Capítulo 8
Pasaron días, semanas, la mente de ambas poco a poco se fue "olvidando" de ese beso, ese beso que nunca debió ocurrir pero que inevitablemente quedaría en esa corta pero intensa relación… si se podía llamar de esa forma.
Quedó demostrado que los anteriores encuentros no eran producto del destino ni mucho menos, sino simples azares de la vida, vida que para ambas siguió adelante, sin ningún inesperado encuentro que originara otra guerra, ni otro apasionado beso.
Regina seguía con su rutina monótona de trabajo y más trabajo, su relación con Robin se afianzaba y la bella rubia pocas veces hacía acto de presencia en la mente de Regina, el tiempo estaba dejando ver que solo fue un bache sin importancia. Un bache molesto e "interesante" pero que tocaba a su fin. Robin evidentemente no supo nada de aquel beso, Regina se auto-convenció que fue esa horrible mujer la que se lanzó a ella quedando esta sin opción de escape. Para Regina fue un beso repugnante que jamás se podría volver a repetir.
El caso de Emma era otra historia muy diferente, aunque si es cierto que poco a poco su mente también fue "olvidando" aquel beso, no era porque no quisiera que se repitiese una y mil veces, sino porque pensar en aquello no era bueno para su salud emocional. Sabía que no la volvería a ver nunca y que aunque así fuera esa mujer odiosa no la querría a menos de dos metros de distancia, sería capaz de pedir al mismísimo presidente su expulsión inmediata e irreversible del país. Pero sin saber por qué, sentía una curiosidad insana por esa mujer, verla en aquel baño, llorando, sin esos kilométricos muros, le hizo ver a otra persona muy distinta. Quería saber todo de ella, conocer su pasado, vivir su presente y adivinar su futuro. A veces pensaba en ir al banco a verla, pero estaba claro que ni entrar por la puerta le dejarían, cada día en la cafetería esperaba que apareciese, cada vez que sonaba la campanilla de la puerta, pero no, era algo absolutamente inútil. Así que se resignada a no poder descubrir a la mujer que no se podía sacar de la cabeza, la mujer que ocupaba sus días y sus noches.
Por el momento debía seguir con su vida y llevar a cabo sus obligaciones, así que se dirigió al colegio como cada mañana, sus niños le darían las vitalidad que necesita.
Al finalizar la clase, no pasó desapercibido un niño, sentado solitario en las escaleras de la entrada, leyendo un libro, con cara realmente triste. Las clases ya habían acabado y no quedaba nadie, salvo ese pequeño. Emma por supuesto fue a averiguar que le pasaba. No podía dejar a un niño solo en la intemperie.
- Ey, hola, ¿Qué estás leyendo? – preguntó Emma sentándose a su lado.
- No te rías ¿vale?. – dijo el niño de forma tímida.
- Claro que no, venga suéltalo.
- Es un libro de cuentos de hadas, pero contados de forma diferente. Aquí la bruja malvada se acaba convirtiendo en buena por amor.
- ¡Vaya! Eso es algo difícil de creer.
- ¿Porque? Cosas más raras ocurren en la vida real.
- Y que lo digas, chico. ¿Oye y que haces aquí solito?
- Esperando a mi mamá. Siempre llega tarde o ni llega – dijo el niño con una lágrima en los ojos.
A Emma esa imagen le conmovió el corazón, era profesora desde haca ya un par de años y había visto muchas clases de padres y esa en particular la odiaba. Ella había sido abandonada por los suyos, sabía lo que era crecer sin un referente paterno, sin el amor de unos padres, y cosas así le hacían hervir la sangre.
- ¿Y tú sabrías decirme donde vives?, yo te puedo llevar, aquí hace frío y tiene pinta de llover, soy profesora te prometo que no soy como esa bruja malvada.
- Si, vale, creo que si sabría.
- Bien, por cierto me llamo Emma ¿y tú?.
- Henry.
Continuará…
