Observó el seño fruncido y los ojos dorados concentrados en la lectura, siguiendo las letras que se deslizaban por la pantalla táctil del pad. No se atrevió a decir nada más, las primeras palabras habían sido lo suficientemente difíciles de pronunciar como para querer intentarlo de nuevo.

"Estoy en periodo de gestación." Había dicho, mientras el rostro de Jim se ajustaba a la esperada expresión de confusión auténtica, como sí de súbito su cerebro se hubiera vuelto incapaz de procesar la información que sus oídos escucharon claramente. Spock se dio cuenta que había estado a punto de echarse a reír, justo como el doctor McCoy, no obstante cuando reparó que aquellas palabras habían sido dichas por su adorado vulcano tan ajeno a cualquier atisbo de sentido del humor, la mueca de risa se desvaneció y terminó mirándolo con ojos de cachorro aterrado.

"¿Qué quieres decir?" preguntó con voz queda volviendo la vista hacia el abdomen de Spock creyendo que se encontraría con la protuberancia que en un primer momento hubiera pasado misteriosamente desapercibida, pero todo parecía normal, al menos hasta donde la ropa permitía vislumbrar. Ahorrándose la necesidad de dar una explicación, Spock le tendió el pad para que él mismo se pusiera al día con la situación. Jim no había dicho nada desde entonces, y de eso ya hace 10 minutos, que para Spock significaban por mucho los más largos y tortuosos de su vida… de manera figurativa por supuesto.

Las letras continuaban deslizándose delante de sus ojos y él a penas parpadeaba, frunciendo cada vez más el entrecejo, como si eso le ayudara a entender mejor el asunto.

Entonces luego de varios minutos absorto en la lectura, el humano colocó lentamente el pad sobre la cama y se tocó la barbilla con la mano derecha en gesto reflexivo.

- ¿Cómo ha sido posible? – inquirió sin poder ocultar su perturbación – Digo… ¿por qué ahora y no antes? Para los años que llevamos juntos dudo mucho que esta posibilidad fuera motivo de preocupación para ti… considerando que nunca lo mencionaste.

- Nunca tuve el reparo de mencionarlo, es cierto, porque para entonces las posibilidades eran nulas. Estoy igual de desconcertado que tú, pero he conseguido construir una teoría. - respondió Spock como si se tratara de cualquier otro enigma científico del que se sintiera especialmente fascinado – Como has leído en el informe, los vulcanos machos somos privados de nuestra capacidad para concebir desde el nacimiento. Sospecho que todo esto cambió con la regeneración de mi cuerpo en Ceti Alpha V; en esencia, mi organismo en su totalidad volvió a formarse con la ayuda de la tecnología Génesis. Los exámenes del Doctor McCoy abonan a esta teoría, efectivamente mi sistema reproductor está completo… y en pleno funcionando.

Jim guardó silencio asintiendo brevemente con la cabeza, sintiendo como milagrosamente todo comenzaba a tener sentido. Desde que se casara con Spock, había abandonado para siempre la idea de tener otro hijo, y no es que eso fuera razón de desdicha, de hecho nunca se creyó capaz de ser un buen padre, David fue prueba suficiente de ello; así que la idea de una posibilidad simplemente había desaparecido junto con su libertad de soltero, que tampoco le hacía ninguna falta. La adopción jamás fue tema de conversación entre ambos, Jim pensaba que quizás ni siquiera se le hubiera pasado por la cabeza a Spock alguna vez. Claro que tenían que ver las responsabilidades del servicio, que a penas y les daba tiempo para su relación, mucho menos para construir un hogar. Pero de repente la idea olvidada hacía mucho ahora era un hecho, una realidad que había llegado sin previo aviso, sin que ni siquiera ellos estuvieran conscientes de que era una posibilidad.

De súbito le embargó el recuerdo de años atrás, en el último de los cinco años de misión, cuando sostuvo una efímera relación con Carol Marcus luego de que las cosas con Spock comenzaran a ponerse extrañas. Marcus había significado para él nada más que un escape, un hombro de consuelo ante la cruda realidad del rechazo absoluto del vulcano, luego de años de intentos que en ocasiones parecían dar resultados y en otras solamente servían para corroborar que el asunto no daba para ningún lado. Luego de un par de encuentros durante la última mitad del año, Carol fue quien decidió terminar con la relación, desapareciendo de la vida de Jim tan rápido como llegó. Meses más tarde, se enteró de boca de terceros que la doctora estaba embarazada, y por supuesto, sintiendo la responsabilidad del compromiso, se decidió por contactarla, no teniendo más remedio que hacerlo por medio de una video conferencia, puesto que la base estelar en la que Carol trabajaba se desviaba demasiado de la ruta.

La conversación no fue en absoluto como la esperaba. Ella se mostró poco cooperativa a cualquier otra sugerencia de Jim que lo envolviera a él en una relación con su hijo. Carol lo quería lejos de David, y a pesar de que tampoco estaba en los planes de Jim formar una familia, no pudo evitar sentirse ofendido por aquella decisión tan arbitraria… no obstante, y ahora reconociéndolo con cierta vergüenza, no luchó demasiado por hacer valer sus derechos de padre y se mostró de acuerdo con la situación. Al final, todo se resolvió de la manera más cómoda para los dos.

Pero las cosas eran por mucho diferentes ahora. A pesar de lo inverosímil de la situación, le gustaba la idea. ¡Por supuesto que le gustaba! y lejos del sentimiento de compromiso, Jim sentía que podía, que quería incursionar a las grandes ligas con la persona que amaba, y más aún si la criatura era fruto de los genes de ambos. De pronto sintió esa inexplicable felicidad y expectativa de una vida nueva y por completo desconocida, que ni siquiera lograba asemejarse al sentimiento de comenzar una misión en el espacio, que sin duda había sido la única cosa que lo había movido desde siempre.

Al notar que su silencio se había extendido demasiado y que el vulcano estaba malinterpretando su falta de palabras, Jim se apresuró a poner sus pensamientos a un lado y exclamó – Entonces es un embarazo en toda la regla. –y por primera vez se le dibujó una extensa sonrisa en el rostro.

- Lo es. – contestó Spock, sin estar seguro de cómo interpretar aquel gesto. Después de tan larga convivencia con humanos, Spock había aprendido que las sonrisas no siempre significaban algo bueno, y en este escenario, añadido a la reacción inicial de Jim alimentó sus dudas al respecto. – Jim… - exclamó casi en murmullos, como si con eso pretendiera hacer mucho más intima la conversación – Entenderé si no te sientes preparado para esto… no podría culparte si así fuera… este es un caso sumamente anormal incluso dentro de la misma sociedad vulcana y-

Jim lo miró con ojos de aprensión, tomándole de las manos y depositando un suave beso en sus dedos – Hey, hey… - interrumpió con voz cariñosa – No sé qué estás tratando de insinuar, pero no permitiré que continúes. Estoy bien con esto, ¡en serio!; son buenas noticias, de hecho, las mejores que he tenido en mi vida. – se acercó más al vulcano y le depositó un beso en los labios – Le haremos frente, cariño – susurró – verás que seremos los mejores padres del universo.

Justo cuando Spock fue incapaz de contener su necesidad de objetar las últimas palabras de Jim, este le cubrió los labios con su dedo esbozando una sonrisilla juguetona y se volvió hacia el abdomen plano cubierto con las ropas de algodón.

- ¿Puedo…? – preguntó levantando un poco el pliegue de los pantalones. Spock asintió levemente.

Al descubrir el vientre, volvió a ver aquella maraña de venas que tanto le habían preocupado, cuando no tenían ni la más remota idea de lo que estaba sucediendo con Spock; pero ahora ya no lucían mal en absoluto… Jim soltó una risa y le besó la piel – Estás lleno de sorpresas – dijo siguiendo el recorrido de una con la yema de su dedo índice hasta que se perdió entre el oscuro vello púbico – Justo cuando pienso que no podría ser más feliz…

Spock entrelazó sus dedos entre el cabello castaño – Eres tú el que está lleno de sorpresas – exclamó con ese tono cariñoso que solo Jim era capaz de identificar – Tuve… miedo de tus posibles reacciones… - confesó – pero como tantas veces a ocurrido, mis inquietudes sobre ti carecen de fundamentos. Estoy agradecido.

- Sí, yo también te amo. – bromeó acariciándole las manos al descubrir que esas iban a ser las palabras emocionales que Spock tenía para la ocasión. Jim podía contar con sus dedos las veces que el vulcano había pronunciado abiertamente aquella palabra mágica, sin embargo eso nunca había sido causa de dudas, sabía que Spock lo amaba, y aunque le gustaba escucharlo cuando lo decía, también entendía que así era su naturaleza, no importaba cuanto de humano tuviera, el vulcano prevalecía y Jim lo aceptaba.

El llamado de la puerta terminó con el momento íntimo. El doctor McCoy entró a la sala con una sonrisa de oreja a oreja al notar que nadie había resultado herido mientras estuvo ausente. – Buenas noticias, caballeros – exclamó jovial, cosa bastante inusual en él – me tomé la libertad de averiguar las naves estelares que tengan a Vulcano como parte de la ruta; les agradará saber que la USS Excelsior está en la lista. No más cruceros de carga.

Jim se acercó al doctor y lo tomó de los hombros con gratitud – Bones, nos has salvado la vida, como siempre. Cada vez se me hace más difícil agradecerte apropiadamente.

- De hecho, - respondió McCoy acercándose al pie de la cama donde Spock permanecía acostado – me gustaría escuchar un "muchas gracias, doctor" del vulcano, eso saldaría la cuenta.

Los dos humanos observaron a Spock con una expresión de chiste que el vulcano no pudo entender, pero hizo lo que se le pedía, porque también se sentía agradecido. – Muchas gracias, doctor. – exclamó con su voz monótona, logrando hacer explotar las carcajadas de sus oyentes.

- Una cosa más, - continuó Bones, esta vez dirigiéndose a Jim – Yo seré el padrino de esa criatura, y si resulta que es niño, más te vale ponerle mi nombre, en honor a todas las veces que, como tú mismo lo dices, te he salvado la vida.

- Hecho. – exclamó Jim entre carcajadas. Spock incapaz de seguir el chiste, pensó que Leonard era un nombre poco atractivo para su hijo y en definitiva la última opción que consideraría, no obstante decidió quedarse callado.

- A menos que tenga orejas puntiagudas. – puntualizó el doctor – Entonces me conformaré solo con ser el padrino.

Aquel comentario le hizo preguntarse a Jim cuales genes prevalecerían más en su hijo, si el vulcano o el humano. En el caso de Spock, habían sido los de Sarek los más poderosos, sin embargo, considerando que Spock era mitad humano, a lo mejor y ahora resultaba al revés… De súbito comenzó a sentirse impaciente por saber si tendría orejas redondas o puntiagudas, si el color de su piel sería a tonos verdes o rosas, si tendría los ojos oscuros de Spock o sus pardos, el color de su cabello, la forma de la nariz y los labios… sonrió ante la ola de emociones que aquellas preguntas le ocasionaban. Volvió sus ojos hasta el vulcano sobre la cama, que discutía con el doctor McCoy la posibilidad de quedarse en Marte un par de días para leer los informes del brote de herpes que continuaba extendiéndose por las colonias y del que se sentía interesado, a lo que Bones argumentaba acaloradamente que estaba loco si creía que lo dejaría quedarse en medio de una epidemia en su condición actual. Mientras, Jim se juzgaba como el hombre más suertudo de la raza humana, sintiendo que por fin las cosas comenzaban a tomar un rumbo en el que sentar cabeza no parecía en lo absoluto tan descabellado como antes de que todo esto empezara. La Flota Estelar podía empezar a buscarse otro capitán, Jim creía que por fin era hora de ocuparse de su vida personal.