「Capítulo 3」
– Recovery –
Las hojas comenzaban a caer, meciéndose cuantas veces el viento se los permitiera y, al estar en piso firme, eran aplastadas por las personas que iban y venían entre las calles de Tokio. Las nubes escondían el sol tras sus grisáceas figuras, dejando que algunos rayos de luz escaparan entre ellas por algunos segundos. Todo eso era divisado por la oji-perla mientras bebía una taza de té en su descanso. Aquella tarde de otoño le parecía nostálgica.
Siempre fue una chica que se concentraba en todo lo que hacía, poniendo en ello, también, su mayor esfuerzo. Cuando decidió estudiar enfermería, el primero en oponerse fue su padre; ¿por qué conformarse con tan poco reconocimiento? Para él, era como quedarse en un escalón antes del último y no querer llegar a la cima. Pero, para ella, era más que estar en la cima o tener el reconocimiento de alguien. El sentimiento de poder ayudar a los demás, el comprender un poco el dolor ajeno en cualquier situación; Ser parte del proceso de recuperación del paciente por más lento que fuese el mismo. Elementos que, para su padre, no eran válidos. Pero, a pesar de todo, siguió adelante y en la actualidad era reconocida como la mejor enfermera del hospital principal de Tokio, lugar donde se encontraba degustando del té.
– ¡Qué bueno que te encuentro! – Reconoció al instante la voz femenina que la había sacado de su ensimismamiento. Correspondiendo al llamado, regaló una sonrisa a su adversa, quien se sentaba a un lado suyo, corriendo la silla para estar más cerca de ella –. Yo sé que no debería hacerte esta petición, pero no sé a quién más recurrir.
– Si se trata de un paciente, sabes que puedes dejarlos a mi cuidado cuando lo necesites.
– Hey, Hinata, no todo en la vida es el hospital, ¿sabes? – Hizo una pausa para respirar profundamente –. Yo sé que sales cansada del trabajo y sólo quieres llegar a tu casa a descansar, te entiendo a la perfección, pero debes darte un tiempo para conocer más personas, no sólo te quedes con los rostros de los pacientes que acuden al hospital – Alcanzó la mano ajena –. Naruto me pidió salir en una cita doble. Según él tiene un amigo que salió de la misma escuela que él y se vino a vivir a Japón – observó las facciones de la morena, sabía que no era correcto someterla al encuentro con el rubio, pero tenía la esperanza de que ella se diera una oportunidad para sí misma de conocer a alguien más.
Tras una larga plática, de aquellas que la morena siempre evitaba, aceptó acompañar a su amiga, tratando de demostrar que ya no albergaba ningún sentimiento por el rubio. Pero, mientras secaba su cabello, comenzó a recordar cada uno de ellos. Era consciente de que nunca tuvieron una plática como tal, que el rubio siempre prefirió estar al lado de la peli-rosa en cualquier proyecto escolar y que nunca se fijó en ella como algo más, sin embargo, cada que lo escuchaba defender su meta, el entusiasmo con el que siempre hablaba de la misma y la seguridad en sus palabras, llamó la atención de la oji-perla. Aquél chico era su ejemplo a seguir.
Camino hacia el lugar de encuentro, no podía dejar de pensar en el chico: ¿Cuánto habrá crecido? ¿Habrá alcanzado su meta? ¿Seguirá provocando un revuelo en su corazón? En la cabeza de la morena sólo aparecían esos cuestionamientos. A cada paso que daba, su nerviosismo aumentaba, la respiración comenzaba a ser irregular y sus manos perdían calor. Estuvo a punto de arrepentirse y dar la media vuelta, pero nunca le había fallado a su compañera y, esta vez, no iba a ser la excepción. Al estar frente a la entrada del restaurante, inhaló profundamente, llenando sus pulmones hasta donde su diafragma se lo permitiera, mantuvo el aire unos cuantos segundos y lo dejó ir en un lento exhalo, repitiendo la acción hasta que sintió una pizca de valor, entrando al local, buscando con la mirada a sus acompañantes.
Al instante encontró al rubio en la mesa de fondo, esquinada en el lado izquierdo del restaurante, sintiendo una opresión en su pecho al verlo tan sonriente al lado de su amiga peli-rosa. Apretó la correa de su bolsillo, reprimiendo sus sentimientos, forzándose a mostrar una sonrisa ya que, a fin de cuentas, ella sabía que él nunca correspondería a los mismos, pues la persona que estaba en su mente era Sakura.
– ¿Hinata? ¡Wow, cómo has cambiado! Justo Sakura me estaba hablando de ti – Al sentarse, la oji-perla le regaló una amplia sonrisa a sus acompañantes. Ya tendría tiempo de desahogarse más tarde –. ¿En serio eres enfermera?
– Así es. Me alegra verte de nuevo, después de mucho tiempo. ¿Y tú? ¿Ya eres un fotógrafo profesional?
– ¡Y no sólo eso! Conseguí mi especialidad en Fotografía documental. ¿No es genial? Ambos cumplimos nuestra meta – El corazón de la oji-perla se aceleró tras el comentario de su adverso, sin embargo, la emoción duró poco tras ver a sus dos compañeros entablar una plática que demostraba lo que sentían el uno por el otro.
– Por cierto, Naruto, ¿y tú amigo? Tenía entendido que esta reunión era para que él saliera más, ¿no? ¿A caso me mentiste?
– ¡Nunca podría mentirte, Sakura! De hecho, con tal de que viniera, no le dije que nos encontraríamos con ustedes. De haberle dicho se hubiera negado a la idea de la cita doble.
– Quizá tuvo asuntos más importantes qué atender, ¿por qué no aprovechan y salen ustedes dos? Una cita doble con sólo tres personas sería un poco incómodo, ¿no creen?
– Hinata, no pienso dejarte sola. En todo caso podríamos planearla para otra ocasión.
– ¡Ah, por fin llegó! ¡Tú, maldito! ¿Por qué llegas tan tarde?
Al girarse ambas chicas, reconocieron instantáneamente el rostro de aquél chico, mientras que él sólo podía fijar su mirada en aquellos ojos perlados difíciles de olvidar.
