「Capítulo 5」
– Step by step –
En el lugar se podía oler el delicioso aroma de la comida tradicional, escuchar el agua hirviendo que preparaban los fideos y, a su vez, el choque del cuchillo contra la madera al rebanar diversos ingredientes para los platillos. El reducido espacio del restaurante dejaba experimentar todo eso a sus usuarios, regalando así un cálido lugar para reuniones íntimas.
Pero aquello pasó a un segundo plano para la oji-perla. Las palabras que anteriormente había pronunciado el azabache le habían afectado. Normalmente era su compañera de trabajo quien se lo decía, pero esta vez se trataba de un paciente, con el que había tenido la oportunidad de encontrarse en una cita. Pero no era tan fácil para la morena. Algunos pacientes habían gustado de ella, le habían propuesto encuentros después de que su alta fuese dada, sin embargo ella nunca rebasó los límites entre la relación Paciente-Enfermera. Además de que, en su mente, sólo vivía un hombre: El rubio frente suyo.
– Sasuke, no seas rudo con Hinata. Es normal que ella te pregunte ya que fuiste su paciente, ¿no crees?
– No, Naruto, está bien – La chica de ojos color jade tomó por el brazo al mencionado, girando su vista hacia la morena –. Hinata siempre ha sido así, ya es tiempo que note la diferencia entre el hospital y la vida fuera de él.
El tema nunca fue del agrado de la oji-perla; No se trataba sobre el trabajo o las relaciones fuera del mismo. Después de que el rubio decidirá estudiar en el extranjero, ella se había prometido no pensar más en él o lo relacionado al amor, no porque nunca la notara en sus clases juntos, más bien era el hecho de que sabía que su corazón no podría corresponder a alguien más. Y, como era normal en la chica, todas esas emociones no podía expresarlas, por lo que su compañera mal entendió sus acciones.
– Yo… Yo creo que estoy arruinando su reunión… – Antes de que la oji-perla tomara su bolso, su adversa la sostuvo por la muñeca.
– Hina, esto es una cita doble, ¿recuerdas? – Al instante volvió su mirada hacia el azabache, quien no mostraba interés alguno en lo que habían provocado sus palabras –. Y, ya que sólo puedes ver a Sasuke como un paciente, yo saldré con él hoy.
– ¡Pero, Sakura, se supone que yo soy tu cita!
– ¿Quieres ayudar a Hinata? Además, las citas dobles son para conocernos los cuatro, ¿no? Y yo ya te conozco demasiado y no puedes decir lo mismo de Hinata, pues no te diste el tiempo de conocerla en la escuela elemental y yo no conozco lo suficiente a Sasuke, a pesar de que fue mi paciente.
– Bueno… Puede que tengas razón...
– ¡Lo ves! Bien, entonces que ya está decidido, ¿a dónde te gustaría ir, Sasuke?
– A ningún lado – El aludido dejó el vaso de agua, que anteriormente les habían proporcionado mientras hacían su pedido, sobre la mesa –. No he venido aquí a perder el tiempo –. Sin pensarlo dos veces, colgó la correa de su cámara alrededor de su cuello, se levantó y caminó hasta colocarse al lado de la morena, tomando su brazo para ayudarla a levantarse. Sorprendida, tomó su bolso para colgarlo en su brazo libre, viendo extrañada a quien la sostenía –. Y, si tanto quieren tener una cita, háganlo entre ustedes dos.
Antes de que alguno debatiera la decisión del moreno, éste se encontraba en la salida, llevándose consigo a la oji-perla. Ella, a pesar de no tener confianza en su adverso, lo siguió sin oponerse, no se sentía con el ánimo de continuar en una reunión que se había tornado incómoda para su persona.
Las nubes seguían cubriendo la ciudad, siendo acompañadas de una ligera lluvia. La mayoría de las personas había confiado en el pronóstico matutino, llevando consigo una sombrilla que encendían al sentir unas gotas sobre su rostro. Y, si uno fijaba su vista en la punta de los árboles alrededor de la acera, podía descubrir una ventisca sobre la ciudad, pero ésta era opacada por la multitud entre las calles. El largo cabello de la oji-perla comenzaba a empaparse, de su fleco caían unas gotas que rozaban su pálida piel y sus ojos se mantenían gachos, mientras su mano era sostenida con fuerza por la ajena. En cambio, el azabache sólo guiaba a la morena entre la multitud, aferrando cada vez su mano cuando las calles se hacían angostas o las personas exigían su paso antes que el otro. En ningún momento volvieron sus miradas para enfrentar al adverso, sólo siguieron su camino hasta alejarse del restaurante, sin preguntas. Sin palabras.
El móvil del mayor sonaba de manera continua, al igual que los pasos que daban, lo que hizo que la morena volviera en sí. Observó la espalda ajena, por instantes la desconoció puesto que nunca había visto desde aquél ángulo al azabache, contempló su nuca y el movimiento del cabello al caminar con un pequeño salto que apenas era perceptible. Fue entonces que la morena se detuvo repentinamente, apretando la mano del contrario para avisar de su acción. Éste, al sentir la delgada mano de la menor aferrarse más a la suya, deteniendo su andar, se giró lo suficiente para quedar frente a frente. Sus ojos se encontraron después de bastante tiempo; Los ojos perlados y cristalinos, que amenazaban con derramar los sentimientos que había suprimido desde el primer instante en el restaurante, fueron observados con detenimiento por los profundos e intimidantes azabaches.
Perdiendo la noción del tiempo, la morena contempló con atención el tenue brillo en los ojos de su contrario, un destello que no había sido capaz de mostrarse durante su estancia en el hospital. Y, sin que lo predijera, un cálido rubor comenzó a presentarse en sus mejillas, dándole color a su rostro. No era que la morena tuviera preferencia por los ojos azulados, sin embargo, la mirada del rubio le transmitía seguridad y alegría. Mas en cambio, había algo en el azabache de los ojos adversos que no le permitía apartar su vista de los mismos. Algo que no podía explicar.
