a la mesa donde se encontraba Regina, ya sentada en su "trono", ganándose una mirada desafiante de esta.

Saltaban chispas en ese despacho, ambas no entendían porque, pero provocarse mutuamente les causaba una sensación indescriptible, conviertiendolo en algo imposible de parar.

- No es nuestra culpa, si usted no es valida para un crédito señorita lo que sea. -

- Swan, señorita Swan, aunque tu me puedes llamar Emma. - Guiñándole un ojo, con un brazo apoyado en el escritorio.

- Señorita Swan, lo siento, bueno realmente me da igual, pero como ya le ha dicho mi empleado este banco no le puede dar el crédito que ha pedido, así que si es tan amable, aunque se que no lo es, salga de mi despacho.- Señalando le con una mano la puerta.

- No.- Cruzándose de brazos en actitud de niña pequeña.- Además había dicho que tendríamos una charla, así que charlemos.

- Señorita Swan, la charla ha terminado así que compórtese como una adulta, aunque sea una vez en la vida y salga de mi despacho.

- Pues no se que concepto tiene de una charla señora banquera, pero 4 insultos, no es una conversación muy enriquecedora, así que... ¿puedo sentarme?.-Señalando una de las sillas.

- Por supuesto que no! y no han sido 4 insultos, han sido 3.

- Oye hieres mis sentimientos sabes, al final me voy a creer que lo que me dices lo piensas de verdad Mills, por cierto ¿cual es tu nombre de pila?, espera dejame pensar...mmm ¿Malefica? no... ¿Cruela?

- Mi nombre a usted no le importa, y sí, ya va siendo hora de que se lo crea y por favor salga de.-Siendo otra vez interrumpida.

- Vale, no me importa, entonces que te parece si hablamos de mi crédito, mira necesitaría unos...

- Señorita Swan, le vuelvo a repetir que no le puedo dar ningún crédito.- Fingiendo que vuelve a su trabajo.

A Regina le comenzaba a intrigar para que seria ese crédito que tanta insistencia le ponía, pero viéndola seguro que sería para comprarse un coche, visto la "cosa" de vehículo que tenia o para cualquier tontería.

- Pues tienes un banco, si no puedes tu ya me contarás... Aunque bueno, si quieres que lo hablemos en otro lugar más intimo estoy disponible. - Mostrando le una sonrisa picara.

- ¿¡Perdón!? ¿¡Como se atreve!?. -Levantándose de su asiento y dando un golpe a la mesa.

- Tranquila, era solo una broma, relajate Mills.

- Salga ahora mismo de mi despacho. - Acercándose a donde se encontraba la rubia.

-Y si no que?. -Colocando las dos manos en las caderas y levantando la cabeza.

- Que la sacare yo misma, con mis propias manos. -Mirándola fijamente a los ojos.

El ambiente había cambiado en unos segundos, parecía que cada palabra cobraba un doble sentido y sus cuerpos poco a poco se iban acercando como un imán.

- Mmmm, eso podría ser muuuy interesante. -dedicándole una sonrisa maliciosa.

- Usted no sabe de lo que soy capaz- Dando un paso más hacia ella.

Sus rostros finalmente se encontraban a tan solo un par de centímetros, el ambiente se estaba caldeando, sus miradas desafiantes mirándose fijamente, verde esmeralda con marrón chocolate, dos huracanes no dispuestas a perder esta batalla, ahora mismo solo existen ellas dos, con sus respiraciones chocando la una en la otra, creando una burbuja a su alrededor que ninguna querría romper.

Regina por un instante baja la mirada a los labios de la rubia, ¿porque en ese momento le parecen tan apetecibles?, ya no es ella la que piensa, su cabeza ha dejado de funcionar y solo habla por ella un deseo irracional hacia esa mujer, se humedece los labios y cuando esta apunto de rozarlos con los de Emma esta da un paso hacia atrás, dejando a Regina totalmente descolocada y con la dignidad por los suelos.

- No me lo puedo creer... altanera, maleducada e irritable, pero iba a besarme Señorita Mills, ¡se muere de deseo por probar mis labios!.- No podía quitarse esa gran sonrisa por una nueva victoria, Emma estaba pletórica.

Regina no se lo podía creer, estaba en llamas, despedía fuego por la mirada, como se atrevía esa insolente mujer a burlarse de ella de esa forma, pero lo que es peor, ¡como se había atrevido a rechazarla! A ella, a la gran Regina Mills, cualquiera daría su ultimo aliento por besarla y esta estúpida mujer la había rechazado en toda su cara, y encima se lo restregaba como una victoria.

- Como se atreve! jamás le besaría, es usted repugnante, ni en la peor de las pesadillas haría algo tan asqueroso. - Trataba de justificarse como sea, pero ninguna excusa era valida, los hechos eran los hechos.

- Puedes decir lo que quieras Mills, pero ahora se que te mueres por mi. -acercándose de nuevo y susurrando al oído.

Regina por un instante, no puede evitar cerrar los ojos ante esas palabras susurradas de forma tan sensual en su oído, provocando le un estremecimiento es su bajo vientre, pero cuando abre los ojos Emma ya esta en la puerta dispuesta a irse, aunque Regina tiene que tener la ultima palabra.

- ¡Swan!. -girándose esta hacia Regina con la mano en el picaporte.- Ni en tus mejores sueños yo me moriría por ti. -Dicho esto, con una sonrisa en la boca abre la puerta.- Y en segundo lugar, todavía me debes un café. -Acrecentándose todavía más la sonrisa de la rubia, y saliendo de su despacho.

Continuara...