「Capítulo 2」
– Unconscious –
{ Pov }
– Despierta, Sasuke…
Un susurro. Intenté abrir los ojos tras escuchar aquella tenue voz susurrar mi nombre, pero no me fue posible. A mí alrededor se extendía un escenario grisáceo y una pequeña silueta se situaba a mi lado izquierdo. Mis párpados pesaban, mi cuerpo se sentía ligero. ¿Dónde estaba? No podía recordar nada, mi mente estaba en blanco.
– Ya has dormido bastante…
Otra vez esa voz pero, aunque la escuche con más claridad, no puedo distinguir quién es. Empiezo a sentir como mi cuerpo va recuperando su peso. Más ruidos comienzan a presentarse; a lo lejos escucho un sonido que me es difícil de describir, pero por alguna extraña razón siento que lo conozco, y lo odio, al igual que a ese olor que recorre mis fosas nasales, es desagradable.
– No te rindas, Sasuke. Aún tienes mucho por lo cual vivir…
Esa frase… Ahora lo recuerdo todo. Aquél día, aquél accidente. Comienzo a sentir dolor alrededor de mi cuerpo. Mi corazón comienza a acelerarse. ¿Es acaso que todo ha sido un mal sueño? Su rostro viene a mi mente; Sonriendo a pesar del dolor que le provocaba el esforzarse y dedicarme esas palabras, el tratar de alcanzar mi mano mientras su herida se hacía cada vez más profunda. Por favor, dime que todo esto es sólo una pesadilla…
– Por favor, no… ¡No!
{ Pov end }
Mientras esperaba el regreso de su compañera, la morena sostuvo con firmeza la mano del chico en la camilla. Revisó de reojo el monitor que anunciaba alteraciones en la frecuencia cardiaca. Sintió como su paciente correspondía al agarre mientras pronunciaba con debilidad sus palabras. Instantes después, el joven abría sus ojos de par en par, sorprendiendo a la oji-perla.
– Por fin despertaste – Confundido, el chico observó a la enfermera frente suyo. Aquella chica le regalaba una sonrisa amplia, la cual mostraba preocupación por su estado, pero a su vez, le trasmitía la tranquilidad que en ese momento necesitaba. Y, como si de repente se le ocurriera, soltó la mano de la morena para subirla hacia su cuello, tentando el collarín, tratando de analizar su nuevo entorno – Mi nombre es Hyuuga Hinata, y seré la enfermera que cuide de ti en este turno, ¿te duele el cuello o sientes alguna otra molestia? – Hizo una pausa para esperar la respuesta de su paciente, pero éste sólo recorría la habitación con la mirada –. Estás en el hospital de Tokio, ¿recuerdas lo que pasó?
– No del todo.
– Tu nombre completo, edad y lugar donde resides, ¿lo recuerdas?
– Uchiha Sasuke, 27 años, actualmente vivo en Shinjuku – Dirigió su mirada hacia la joven, topándose con los ojos color perla que en seguida llamaron su atención. No obstante, la morena desvió la mirada hacia el expediente en mano.
– Me alegra que recuerdes lo principal – El Uchiha no le prestó atención a la sonrisa que seguía dibujada en el rostro de la chica, intentaba aclarar sus ideas –. En unos momentos vendrá la doctora a cargo y te explicará lo acontecido. Con tu permiso, voy a revisarte – dejó el expediente en la mesa de cama y bajó el barandal izquierdo para facilitar su tarea, colocó el baumanómetro digital en la muñeca del chico, mientras revisaba que la férula en su pie siguiera en óptimas condiciones.
Los tonos cálidos en la habitación no le eran suficientes al Uchiha para sentirse aliviado; las ligeras cortinas, que se mecían con el viento que entraba por una pequeña abertura de la ventana, le provocaban cierta ansiedad. Cuando suspiraba, llenaba sus pulmones de aquél olor a desinfectante que tanto odiaba, mientras que la alarma del monitor comenzaba a provocarle jaqueca. Pero no sólo eran las cosas que lo rodeaban, sino también los pensamientos que lo atormentaban. Al cerrar los ojos volvía a sí la imagen de aquella mujer que se debatía entre la vida y la muerte sólo por dedicarle esas últimas palabras; Sentía nuevamente el humo intoxicando sus pulmones, la sangre recorriendo su brazo izquierdo, el dolor de cabeza, las sirenas de las ambulancias retumbando en sus tímpanos y, al despertar, sentir ese vació latente como la primera vez que se vio sólo en aquél cuarto de hospital.
– Disculpa la demora, Hinata, un paciente cayó en paro y teníamos que intervenir inmediatamente – La peli-rosa cerraba la puerta detrás suyo y, a paso lento, se dirigía a la cama del joven, éste no prestaba atención alguna a la charla que mantenían sobre él las dos mujeres presentes, sólo quería irse pronto de aquél lugar –. Entonces no recuerdas por qué estás aquí, ¿ah? – Con una lámpara de mano se acercó hacia su adverso para revisar las pupilas y, al encontrarse con su mirada, la peli-rosa no contuvo un sonrojo. Aclaró su voz y prosiguió –. Bueno, me pesa comunicarte que estuviste inconsciente durante dos días y, en el trascurso de ellos, ningún familiar o amigo ha preguntado por ti. Dime, ¿recuerdas el número de alg...?
– Vivo solo
– Uhm… Bueno, pero tu familia debe estar preocupado por ti.
– Mis padres murieron hace 20 años. No hay nadie a quién llamar.
La voz indiferente y cortante del joven frenó el cuestionario de la peli-rosa. Ella sabía que era importante el recaudar información de un paciente que llegaba en ciertas condiciones, pero al haber escuchado las palabras del joven en camilla, sintió que habían sido suficientes preguntas por el momento y, sin más, abandonó la habitación. Pero, a pesar de entender la situación, la enfermera a su cargo permaneció a su lado unos instantes más, subió los barandales de la camilla y recargó ambas manos en ellos.
– Odias los hospitales, ¿cierto? – El joven seguía con la mirada fija en el techo, aun así, ella continúo mientras caminaba hacia la salida –. No te preocupes, pues yo ayudaré a que tu recuperación sea pronta. A fin de cuentas, aún tienes mucho por lo cual vivir – el eco de la puerta al cerrarse retumbó en la habitación, y el eco de las palabras de la morena permanecieron en la mente del azabache.
