Sentía el resplandor blanco por encima de sus parpados, que mantenían sus ojos cubiertos. Tuvo dificultades para abrirlos y se debatió unos momentos, hasta que logró ver a su alrededor, primero como manchas borrosas y distantes que gradualmente comenzaron a tomar forma; fue entonces cuando un instintivo impulso de protección hizo que apartara a la persona que estaba sobre él de un manotazo. Escuchó una queja acompañada por un par de maldiciones. Conocía esa voz.
- Doctor… - murmuró, con la cabeza aún dándole vueltas, y el humano volvió a inclinarse, con los enormes y brillantes ojos azules fijos sobre él – Doctor McCoy… - confirmó, permitiendo sosegarse.
- Vaya agradecimiento que recibo – exclamó tocándose la mejilla – he estado despierto dos noches seguidas por tu culpa, lidiando contigo y con un maniático capitán que irrumpía en mi sala cada quince minutos preguntando sobre tu condición, hasta que le di un sedante que lo ha mantenido en cama desde ayer y con lo que me conseguido unas cuantas horas de paz.
Spock se sentó en la cama sacudiéndose las mantas, descubriendo que estaba completamente desnudo; al parecer nadie quería perderse ningún detalle del circo que se desarrollaba en sus entrañas – ¿Cuánto tiempo ha pasado? – preguntó inspeccionando su cuerpo que a pesar de presentar cierta palidez, no denotaba demasiadas anomalías, a excepción de la parte baja de su abdomen, que estaba cubierta por un enjambre de pequeñas venas púrpuras, que sobresalían por debajo de su piel.
- Una semana desde que cayeras enfermo, dos días desde que llegaras a Marte.
- Necesito ver los registros. – anunció entonces todo formalidad y arreglándose el cabello enmarañado con los dedos, como si no hubiera pasado más de 8 días en cama al borde de la muerte – Y también necesito ropa limpia.
- ¿Te has vuelto loco? – exclamó el doctor con desdén – no vas a salir de aquí mientras yo esté a cargo; además el que hace las preguntas soy yo, y debo que advertirte que tengo un buen repertorio.
- Estoy seguro que puedo esclarecer gran parte de sus dudas si tuviera la amabilidad de mostrarme mi expediente. – exclamó con ese tono monótono que usaba cuando quería resaltar algo que consideraba absolutamente lógico.
Bones le dedicó una mirada tajante pero accedió a la solicitud, extendiendo el pad a regañadientes. Los ojos negros del vulcano se deslizaron por la pantalla táctil, leyendo todo lo que había sucedido desde que se desvaneciera en el apartamento, pasando por las decenas de exámenes a los que había sido sometido y en especial los inusuales síntomas que se habían presentado desde entonces. – Fascinante. – murmuró deslizando las páginas con la punta de sus dígitos.
- Si le llamas fascinante a un escurridizo parásito dentro de tus intestinos, entonces tienes un sentido común bastante bizarro. – contestó el doctor acercando otra pantalla más grande que contenía un proyección interna de su pelvis – Ha sido un verdadero reto dar con el problema, - comentó – pero ahí lo tienes. – Bones señaló el esquema que ilustraba una maraña de ramificaciones que conducían a un diminuto ente dispuesto en su centro, que a simple vista no era más que una esfera de carne, algo más parecido a un tumor. – Aún desconozco su naturaleza, puesto que está protegido por una gruesa membrana compuesta por una infinidad de arterias que podrían conducirte a una muerte segura si intentara removerlo de ahí. Nunca antes había visto algo parecido, definitivamente está alimentándose de los recursos de tu cuerpo y creciendo a gran velocidad.
Spock observó el esquema durante un largo momento en silencio, con su cerebro ya fabricando las conjeturas.
No podía ser. Era físicamente imposible, pero aún así, ahí estaba la prueba frente a sus ojos, dentro de su cuerpo. Volvió a revisar el pad. Todo encajaba. Era poco el conocimiento que tenía sobre esos casos, aunque el suficiente como para reconocer cuando se encontraba frente a uno.
- ¿Cuánto sabe Jim sobre esto? – preguntó de repente, tratando de mantener la calma en su voz.
- Todo lo que te he dicho. – contestó Bones con extrañeza – Creí haberme quejado contigo de que estuvo insistentemente sobre mí todo el día; y estaría aquí ahora mismo si no me hubiera encargado de él.
- No le dirás nada más. – sentenció entregándole el pad.
- ¿Qué? – preguntó atónito - ¿Has perdido tu cabeza vulcana? ¿Crees que puedo esconderle información así de importante? Debo recordarte que estuviste al borde de la muerte por un caso que ha sido un dolor de culo para todos, así que no vas a venir a darme órdenes como sí|
- Doctor. – Interrumpió – Creo que sé lo que sucede conmigo y necesito ir a Vulcano de inmediato. – entonces poniéndose de pie con dificultad pero rechazando la ayuda del doctor, se acercó a la pantalla y añadió – Esto, - dijo señalando la lámina – no es un parásito… o al menos no de la clase que usted se ha figurado…
- ¿Qué quieres decir?
- Es un embrión. – soltó tomando la sábana y enrollándola a su cintura. – En unas cuantas semanas evolucionará a un feto. El resto estoy seguro que usted se lo imagina perfectamente.
La reacción de Bones fue soltar una carcajada incrédula ante la idea – No estoy seguro de seguirte – exclamó – a menos que lo que hasta ahora he aprendido sobre la biología vulcana sea una mentira, tus palabras no tienen ningún sentido.
- No, doctor, al contrario, estoy sorprendido de que hubiese sido capaz de localizar el problema. Sus conocimientos son correctos. – entonces se desató la sábana y descubrió el abdomen atestado de pequeñas ramificaciones oscuras – Esto es lo que no tendría que estar sucediendo.
- ¡¿Podrías explicarte mejor?! – dijo desesperado – ¡esto contradice las leyes de la naturaleza!
- De hecho, no. Biológicamente, mi gente tiene la capacidad de reproducirse bilateralmente, doctor. – comenzó – mientras las mujeres terrícolas son el pilar de la propagación de la especie Humana, en el caso de los vulcanos, el don se presenta también sobre los machos, aunque tradicionalmente, se les ha cedido la labor a las hembras.
Bones no dijo nada, solo se limitó a observarlo como si estuviera confesando un espantoso crimen, y Spock no tuvo más remedio que continuar – Cuando un vulcano macho nace es despojado del órgano reproductor que hace posible la fecundación en su propio cuerpo, ya que en la mayoría de los casos, se convierte en causa de enfermedades posteriores, como tumores benignos; y es parte de las razones por las que solo las hembras desempeñan esa función, puesto que tienen una resistencia mucho más evolucionada que los machos a soportar el salvajismo de la gestación, y especialmente del parto.
Spock rozó las venas con la yema de sus dedos – no se han visto casos como este en mucho tiempo. – murmuró. Entonces levantó la vista y la clavó en el otro hombre – Esta criatura va a matarme, doctor. – aseguró – Mi cuerpo no será capaz de soportar la carga.
Como si estuviera a punto de desmayarse, Bones se sentó sobre la cama y observó las marcas que recorrían furiosas el cuerpo del vulcano. Por su cabeza pasaron una infinidad de teorías, porque después de haber visto las enfermedades más inimaginables en sus viajes, cualquier cosa le resultaba posible; menos lo que en realidad estaba sucediendo. Abrió la boca un par de veces para cerrarla de nuevo, sin estar seguro de lo que debía decir.
- ¿Tiene alguna pregunta? – dijo Spock rompiendo el silencio y cubriéndose de nuevo con la manta. Bones se aclaró la garganta – Así que… en palabras simples… estás embarazado. – soltó.
- Correcto.
Le siguió otra larga pausa, mientras el doctor procesaba la situación, entonces exclamó - Tendrás que disculparme, pero no soy capaz de esconderle esto a Jim. – se levantó dirigiéndose a un depósito junto a la pared y sacando la ropa limpia de algodón – No entiendo por qué insistes en mantener el secreto, y te advierto que la excusa de "la vergüenza" ya no es ni remotamente aceptable para estas alturas.-
- No se trata de vergüenza. Como he dicho, mi cuerpo no podrá soportarlo. – contestó- En la antigüedad, los vulcanos corrían grandes riesgos de muerte en el proceso de gestación, y quienes tenían las posibilidades de sobrevivir eran, lógicamente, los más jóvenes. Usted está al tanto de lo que ha sucedido conmigo en tan solo un par de semanas…
- ¿Entonces qué sugieres? – preguntó Bones, desafiante.
- En Vulcano podrán asistirme mucho mejor, y en caso de que no logre mantener el embarazo, entonces la criatura será removida.
- "Removida" – murmuró – Claro, como un cáncer, como un parásito.
- Sé de las implicaciones morales, doctor, pero no estoy dispuesto a permitir que Jim atraviese algo así. El que se entere de lo que sucede o no, no reducirá el riesgo de la situación. Es lógico preferir que piense que la razón de mi condición se debe a una enfermedad, a que sufra las consecuencias de algo de lo que tomó parte y que no tendría que haber ocurrido.
- No puedo hacer esto. – repitió el humano, resentido.
- Usted es mi doctor. Es a mí a quien le debe el voto de confidencialidad.
- Jim Kirk es mi amigo. – respondió – La confidencialidad que te deba a ti me importa un carajo. Se trata de algo que no puedo esconder. Y tú tampoco deberías.
Spock volvió a sentarse sobre la cama, vencido, al lado del humano. Bones entonces lo miró con cierta compasión y exclamó – Dale una oportunidad. Resultará mucho más doloroso para él si se entera que has estado escondiendo algo de semejante significancia. Plus, también será más fácil para ti afrontar lo que venga.
- No quiero verlo sufrir. – confesó, y Bones reconoció aquel lastimero debate que el vulcano libraba consigo mismo en aquel instante.
- Sabes… - el doctor se levantó de la cama y lo observó directamente – la noticia de lo que sucede podría de hecho aliviar sus preocupaciones. Ten en cuenta que la reacción de tu pareja puede resultar totalmente contraria a la que te imaginas. – dijo con una sonrisa sincera en su rostro. – No le diré nada, pero será algo que deberás hacer tú.
Se había vestido con las ropas claras que el doctor McCoy le había dejado sobre la mesa. Continuaba tumbado en la cama, aunque más que descansar, esperando. Y el momento llegó pronto, tal y como el doctor le había advertido antes de salir.
Las puertas se corrieron para cederle el paso al angustiado humano que corrió hacia el lecho y se inclinó sobre el cuerpo de su amante, tomando con delicadeza sus manos, como si temiera que el contacto pudiera lastimarlo.
- ¿Spock?... – murmuró, y el vulcano le devolvió el contacto con mucha más firmeza, entonces como dejando salir una necesidad que había permanecido retenida por demasiado tiempo, Jim se acercó hasta cubrir los labios de Spock con los suyos y lo besó con ímpetu, mientras el vulcano correspondía con la misma energía. – Te he extrañado… - dijo con la respiración entrecortada, rehusándose a despegar los labios ardientes que demandaban aquel toque - ¿Cómo te sientes? – preguntó con ternura, acariciando el rostro del vulcano con la yema de sus dedos.
- Mucho mejor. – contestó, volviendo a sumirse en otro largo beso que les quitaba el aire. Spock sintió como su entrepierna comenzaba a reaccionar al contacto mientras el ritmo incrementaba, con los pequeños músculos húmedos invadiendo la boca del otro, enfrentados en una danza cada vez más desesperada.
Pero entonces, reuniendo todas las fuerzas que le quedaban, Spock se despegó de los labios de su esposo y miró fijamente los ojos dorados, con las respiraciones agitadas mezclándose entre sí…
- Hay algo que tengo que decirte. – soltó con gravedad.
