Disclamair: Nada es mío, todo es de Marvel y Fox... así de triste es la vida.
Nota: Última parte. Nos leemos abajo.
Todo sigue. A veces John se odia. A veces Bobby le pide perdón. A veces, solo, todo parece ir bien.
John cree que es estúpido que un humano viva en el Instituto Xavier para Jóvenes talentos, pero sigue ahí, porque Bobby insiste en que es su hogar y Storm le da trabajo.
—¿Sabes que no terminé la escuela secundaria? —replica arrogante, cuando le habla de una clase de escritura creativa.
—¿Sabes que también eres un ex convicto, pero igual vives aquí? —replica burlona, porque si había sido la maestra favorita de John debía estar al nivel.
—Es un buen punto —concede, fingiendo desinterés con una pequeña sonrisa—. Es un trato, Storm —acepta, extendiendo una mano para estrechar la de ella.
—¡Oh, cállate! —le pide risueña—. Ven aquí. —Envuelve sus brazos alrededor para estrecharlo en un abrazo.
Todo sigue.
Pasan ocho meses. Los alumnos odian a John, pero en realidad es un buen maestro. Y Logan mismo lo sostiene.
Las cosas con Bobby marchan bien, lo cual parece asustar un poco a todos.
Storm bebe té junto a John, en esas noches de insomnio que parecen tortuosas para el alma del más joven.
Coloso y John hablan de arte cada vez que tienen la oportunidad.
Kitty siempre tiene un abrazo cariñoso para el castaño.
Todos tienen esperanzas de que Pyro haya quedado enterrado para siempre.
John y Bobby no compartían siempre habitación. Kitty curiosea si se trataba de peleas entre amantes, pero el rubio no obtuvo un sonrojo, ni fastidio en respuesta:
—A veces solo se pasa toda la noche tecleando en su laptop y no quiere hablar, ni nada…
—¿Teclear? —indaga un poco más con las cejas arqueadas.
—Sí, es que… —duda, removiéndose incómodo en su lugar—. Es un secreto, Kitty —dice sin mirarla a los ojos.
—Oye, soy tu amiga —se queja un poco—. Soy amiga de ambos. Me merezco saberlo —asegura elevando las cejas.
Bobby duda un poco más, antes de suspirar y rendirse. Eran amigos, la chica tenía razón en eso.
—Está bien, pero es un secreto.
—No diré nada. Palabra de niña exploradora —dice, levantando una mano en el aire.
—¿Siquiera fuiste una niña exploradora?
—No, pero tú sabes. —Se encoge de hombros quitándole importancia—. ¡Solo dime! —lo apremia, cuando Bobby le dedica una mirada de reproche.
Iceman mira a ambos lados, verificando su total soledad en el lugar, una vez seguro susurra:
—John es escritor publicado.
—¡¿Qué?! —suelta un gritito que fue acallado por la mano del hombre—. Lo siento —susurra para ambos—. Es solo que no tenía idea.
—Nadie la tiene. Por eso te dije que es un secreto.
—Wow... —masculla sorprendida— ¿Es bueno?
—Oh, según tú, es fantástico —responde y ante la expresión de la chica, continua:— Escribe romance gótico. Tú eres fan. No creerás que hay un St. John Allerdyce por ahí publicando ¿verdad? Usa un pseudónimo.
—¡Por dios! —exclama al comprender— ¡No puedo esperar a que los demás los sepan! —chilla una octava más alta, cuando de repente es estampada contra el muro a su derecha. Su brazo siendo estrujado por una mano; que dejaría un moretón; y un par de ojos grises que parecen desear quemarla. John no tenía su don y eso era una suerte.
—Dile a alguien y encontraré la manera de matarte Shadowcat —gruñe bajo, en su oído. Era serio y amenazante—. Sé que debes dormir en algún momento y no puedes entrar en fase así.
—John, por favor —suplica el criogénico tomando la mano que estrujaba el brazo de la aterrada Kitty.
—No diré una palabra —susurra temblorosa, antes de, al fin, recordar que era capaz de entrar en fase y liberarse, desapareciendo en el muro a su espalda y apareciendo unos pasos lejos de ambos hombres—. Solo debías pedirme que no dijera nada y no lo haría —le asegura, con los ojos llenos de lágrimas, antes de marcharse.
—¿Acaso estás loco? —protesta Bobby.
John se gira de sopetón para enfrentarlo, mirada ardiendo, dientes superiores expuestos y el deseo palpable de quemar lo que tenía enfrente.
El criogénico no parece ser capaz de recordar que era más alto, porque da un paso instintivo hacia atrás, encogiéndose un poco.
—Nunca vuelvas a hablar sobre mis problemas, Iceman —gruñe—. Y no vuelvas a hablarme —sentencia, para luego hacer un intento de marcharse, aunque Bobby no duda en seguirlo para continuar la discusión.
—No entiendo por qué solo no aceptas que tienes un gran talento.
—¡Ese no es tu maldito problema! —le grita sobre su hombro, sin detener su marcha.
—¡Por dios! Eres un best seller —continua mientras lo sigue—. Deberías estar dando notas a la prensa y brindando con todos en la mansión por tu éxito.
—¡Bien, ve y diles a todos! —Se detiene, gira sobre sus talones y vocifera furioso a dos pasos del rubio— ¡Toma otra decisión sobre mi vida y vuelve a arruinarlo todo!
Bobby se queda inmóvil, observando al muchacho más pequeño. Otra vez, el fantasma de la Cura y ese viejo error que removía la culpa en el pecho del criogénico. Una vez más, la sensación de que le había arruinado la vida al pirómano.
—Lo siento —repite. Las mismas incesantes palabras. Las que repetía cada vez—. Siento haberlo hecho. —Sus ojos azules brillan rebosantes de lágrimas—. Jesús ¿Cuántas veces debo decir que lo siento, John? —pide, cerrando los ojos con fuerza.
John tarda dos segundos enteros en sentirse un completo idiota y deshacer los dos pasos que lo separan del rubio, para enroscar ambos brazos alrededor de su cuello.
—No debes seguir diciéndolo —le asegura sin soltarlo—. Soy un idiota.
—John… de verdad lo siento.
—No lo hagas. —Vuelven a la misma conversación que tuvieron repetidas veces, desde la Cura. Porque a pesar de que John a veces se enfadara y sacara el tema, él sabía que su Bobby nunca buscó hacerle daño.
—Pero de verdad…
—Drake, vuelve a repetirlo y no volveré a dormir contigo, nunca —advierte.
Guardan silencio unos segundos, sin cambiar la postura.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —pide permiso, enredando los brazos en la cintura del castaño que no lo liberaba de su agarre.
—Por supuesto.
—¿Por qué no quieres contarles a los demás lo de los libros?
—No quiero ser famoso —responde casual, liberando al rubio; quien ahora no lo dejaba ir—. No me agrada ser el centro de la atención. Es solo eso… —Baja la mirada al pecho del rubio—. Sé que a Kitty y Storm les agrada lo que escribo. Y sé que a muchos otros también. No necesito nada más que eso.
—Yo también creo que eres fantástico.
—Tú no sabes una mierda de literatura, Drake.
Bobby ríe y le roba un beso en respuesta.
—Prometo que no volveré a meterme con este tema —le dice—. Pero debes disculparte con Kitty —le pide y ante la mueca de disgusto del castaño, continua:— le va a quedar una marca de tu mano, John. Es lo menos que puedes hacer.
—Bien —acepta a regañadientes—. No es como si Peter no fuera a patearme el trasero, cuando se entere, de cualquier modo.
—Deberemos hablar con él también —agrega, al fin soltándolo, con una sonrisa.
—Bien, en el mejor de los casos me matará a golpes ¡Y eso sería muy bueno!
Y una vez más, el ánimo de Bobby parece caer, como un balde de agua fría bañándolo. John lo nota al instante, por lo que salta a besarlo esta vez. El criogénico había evitado el tema de la muerte y el deseo intermitente del castaño de alcanzarla.
—Por favor, no vuelvas a decir esas cosas ¿sí?
—Hecho —acepta sin dudar.
Esa misma tarde, John se disculpa con Kitty y le obsequia un ejemplar de su último libro, con una dedicatoria que reza: Dicen que los escritores somos almas heridas. Y mi alma fue tan herida que solo me queda escribir en el anonimato, Kitty. Estoy tan herido que no me creo merecedor de los aplausos que estas líneas reciben. Estoy tan jodidamente herido que traté de alejar a una niña de corazón de oro, siempre dispuesta a sanarme con sus abrazos fraternales.
Siento lo que hice, Kitty.
Kitty sigue dándole un abrazo a John, cada mañana al verlo.
Una tarde, John plática con Coloso en el pasillo. Algo sobre los exámenes que deben calificar. Cuando de repente, Peter nota algo extraño y le pregunta al castaño si se siente bien. No hay respuesta, John se desploma en los brazos del gigante de buen corazón. Algo no está bien.
Cuando Bestia le explica a Bobby lo que ocurría con John, la euforia le impide ser razonable, por lo que entra de sopetón a la habitación donde el castaño descansa, sin importarle los reproches del doctor a sus espaldas:
—¡Robert Drake! ¡Deja en paz a mi paciente!
—¿Bromea? No dejaré que John siga sin saberlo —se defiende, sin siquiera dirigirle la palabra, aún, al aturdido castaño.
—John necesita descansar por ahora, Bobby.
—Hey ¿cómo te sientes? ¿Puedes sentarte? —parlotea apresurado, ignorando a Bestia y obligando a John a despabilarse, ante los gritos y preguntas.
El más pequeño apenas balbucea una respuesta afirmativa, cuando Bobby tira fuera de las mantas y lo invita a sentarse, a pesar del malestar reflejado en el rostro de John.
Bobby ignora las protestas de Hank a sus espaldas y la blasfemia sobre plataformas de hielo, cuando está (prácticamente) huyendo con John en sus brazos.
Iceman y John llegan lo más lejos que pueden de la mansión, ya que el rubio no sabe qué tan seguro puede ser intentar lo que pretende, dentro del edificio.
El criogénico comprueba la consciencia de John con una pregunta y a pesar de no obtener una respuesta clara; a excepción de un insulto por fastidiar; deposita al más pequeño en el suelo. Este último casi cae, debido a que sus piernas no pueden mantener su peso, pero Bobby lo atrapa antes, rodeando su cintura con ambos brazos, con fuerza, manteniéndolo de pie, pegado a su cuerpo.
—John ¿estás…? —balbucea con la nota de terror en la voz.
—Estoy bien —lo corta, sin ocultar su malestar.
—Bien… —Suspira con la nueva calma—. Ahora chasquea el mechero.
—¿Qué? —cuestiona, hundiendo el rostro en el hombro del rubio que sigue siendo su soporte para permanecer en pie—. Drake, realmente me siento mal.
—Lo sé, de verdad, pero ¡por dios, John! Solo hazlo, te prometo que valdrá la pena —suplica como si de un niño se tratara.
—Deja que me siente… —pide John, en la misma postura, pareciendo más débil en su suplica.
—Por dios… —Suspira fastidiado, y sin soltar a su novio, se remueve para tomar el encendedor entre sus dedos y chasquearlo, permitiendo que la llama baile. Y Bobby sonríe, porque su novio se tensa entre sus brazos, porque sabe que algo en él despertó.
John hace un nuevo esfuerzo, intentando que sus pies tomen un lugar firme en el suelo. A penas se despega del rubio, mueve sus dedos para que la llama deje su lugar y baile entre ellos.
Dura solo unos segundos. Los ojos gris pálido; gracias a la fuerte luz del sol; brillan casi tan iluminados como la sonrisa del mismo portador. Solo unos segundos, porque John se desploma, al mismo tiempo que el fuego se extingue.
Esta vez, Bobby no es tan rápido y se tiene que dejar caer, junto al cuerpo de su novio, para atraparlo apenas antes de que la cabeza golpee el suelo.
Bobby se ríe alegremente, cuando abraza a John, aún en el suelo, esta vez sin presionarlo para que haga un esfuerzo. Ya lo vio feliz, ya sabía la buena noticia. Si el más pequeño necesitaba de dos días de inconsciencia luego de eso, bien podría dárselos. Por eso guarda silencio un momento, mientras acaricia el cabello de un pálido John. Desea celebrar silencioso un momento, antes de regresar a la enfermería, donde Bestia lo reprenderá, luego de examinar si su paciente se encuentra realmente bien.
Bobby está tranquilo, porque sabe que el pirómano, inconsciente entre sus brazos, no es tan idiota como para dejarse morir luego de saberse amo del fuego una vez más.
—Soy Pyro de nuevo —balbucea el castaño, semi inconsciente, con una alegría palpable en sus palabras.
—Al diablo —refunfuña Bobby, acariciando su mejilla—. Sigues siendo mi John. Es solo que ahora tienes tus poderes otra vez.
John hace un atisbo de sonrisa, dándole la razón.
Bobby deposita un beso en los labios de John, antes de caminar de vuelta a la mansión.
—¿Me voy a morir? —vuelve a balbucear, sin estar del todo consciente—. Porque de veras siento que moriré.
—Oye, habíamos acordado que no habría más comentarios sobre eso —lo regaña seriamente, antes de que la risa débil de John le recordara lo que estaba sucediendo—. No morirás. Los síntomas son un poco feos, pero son temporales.
John balbucea algo casi inentendible, que Bobby interpreta como el deseo de quemar un bosque o algo así. Lo deja estar, John había vuelto.
John se siente como la mierda, hasta el día en que se levanta de la cama y destruye a decenas de Centinelas en la Sala del peligro, ya que Storm pidió específicamente que se mantuviera alejado de sus plantas.
—¿Sucede algo, Iceman? —ronronea todo arrogante, por encima de su hombro, cuando se siente observado, mientras juega con figuras de fuego, entre escombros.
—No me llames Iceman —replica fastidiado—. Y debes ir a ducharte, tienes clases.
Pyro se ríe, antes de saltar sobre su novio, enroscando las piernas en su cadera y los brazos alrededor del cuello, estampando un beso en sus labios. Si Bobby siempre se aprovechaba de ser más grande, él también podía disfrutarlo.
—Te llamaré como demonios quiera —le asegura, a unos pocos milímetros de su boca.
—Al diablo contigo, Pyro —le dice sin soltarlo para que baje, aún. El pirómano lo vuelve a besar con una risita subiendo por su garganta.
—Debo bañarme y tengo clases ¿Me acompañas?
—¿A clases o la ducha?
—Ambas. —Un nuevo beso y al fin se baja.
—Será un placer —acepta, entrelazando sus manos para comenzar su caminata hacía los pasillos.
John no entiende muchas cosas.
John no entiende por qué la Cura no funcionó.
John no entiende por qué los X-men le dieron la oportunidad de quedarse en la mansión.
John no entiende por qué Bobby lo ama.
John no entiende y no ve nada de malo en ello.
Nota: Hasta aquí llega este fic. Cualquier opinión, aquí abajo. Siempre respondo y me hacen feliz. Saludos. Be free, be happy.
